martes, 27 de diciembre de 2011

Restaurante Pepita Pulgarcita - Murcia.

Hay ocasiones en las que has oído hablar tantas veces de un restaurante, y no necesariamente mal, que tienes la intención de ir. Pero por distintos motivos no lo has hecho hasta que un día y de una manera casi inesperada acabas yendo a ese restaurante y generalmente por iniciativa de otra persona. Así ha sido mi caso con este local. Ya en verano y mediante una campaña publicitaria en la radio, llegó a mis oídos su existencia e intenté o intentamos ir. Pero cosas del destino, nos fue imposible debido a su política de no reservar en la terraza. Y siendo los que éramos, no nos atrevimos a ir sin reserva. Reservaban dentro pero en pleno mes de junio no apetecía. Ese día fuimos a Degusto & Punto, en el único día que según he oído después, sirvieron bien una mesa. Tengo un ojo clínico para los restaurantes, con este y con The Tree Tomato, que en paz descanse, que es una maravilla. Otro día en el que salimos de tapas, sin rumbo fijo, terminamos en la puerta, pero la cantidad de gente que había, hacía inviable tomar algo allí. Otra oportunidad fallada.
Al final, recientemente, amigos de amigos, organizaron una cena que nos llevó a Pepita Pulgarcita. Después de más de seis meses y varios intentos, lo habíamos conseguido. Llegamos puntuales como un clavo, aunque tuvimos que esperar a los Sres. García, como es habitual. El local esta situado en la plaza de las Balsas, en plena zona de las tascas, haciendo chaflán. Un establecimiento pequeño, con grandes ventanales que dan mucha luz de día y quitan la sensación de agobio de noche. Una decoración donde mezclan muebles de estilo clásicos y materiales modernos, con predominio del color pistacho y el buen gusto. Mesas altas, de madera de pino, sin mantel, que transmiten la idea de ven, picotea y deja el sitio a otro grupo. Han usado esta decoración para su local de Murcia y una muy similar para el que tienen en Valencia.
Enseguida nos acomodaron en una de esas mesas altas de las que hablaba y un camarero se acercó a tomar nota de las bebidas. En esos momentos entró el cocinero Pablo González-Conejero, no se debe comer mal cuando la única estrella Michelín de la Región entra a cenar a este Restaurante.

Tras la cerveza de rigor, llegaron las primeras tapas, y con ellas el vino, Páramo de Guzmán, un vino joven de 2010 de Ribera de Duero. Los platos fueron todos al centro. El primero fue unas milhojas de foie con manzana verde sobre un lecho de mermelada de violetas. A continuación otra milhoja de berenjena coronada por un rulo de queso de cabra a la plancha. Milhoja como podrían haberle puesto cualquier otra cosa. Venia acompañado por espárragos trigueros, champiñones y tomates cherry, todo a la plancha y sazonado con sal Maldom. Creo que fue lo que menos me gustó. Para los que no disfrutan comiendo queso, pidieron una tempura de verduras, donde los trozos cortados eran demasiado bastos. He probado miles de verduras en tempuras mucho mejores. No entiendo por que tienen que sazonar la tempura con sal Maldom de nuevo. Quitando el foie, los entrantes habían sido bastante flojos. Menos mal que a partir de ese momento la cosa mejoró mucho.
La organizadora de la cena, ya había venido varias veces a Pepita Pulgarcita, y recomendó mucho el Rissoto. Y bien que valió la pena probarlo. Un arroz muy suave, cremoso, acompañado de champiñones y coronado por queso parmesano rallado. Una verdadera delicia. Muy recomendable.
Ya solo quedaban las carnes al centro. Yo me empeñé en probar la carrillera de ternera estofada al vino, acompañada de patatas paja. Tierna, suave, que se deshacía en la boca. La cosa iba mejorando. No entiendo como puede haber gente a quien no le guste este asequible manjar. Definitivamente ha destronado al Rabo de Toro como primera opción. Por último un entrecot de buey trinchado. Aquí, si pegaba esa sal Maldom.
Llegado el momento de los postres, solamente se pidió un par de ellos para compartir y probar. Una tarta de queso donde la nata y el sirope de fresa, ocupaban más que la tarta en sí. Y un Brownie con helado. Antes de atacar el dulce postre, sentí la inquisitiva mirada del Sr. García sobre mí. ¿Como iba a solucionar el problema de los postres compartidos? La solución la dio Salomón hace años, antes de empezar, dividir y a disfrutar. Ambos estaban buenos. Pero de todo, con lo que me quedo es con la carrillada y el risotto.
No se por que razón, decidieron dejar los cafés para otro sitio. Al final me quedé sin café ya que no era plan pedir un café solo con sacarina en un bar de copas. Sí, nos ofrecieron y aceptamos un licor, aunque, ya en ese momento las sillas hacían su función y nos indicaban que nada de sobremesa. Que todo lo que habíamos venido a hacer ya lo habíamos hecho y era la hora de dejar el sitio a otro grupo. Así que bebimos nuestro brebaje lo más rápido de lo que fuimos capaces y salimos a continuar la velada en otro local
El precio no fue excesívamente caro, aunque también es verdad que todo fue compartido. Salimos de allí bien comidos y por un precio que rondaba los 25 euros.
Si lo que pretendeís es ir a cenar en plan formal, este no es vuestro sitio, pero si la cena es informal, este es un buen sitio donde pasar un buen rato con los amigos.
El Restaurante Pepita Pulgarcita esta en la plaza de las Balsas número tres de Murcia, junto al Refugio. Y su teléfono de contacto es el 968 96 98 40.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Empanada de Atún.

Esta es una receta de toda la vida que llevaba años sin probar, y con un par de llamadas telefónicas he conseguido los datos que necesitaba. Lo más laborioso de esta receta, es hacer la masa, pero si tenemos prisa o simplemente no queremos mancharnos las manos siempre podemos recurrir a las masas que ya venden preparadas de masa quebrada o pasta brisa. Además de para la empanada, también la podemos usar para otros platos como la quiche lorraine o para postres cambiando la sal por el azucar.

Para la masa:

125 ml de aceite.
125 ml de leche.
Una yema de huevo.
Harina.
Sal.
Manteca de cerdo.
Pimentón dulce.

Debe haber tantas formas de hacer esta masa como como cocineros que la hagan. El resultado final será muy parecido, pero siempre hay pequeñas diferencias que van con el gusto de cada cual. Yo la he hecho como venía en la receta, pero seguro que la próxima vez que la haga, iré haciendo pequeñas innovaciones. Como la masa es para empanada, he usado sal. Si quisiera hacer un postre, bastaría con añadirle azucar y suprimir el pimentón, que basicamente se emplea como colorante. Hay quien usa en lugar de aceite y manteca, mantequilla, hay quien usa agua, hay quien le pone todo el huevo y no solo la yema y hay quien no le pone huevo.

En un cuenco mezclamos la leche con el aceite, le echamos la yema, la sal una cucharada pequeña de manteca y una cucharada de café de pimentón. Mezclamos todo y vamos añadiendo toda la harina que admita, mientras amasamos con las manos. Cuando tengamos la masa terminada, la podemos dejar en el frigorifico una hora tapada con papel film para que gane resistencia.

Dividimos la masa en 2 partes, la primera un poco mayor que la otra y con el rodillo vamos estirando hasta que adquiera las dimensiones de nuestro molde y sobresalga por los lados para poder cerrarla posteriormente. Podemos untar con mantequilla el molde o bien podemos usar papel sulfurizado para que no se nos pegue la empanada al molde.


Para el relleno:

Un pimiento morrón.
300 gramos aproximadamente de tomate frito (podeis hacerlo vosotros mismos, pero hay marcas como Hida o Sandoval que hacen que no merezca la pena perder el tiempo en freirlo).
240 gramos de atún en aceite de oliva.
Un huevo duro.
Guisantes.

Antes de empezar con el relleno, el tomate frito lo he dejado un rato en la sarten para que evapore parte del agua que lleva y no empape demasiado la masa de la empanada. Mientras, he cortado en cuadrados muy pequeños el pimiento morrón y lo he mezclado bien con el atún totalmente escurrido y con cuatro cucharadas de tomate frito.

Cuando la masa esta en el molde, la mancho con tomate fritos cubriendo toda la superficie, luego vierto el relleno (el pimiento con el atún y tomate) y lo extiendo por toda la superficie de la masa. Corto el huevo duro en cuadraditos y junto a unos guisantes (al gusto), los reparto de maneta homogenea.
Otra opción que he probado ultimamente es la de sustituir el atún, o una parte de él, por sardinillas en aceite, el resultado es notable. Además de la riqueza en grasas saludables que nos aportan estos pescados azules.

Punto y final: Necesitaremos un huevo batido.

Ya solo queda cubrir todo con el resto de masa, previamente estirada. Los bordes los unimos a la masa de abajo recortando los sobrantes, pinchamos la masa repetidamente con un tenedor para que no se hinche y para que pueda evaporarse el exceso de liquido, en el centro de la empanada haremos un pequeño agujero a modo de chimenea. Por último con el huevo batido, pintamos toda la empanada para darle el color y brillo caracteristico. Ya podemos llevarla al horno precalentado a 180º durante unos 40 minutos, aunque la mejor manera de saber cuando esta lista, es por el color que va adquiriendo en el horno. Es muy recomendable dejar enfriar la empanada antes de consumirla.

¡Espero que os guste!



sábado, 10 de diciembre de 2011

Restaurante el Quincho Argentino - Murcia.

Ya ha llegado el mes de diciembre, y con él, las cenas navideñas de empresa, de amigos que ya solo se ven una vez al año, en el día de estas cenas. Yo tuve la de amigos de toda la vida que, por suerte, no nos vemos solamente una vez el año, sino con una cadencia más que aceptable, incluso más de la deseable. Y para no complicarnos, y evitar discusiones, delegamos todo en uno de nosotros, que no fui yo. Él tomó la decisión del restaurante y del menú, tras consultar el presupuesto. Fuimos al Restaurante Argentino de la plaza de los Apóstoles, El Quincho, pues es extraño encontrar, al menos entre este grupo, alguien a quien no le guste la carne en cualquiera de sus modalidades.
Como en casi todas estas cenas, fuimos a menú cerrado, como he dicho. Una serie de entrantes donde no podía faltar la empanada argentina y un plato fuerte, una carne, por supuesto. Creo que ir a este argentino y no pedir carne, es como ir al Miramar de Cabo de Palos y no pedir pescado o marisco.
El establecimiento, aunque lleva funcionando varios años, hace muy poco fue remodelado tras sufrir un incendio. Lo han dividido en dos zonas, distinguiendo claramente dos ambientes. El más cercano a la puerta, tipo mexicano, mientras que la zona del fondo queda reservado al argentino. El salón es bastante espacioso, las mesas quedan muy separadas unas de otras dando una sensación de relativa intimidad. Cosa de agradecer estos días donde la mayoría de las mesas están ocupadas por ruidosas reuniones de amigos y compañeros.
El menú constaba de una ensalada, la Carlos Gardel, con caliente de queso de cabra empanado, lechugas varias, nueces, todo adornado con vinagre de Módena en forma de red. Tras esta ensalada, unas entrantes, tres. La empanada criolla, que no puede faltar y rellena de carne. Aunque las berenjenas a la miel y sus setas rebozadas tampoco pueden faltar, y faltaron.- ¡Lástima!. Un carpaccio de ternera con queso en polvo y un timbal de morcilla cubierta con cebolla caramelizada. Todo estaba muy bueno, pero ¿por que se adornan los tres entrantes de igual manera? Todos venían con unas hojitas de rúcula. Es un restaurante que lo que hace, lo hace bien, sin complicarse mucho y ofreciendo sobre todo sus carnes de muy buena calidad. Realmente, los entrantes son un poco la excusa, por lo que no veo la necesidad de poner esas hojas de rúcula en cada plato como si fuesen Arguiñano con su perejil. Que el revuelto de morcillas lo conviertan en timbal, me parece bien, aunque ahora todo lo hacemos timbal. El revuelto también tiene su gracia, y más en estos platos al centro donde ya no es tan original y las cantidades son menores.
Tras los entrantes vino el plato principal. La oferta era a elegir entre Secreto de Cerdo Ibérico, Bifé Ancho (entrecotte), Bifé de Chorizo (Chuletón deshuesado) o tira de Asado, una tira de costillar de ternera. Para los que no querían carne, que no los hubo, la oferta era bacalao de la Patagonia.
Yo pedí Bifé de Chorizo poco hecho. Para mi gusto lo hicieron de más y estaba un poco soso. Le pedí al camarero si podía traer sal. Y en un abrir y cerrar de ojos trajo un par de cuencos con sal tipo Maldom, que solucionó uno de los problemas. Me hubiese dado un sincope si me hubiese acercado el salero. Además el bifé estaba muy tierno, casi se podía partir con el tenedor.
Los camareros estuvieron muy atentos en todo momento, y en ningún momento faltó en la mesa cerveza, agua o vino, que estaban incluidas en el menú. Hay sitios donde las bebidas están incluidas y hay que sacárselas a los camareros con sacacorchos. El vino del menú era un Alcorta Crianza de 2007.
Es la hora de los postres. Se plantea el dilema de siempre, cuando hay menú de grupo el postre suele ser al centro. Ese antihigiénico momento donde todos metemos la cuchara, comemos y la volvemos a meter
en el plato. Un variado de postres al centro con brownie cortado a daditos y unos profiteroles con chocolate que bien podían ser tomados individualmente. La bola de helado de vainilla, la de fresa, y el flan de chocolate blanco bañado con crema de leche que decía cómeme, invitaban a olvidar mis prejuicios higiénicos y a atacarlo. El mejor el flan, con la crema de leche, merece ser plato único y no compartir con nadie. El problema lo solucioné siendo el primero en meter la cuchara.
Como pareció poco, pedimos al camarero otro plato y una última botella de vino. No hubo problema, en unos instantes había en la mesa otra botella de vino, un plato de postre y una botella de cava Canals & Nubiola. Un detalle para brindar por la amistad y la Navidad. Para terminar cafés, licores y regalos de amigo digital invisible tan típicos de estas fechas.Una velada muy divertida que costó lo acordado, 30 euros, amigo invisible aparte.
Este no es el único restaurante argentino al que he ido, no es el mejor, tampoco es el peor. Lo que si he echado en falta de otros restaurantes argentinos, es la decoración. Esa decoración porteña que te transporta al barrio de Boca, la calle Corrientes o a la Pampa de los gauchos con sus boleadoras, no la tiene. -Y es una pena. Creo que ganaría metiendo más detalles del país de la cocina que realizan.
El Restaurante el Quincho está en la Plaza de los Apóstoles número 10 de Murcia y para reservar lo podemos hacer en el teléfono 968220591.




martes, 6 de diciembre de 2011

Día de San Nicolás en La Manga del Mar Menor

El día 6 de diciembre no solamente celebramos el aniversario de la Constitución española, sino que es el día en el que la iglesia conmemora la muerte de San Nicolas de Bari, el Nikolaus para los alemanes. Un santo de origen turco que ha ido evolucionando hasta el pagano Santa Claus, y es en este día cuando los padres alemanes, suizos y holandeses celebran el "niño obispo" y traen secretamente regalos a sus hijos.
Pues bien, en ese día, la comunidad alemana del Mar Menor, aprovecha para reunirse en la Plaza Cavanna de La Manga, en un mercadillo navideño de los más variopinto, que termina en una comida tipo "Oktoberfest", de mesas corridas y sin respaldos, donde desconocidos comparten banco y son los postres los verdaderos protagonistas del día.
Llegamos a la hora justa de la comida, las 12, o al menos tenía entendido que en la Europa civilizada se come a la hora del Ángelus. Esta debe ser una comunidad germana muy españolizada, porque las mesas estaban puesta pero allí nadie las ocupaba. Algún recién llegado de Munich o Berlín, sí que estaba dando buena cuenta de una sopa de guisantes cocinada en una olla tamaño regimiento. El resto se paseaba viendo los puestos del mercadillo, que no tenían desperdicio. Timidamente, la gente iban tomando posiciones en las mesas.
En la mayoría de los puestos se vendían baratijas y cosas viejas, que no antigüedades, que ellos mismos se compran entre sí, para poder venderlas de nuevo el año que viene a quienes este año se las han vendido, libros viejos en alemán y mermeladas caseras.
Era la primera vez que acudíamos a este evento, aunque llevábamos unos buenos Cicerones que nos iban guiando y aconsejando. Y de lo que ya nos habían advertido, por encima de la carne a la barbacoa, era del buen precio de todo y de las espectaculares tartas. Caseras, contundentes, dulcísimas y de nombres impronunciables. Hasta tal punto eran la estrella del día, que sin que hubiesen empezado a servir carne, ni la cola de la barbacoa estaba formada. Ya había una cola, a la alemana, en las tartas. No muy larga y dinámica.
En parte por avaricia, en parte por miedo a que nos quedáramos sin probar esas maravillas que iban pasando por delante nuestro, camino de la carpa de postres, o volviendo en platos de afortunados cazadores de tartas. Empezamos la casa por el tejado y nos fuimos a la cola, a por ese inmejorable reclamo publicitario. La espera no fue muy larga. Pero cuando llegó nuestro turno apareció el primero de nuestros problemas. Los nombres de las tartas estaban en alemán, el albino camarero, ataviado con un discreto gorro de Papá Noel con tranzas, no tenía ni idea de español y nuestro alemán empieza y termina en Achtung. Así que ante un cartel que ponía  Weißeschokolade mit cont. Y tras mirarla bien, pudimos deducir que era una tarta de chocolate blanco con algo. Ese algo podría haber sido almendras, aunque lo mismo no. Nunca sabré que ocultaba ese cont. -  ¿Y si pone algo así como Apfelstrudel?- No sabíamos de que eran las tartas, pero como comemos por los ojos, llevamos a la mesa una selección de nueve distintas de las que pensábamos dar buena cuenta. 
Como íbamos con niños, era el día de Nikolaus y no sabíamos como iban a responder ante semejantes postres, optamos por comprar también unos Papá Noel de chocolate. Es dificil que esas cosas fallen con niños.
Con este tesoro, el día ya estaba salvado, ahora como buenos cazadores, nos fuimos a la nada alemana cola de la carne, que en apenas diez minutos había crecido de manera notable. Ya se veía movimiento en la zona de brasas. Aquí si que tardamos un rato en conseguir nuestras Bratwürst y unos Steak, ambos mit brot, por supuesto. Para acompañar los pincipales pedimos varias ensaladas de patatas (Kartoffelsalat). Alguien comentó que eran del Lidl, cosa que justificaría su bajo precio, 3,5 el bistek y 2,5 las salchichas.
Solo me quedaba probar la sopa de guisantes que había visto comer con gran nostalgia, al muniqués recién aterrizado. Un plato de erbsensuppe, que aunque la pinta se acercaba al espanto, era deliciosa. Lástima que la temperatura no acompañara, pues rondábamos los 20ºC. 
Lo que más me llamó la atención fueron las bebidas. Nunca hubiese pensado que en una fiesta típica alemana, organizada por alemanes y para alemanes, la cerveza que allí tenían, era San Miguel. Va a ser verdad aquello de: "donde va, triunfa". Otra opción era degustar su Glühwein, un vino caliente especiado, que a 20ºC, no hay quien se meta entre pecho y espalda.
En resumen, la sopa muy buena a pesar de la pinta. La carne, lo esperado, aunque los cubiertos de plástico no ayudaban mucho. Una veterana de las que nos acompañaba, sacó del bolso un cuchillo que traía de casa, lo que facilitó mucho el trabajo de partir la carne. 
En cuanto a las tartas. Es muy difícil que nos puedan parecer las diez magníficas, y más sin saber de que eran. Aunque apenas quedaron unas migajas en los platos. Yo de todas, quizás me quedaría con la Apfelstrudel, que resulto ser un pastel de manzana. El año que viene vuelvo y con un tupper para llevar a casa alguna pieza. Como del mercadillo había muy pocas cosas que se podían salvar, creo que tuve suerte y dí con una de ellas, unas latas de setas alemanas (pfifferlinge), que más pronto que tarde serán el acompañamiento perfecto para una carne o un arroz.
La tarde era estupenda y el café casero no prometía nada bueno, por lo que decidimos acabar la jornada tomándolo en el Puerto de Cartagena, y dividiéndose el grupo entre las que optaron por una vuelta en catamarán por la bahía y los que nos fuimos a visitar el Teatro Romano de la Ciudad. Un placer para los sentidos. Un día  de fiesta, sin un plan claro en las vísperas, se convirtió en un agradable día familiar donde disfrutamos cultural y gastronómicamente.

sábado, 3 de diciembre de 2011

III Muestra de Vinos de Murcia.

Durante este fin de semana se ha celebrado en la Plaza de Santo Domingo de Murcia la III Muestra de Vinos de Murcia, donde algunas de las bodegas más representativas de las tres denominaciones de origen de la región, Jumilla, Bullas y Yecla, se reunen para dar a conocer sus productos por un módico precio. Por 5 euros, una copa y tres tickets para cata de vinos. Por otros 5 euros una tapa en tres, del restaurante Rincón de Pepe, a base de habitas baby con patata paja, una tartaleta de crema de berenjena y una mini croqueta de boletus. También por un euro, una tapa de queso, por otros 5 un plato de jamón de La Chulla Ibérica, y para cerrar la velada por otros cinco euros 3 piezas de pastelería murciana.
Otros años ponían la carpa en la plaza de la universidad, pero este año, supongo que por la disminución de stands, el lugar elegido fue la calle Basabé, en una carpa significatívamente más pequeña, lo cual lo hacía más acogedor, siempre y cuando la asistencia de público no fuese importante.
Lo primero que hacemos nada más llegar, es sacar nuestros tickets de catas y uno de tapas, para llevar algo sólido al estomago y que el alcohol no nos juegue una mala pasada. Con la copa en la mano, llegamos hasta el final de la carpa haciendo una visita panorámica con el fin de hacernos una idea de donde vamos a gastar nuestras catas.
Las bodegas que han participado en la muestra han sido, bodegas Castaño y La Purísima de Yecla, la bullense Bodega del Rosario y las jumillanas Pio del Ramo, Juan Gil, Silvano García, Carchelo, Casa del Rico, Hacienda del Carche, Pedro Luis Martínez y Bodegas Luzón.
Tanta bodega, tanto vino y solo tres catas. Difícil elección. En principio mis disparos irían apuntados hacia vinos que no hubiese probado. La primera cata la hicimos de los vinos de la Viña de la Casa del Rico, donde Nacho Tomás y su padre nos ilustraron sobre la historia de la bodega, el por qué el nombre de Gorgocil para sus vinos, la producción de la bodega o la vendimia. Todo mientras probábamos su Monastrell primero y su tempranillo después, trabajos del enólogo Pedro Sarrión, puntuados respectivamente con 91 y 93 puntos en la guía Peñin de 2012.
Con el buen sabor de boca que nos dejó Gorgocil, nos fuimos a por la tapa, para poder seguir disfrutando de los vino. Las habitas baby con patata paja, la tartaleta de crema de berenjena y una mini croqueta de boletus, además de recalentadas, se me hicieron escasas para el precio que pagamos.
Terminando las tapas, hicimos escala en el stand de Juan Gil, una bodega en la que se viene trabajando desde hace unos años de una forma minuciosa que da como resultado una producción de calidad. Allí probamos el del año 2009. No defraudó a nadie.
Llevábamos solo dos bodegas, habíamos tomado tres vinos, buena conversación y mucha noche por delante. Era el momento de hacer un alto en el camino y llenar los buches con la sustancia que no había conseguido las tapas. Fuimos al parlamento andaluz, donde en apenas un cuarto de hora dimos buena cuenta de un trásfuga, un parlamentario y una buena ensalada de atún con olivas y boquerones en vinagre.
Al regreso de nuestra escapada, una breve parada en Alceño, donde nos dieron a probar el Premium Syrah y el Alceño Selección. El Alceño Dulce lo dejé para la ronda de postres.
De ahí a Casa Castaño, allí Toni Sanchíz, un año más nos estuvo hablando de sus magníficos vinos, de las novedades, de su Hécula, de los Pozuelo y nos dió la oportunidad de probar Casa Cisca, un vino de autor que se convirtió en uno de los protagonistas de la noche que estuvo magnificamente acompañado de una tapa de quesos de cabra obsequio de Quesería Montesinos. Tras la cata de los vinos de Castaño, la pastelería Mejías, que después de unas duras negociaciones nos invitó a unas deliciosas tartaletas de ensaladilla de marisco, un pastel de verduras con demasiada coliflor y como postre un mini palo catalán y unos deliciosos merengues.
El colofón vino con los vinos dulces, el de Alceño y el contundente y sabroso de Silvano García, era difícil acabar mejor.
Ya había llegado la hora de marchar, los puestos estaban cerrando aunque la noche era joven. Animados por los caldos y la nostalgia de haber vuelto al parlamento andaluz después de varios años, nos dirigimos al castizo Mesón de las Jarras donde pusimos nuestra lengua a prueba con un recluta especial que era incomible. Eso sí, antes habíamos vuelto a disfrutar de los reclutas normales, más de quince años hacía que no los probábamos.
Al repasar los acontecimientos de la noche de autos, solo me queda agradecer a La Verdad por organizar por tercer año esta muestra, y que lo haga muchos más, y a las distintas bodegas que en ella participan para dar a conocer sus buenos vinos fruto de un buen trabajo, en especial a la bodega Viña de la Casa del Rico por la amabilidad con que nos trataron.  El trabajo que tienen por delante para el año que viene es dar más variedad en las tapas, para que no tengamos que recurrir a otros lugares donde saciar nuestro apetito.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Le Beaujolais est arrivé!



Hoy es 17 de noviembre, un día cualquiera si no fuese el tercer jueves de noviembre. Y como cada año, los productores franceses de Beaujolais, lanzan al mercado este vino joven que trae consigo una puesta en escena de nivel mundial inversamente proporcional a la calidad del caldo. El Beaujolais es un vino que solamente lleva unas semanas de fermentación, pero un buen trabajo de comunicación ha hecho posible que de éste, que no podríamos decir otra cosa de él, que peleón, se haya hecho hueco en el calendario enológico mundial.
La historia se remonta a la primera mitad del siglo XX, el Beaujolais se consumía localmente para celebrar el fin de la vendimia, pues está listo entre 6 y 8 semanas después de la cosecha. Con posterioridad se fueron fijando unas normas que impedían la venta antes de mediados de diciembre, y así fue evolucionando hasta situarse la fecha de lanzamiento en el tercer jueves de noviembre. Como era el primer vino de año que se producía en toda Francia, se lanzaron a conquistar el mercado para colocar sus botellas en los diferentes mercados sacando pingües beneficios.
Pero como los franceses saben de ventas tanto como de vinos, han hecho del Beaujolais Nouveau, una fiesta que han sabido exportar para vender un "vin ordinaire" a muy buen precio, pero que a la hora de consumir, lo repudian y se decantan por otros caldos más atractivos. Lo visten elegantemente, lo empaquetan con la ceremonia del tercer jueves de noviembre y lo exportan a todos los rincones del mundo.
Pues hoy ha sido el día de la presentación y comercialización del Beaujolais Nouveau y desde la quesería la Lechera de Burdeos, aprovechando la ocasión, han tomado literalmente la calle y han celebrado este día a su manera. Con una mini cata de Beaujolais y de quesos franceses ofrecidos por dos simpáticas jóvenes vestidas para la ocasión de granjeras francesas. Y para amenizar, entretener e incluso sorprender, un músico con boina y armado con un acordeón ambientaba la calle haciendo sonar la vie en rose.  Mientras, el pintor Cristóbal Pérez pintaba un cuadro de la Plaza del Romea. Supongo que será casualidad, pero de mi visita a Montmartre recuerdo a los artistas en las terrazas de las plazas, con sus caballetes y paletas. Y recuerdo a uno de ellos que llevaba un sombrero idéntico al que llevaba Cristóbal Pérez esta tarde. Creo que sería difícil con tan poco conseguir un resultado tan acertado. Quizás metiendo unas señoritas bailando el can-can. Esta tarde, por un momento, yo he estado en Paris. 
De regreso a casa he pasado por delante de dos tiendas de delicatessen, y en una de ellas, tenían puesto un cartel que anunciaba que Le Beaujolais est arrivé. Esa era la única referencia. Ni que decir tiene que el ambiente no era ni la sombra del que había vivido un rato antes frente a La Lechera de Burdeos, donde gracias a iniciativas como esta, obra de Comunicación Comestible, se han convertido en un referente gastronómico de nuestra ciudad.
Pero ese no ha sido la única buena noticia gastronómica de esta tarde. En el Corte Ingles he visto que han empezado a vender los Panettone de Paco Torreblanca, como dice la propia caja, ¡ Increíble! Lástima que tardes como esta no se den más a menudo.


sábado, 12 de noviembre de 2011

Restaurante Lamarimorena - Molina de Segura.


Fin de semana, por fin, y hemos comprado entradas para ir al teatro Villa de Molina a ver la representación Ticket. de la compañía Clownic Tricicle. Las expectativas eran buenas ya que es una compañía respaldada por Tricicle. Un valor seguro. Al terminar la obra, los comentarios fueron generalizados, es muy floja. Si, hubo risas, pero muy mala tendría que ser una representación cómica en la que nadie se riera. Pero bueno, no es la crítica teatral lo que nos ha traído aquí.
Al terminar la obra nos dirigimos al Restaurante La Marimorena. El ayuntamiento de Molina de Segura, desde la concejalía de comercio y artesanía promueve las cenas de teatro. Una oferta en la que nueve restaurantes del municipio ofrecen una cena menú por 12 euros, siempre que se presente la entrada del teatro. Así se soluciona el clásico problema de donde ir después del teatro y si tendrá la cocina abierta. La oferta incluye un entrante, un primer plato, un segundo plato, un postre y una bebida. Una oferta más que buena para los tiempos que corren. Ahora que en Murcia está operativo el Teatro Circo, los restaurantes de la zona podrían tomar ejemplo.
Aunque quienes nos acompañaban ya habían disfrutado de las cenas del teatro, por el interés que tenía en conocer este restaurante, no les importó repetir. Yo conocía La Marimorena de referencias, las redes sociales sirven para esto. Nunca había estado allí. Al entrar me llevé una grata sorpresa. No esperaba que fuese así, la verdad. Una decoración moderna, luminosa, colores claros y con amplios espacios. Un mostrador con productos delicatesen que supongo se podrían adquirir, y muchas referencias al mundo enológico. Nos condujeron al piso superior y allí esperaba nuestra mesa, junto a una larga en la que celebraban una fiesta de cumpleaños. Lo primero que se me pasó por la cabeza, fue lo incómodos que íbamos a estar si a los del cumpleaños les daba por armarla. Reconozco que me equivoqué, su comportamiento fue de lo más correcto, incluso el cumpleaños feliz que pusieron en el hilo musical fue en un volumen que a nadie pudo molestar.
Un correcto camarero nos tomó nota de las bebidas y enseguida trajo el pan y el entrante. El vino que me trajeron era Comoloco de Juan Gil. Lo había probado con anterioridad, es un vino muy económico y que da un buen resultado. Lo bueno de estos menús cerrados, es que al tenerlos preparados, en un santiamén estamos metidos en el tema. Y así, solamente dos camareros, uno seco y correcto, el otro más agradable, pudieron atender las cinco mesas que estábamos arriba, más la del cumpleaños sin ningún tipo de problemas. El entrante de La Marimorena era una lata de mejillones en escabeche hechos en la casa. Para darle más realismo, la presentación era en una lata de conserva, con su cebolla, laurel, pimienta y clavo. Yo que soy más de mejillones en escabeche que al vapor, disfruté tanto con los mejillones como con el mojete. Eran unos mejillones similares a los de las conservas, pero mucho más sabrosos. Los que habían estado allí unas semanas antes, ya nos habían dicho lo bueno que estaban y comentaron que siendo ellos cuatro, les habían traído la misma cantidad que a nosotros que éramos cinco. 
El primer plato era una ensalada de pimientos de piquillo, con bacalao desmigado y un pil-pil de aceitunas. El bacalao estaba porque se veía, pero no se notaba, un sabor muy suave frente a los pimientos. Unas anchoas se hubiesen defendido mejor. Si os gustan los pimientos, como a mí, disfrutareis de este plato. Trajeron dos platos y cuando le comentamos al camarero que para cinco nos traía lo mismo que para cuatro, no tardó ni un minuto en traer otro plato de ensalada, que también cayó. Un buen detalle.
La cosa iba bien. ¿Se mantendría el nivel?
El segundo plato era un solomillo de cerdo al ron con pasas y patata crujiente. No solo mantuvo el  nivel, sino que lo subió. La salsa de ron con pasas era deliciosa y el tamaño del solomillo era el que un solomillo tiene que tener. Ya solo quedaba el postre, y sonaba muy bien. Un foskito casero. Para mí fue la decepción de la noche. Un foskito industrial me hubiese gustado más. Lo vi demasiado suave y poco dulce. Aunque para gustos los colores. Lástima que en los postres del menú no entraran los que anuncian de Andrés Mármol.
Cuando terminamos el postre, nos dimos cuenta que nos habíamos quedado solos en la planta. Hacía un rato que le habíamos pedido al camarero un café, pero no había ni café ni camarero por allí. A los minutos subió uno de los camareros con las manos vacías y le recordamos mi café solo. Nos dijo que no se había enterado, pero no hay mal que por bien no venga, pues aprovechamos la ocasión para pedirle unas chocolatinas que habíamos visto en otras mesas. No se si se las traen a todas las mesas o solo a algunas. Pero el camarero nos trajo mi café con un plato bien surtido de chocolatinas y gominolas.  Otro detalle digno de mención.
Pedimos la cuenta para terminar una estupenda velada. La Marimorena había conseguido mejorar una noche torcida. No fuimos a cenar después del teatro. Fuimos al teatro para hacer tiempo antes de la cena. Creo sinceramente que Juana Ruiz y Ruppert García-Arias han hecho un magnífico trabajo. La dolorosa no lo fue tanto. A los 12 euros del menú había que sumar las segundas bebidas, el café y para mi sorpresa, el pan. Es normal que algunos restaurantes cobren el pan. Pero me llamó la atención que lo cobraran en un menú cerrado. Aunque ese pequeño detalle no iba a estropear la buena sensación con la que salimos del local. Muy recomendable.
Al salir del gastrobar, nos paramos en el stand de las delicatesen a curiosear. Tenían unas fabes y unas alubias verdinas, entre otras muchas cosas, por las que nos interesamos, pero que no pudimos adquirir al no saber el precio.La próxima vez que vaya me haré con ellas.
El único problema que le veo a estos menús, es que los menús son los mismos todas las semanas, con lo que si vamos varias veces al teatro, nos obligan a variar los restaurantes si no queremos repetir. Claro que esto tampoco tiene que ser un problema si todos los restaurantes que participan de esta idea, tienen la calidad y el servicio de La Marimorena. Viendo el programa y hablando con gente que ha participado, nos han hablado muy bien del Restaurante Julián. Ese será nuestro próximo objetivo. 
El restaurante gastrobar La Marimorena esta en la Avenida del Chorrico 110 de Molina de Segura, para reservar el teléfono es 968 61 12 89 y lo recomiendo tanto para ir después del taetro como en cualquier otro momento.



viernes, 21 de octubre de 2011

Taberna Siglo XXI - Murcia.




Decía Umberto Ecco en el Cementerio de Praga: ¿Quién soy? Quizá resulte más útil interrogarme sobre mis pasiones, de las que tal vez siga adoleciendo, que sobre los hechos de mi vida. ¿A quién amo? No me pasan por la cabeza rostros amados. Sé que amo la buena cocina: sólo con pronunciar el nombre de La Tour d’Argent experimento una suerte de escalofrío por todo el cuerpo. ¿Es amor? Y realmente creo que hay momentos en la vida donde nuestras pasiones se encaminan de manera preferente hacía el hedonismo epicúreo y solo el recuerdo de platos degustados en algún establecimiento nos trae recuerdos tan placenteros que soñamos con volver a experimentarlos. Y quedando esta taberna tan lejos de la Tour d´Argent, como lo está Murcia de París. Hay platos que han conseguido quedarse de manera permanente y grata en mis recuerdos.
La taberna tiene entrada a dos calles, podemos entrar por la Avenida Don Juan de Borbón, pero también por el ajardinado paseo paralelo Ingeniero Sebastián, donde tienen una agradable terraza para los meses de entretiempo. El local no es muy grande, y está decorado con el estilo típico de las tabernas de aire andaluz. Allí hacen una cocina clásica, con matices innovadores, pero solo matices, pues hay veces que por comodidad o falta de tiempo vuelven a lo clásico, sin complicaciones.
De todas las veces que he tenido la oportunidad de ir a la Taberna, que no son pocas, rara vez he variado lo pedido, pues como me pasa en el Restaurante Acuario con la lubina al hojaldre, hay algunos platos que me gustan tanto, que no estoy dispuesto a dejar pasarla ocasión de tomarlos. Siempre ofrecen algo fresco del mercado, como almejas, calamares.... Empezamos pidiendo unas quisquillas, que bueno, nada excepcionales y después unos chopitos rebozados. Pero el entrante que más me gusta, un carpaccio de tomate. Un plato que vimos por primera vez allí, muy sencillo de hacer pero todo lo que tiene de sencillo, lo tiene de bueno. Un tomate cortado lo más fino posible, como papel de fumar, y sobre él, atún en aceite y huevo duro cortado muy pequeño. Ese plato tan sencillo aliñado, da un resultado de escándalo y es una forma distinta de hacer ensalada. Es de los platos que podemos hacer en casa de dificultad cero.
Mi plato principal fue rabo de toro, aunque he de confesar que últimamente estaba un poco desilusionado con este manjar. Un par de desengaños me había hecho arrastrar del pedestal en el que se encontraba este plato, y aupar la carrillera estofada. Y creo que no soy el único desilusionado. Decía hace unas semanas Martín Ferrán en el XLSemanal. que no es fácil encontrar auténtico rabo de toro de lidia. Ilusos quedan que creen que el rabo de toro que nos sirven es realmente de toro de las dehesas castellanas. Y ampliaba la información con un comentario de Alfredo Amestoy sobre los establos, que debido a la higiene de estos, el ganado mueve menos el rabo para quitarse las molestas moscas perdiendo músculo, textura y sabor el guiso. Esto me lleva a recordar algo que leí, sin venir mucho a cuento, del faisanaje, esa operación que consiste en dejar en un sitio fresco las pequeñas aves de caza, en especial el faisán, hasta casi llegar a la putrefacción, entonces las carnes se ablandan, cambia el sabor por la invasión de sustancias casi tóxicas de los intestinos en descomposición y entonces los franceses y algún snob disfrutan del manjar. Si al final la higiene no va a ser tan buena.
Volviendo al rabo de toro. La primera vez que lo tomé en el Siglo XXI, me cautivo, desmigado, con aceitunas y acompañado de arroz blanco, que se mezclaba con la salsa y daba un resultado que años después me sigue haciendo la boca agua. Lamento decir que de las innumerables veces que he vuelto después y lo he pedido, que ha sido siempre, ninguna ha conseguido igualar el de aquel día. No se si el reposo, las aceitunas o el desmigarlo, pero todo han sido desilusiones. Esta última vez lo hicieron con caracoles, patatas y arroz. Además los trozos eran considerables, sin deshuesar y la cocción en su punto. No estaba como el primero, pero consiguió que volviera a creer en el rabo de toro. Pienso que desmigado gana muchos puntos este plato. Aunque si en un restaurante tienen rabo y carrillera, creo que no tendría dudas en mi elección. El vino, fue un Vega Murillo de 2008, D.O. Toro recomendado por la casa. Esta vez no vi ningún cartel, pero antes daban la oportunidad de poder llevar nuestro propio vino con un incremento de tres euros por descorche. Buenísima opción.
Mi compañero de al lado pidió un solomillo al foie. Venía acompañado con las mismas patatas y arroz que mi plato y aunque juraba y perjuraba que estaba riquísimo, creo que el chef debería echarle un poco más de imaginación a la hora de emplatar.
El postre que siempre pedimos es el cremoso de la casa, muy rico, pero un poco empachoso, así que esta vez, cambiamos y con el grato recuerdo de la crema catalana del Miramar, pedimos sus homónimas. No fue una buena decisión. Café y a casita que mañana hay que trabajar.
El precio fue un poco alto, aunque es cierto que tomamos las quisquillas que siempre suben. El servicio muy acorde con el entorno de la taberna. Muy cercano y siempre queriendo agradar. Recomendable y buena opción si se va con niños. No es de los que tienen juegos para ellos, pero el parterre les permite jugar mientras los mayores hacen sobremesa.


La Taberna Siglo XXI, está en la avenida Don Juan de Borbón número 24 y para reservar, podemos llamar al teléfono 968 20 30 15.

lunes, 10 de octubre de 2011

Fiesta de la Cerveza en Murcia.



Esta semana se ha inaugurado en Murcia la tercera fiesta de la cerveza Oktoberfest, y aprovechando la ocasión, un grupo de amigos nos hemos acercado a ver qué es eso de lo que los alemanes y más concretamente los bávaros están tan orgullosos. Llamadme ignorante o como dijo el señor del comentario de la Sidrería Navarra, poco viajado. Y no le falta razón, pero que quede claro que no es por falta de interés sino de oportunidad. Pero la sensación que me dio es que viene a ser como nuestro bando de le huerta pero en tecnología alemana.
Reservamos mesa a las 10 y nos advirtieron que si nos retrasábamos más de diez minutos, perderíamos la reserva. Muy lógico, son alemanes y tienen esas cosas muy claras, pero cuando llegamos, con puntualidad germana pensando que estaría nuestra mesa limpia de polvo y paja, o de cervezas y restos de salchichas del turno anterior como anunciaban, nos sorprendió ver dos colas en la entrada de la carpa, una de reservas y otra sin reservas. Hasta cierto punto normal. Van a estar diez días y han de sacar el máximo rendimiento. Lo que no me pareció tan normal, es que pasada la hora de nuestra reserva y estando esperando para entrar, fuera pasando gente sin reserva antes que nosotros. Lo que también es cierto, es que la cola era larga pero corría muy deprisa, y en apenas diez minutos un simpático camarero hispano-germano, más concretamente de Caravaca o Cehegín nos acompañó a la mesa ataviado con un lederhose, el típico traje masculino bávaro, de esos hechos en Shanghái, que bien podía ser Bávaro que del Tirol con una etiqueta con el germánico nombre de Gonza. Las camareras iban con el respectivo femenino, el dimdl cuyo erotismo distaba muchísimo del de la rubia del cartel anunciador de la fiesta. La mesa era la última, fuera de la carpa y sin visión del escenario donde se anunciaba música en directo. Y esto acabó siendo una ventaja, al no tener allí el agobio de estar rodeado en un espacio mínimo. Nada distinto a las barracas en Fiestas de Primavera.
Como he dicho, no soy muy viajado y aún no he tenido la oportunidad de viajar a Alemania, pero he visto reportajes y allá por el año 1992 fui a la Expo de Sevilla, donde cené en el pabellón alemán. Por lo que no me extrañó lo más mínimo la disposición de las mesas.  Mesas corridas, unas junto a otras y con bancos sin respaldo. Creo que hace unas semanas hice un comentario que venía a decir que nunca reservaría a sabiendas en un sitio con bancos sin respaldo, cosa que se encargó el señor García-E en recordármelo. Por su insolencia fue condenado a trinchar la carne, eso sí, con instrumental perfectamente esterilizado. Pero si la propia Paris Hilton se vistió con el tradicional dimdl y se fue a la Oktoberfest a esos bancos tan incómodos. No voy a ser yo más.
El simpático camarero que nos ubicó y en un perfecto murciano nos recomendó que pedir y tomó nota de las bebidas. Los de los refrescos de siempre, una sin, para quien por circunstancias gestantes no podía beber. Y el resto cerveza con alcohol. Las mujeres, jarra pequeña. Nosotros, que somos leones, grande, de litro. De la marca Paulaner, la oferta era, cerveza negra, que nadie pidió, cerveza de cebada los más conservadores y turbia de trigo los que estábamos por algo distinto. 
Para meterse entre pecho y espalda un litro de cerveza y no terminar mal, tienen platos típicos alemanes. Pero nada de sofisticación, las morcillas, longanizas y zarangollo de aquí, son sus codillos y costillas de cerdo o los cinco tipos distintos de sus wurst (salchichas) y para que no digan que todo es carne, el típico Chucrut (repollo agrio) que nadie tuvo el valor o las ganas de probar. Si tomamos el codillo, abundante para individual y escaso para compartir, las salchichas, las costillas, que cuando quisimos repetir se habían terminado y un pollo asado casi imposible de dividir.
Lo que iban trayendo, era de elaboración bastante simple, pero bueno. Lo malo era como lo traían. Sobre un plato de cartón y con cubiertos de plástico. Plateados que daban el pego, pero de plástico. Supongo que la idea es que la gente pida un menú individual, pero aun así, partir el costillar con un cuchillo tan blando, no fue tarea fácil. Murieron varios tenedores en el intento.
Por comodidad y seguridad, cuando sirvió el último plato de comida y sin previa petición trajo la cuenta. Una costumbre de mal gusto que personalmente considero odiosa. Será por agilidad, pero es feísimo. No nos dieron la opción a probar los postres. Y eso que ya le habíamos echado el ojo a la Salva Negra. Ni siquiera un café, que digo yo que allí también tendrán su cafelito de puchero con anisette. Aunque peor fue lo que vino después. Un pseudo-segurata vestido de calle, en la salida iba palpando los bolsos para evitar el hurto de las jarras de cerveza. ¡Lo nunca visto! ¿Qué opinión tienen de sus clientes?
En resumen, fue una buena velada, sin sorpresas, donde sabíamos a dónde íbamos y a lo que íbamos. Aunque creo que tienen bastante por mejorar en muchos aspectos, que es una buena idea como iniciación a la Oktoberfest y que espero que sean muchas más las ediciones y cuenten con gente con tanto ánimo como el camarero que nos atendió. 
La fiesta se celebra en el Jardín de La Fama de Murcia y el teléfono de reserva es el 627 23 00 32

viernes, 7 de octubre de 2011

Restaurante Miramar - Cabo de Palos (Cartagena).


Ir a La Manga del Mar Menor y no pasar por Cabo de Palos debería estar tipificado como delito, y viceversa. Y ya que vamos a Cabo de Palos, es muy aconsejable dejar el coche en el puerto, dar un paseo hasta el faro, bajar bordeando las calas hasta llegar a la zona del paseo de la Barra, y allí, si es hora, hacer una comida. Y si no, esperar hasta que lo sea. La oferta es muy variada, y ya que estamos con tópicos y estamos en un pueblo pesquero, no podemos dejar de tomar un caldero típico de la zona, plato de arroz con pescado de roca, o pescado fresco procedente del Mediterráneo.
Como decía, la oferta es muy variada y de gran calidad. En la Barra podemos encontrar Restaurantes como La Tana, La Taberna del Puerto o El Pez Rojo y más arriba El Carbonero o El Mosqui. Ese que se anuncia: De la mar el mero y del Mosqui el Caldero. Aunque yo quiero hacer un aparte para el Miramar, que es al que yo más he ido, voy y espero poder seguir yendo. Uno de los Restaurantes clásicos del Cabo, con más de cuarenta años a su espalda y que se ha sabido adaptar a estos tiempos, con una remodelación que le da un carácter más moderno, sin perder la esencia de lo que fue.
 Si tenemos la oportunidad de elegir cuando poder ir, es importante elegir bien, pues aunque dentro tienen aire acondicionado y la estancia es agradable en cualquier momento, se disfruta más de la terraza frente al canal de entrada al puerto. Y para estar en la terraza, lo óptimo a no ser que el tiempo dicte lo contrario, sería ir a comer en invierno o cenar en verano.
 Por último, antes de la crítica, aconsejar a aquellas personas amantes del arroz y que no lo conozcan, o conociéndolo, que se pidan un caldero. También tienen otros como el arroz con bogavante o su anunciado como especialidad, arroz Perlines, que he de reconocer que nunca lo he probado. Y como ya conozco el caldero y esta vez, fui a cenar, lo elegido fue más frugal.
Entrando ya en materia, la cena fue ligera, a base de tapas, platos y marisco al centro. Para empezar y como perfecto acompañante de lo que íbamos a pedir, una botella de Mar de Frades, un Albariño, que marida a las mil maravillas con el marisco y el pescado. Uno de los camareros, de los que llevan allí desde que yo recuerdo, como casi todos, que sin ser muy simpáticos, son más que correctos y profesionales trajo el enfriador para que la botella conservara su temperatura óptima. Allí metió el Mar de Frades, con su etiqueta termocrómica con un galeón invisible, que se hace aparece cuando la temperatura es inferior a los 11º.
De lo que pedimos, poco puedo decir. No requería grandes esfuerzos técnicos para prepararlos, solamente la calidad de la materia prima, que era de primera. Y el "savoir faire" que da la experiencia para conseguir el punto justo de cocción y salazón. En algunas ocasiones empezamos con una ensalada, aunque esta vez fuimos directamente al tema. Unas gambas rojas a la plancha, aprovechando que estábamos en septiembre y por aquello que se dice de los meses con "erre" son los mejores para el desarrollo del producto. - ¿Quien sabe?-Almejas y gambas al ajillo. Como no pedir los calamares a la romana, los chopitos o los chanquetes. Y unos boquerones fritos. Nosotros paramos aquí, pero aquellos que tengan más saque, tienen una amplia oferta de carnes y sobre todo pescado fresco. Ni que decir que todo estaba muy bueno.
Un último consejo, aquí hacen una crema catalana de escándalo, casera y limitada. Si os gusta y tenéis claro que la vais a pedir, reservarla al pedir los entrantes, no sería la primera vez que alguien se queda con la miel en los labios. Aunque hay alternativas, como la leche frita con helado casero de almendras o arrope con helado de vainilla. Tampoco puedo hablar porque siempre, siempre, pido la crema catalana.
Casi termino, pero como los malos toreros, que nunca se van, un penúltimo consejo, el café. No se debe pedir un café cualquiera. Siguiendo la máxima, allí donde fueres, haz lo que vieres y estando en Cartagena, y a pesar de tener un importante poder calórico, no podemos dejar pasar la oportunidad de tomarnos un asiático. Un café típico de la zona, a base de café, leche condensada, licor 43, entre otros muchos ingredientes.
Para terminar, y ahora sí, la cuenta. - ¿Alguien creería que sería barato? - Demasiado bonito si así lo fuese. No es ya las tres bes, sino que encima no lleva croquetas y las gambas están enteras y son frescas. Pues no, la cuenta estuvo a la altura de lo pedido y del entorno. En una terraza turística, en verano, aunque fuese a finales, y tomando marisco. Pues blanco y en botella. Fue caro, pero un buen colofón para cerrar la temporada estival y hasta el año que viene.
El Restaurante Miramar, está en el Paseo de la Barra número 14, haciendo esquina con el puerto de Cabo de Palos y su teléfono para reservar es el 968 56 30 33.


domingo, 2 de octubre de 2011

Noche de Wine & Cheese en La Lechera de Burdeos.

Esta semana, la quesería La Lechera de Burdeos ha organizado una nueva cata-maridaje de quesos y vinos. La idea ni es original ni es nueva, lo que no quiere decir que no fuera placentera y muy recomendable. En la pequeña aula que tienen en la rebotica de la tienda, dispusieron unas hojas-manteles donde nos fueron presentando y fuimos degustando hasta diez quesos de orígenes, texturas, olores y sabores diversos y seis vinos que nos ayudarían a disfrutar las distintas versiones de cada uno de los lácteos.
Antes de nada, la enóloga de la casa nos hizo una breve introducción al mundo del queso, forma, materia prima, intensidad, olor o sabor. Una vez concluida la pequeña charla nos empezaron a presentar los quesos siguiendo un orden preestablecido. Maridando éstos, con unos vinos y otros productos que potenciaran y jugaran con el sabor de los quesos.
En la primera copa nos sirvieron un Waltraud de 2010, de Torres (Penedés). Un vino hecho con uva riesling donde dominaban los aromas a azahar y jazmín. Con este vino presentaron dos quesos cremosos. Un Bûche de Pussigny, un francés de Sainte Maure de Touraine, de intensidad media hecho a base de leche de siete clases diferentes de cabra. La recomendación fue maridarlo con plátano. El segundo y siguiendo con el Waltraud, vino uno de leche cruda de vaca, el Comttesse de Vichy, queso redondo, de pasta blanda, con corteza enmohecida, rodeado por un cinturón de abeto en su presentación original y de aspereza más fuerte. Originario de la región francesa de Auvernia.
Cambio de vino y cambio de queso. Seguimos en la D. O. Penedés, pero de la casa Gramona, nos sorprendieron con otro vino blanco, Gessamí (Jazmín) de 2010, un coupage, donde destaca la variedad Muscat de Alejandría sobre la Sauvignon Blanc y la Muscat de Frontignan. Los quesos maridados fueron un Charolais de leche cruda de cabra y procedente de Borgoña, que curiosamente toma su nombre de una raza bovina. Este fue el que menos me gustó a mí, que no quiere decir que no fuera bueno. El cuarto de los quesos era un viejo conocido. El Tète de Moine (cabeza de monje), un queso suizo de leche de vaca, forma redonda, extremadamente oloroso y sabor suave. Lo presentaron cortado con la girolle, un utensilio que ralla el queso en sentido circular, dándole forma de flor. Al comerlo se deshace en la boca dejando un sabor espectacular.

Suenan los clarines y hay cambio de tercio. Con, para algunos el vino más flojo, un pinot noir de Borgoña. El Hautes-Côtes de Nuits. Seguíamos combinando quesos con vinos y frutos secos, frutas, gominolas, dátiles.La guinda vino con dos compotas ecológicas, una jalea de lima y otra de kumquat. Es turno de los quesos británicos. El Red Leicester, de elaboración parecida el cheddar, tiene un color anaranjado debido a un tinte natural. También probamos quesos españoles, que además del manchego o el cabrales, tenemos otros quesos y maravillosos, por cierto. Tomamos el Mahón de Baleares.
Para no extenderme mucho más diré que además de estos vinos, tomamos otro Borgoña pinot noir de la misma casa, Albert Bichot, que gustó más. Secret de Famille. Un merlot de Torres, del Penedes, Atrium de 2009 y como postre, un vino dulce del Sudoeste francés. Maydie Tannat Vintage. Los quesos restantes no fueron a la zaga de los primeros. Un Camembert de Normandie, nada parecido a los de las tiendas convencionales. Cremoso y sin ese aroma a amoniaco que tienen algunos de sus primos industriales. Otro inglés, el Shropshire blue, heredero directo del Stilton. Y como colofón, el afamado Comté Réserve francés y el Cántabro Picón del que ya os hablé. Un queso obtenido de la leche de oveja lacha, vaca Tudanca, Pardo-Alpina y Frisona, y cabra Pirenáica y Cabra de los Picos de Europa.
Junto a los organizadores estábamos trece desconocidos que fuimos aprendiendo juntos algo nuevo sobre el fabuloso y complejo mundo de los quesos. Una iniciación inconclusa pero que ha sembrado, al menos en mí, un gusanillo que me pide que lo alimente a base de conocimiento y queso, por supuesto. Fue una maravillosa oportunidad para catar quesos de autor difíciles de encontrar en el mercado y vinos franceses diferentes a los españoles a los que estamos tan acostumbrados.
Nos comentaron que iban a seguir con las catas y más adelante maridarían estos u otros quesos con vinos espumosos o cervezas. Dos buenas ocasiones para seguir el camino del queso y desde aquí les propongo a los de la Lechera de Burdeos, organizar una especie de club de quesos similar a los clubs de vinos que hay, como ayuda inestimable para el desarrollo de una cultura entorno a este producto tan cercano y del que, como un iceberg solo vemos la punta.
Las catas que están entorno a los veinte euros las hacen los jueves a las 8:30 en la Lechera de Burdeos, en la Plaza de Julián Romera 6 (lateral). Para reservar se puede llamar el teléfono 968 21 05 00.