lunes, 21 de noviembre de 2016

Limone Ristorante Italiano - Murcia



Un nuevo restaurante italiano, que no pizzería, una nueva tienda de Italian food, y sobre todo el último proyecto de Tiquismiquis acaba de  abrir sus puertas en la Plaza Hernández Amores (la Cruz), en el antiguo local Canalla. La verdad es, que poco más podemos decir ya que no vimos la carta, solamente degustamos un menú italiano pre-inauguración que dejó bien claro que la comida italiana no son exclusivamente los risottos, pastas o pizzas.

Mejillones a la napolitana.
Comenzamos el menú con unos típicos embutidos italianos “Salumi”, de gran tradición y orgullo en su cocina. No obstante, los vienen elaborando desde la antigüedad siendo mundialmente famosas su mortadela, prosciutto o salami. Sobre una tabla de madera, los sirvieron  con tomate, claro. Nos los maridaron con un cava valenciano de la D.O. Utiel Requena. El variado de quesos anunciado lo pospusieron como pre-postre.

Paccheri a la Putanesca
Los tres entrantes al centro nos encantaron. Si tuviera que elegir uno, no sabría con cual quedarme. El Vitello tonnato, un plato típico de la región del Piamonte. Tan rico como simple, combina unas láminas de redondo de ternera (vitello), con una mayonesa de atún (tonnato). Las alcaparras no pueden faltar. Ni que decir tiene que pedimos más pan para poder repelar la mayonesa. Toda una vuelta a los bocadillos de la cantina del colegio. La Caponata siciliana, el segundo de los entrantes, nada tiene que ver con la gallina de Barrio Sésamo ni con el caracol Perejil. Tenía que decirlo o explotaba. Un guiso de verduras con un marcado sabor mediterráneo. Berenjenas, apio, calabacín, pimiento, albahaca, como no, y, sobre todo, las olivas para dar el toque. El tercero de los entrantes fueron unas cazuelas de mejillones a la napolitana ligeramente picantitos. El maridaje de los entrantes fue un vino blanco, seco de la variedad Riesling, P´alegrarte de Utiel también.

Vitello Tonnato.
La pasta, al dente, como no podía ser de otra manera, fueron unos Paccheri a la putanesca y lo más flojo de todo, aunque no sé si por que les quedaron un poco sosas o porque ya estábamos bastante saciados fueron las milanesas de cerdo iberico. Los sirvieron con unas patatas con un agradable sabor a ajo y un vino tinto, también valenciano de la variedad Bobal. Quienes no quisieron tomar los escalopes, les trajeron unos canelones con una salsa de trufas.

Canelón con salsa de trufa.
La tabla de quesos italianos y para finalizar, pueden ponerse en pie y que comience la ovación que sirvieron unos cannoli sicilianos. Uno con chocolate y el otro con naranja escarchada. Riquiiiiiiisimos y me quedo corto con las ies. Creo que me tome unos cinco. Confieso que la atracción de los cannoli hizo que casi ni me enterara del vino que acompañaba al postre. Un jerez dulce. Había anunciada una Panna Cotta, pero nadie la echó en falta. Un expreso y un vasito de limoncello como no podía ser de otro modo para terminar. Solamente nos faltó salir de allí cantando L´Italiano de Toto Culugno, y todo por 25 euros.

Caponata.
Comida italiana a la que no estamos muy acostumbrados, un buen servicio y un ambiente de Ristorante de la Toscana es la oferta de Limone, el restaurante, gastro-mercado italiano en el que además podemos adquirir productos autóctonos. Una interesante opción a tener en cuenta.


Ristorante Italiano Limone
Pl. Hernández Amores, 4 Murcia

Telf: 868684446.


domingo, 11 de septiembre de 2016

El Pasaje de Zabalburu - Murcia.



Cuantas veces me habrán aconsejado, por su calidad, ir a El Pasaje de Zabalburu. Tantas como yo había declinado. No sé bien el motivo, pero sin haberlo pisado nunca, y mira que paso miles de veces por la calle San Pedro, nunca había traspasado sus puertas. En algún momento alguien le puso la etiqueta de carísimo e inconscientemente le había echado las cruces. ”Se come muy bien, pero te levantan en peso”. Y al final se convirtió en uno de esos locales que no nos caen atrae lo más mínimo a pesar de no conocerlo de nada. Debió de ser la depresión postvacacional de septiembre, o el ambiente de fiestas que vive la ciudad lo que hizo que no opusiera resistencia cuando propusieron por enésima vez ir a El Pasaje.

Mejillones en escabeche.

Tras atravesar la zona de la abarrotada barra, en la que la parada es obligatoria para intentar ver la calidad del producto, coquinas, ostras, almejas de carril, zamburiñas… una calidad indudable, y sobre la barra, una gran dibujo a tiza en la pizarra, que anuncia la feria de este año,  llegamos a un pequeño comedor donde en apenas dos minutos nos habían sentado, tomado nota de la bebida y esperaban pacientemente a que decidiéramos que pedir. La oferta de tapas es amplia, pero al final, nos dejamos en manos del camarero, que es en la mayoría de los casos, no todos, quien sabe que hay que pedir.

Empezamos con el esturión confitado sobre una cama de tomate especiado con hierbas. La recomendación era desmenuzar el taco de pescado y mezclar con el tomate. Una auténtica delicia que seguimos disfrutando mojando el pan tostado con pimentón y aceite que acompañaba. Solamente dejamos que se llevaran el plato cuando nos quedamos sin pan y el plato sin aceite.

Esturión confitado.
También nos recomendó los mejillones al escabeche de albariño. De tamaño no muy grandes pero de intenso sabor. Incluso más que los mejillones, nos gustó el escabeche de albariño y los ajetes. Ni que decir tiene que tampoco quedó en el plato, ni escabeche ni ajos. Comernos las conchas nos pareció demasiado. Una tapa de la que todo el mundo habla son las croquetas de sepia en su tinta con un alioli de soja flambeado. Crujiente por fuera y cremoso por dentro. Entiendo por qué todo el mundo lo recomienda. También nos ofreció los “Pelochos”, una croqueta de jamón rebozada en una especie de fideos que le da el aspecto de despeluchados. En ningún momento nos dio la opción de pedir sus tapas de alcachofas, ni las que sirven con un velo de tocino, ni las rellenas de confit de pato con salsa de setas. No estamos en temporada.

Jamón, caviar y vodka.
En ese preciso momento el camarero, que en todo momento nos atendió con la mayor eficacia y profesionalidad, o la maquinita que armaba en sus manos, se liaron y trajeron el plato fuerte, una suprema de lubina salvaje, cuando aún quedaban tapas por servir. El proceso de cocción lo hacen de tal manera que los lomos, bien limpios, quedan tiernos, la piel sabrosa y la espina queda tan crujiente que la podemos comer como si fueran chips. Vamos, que no dejamos ni las raspas. Después continuamos con más tapas. La más sofisticada fue la de jamón, caviar y vodka. Una lámina de jamón envuelve a modo de canelón  el caviar. Una explosión de sabores  que rematamos con un chupito de vodka “en conserva”. Demasiado complejo para mí. Terminamos con unos montaditos de solomillo con foie y cebolla caramelizada. Tapas originales y de muy alto nivel creadas en la cocina dirigida por Manolo Castro.


De postre, probamos la tarta de queso que sirven invertida en una tarrina, poniendo la mermelada al fondo y un coulant de chocolate como mandan los cánones, que al partirlo derrame un río de chocolate. Ambos venían acompañados de un denso “pegote” de nata con unos trocitos de almendra. Siempre critico los vicios de algunos cocineros que decoran sus postres con chorro nata industrial y siropes varios adulterando el sabor del postre. En este caso en particular, agradecimos que la pusieran. No solo por el sabor, la densidad y la calidad de la nata, que casi mejoraba a los propios postres, sino que ni se acercaba al coulant, con lo que teníamos la opción de mezclar, o no.


Suprema de lubina salvaje.

Café, de puchero, no sé si por estar en fiestas o porque no lo hacen de otro modo, una breve tertulia de sobremesa sobre lo comido y bebido, en esta ocasión acompañamos la comida con unos vermuts Miró reserva, y la cuenta. Barato no fue. Unos 30 euros por persona, aunque a mí tampoco me pareció caro por la calidad de lo comido y por el miedo que me habían metido en el cuerpo sobre los altos precios de El Pasaje. Una experiencia muy recomendable por el alto nivel de la cocina que complementan a la perfección con el servicio. 

Valoración: ****

Tarta de queso.

El Pasaje de Zabalburu.
C/ San Pedro, 3. Murcia
Teléfono 662622167.


sábado, 27 de agosto de 2016

Pizzería Vía Romana - Los Belones.


¿Cuál es el mejor italiano del Mar Menor? Después de envalentonarme con los mejores arroces marineros, todavía no ha llegado el momento de hacer otro ranking, pero se hará. Si tuviera que hacer una lista de mis restaurantes italianos preferidos de la zona, sin duda, junto a la Pizzería di Mar  en el Puerto Tomás Maestre de la Manga, La Rucola en los Alcázares o La Cabaña de San Pedro del Pinatar, estarían entre las que más me gustan. En contra, la Sombra en Los Narejos, son demasiado antipáticos para que quiera volver a probar su mítico barco Vikingo.


Como cada año, reservamos en el Restaurante Italiano Vía Romana de Los Belones. Muy importante reservar. Ir allí sin reserva, te puede asegurar una larga espera si tenéis suerte. Desde fuera no deja de ser un restaurante italiano más, nada excepcional, aunque la belleza está en el interior. Osea, en las masas. A pesar de tener reserva, tuvimos que esperar, no demasiado, para que nos dieran mesa. Ya contábamos con esa posibilidad. Una cerveza bien fresquita ayudó a acortar la espera. Las buenas críticas que tiene este restaurante, y los precios, hacen que esté muy solicitado, sobre todo en las noches de verano.

Focaccia Marinada.
Cuando nos dieron mesa, de manteles de celulosa, nada de cuadros rojos y blancos, ya nos esperaban las deliciosas olivas aliñadas con ajo y perejil. Este año no hubo tomates secos. Una pena. Siempre que vamos a un restaurante italiano, nos ponemos de acuerdo para poder compartir plato y así poder probar pastas y pizzas. Aquí somos más de pasta, sin desmerecer las pizzas. Empezamos con unas focaccias; la Marinada, con tomate, olivas y anchoas, me gustó más que la Via Romana que es más convencional, y ensalada Provolone. Otras veces hemos pedido los champiñones rellenos al pesto. La comanda fue muy variada, espagueti carbonara, pizza calzone, lasaña… Lo que más nos gustó de la noche, con permiso de las olivas, fue la lasaña especial y sobre todo la salsa Funghi que nos recomendó el camarero que atendía nuestra mesa, o con espagueti o con ravioli o con la pasta que queramos acompañarla. Flojos me parecieron los Gamberetti Diavolini que yo pedí, unos pappardelle acompañados de gambas y ajetes. Estaban un poco secos. Otra opción recomendable es la pizza de cuatro quesos y la "crudo", con jamón serrano tomate y brie. Para beber, esta vez no hubo Lambrusco, en su lugar pedimos un crianza, Alceño selección de 2012.


Lasaña Especial.
De postre, pedí un helado artesanal de queso y naranja con unos trozos de albaricoque. Ese mismo que dije hace cuatro años que nunca pediría. Ver para creer. Fresco, delicioso y diferente de lo que solemos pedir. Muy buenos están los sorbetes y como no puede ser de otra manera, también pedimos tiramisú. Otras veces pedimos la tarta de chocolate con un poco de toffee y base de barquillo.

Ravioli funghi.
Una vez más, tengo que hablar del servicio. Sin conocernos de nada y muy liados por la incesante afluencia de comensales, eran más de las once y seguían entrando clientes, es difícil recordar un restaurante donde todos los camareros fueran tan amables y con ganas de agradar a los clientes. Unos más callados, otros más extrovertidos pero todos más que correctos. Con los cafés, la cuenta; salimos por unos 20 euros. Como decía al principio, una de las mejores opciones para disfrutar de la comida italiana en el Mar Menor.

Valoración: ****


Restaurante Vía Romana

Calle Mayor, 84  Los Belones (Cartagena)
Telf: 968 13 73 73.


lunes, 22 de agosto de 2016

Top de arroces marineros.


Además de un seleccionador de futbol, todo buen español lleva un maestro arrocero dentro. O es nieto, hija o cuñada de quien sí que lo es. Pero hay días que a nuestra cocina no llega el gas ciudad, o tenemos esa comida estival de cada año con los amigos de toda la vida, o simplemente nos apetece salir a ver como lo hacen los restaurantes que no tienen la suerte de contar con nuestro talento. Este post va dirigido y dedicado a todos aquellos que aun sabiendo que es en su casa donde se come el mejor arroz marinero al oeste del Meridiano de Greenwich, estoicamente se adentran en lo desconocido sabiendo que en casa iban a comer mejor.


Restaurante Venezuela.

La fama de su caldero le precede. Muy difícil de superar. Arroces de mar tradicionales que ponen el listón muy alto. Nosotros, cuando vamos, solemos pedir "el de la casa" aunque si se viene de turismo y no se va a repetir, la opción del Caldero en 5 entregas es muy interesante. Recuperando la tradición de los antiguos pescadores del Mar Menor, auténticos creadores del caldero. Comienzan sirviendo a modo de aperitivo el frito de las tripas e hígados del mújol con tomate. Siguen las cabezas y las agallas (gañiles) crujientes que preceden al caldo. El arroz meloso sin compañía y terminamos, los que aún puedan, con unas rodajas del pescado. La guinda la ponemos con la tarta de turrón y calabazate tradicional. Fuera de los arroces, el lenguado. Servicio Sobresaliente.

C/ Campoamor, 1. Lo Pagán. Telf.: 968181515. http://restaurantevenezuela.com/

Restaurante Ramón.

Los Peones, Los Ramones o simplemente Restaurante Ramón. Lo llamemos como lo llamemos, este restaurante es toda una institución en la comarca del Mar Menor. La familia Campillo, y su jefe de cocina Julio Velandrino G., llevan décadas ofreciendo unos extraordinarios arroces marineros. Podemos probar  el arroz pelado, con bogavante, negro... Situado en pleno centro de Los Alcázares, posee una gran oferta de tapas en barra (ellos presumen de ser la más surtida y no les debe faltar razón). Tampoco podemos dejar de probar los postres a cargo del maestro Rafael Gallut (Tarta San Marcos, Soufflé de Limón o Tarta de Whisky). A pesar del ajetreo diario que tienen, el servicio es impecable.   

Av. De la Libertad, 48. Los Alcázares. Telf.: 968574173 http://www.restauranteramon.com/

Marisquería Virgen del Mar.

Como marinero en tierra, Cruz García dejó el Puerto de Mazarrón y se instaló en el castizo barrio de San Nicolás de la ciudad de Murcia, que por entonces estaba huérfana de arroces marineros, para apadrinarnos en la materia. Ya no es necesario acercarnos a la costa para disfrutar del mar. La estrella es su arroz Cruz, sin menospreciar al de bogavante gallego, “pelao” de almejas de carril, sepia y gamba roja con un potente sabor. ¿Es el mejor arroz que se puede comer en la ciudad de Murcia? Si es marinero, sin lugar a duda. Antes unas alcachofas o un poco de pulpo y el postre es innegociable, soufflé de melocotón.

Pl. San Nicolás, 3. Murcia.  Telf.: 968216679.

Restaurante 360º El Rubio

Es la evolución natural del negocio familiar, El Rubio. Con una dilatada experiencia en los fogones, al igual que los anteriores, ha habido un relevo generacional. Situado en un entorno privilegiado, prácticamente rodeado por agua y con vistas a las Salinas de San Pedro y al Mar Menor, difícil de superar, han creado un espacio de diseño actual y elegante, con la esencia de las recetas tradicionales. Echando un vistazo a la carta encontramos una buena oferta de arroces como el negro de chipirones y alcachofas, el caldoso de bogavante o el de dorada y langostinos del Mar Menor. De postre, arroz con leche caramelizado, aunque si estamos saturados de arroz, tarta de zanahoria.

C/ Magallanes, 8. Lo Pagán. Telf.: 968181032 http://elrubio360restaurante.com


Nunca he sido partidario de listas, ni de los mejores, aunque si de los que me más me han gustado. La única razón la injusticia de los que se quedan fuera como El restaurante Santa Ana de Estrella Carrillo en Los Ramos con su arroz meloso con turbante de lubina, el  Mar de Cañas en Portman y su arroz con plancton o los venerados por muchos como las catedrales del caldero El Mosqui de Cabo de Palos y Casa Cegarra en Portman. Hay otros que estando, supuestamente, un escalón por debajo de estos, consideramos que sus arroces están, cuanto menos, a la altura de los anteriores, y por su precio se hace más asequible a todos los bolsillos. Es el caso del Paquebote en La Manga o el Club Naútico de Santiago de la Ribera. Aunque a este último se deba ir acompañado de algún socio. 




jueves, 30 de junio de 2016

Los Cazadores de Corvera.


El valor que la guía Michelin da a sus estrellas es bastante claro. Cuando un restaurante es galardonado con la tercera estrella, pocos son los elegidos, la guía francesa nos garantiza que dicho restaurante tiene una cocina excepcional, tanto, que se justifica el viaje con el mero hecho de probar su menú. Independientemente de la distancia que tenemos que recorrer, sin pretender ser pretenciosos, hagamos un pequeño esfuerzo y, a nivel local pensemos ¿qué restaurantes de nuestra región se merecen realmente que se hagan kilómetros para probar sus propuestas gastronómicas? Lamentablemente, hoy por hoy, no tenemos, ni creo que vayamos a tener, un restaurante que sea reclamo turístico per sé. A nivel local, ¿cuántas veces nos hemos desplazado para ir a comer a un restaurante concreto? ¿Quién no ha cogido el coche y se ha desplazado al Mar Menor a comer un arroz en El Venezuela de San Pedro del Pinatar, o en el restaurante Ramón de Los Alcázares? ¿Merece la pena hacer más de 100 km para comer un buen arroz o un postre memorable? – Para nosotros la respuesta es clara, sí que lo merece. Fuera de nuestras principales ciudades (Murcia, Cartagena o Lorca) hay una serie de imprescindibles que, con el paso de los años, se han ganado una merecida fama. Restaurantes como El Sordo en Ricote, El Olivar en Moratalla o Los Chispos de Yecla.

Croquetón de rabo de toro.
Del restaurante que hoy hablamos, es cierto que no tiene la fama de estos restaurantes, pero si una buena referencia – tienes que probar su gulash de ciervo.- que nos hizo desplazarnos hasta Corvera, a probar uno de esos de restaurantes que con tiempo y una buena caña… Los Cazadores, es uno de esos bares de toda la vida que han sabido renovarse antes de llegar a morir. Era un bar de carretera, junto a la gasolinera del pueblo, donde los paisanos desayunaban los carajillos antes de emprender la dura jornada diaria, donde los cazadores conversaban sobre sus capturas de gamusinos sin haberse quitado el polvo de Carrascoy y donde yo desayunaba los sábados por la mañana antes de subir a la sierra. Ahora lo han renovado con un toque, moderno decorado con gusto pero sin perder esencia original. Dos ambientes claramente diferenciados. La zona de barra tiene unas amplias cristaleras que la hacen muy luminosa. Mesas altas de taburete y bajas donde picar algo rápido. Barra con expositor y una bandeja de pulpo al que solamente le quedaban 3 tentáculos y una parroquia de lo más variopinto, con veterano de guerra incluido. La zona del comedor me gustó aún más. Salón alargado, de paredes blancas, lámparas redondas y al fondo una chimenea coronada por una gran cornamenta de ciervo con su luchador, candil de hierro, candil medio y coronas incluidas. No olvidemos que estamos en los cazadores.
Pollo con Tika Masala. 
Llegamos cinco minutos antes de la hora de reserva. A pesar de esto, la mesa no estaba lista y nos hicieron esperar un rato, aunque mientras, nos ofrecieron una cerveza. La carta es prometedora. Especialistas en brasas y carne de caza, hacen una comida trasnacional, curry, risotto, tataki, el propio gulash, sin olvidar la tradición, aunque siempre a su manera, buscando el toque creativo. Empezamos con algo poco complicado. Un plato de jamón para distraer a los conservadores, unas croquetas de boletus sobre una salsa de puerros y unos potentes croquetones  de rabo de toro sobre una crema de espinacas. Estos últimos hay que pedirlos. También pedimos sus caballitos que sirven con salsa teriyaki, pero se habían quedado sin existencias y pedimos como alternativa el nido de foie, con pasta kataifi, ensalada, foie y coronado con un huevo de codorniz. También probamos un buen curry “tika masala” con pollo y basmati y terminamos los entrantes con caza. Las mini hamburguesas de jabalí regadas con la cerveza artesana Gastro. Muy buenas también, por cierto. Nos quedamos sin probar, en este primer viaje, ni el ya famoso gulash, ni el lomo de ciervo marinado en vino tinto. Tampoco pudimos pedir la pata de pulpo en dos texturas con puré trufado ni el risotto de sepia en su tinta. Y es que también nos habían recomendado, y mucho, el arroz especialidad de la casa. Y ese, no queríamos dejarlo en el tintero.

Mini hamburguesas de jabalí.
Hasta ahora todo bueno, menos el servicio que aunque muy amables, excesivamente lento en la sala. El arroz con un intenso sabor, para mi gusto, rozaba la perfección, ya que a mí me gusta más entero que pasado. El único pero que le puedo poner es que el camarero, con muy buena fe, lo sirvió y repartió el foie equitativamente en cada plato, en lugar de poner directamente la paella sobre la mesa, dejando unos tenedores arroceros, evitando así manchar los platos. ¿No estamos en Los Cazadores? Delicioso. Si estuviera con el Whatsapp llenaría esto de emoticonos.



A pesar del nido, del arroz o de las croquetas, lo mejor de todo estaba aún por llegar. Y de esto mi contacto no me había informado. Ten “pajaritos” para esto. Nos recomendaron la tarta de queso al horno con confitura de cereza y fresa. Hecha con tres tipos de quesos (requesón, queso crema y fresco). “Tiramisús y tartas de la abuela podéis comer de Corvera a Murcia en mil sitios, pero ninguna tarta de queso como la nuestra” o algo así nos dijo el camarero. Sensacional, maravilloso, brutal… Me faltan adjetivos para calificar el cremoso de chocolate con un bizcocho empapado en miel y unas esferas de plátano que estallan en la boca llenándola de sabor, ¿o dijo mango y fruta de la pasión? Un pedazo de postre por el que sí que merece la pena recorrer la distancia que hay desde Murcia a Corvera, andando, (unos 23 kilómetros),para poder tomar dos o tres cremosos. Con un café solo sin azúcar para contrarrestar el postre, unos 25 euros por cabeza y unos digestivos, para no perder las buenas costumbres, terminamos la comida y emprendimos el regreso con la sensación de haber merecido la pena desplazarnos hasta esta pequeña pedanía, para probar Los Cazadores de Corvera. 
Cremoso de chocolate con esferas de mango.

Los Cazadores.
Carretera de Fuente Álamo, 3. Corvera (Murcia)
Teléfono: 968380225.

martes, 31 de mayo de 2016

Restaurante Tarradellas - Cieza


En una escapada rápida a Cieza podemos ver la asombrosa floración de los frutales, en los meses de febrero y marzo. Una policromía dónde cerezos, albaricoqueros y, sobre todo, los melocotoneros ciezanos tiñen el paisaje, creando un gran, aunque efímero, espectáculo visual. También podemos viajar en el tiempo a España Andalusí del siglo XII en el yacimiento arqueológico de Siyâsa o competir en el campeonato del mundo de lanzamiento de huesos de oliva “chafá” en el “huesódromo”. Para los interesados, el record del mundo está la distancia de 21 metros con 32 centímetros. Aquel que supere dicha distancia, tendrá el orgullo de convertirse en Caballero de la Orden de los Caballeros Lanzadores de Huesos. Vamos, que de golpe y huesazo, uno entra en la más distinguida nobleza. 


Y después de hacer todas estas cosas u otras distintas. ¿Dónde nos vamos a comer? Nosotros elegimos para la ocasión el restaurante Tarradellas, aunque Gomis o la Casa Carreño también son buenas opciones. En esta ocasión fue el portal Trip Advisor quien decidió por nosotros. Casi a la sombra de La Deseada, la centenaria plaza de toros de Cieza y sin muchos problemas para aparcar los coches, llegamos con el calor justo, o incluso de más, y a la hora en punto para tomar una cervecita fresca. 


Manteles de algodón rojo y blanco, sillas color nogal, y una gran cava de vinos repleta, nos da la bienvenida al espacioso salón. Con la primera cerveza un plato de olivas ciezanas. Aquí no vamos a lanzar los huesos, aunque podríamos ir entrenando. Con la segunda, pedimos un par de platos de pulpo aliñado con pimentón y aceite. El tamaño de los trozos era medio, aunque trajeron más trozos de los que posteriormente cobraron. Con la tercera, otro par de platos de calamares a la plancha con salsa verde opcional. Una comanda muy convencional por nuestra parte, pero es que estaba en clara minoría. De todos los entrantes, el que más me gustó fue la croqueta, más bien croquetón, de marisco, con una crema de piquillos y huevas de mújol. Muy sabrosa.

Aunque lo mejor de Tarradellas no está solamente en la variedad de los entrantes, sino en la continua renovación que hacen de estos. Sobre todo en los menús que elaboran para eventos puntuales, como cenas maridadas. Huevo escondido, envuelto en un saco de pasta brick, alcachofas Tarradellas con almendras, brocheta de tomate, bonito, kiwi, fresa y huevas, mousse de atún, o zamburiñas gratinadas con emmental.


En los principales, como la mayoría conservadora eligió carne, pedimos un vino tinto de la tierra, de la tierra de Jumilla, Pío del Ramo, un crianza de 2011. Entrecot de ternera con verduras, chuletas de cordero o solomillo con manzana braseada y arándanos al Pedro Ximénez (en ocasiones). 

Los que nos fuimos a por el pescado, acertamos con el bacalao confitado acompañado de una crema de mejillones. La decoración del plato era un poco barroca, mariposa de plástico incluida, pero eso no menoscababa el delicioso sabor. Extra de pan, que no cobran, para sopar. Está claro que los que elegimos el pescado, una vez más, triunfamos sobre los depredadores.


El servicio en todo momento fue muy profesional. Paciente, discreto y servicial. Esperando cuando tenía que esperar, aconsejando y aclarando nuestras dudas. Un punto más para Tarradellas. 

Los postres fueron quizás lo más flojo de la comida. No podíamos dejar de probar el postre más típico, el huevo molé. Un pastel con forma de huevo que recuerda ligeramente a la tortada murciana. Base de bizcocho borracho, crema pastelera y todo cubierto por un merengue quemado. Muy decorado con nata y siropes varios que desvirtúan ligeramente el sabor. También probamos la tarta de turrón y el pan de Calatrava. Buenos, pero de nuevo el sirope de fresa, la crema y la nata hacían acto de presencia en la decoración. Señores cocineros. Hubiera estado bien un postre con melocotón como el capricho de queso y melocotón con crema inglesa, pero sin tanta decoración. No es obligatorio que todos los postres lleven sirope. Incluso la nata es prescindible. Hay incluso quien la detesta.

Huevo Molé.

En conclusión, una buena cocina, muy buen servicio, un ambiente acogedor y agradable, y un precio más que interesante, 30 euros por cabeza, hacen que el restaurante Tarradellas sea una buenísima opción para comer en Cieza.


Restaurante Tarradellas.
C/Quevedo 21, Cieza.
Telf. 868962233.


domingo, 1 de mayo de 2016

Gastrobar A Bombo y Platillo - Alcantarilla.








La pasada semana nos apetecía cambiar de aires, y nos fuimos a Alcantarilla para cenar en el gastrobar A Bombo y Platillo. De vez en cuando, viene bien salir a ver que se cuece por los fogones cercanos. El nombre del restaurante, comenta Joaquín Reyes en la Revista Gastrónomo, es fruto de la fusión del nombre con el que es conocida la familia de Francisco, el cocinero y propietario, “los Bombo” con el menaje de cocina. Las referencias que nos habían dado eran numerosas y bastante buenas, tanto del local como del cocinero Francisco Pellicer, quien fuera el ganador del III Certamen de Jóvenes Cocineros de la Región de Murcia.

Cremoso de Foie con gelatina de ron-cola
Tras un corto paseo desde la calle Mayor, llegamos a una muy ambientada plaza Adolfo Suarez. Habíamos descartado la terraza. Cada día, a mi pesar, estoy más en contra de las terrazas para comer o cenar. Es verdad que el ambiente puede ser más agradable, pero la climatología, tanto el frío como el calor y sobre todo, cuando los hosteleros se saltan la ley antitabaco por favorecer a algunos clientes perjudicando a otros, como nos pasó hace poco con desagradable incidente en la cafetería Caña Aquí de Murcia. Entramos en A Bombo y Platillo y nos encontramos una pared blanca, inmaculada, decorada, originalmente, con unas cucharas soperas. -Aquí se cuece algo-. Al fondo, una pequeña cava de vinos de cristal y acero y una decoración moderna, un poco fría que sumada a las luces artificiales de los LED azules, en algunos momentos nos traslada sensorialmente a un quirófano hospitalario. Además de ser incompatibles con mi Smartphone “made in China”. Sillas de madera, manteles de celulosa y unos curiosos centros de mesa en forma de nidos de lana y unos botes de conserva de cristal cuya etiqueta es una receta de cocina.

Re-jos Chilli Pipas.

Aprovechando que se está celebrando la quinta ruta de la tapa de Alcantarilla y mientras decidimos la comanda, nos hidratamos con un quinto de Estrella de Levante y catamos la tapa que han creado para la ocasión llamada Re-Jos Chilli Pipas. El rejo son los tentáculos de pota que sirven en vaso, sobre una cama de morcilla de verano, con una salsa de chili y acompañada de una galleta crujiente de arroz y pipas. La cosa empezaba bien. Mi voto para esta tapa.
Canelones de pato y mostaza.
La idea, como casi siempre que vamos a probar algún sitio nuevo, era compartir el mayor número de tapas posibles, y ofertas con nombres como caballitos desbocados, invitan a hacerlo. Empezamos, o mejor dicho, continuamos con el cremoso de foie con gelatina ron-cola. Una versión del ya quinceañero cubalibre de foie gras de Dacosta. Muy rico, aunque un poco cargado de ron el cubalibre. He visto en fotos que las suelen decorar. En “The Murcia List” describen la decoración con flores y sal Maldon. Con nosotros no se curraron lo más mínimo. –Pura envidia. También pedimos una completísima ensalada con mézclum de lechugas, tomates cherry, maíz, huevo duro, pipas de calabaza, piñones, atún y pipas de girasol, que recuerde. Hacía tiempo que no tomaba una ensalada tan cargada. Como no conocíamos mucho el terreno que pisábamos, y la camarera no nos era de mucha ayuda, ya que a ella todo le parecía buenísimo. En un ataque conservador pedimos las croquetas caseras de pollo, que merecen la pena, y para contrarrestar ese conservadurismo, la opción atrevida fueron unos deliciosos canelones crujientes, con pasta brick, de pato y mostaza. Más que un canelón, parece que es un rollito. Terminamos las tapas con unos bastones de berenjenas con miel de caña y unas alcachofas rellenas cubiertas de queso y gratinadas.


Pensábamos terminar a lo grande cuando vimos en la carta leche frita. Automáticamente nuestra materia gris comenzó a asociar, leche frita más cocinero revelación. Aquí no hay quien comparta. Yo quiero un crujiente de leche frita con helado de turrón para mí solo. Los demás que hagan lo que quieran. Ante tan altas expectativas, el resultado fue decepcionante. Aunque admito que fue exclusivamente culpa mía por presuponer como debía de ser. La leche frita envuelta en pasta brick, como los canelones de pato, rebozado en azúcar y acompañado de un muy industrial helado de turrón. Qué pena que terminemos tan desilusionados lo que tan bien empezó, aunque quedémonos con lo bueno de la velada, la tapa que concursa en la ruta de la tapa, y la moderna oferta gastronómica que propone Francisco Pellicer a un precio muy razonable.
 
Crujiente de leche frita.

Gastrobar A Bombo y Platillo.
Pl. Adolfo Suárez, 7. Alcantarilla.
Telf.: 868 05 17 28.