lunes, 21 de febrero de 2011

Bizcocho de Limón.


Parece raro que haya subido recetas de bizcochos mas "sofisticados" y no tenga el bizcocho de limón de toda la vida, un clásico entre los clásicos. El primer Bizcocho que todos hemos hecho alguna vez y ha servido para romper el hielo en esto de la repostería. Nunca un vaso de yogurt ha sido tan utilizado como para esta rica receta.

Los Ingredientes.

Para el Bizcocho.
  • 1 Yogurt de Limón.
  • 1 Medidas del vaso de Yogurt de aceite de oliva.
  • 3 Medidas del vaso de Yogurt de harina de trigo tamizada.
  • 2 Medidas del vaso de Yogurt de azúcar.
  • 3 Huevos.
  • 1 Sobre de levadura.
  • Zumo de un limón.
  • Ralladura de un limón.
  • Chorrito de Limoncello.
La Decoración.
  • Azúcar glacé.
  • Mantequilla para untar el molde.

La faena.

La elaboración no tiene mucha historia, quizás en los ingredientes pueda estar la diferencia entre un buen bizcocho y uno simplemente correcto, tanto en la calidad como en las cantidades.
Mientras precalentamos el horno a 180º, untamos el molde con un poco de mantequilla y reservamos. Rallamos la corteza de un limón. Batimos los huevos y le vamos añadiendo el resto de ingredientes poco a poco, mezclando bien, dejando la harina para el final, es preferible que haya sido tamizada para facilitar la mezcla. Según nos guste, podemos añadir más harina, hasta que admita la masa.
Ya sólo nos queda verter la masa en el molde y llevar al horno precalentado unos 45 minutos. Aunque como no todos los hornos son iguales, pasado un tiempo prudencial, basta con pincharlo con un palillo y si éste sale limpio, el bizcocho esta listo.
Una vez desmoldado se espolvorea azúcar glacé a modo de adorno, aunque hay quien la espolvorea antes de hornear la masa, una vez que esta está en el molde para fundirla con el bizcocho y conseguir una textura distinta.



sábado, 19 de febrero de 2011

Restaurante Bambino - Murcia


Creo que a todos nos ha pasado alguna vez, hemos pasado miles de veces por la puerta de un restaurante que nos pilla de paso y nunca hemos entrado, ni sabemos como es por dentro. Eso es lo que me había pasado a mí hasta el día de ayer con este restaurante. Bambino, es un pequeño y acogedor restaurante situado en la calle San Ignacio de Loyola de Murcia, muy cerca de la facultad de letras, en medio del bullicio universitario. ¿He dicho pequeño? Quería decir muy pequeño.
Entrar en este local es abstraerse de todo lo exterior y disfrutar de un ambiente íntimo, cálido, incluso romántico. Da la sensación que desconectamos de todo y nos metemos en una burbuja, luz tenue, velas...
Nada más sentarnos, el camarero ofrece alguna bebida que trae junto a un aperitivo de encurtidos, nada del otro mundo, pero a diferencia de otros restaurantes y siendo lo normal, no cobran lo que no se ha pedido. Tenemos medio decidido lo que vamos a pedir, los menús son apetecibles, pero nos han recomendado unas setas, que queríamos probar y no venían en el menú. Al venir el maître a tomar nota, le comentamos nuestro dilema y si hay alguna posibilidad de cambiar platos. Es posible sumando o restando según precio, lógico y normal. También nos comentó que había un descuento de los menús.
Pedimos definitivamente el menú con un cambio de plato, las setas en lugar del carpaccio. Primero una ensalada, la llamada Pasión, escarola con nueces, champiñones, lascas de parmesano y lentejas entre otros ingredientes, muy sabrosa. Terminando la ensalada trae unas tartaletas de foie aliñadas con una miel rebajada, dos por comensal, muy ricas también. ¡Y de pronto! - ¿Que hace el camarero? ¿Nos esta quitando los platos? ¿Y, sin pedirlo? Que gran diferencia de trato con la semana anterior.
Cambio de tercio, una tartaleta Bambino de queso fundido con nueces acompañado de mermelada de violetas y miel. Estábamos tan encantados con lo que iban trayendo que no nos dimos cuenta que habían dejado de traer un plato, unas tartaletas de queso de cabra que no tienen mala pinta en las fotos de su web. Supongo que pensando en las setas, que nos despistamos, o el buen ambiente creado hace que te entretengas en la conversación y se pasen cosas así.
Y llegaron, unas peculiares setas Enoki que bien merecían la fama que tenían. He visto que las venden en Makro, un día habrá que hacer una visita para preparar algo con ellas. Luego tres solomillos de distintas salsas que si bien es cierto que la carne era muy tierna y las salsa muy ricas, a los que nos gusta la carne nos dejaba un tanto insatisfechos por ser unas salsas muy potentes que enmascaraban por completo el sabor de la carne. Las salsas eran de Torta de Casar, de Módena con foie y de Trufa. Lo dicho eran salsas de mojetear, pero que mataban el sabor de tan tiernos solomillos de buey. Por último un combinado de postres de la casa, tarta de la abuela, tarta de bombón con Baileys, una mousse de mascarpone con nueces, miel y caramelo y unos lazos de hojaldre con chocolate. Tras esto un monastrell dulce que nunca falla y todo regado con dos botellas de Taus y cinco bebidas, aunque también se podía cambiar una botella por cinco bebidas o descuento de cinco euros.
A pesar de habernos esquilmado un plato, el menú nos sació. Era un menú sencillo, sin grandes complicaciones aunque tiene poco juego, ya que abusa del queso, que lo encontramos en la ensalada, en tres de los cuatro entrantes, en una de las carnes y en el postre. O usa mucho las nueces y los tomates cherry como decoración. Si hay un comensal al que no le guste el queso, se puede quedar casi sin cenar.
Con todo esto la cena salió por 29 euros gracias a una sustancial oferta que tenían. El último problema es que no tienen maquina de café, con lo que evitan que alarguemos la sobremesa. Al menos te invitan a un café enfrente, aunque se hace raro tomar un expreso mientras la gente va de copas.
Es un restaurante que recomiendo visitar, eso si, cuidado con lo que traen, no se vayan a dejar alguno por el camino. Un 6 sobre diez gracias al servicio y el ambiente creado.


domingo, 13 de febrero de 2011

Restaurante Pura Cepa - Murcia.


Por todo el mundo es sabido que en España se come de maravilla, así que, ir a un restaurante y comer bien tiene relativo mérito, por eso cuando voy a cenar fuera, pido algo más que comer bien, un servicio que sea agradable sin caer en el coleguismo o un ambiente que me permita disfrutar de la comida y la conversación, de tal forma que cuando salga del local, lo haga con la sensación de haber disfrutado y con ganas de volver, y Pura Cepa no ha conseguido cumplir con esto.
El local está en el centro de Murcia, en la plaza del Cristo del Rescate, su salón no es grande además lo empequeñecen con la tenue luminosidad y al amontonar tantas mesas, les va bien y quieren amortizarlo, lo que es un problema, pues el murmullo puede llegar a convertirse en desagradable. Cuando venga el buen tiempo, está la opción de la terraza que le hará ganar enteros, pero con el frío invernal poco apetece salir a la plastificada terraza.
El servicio, aunque rápido, no pasa de correcto, unos camareros fríos que poco ayudan a los indecisos a la hora de tomar decisiones y como éramos muchos, al final optamos por lo fácil, un menú degustación especial de San Valentín. Cómo se nota si el dueño esta al frente del barco o simplemente supervisa. El menú empezó con una ensalada de mezcla de lechugas al humor del chef, y menos mal que esa noche el humor del chef parecía bueno.... Venía acompañada de fresas, queso y frutos secos, el detalle de las fresas supongo que será para celebrar el día de los enamorados. Bastante buena para abrir boca tras un aperitivo a base de aceitunas aliñadas y un pan con paté. El siguiente plato anunciado son las afamadas croquetas de gambas rojas. Unas croquetas que se precian de ser de gamba roja deberían demostrarlo al menos con algún trocillo de gamba, estas eran un
as croquetas muy cremosas sin tropezón alguno y con un sabor a marisco que bien podría proceder de una crema de sobre. Sin terminar las croquetas trajeron uno de los platos más elaborados, unas vieiras con espuma de foie. A mí personalmente la espuma de foie me pareció de lo más flojo, pero el contraste de sabores entre la sal que condimentaba el foie, el propio foie, una rodaja de manzana y las vieiras era interesante. Después vino la paletilla de ibérico con pan tostado con tomate. La perfección e igualdad de las láminas demuestran que ni han sido cortadas a mano ni seguramente en ese momento. Menos el foie, que venía en vaso, todo lo tomamos en el mismo plato, sobre los restos del plato anterior, no cambiaban los platos ni daba la sensación que lo fueran a hacer, un detalle que marca diferencias.
Ya solo falta un entrante antes de la carne, el motivo de nuestra visita a Pura Cepa, el Atascaburra con pulpo y huevas de trucha, y cual fue nuestra sorpresa al ver como la silenciosa e impasible camarera dejaba en la mesa unos huevos revueltos con huevas de mújol. Sorprendidos la llamamos y advertimos de su fatal error. Ella fríamente nos anunció que no había error alguno, el anunciado atascaburra se había agotado y ellos habían decidido cambiarlo por Zarangollo enriquecido con huevas de mújol. Creo que lo correcto hubiera sido advertir que se había agotado y darnos a elegir otro entrante y no motu propio elegir ellos un entrante de precio significativamente menor. Por no estropear la velada que estaba resultando magnífica, lo dejamos pasar, pero siempre nos queda la duda de si esta gente piensa que los clientes somos ganado a quien "echarle" de comer lo que sea, pensarían: han pedido atascaburras con pulpo, pues que se tomen zarangollo con calamar y en lugar de huevas de trucha, de mújol que también es pescado. El atascaburra era el plato que más nos apetecía probar, puede pasar que se agote, pero que te tomen por memo, eso puede llegar a ofender.Ya solo quedaban las carnes, un montadito de solomillo de cerdo con queso a la trufa, muy bueno y lo mejor de la noche junto a la ensalada, unas carrilleras estofadas en su jugo con patatas paja. El menú termina con unos postres, cuatro minipostres que se han de tomar en un riguroso orden si queremos apreciarlos en su máxima expresión. El primero es un chupito de fruta, mandarina y fresa bañados en almibar aromatizado con hierbabuena, totalmente prescindible. El segundo, una Mousse de queso al pimentón, estaba bastante rica, el tercero un chupito de crema catalana correcto y el punto final un "Browning" de chocolate, que si era para dar el tiro final no lo consiguió, pero si era un intento de Brownie era bastante vulgar.
La comida fue regada con un vino monastrell, Casa Castillo del 2008, la decisión fue fácil ya que primó lo económico, pues aunque la carta de vinos era amplia, por principio nos negamos a consumir vinos caros en restaurantes donde inflan de manera abusiva los precios de estos y Pura Cepa tiene más alevosía al tener su imagen asociada al tema enológico. Si ajustaran más los precios de los vinos, beberíamos mejores caldos y quizás alguna copa más.
La velada no terminó con los postres hubo cafés y un plato de queso para acompañar el vino que nos quedaba en la copa como compensación al agravio del atascaburra, fue un obsequio forzado pero obsequio al fin y al cabo. Licores y buena conversación.
El restaurante es recomendable para ir, pero una vez, a ser posible en verano y cuando tengan atascaburra. Yo le daría una valoración de 6 sobre 10. Y les recomendaría que se plantearan la idea del vino y la de no cobrar los entrantes que ofrecen sin ser pedidos.



domingo, 6 de febrero de 2011

Restaurante Acuario - Murcia.

Sábado noche y después de algunas semanas sin salir a restaurantes que merezca la pena hablar de ellos, vamos a uno que si es digno de crítica y elogio, me refiero al restaurante Acuario, un clásico de la cocina murciana del que podemos estar orgullosos y que viene deleitando los paladares desde 1987 en la plaza Puxmarina. Aún siendo un clásico, no cae en la comodidad y hacen una continua evolución en sus creaciones sin olvidar las glorias pasadas que siguen manteniendo en la carta. Es un pequeño restaurante familiar donde dos generaciones trabajan codo con codo para mantener el listón en todo lo alto. Como decía el restaurante es pequeño con apenas medio centenar de plazas repartidas en dos plantas, con reservados si lo que se busca es privacidad. El ambiente que han sabido crear entre los colores pastel de las paredes y la suave música de fondo, ha sido de relax, muy apropiado para poder conversar mientras damos buena cuenta de los platos que podemos disfrutar con el gusto, pero también con el olfato y sobre todo con la vista, pues las puestas en escena que hacen de algunos platos es asombrosa.
Nada más entrar nos recibe la maître, que además es dueña, un trato cercano y amable pero sin caer en el amiguismo y sin golpecitos en la espalda, hay restaurantes que cada golpe del maître suponen 10 euros más en la cuenta final. Mientras toma nota de las bebidas, nos sirven unas chips de yuca. La carta de vinos es más que aceptable, no es la guía Peñin, pero tiene vinos de numerosas denominaciones, y combina los clásicos con nuevas apuestas igual que podemos encontrar caldos adaptados a toda clase de bolsillos.
La carta ofrece un amplio abanico de posibilidades tanto en carnes como en pescados sin contar con los entrantes que por variedad y elaboración complican mucho la elección si se va a elegir solo uno o dos. Después de mucho pensarlo hemos decidido, pediremos unos entrantes y platos individuales. La elección fue unas croquetas de bacalao sobre una cama de tomate con ajo, unas gambas a la diabla, tipo caballito pero un poco más sofisticado, pero los dos entrantes estrella fueron las berenjenas con champiñón y jamón ibérico y una patatita rellena de crustáceos y marisco con perlas rojas (huevas de salmón) que hacen que merezca la pena tanto por sabor como por presentación en forma de cisne. De los principales solo puedo hablar de la lubina rellena de marisco al hojaldre en espiral sobre una salsa de crustáceos, un plato delicioso a la vista y al gusto. El postre no tenía duda a pesar de la magnifica oferta, una espuma de café al whisky que hizo que no lamentara no haber pedido la isla de coco, ni la crema de almendras que me aconsejaron. Café y a disfrutar de la sobremesa.
Sobre el servicio, lo único y mejor que puedo decir es su profesionalidad, ni un mal gesto ni una mala contestación, traían todos los platos al tiempo y a temperatura óptima. Esto que debería ser lo habitual, hay veces que se convierte en lo anormal. Sobre lo comido, todo estaba riquísimo, pero lo que es más importante en un restaurante, hay una serie de platos en la carta como la perdiz de caza en hojaldre, que anuncian como segundo premio nacional de gastronomía o una mousse de foie con reducción de Monastrell y caramelo de Módena que me están diciendo que debo volver a por ellos, y un argot musístico, un envite es un querite. No es de extrañar que lleven tantos años y le auguro muchos más pues sería la recompensa del trabajo bien hecho tanto detrás de los fogones como de cara al público.
Con relación al precio, no creo que nadie vaya a pensar que estuvo tirado, entre los 50 y 60 euros por comensal. No es un sitio donde se pueda ir todos los fines de semana, pero a pesar de esto, la relación calidad, servicio, precio es muy satisfactoria y se nota que los que allí trabajan son la familia y reman en la misma dirección para sacar adelante el negocio en estos tiempo que corren. Mi calificación es de sobresaliente, un 9 sobre diez. Muy recomendable, hoy por hoy el mejor de toda Murcia.
Por último quisiera hacer mención a la decoración, pues además de los acuarios que tienen, haciendo gala de su nombre y los distintos reconocimientos gastronómicos, uno de los hobbies del chef Marcos es la construcción con azúcar y exhiben en el local dos de los edificios más emblemáticos de nuestra ciudad hechos a base de tan dulce ingrediente, como son el frontispicio y torre de la iglesia Catedral de Santa María y el Santuario de la Fuensanta.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Huevos poché con boletus.

Me quedaban los rescoldos de los boletus y hoy me han solucionado la cena con un huevo poché aderezado con unas virutas de jamón ibérico, un poco de orégano y sal al ajo. ¿Que es un huevo poché? La manera tradicional sería escalfando un huevo en agua hirviendo con un poco de vinagre para facilitar la coagulación y ayudando con una cuchara para que la clara cubra la yema mientras se va cociendo, el pero de esta técnica es el sabor ácido que le aporta el vinagre al huevo. Pero este problema es solucionable de una forma fácil y sencilla. Estiramos papel film y extendemos sobre este un poco de aceite para evitar que el huevo se pegue al film, sobre él, el huevo que aderezamos con lo que nos apetezca, en esta ocasión lo he hecho con virutas de jamón, pero podríamos hacerlo con infinidad de especias. Solo nos queda cerrar el papel film en forma se saquito intentando que la clara envuelva la yema y que no quede aire en el interior. Metemos el saquito del huevo en agua hirviendo y dejamos cocer 4 minutos, trascurrido ese tiempo, sacamos el saquito y cortamos la cocción.
Por otro lado hemos dorado y sazonado los boletus en una sartén lo justo para calentarlos y que tomen un poco de color.
"Et Voilá"