domingo, 13 de febrero de 2011

Restaurante Pura Cepa - Murcia.


Por todo el mundo es sabido que en España se come de maravilla, así que, ir a un restaurante y comer bien tiene relativo mérito, por eso cuando voy a cenar fuera, pido algo más que comer bien, un servicio que sea agradable sin caer en el coleguismo o un ambiente que me permita disfrutar de la comida y la conversación, de tal forma que cuando salga del local, lo haga con la sensación de haber disfrutado y con ganas de volver, y Pura Cepa no ha conseguido cumplir con esto.
El local está en el centro de Murcia, en la plaza del Cristo del Rescate, su salón no es grande además lo empequeñecen con la tenue luminosidad y al amontonar tantas mesas, les va bien y quieren amortizarlo, lo que es un problema, pues el murmullo puede llegar a convertirse en desagradable. Cuando venga el buen tiempo, está la opción de la terraza que le hará ganar enteros, pero con el frío invernal poco apetece salir a la plastificada terraza.
El servicio, aunque rápido, no pasa de correcto, unos camareros fríos que poco ayudan a los indecisos a la hora de tomar decisiones y como éramos muchos, al final optamos por lo fácil, un menú degustación especial de San Valentín. Cómo se nota si el dueño esta al frente del barco o simplemente supervisa. El menú empezó con una ensalada de mezcla de lechugas al humor del chef, y menos mal que esa noche el humor del chef parecía bueno.... Venía acompañada de fresas, queso y frutos secos, el detalle de las fresas supongo que será para celebrar el día de los enamorados. Bastante buena para abrir boca tras un aperitivo a base de aceitunas aliñadas y un pan con paté. El siguiente plato anunciado son las afamadas croquetas de gambas rojas. Unas croquetas que se precian de ser de gamba roja deberían demostrarlo al menos con algún trocillo de gamba, estas eran un
as croquetas muy cremosas sin tropezón alguno y con un sabor a marisco que bien podría proceder de una crema de sobre. Sin terminar las croquetas trajeron uno de los platos más elaborados, unas vieiras con espuma de foie. A mí personalmente la espuma de foie me pareció de lo más flojo, pero el contraste de sabores entre la sal que condimentaba el foie, el propio foie, una rodaja de manzana y las vieiras era interesante. Después vino la paletilla de ibérico con pan tostado con tomate. La perfección e igualdad de las láminas demuestran que ni han sido cortadas a mano ni seguramente en ese momento. Menos el foie, que venía en vaso, todo lo tomamos en el mismo plato, sobre los restos del plato anterior, no cambiaban los platos ni daba la sensación que lo fueran a hacer, un detalle que marca diferencias.
Ya solo falta un entrante antes de la carne, el motivo de nuestra visita a Pura Cepa, el Atascaburra con pulpo y huevas de trucha, y cual fue nuestra sorpresa al ver como la silenciosa e impasible camarera dejaba en la mesa unos huevos revueltos con huevas de mújol. Sorprendidos la llamamos y advertimos de su fatal error. Ella fríamente nos anunció que no había error alguno, el anunciado atascaburra se había agotado y ellos habían decidido cambiarlo por Zarangollo enriquecido con huevas de mújol. Creo que lo correcto hubiera sido advertir que se había agotado y darnos a elegir otro entrante y no motu propio elegir ellos un entrante de precio significativamente menor. Por no estropear la velada que estaba resultando magnífica, lo dejamos pasar, pero siempre nos queda la duda de si esta gente piensa que los clientes somos ganado a quien "echarle" de comer lo que sea, pensarían: han pedido atascaburras con pulpo, pues que se tomen zarangollo con calamar y en lugar de huevas de trucha, de mújol que también es pescado. El atascaburra era el plato que más nos apetecía probar, puede pasar que se agote, pero que te tomen por memo, eso puede llegar a ofender.Ya solo quedaban las carnes, un montadito de solomillo de cerdo con queso a la trufa, muy bueno y lo mejor de la noche junto a la ensalada, unas carrilleras estofadas en su jugo con patatas paja. El menú termina con unos postres, cuatro minipostres que se han de tomar en un riguroso orden si queremos apreciarlos en su máxima expresión. El primero es un chupito de fruta, mandarina y fresa bañados en almibar aromatizado con hierbabuena, totalmente prescindible. El segundo, una Mousse de queso al pimentón, estaba bastante rica, el tercero un chupito de crema catalana correcto y el punto final un "Browning" de chocolate, que si era para dar el tiro final no lo consiguió, pero si era un intento de Brownie era bastante vulgar.
La comida fue regada con un vino monastrell, Casa Castillo del 2008, la decisión fue fácil ya que primó lo económico, pues aunque la carta de vinos era amplia, por principio nos negamos a consumir vinos caros en restaurantes donde inflan de manera abusiva los precios de estos y Pura Cepa tiene más alevosía al tener su imagen asociada al tema enológico. Si ajustaran más los precios de los vinos, beberíamos mejores caldos y quizás alguna copa más.
La velada no terminó con los postres hubo cafés y un plato de queso para acompañar el vino que nos quedaba en la copa como compensación al agravio del atascaburra, fue un obsequio forzado pero obsequio al fin y al cabo. Licores y buena conversación.
El restaurante es recomendable para ir, pero una vez, a ser posible en verano y cuando tengan atascaburra. Yo le daría una valoración de 6 sobre 10. Y les recomendaría que se plantearan la idea del vino y la de no cobrar los entrantes que ofrecen sin ser pedidos.



3 comentarios:

Salto A. dijo...

Me pregunto si es buena idea la moda, relativamente nueva, de poner los postres en chupitos variados. Parece una cata de chispitas de postres...quiero comer un postre bueno..o tomar una cucharada de todos los postres de la carta?

Oreikiko dijo...

Creo que es el típico plato de postres variados al centro pero un poco más evolucionado. Deberían hacer eso y luego preguntar cual es el que queremos tomar, así no nos equivocaríamos al tomar la decisión.

James McLamore dijo...

Enhorabuena por el blog.