domingo, 6 de febrero de 2011

Restaurante Acuario - Murcia.

Sábado noche y después de algunas semanas sin salir a restaurantes que merezca la pena hablar de ellos, vamos a uno que si es digno de crítica y elogio, me refiero al restaurante Acuario, un clásico de la cocina murciana del que podemos estar orgullosos y que viene deleitando los paladares desde 1987 en la plaza Puxmarina. Aún siendo un clásico, no cae en la comodidad y hacen una continua evolución en sus creaciones sin olvidar las glorias pasadas que siguen manteniendo en la carta. Es un pequeño restaurante familiar donde dos generaciones trabajan codo con codo para mantener el listón en todo lo alto. Como decía el restaurante es pequeño con apenas medio centenar de plazas repartidas en dos plantas, con reservados si lo que se busca es privacidad. El ambiente que han sabido crear entre los colores pastel de las paredes y la suave música de fondo, ha sido de relax, muy apropiado para poder conversar mientras damos buena cuenta de los platos que podemos disfrutar con el gusto, pero también con el olfato y sobre todo con la vista, pues las puestas en escena que hacen de algunos platos es asombrosa.
Nada más entrar nos recibe la maître, que además es dueña, un trato cercano y amable pero sin caer en el amiguismo y sin golpecitos en la espalda, hay restaurantes que cada golpe del maître suponen 10 euros más en la cuenta final. Mientras toma nota de las bebidas, nos sirven unas chips de yuca. La carta de vinos es más que aceptable, no es la guía Peñin, pero tiene vinos de numerosas denominaciones, y combina los clásicos con nuevas apuestas igual que podemos encontrar caldos adaptados a toda clase de bolsillos.
La carta ofrece un amplio abanico de posibilidades tanto en carnes como en pescados sin contar con los entrantes que por variedad y elaboración complican mucho la elección si se va a elegir solo uno o dos. Después de mucho pensarlo hemos decidido, pediremos unos entrantes y platos individuales. La elección fue unas croquetas de bacalao sobre una cama de tomate con ajo, unas gambas a la diabla, tipo caballito pero un poco más sofisticado, pero los dos entrantes estrella fueron las berenjenas con champiñón y jamón ibérico y una patatita rellena de crustáceos y marisco con perlas rojas (huevas de salmón) que hacen que merezca la pena tanto por sabor como por presentación en forma de cisne. De los principales solo puedo hablar de la lubina rellena de marisco al hojaldre en espiral sobre una salsa de crustáceos, un plato delicioso a la vista y al gusto. El postre no tenía duda a pesar de la magnifica oferta, una espuma de café al whisky que hizo que no lamentara no haber pedido la isla de coco, ni la crema de almendras que me aconsejaron. Café y a disfrutar de la sobremesa.
Sobre el servicio, lo único y mejor que puedo decir es su profesionalidad, ni un mal gesto ni una mala contestación, traían todos los platos al tiempo y a temperatura óptima. Esto que debería ser lo habitual, hay veces que se convierte en lo anormal. Sobre lo comido, todo estaba riquísimo, pero lo que es más importante en un restaurante, hay una serie de platos en la carta como la perdiz de caza en hojaldre, que anuncian como segundo premio nacional de gastronomía o una mousse de foie con reducción de Monastrell y caramelo de Módena que me están diciendo que debo volver a por ellos, y un argot musístico, un envite es un querite. No es de extrañar que lleven tantos años y le auguro muchos más pues sería la recompensa del trabajo bien hecho tanto detrás de los fogones como de cara al público.
Con relación al precio, no creo que nadie vaya a pensar que estuvo tirado, entre los 50 y 60 euros por comensal. No es un sitio donde se pueda ir todos los fines de semana, pero a pesar de esto, la relación calidad, servicio, precio es muy satisfactoria y se nota que los que allí trabajan son la familia y reman en la misma dirección para sacar adelante el negocio en estos tiempo que corren. Mi calificación es de sobresaliente, un 9 sobre diez. Muy recomendable, hoy por hoy el mejor de toda Murcia.
Por último quisiera hacer mención a la decoración, pues además de los acuarios que tienen, haciendo gala de su nombre y los distintos reconocimientos gastronómicos, uno de los hobbies del chef Marcos es la construcción con azúcar y exhiben en el local dos de los edificios más emblemáticos de nuestra ciudad hechos a base de tan dulce ingrediente, como son el frontispicio y torre de la iglesia Catedral de Santa María y el Santuario de la Fuensanta.

3 comentarios:

P.C.G. dijo...

Me parece un restaurante estupendo, pero te sugeriria que probaras el flan de chocolate blanco...insuperable!!

Oreikiko dijo...

Lo anoto para mi próxima visita, aunque ya se me acumulan los deseos y voy a tener que hacer varias.

Jose GM dijo...

Este Restaurante en uno de los mejores que he probado por su cocina de autor pero con raciones suficientes para apreciarlo jeje, el trato es magnifico desde que entras hasta que sales y su precio no es excesivo para la calidad con la que nos deleita.