martes, 29 de marzo de 2011

Restaurante La Onda - Murcia.

Es domingo y hoy toca comida con la familia, la decisión parece fácil, pero elegir el restaurante al que podamos ir un grupo tan heterogéneo y con algunos condicionantes no es como para tomárselo a la ligera. Vamos con niños, con cochecito, mejor no coger el coche pero que no este demasiado lejos. Que tengan una carta variada tanto para los niños como para los que ya no lo somos y cuidado con los que no comen nada verde. Total, sin tener en cuenta todos estos condicionantes, ya que no es el más indicado para ir con un cochecito, fuimos a la onda, un restaurante de los de toda la vida, donde rara vez se falla. Además, desde la última vez que había ido, lo han reformado (hacía mucho tiempo) y creo que ha sido un buen trabajo.
La atención por parte de los camareros fue más que exquisita, la carta muy variada, aunque tengo que decir que alguna de las cosas que pedimos, como chopitos y rabo de toro, no les quedaba. Si aún no os habéis dado cuenta, el rabo de Toro, es una de mis debilidades. La carta de vinos muy extensa y los precios de estos, correctos. El ambiente hospitalario invitaba a la sobremesa. Ahora con el buen tiempo y para el deleite de los fumadores empedernidos, han sacado unas mesas a la calle.
Empezamos con los entrantes. Aquí tengo que decir, y se que es cosa mía, que es un poco lo de siempre. Últimamente casi que prefiero aperitivos más elaborados de materia prima más modesta, que el jamón ibérico o los caballitos de buenas gambas. Quizás sea porque voy buscando cosas nuevas y el jamón no me va a sorprender, a no ser que sea por malo. Pero como decía fuimos a comer cosas para todos los públicos. Primero unos dátiles con bacon, el secreto esta en si le ponemos almendra, nuez o queso y el gusto de fritura, más o menos frito. Estos llevaban almendra y no hablo de la fritura porque a unos nos gustan poco hechos y a otros mucho. Unos caballitos riquísimos y de buen tamaño, hay sitios donde te ponen "ponys". Unas tortitas de camarones, demasiado grandes los camarones y su piel se hacía incomoda en la tortilla, y un poco sosa y un plato de jamón, que confieso que cuando terminé la tortilla y fui a probarlo había desaparecido, supongo que estaría riquísimo. El vino elegido fue un Ramón Bilbao crianza de 2007.
Los platos fuertes quedaron un poco flojos. El pescado lo hacen a la brasa y el fuerte sabor que les aporta, matan la suavidad del lenguado. Una paletilla de cordero al horno a la que hubo que sazonar, tierna, pero sosa y un filete de Angus para el que también tuve que pedir sal Maldon.
En los postres coincidimos la mayoría, una tulipa con helado de turrón y bañada con chocolate caliente. Una delicia.
Quitando los platos fuertes, que sin estar malos cada uno tenía lo suyo y estoy seguro que fue algo puntual, la onda es un restaurante que merece la pena visitar si lo que buscamos es comida tradicional con un servicio y atención complaciente y productos de excelente calidad, y a un precio muy competitivo. Los experimentos con gaseosa. Un seis alto.
La onda esta en la calle Bando de la Huerta 8 y su telefono de contacto es 968 24 78 82


domingo, 27 de marzo de 2011

Semana de la Gastronomía Francesa - Hotel Novotel (Murcia).

El pasado viernes 25 de marzo en el hotel Novotel de Murcia, la enoteca "El cuentavinos" organizó en "colaboración" con el Consulado Francés en Murcia una cena francesa donde el Chef del hotel , Gonzalo García Millán, preparó un más que digno menú a la francesa (sin tortilla), acompañado de diversos caldos galos. Por mi desconocimiento de vinos franceses, tenía especial interés en asistir y el precio de 37 euros persona animaba. Además el Cantautor francés André Chiron amenizaba la velada y el enólogo Eloy Sánchez Constán de la bodega Casa la Ermita hacía una breve presentación de los vinos.
La cena empezaba a las 9:30, pero la impuntualidad de la Sra. Consulesa Marie Thérèse Flores, retrasó el evento hasta las 10:15, menos mal que no se alargaron los discursos de elogio mutuo entre los organizadores. Mientras la consulesa se excusaba y el enólogo nos presentaba los vinos que íbamos a beber, nos sirvieron el primero de ellos, dopff au Moulin, un vino de Alsacia de la variedad Gewürztraminer de 2009. Habló muy bien de los vinos, y yo como no tengo los suficientes conocimientos ni terminología apropiada, me voy a limitar a contar lo que bebimos.
En relación con el menú, los entrantes fueron a compartir, un surtido de Patés y Caramelos de perdiz, donde destaca uno de los patés, hecho por el cocinero con una gelatina de violetas y pimienta roja. El otro entrante, jamón de pato con tostas de tomate y aceite.
De primero una Quiche Lorraine de Bacon y Puerros acompañada de Tapenade de aceitunas negras. Totalmente distinta a las que había probado hasta hoy. Como no era ni una cata, ni había maridaje, siguieron trayendo los vinos, el segundo fue un Merlot, Gran Sud de 2010, un vino de Pays d´Oc. Quizás el más flojo de los que probamos.
En estas estábamos, cuando el gran André Chiron se sentó en nuestra mesa y nos deleitó con su guitarra y una canción. Nunca adivinareis la canción. ¿Edith Piaf y La vie en rose?¿Francis Cabrel y su Petite Sirene? Pues no, el tema elegido para la noche francófona fue La mala reputación de Loquillo en versión cantautor. Original cuanto menos.
Bueno, sigamos con la cena y los vinos. El tercero de los vinos y el que más gustó fue Côtes du Rhône (E. Guigal), un polivarietal con Sirah, Garnacha y un 10% de Monastrell, que acompañó la carne, Popietas de solomillo de cerdo rellenas de boletus acompañado de gratin dauphinois y una salsa de foie. Verdaderamente riquísimo. Antes de terminar con la carne, sirvieron el penúltimo de los vinos, un Burdeos de 1997, Primo Palatus con Cabernet Franc acompañado de C. Sauvignon y Merlot.
En cuanto al postre, unos Crêpes rellenos de piña acompañados de helado de coco y chocolate caliente, totalmente prescindible, al menos la piña. Y para poner la guinda, una tabla de quesos regados con el último de los vinos, un espumoso de Limoux, Première Bulle.
Nada más terminar, la consulesa se despidió a la francesa y nos quedamos los españoles que nada chauvinistas supimos apreciar lo bueno del país vecino y le dimos un toque español con la sobremesa y alguna que otra copa, aunque esas ya no eran ni francesas ni españolas.
En conclusión, una muy buena velada disfrutando de comida y vinos que no podemos degustar a menudo, en compañía de buenos amigos, magnifica conversación y muy bien atendidos por el servicio del hotel dirigido por su director Antero Cardoso que fue un excelente anfitrión.
Allí nos hablaron del restaurante del hotel y prometimos visitarlo para hacer una crítica en condiciones y nada condicionada.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Bizcocho Cebra.

Esta es la receta de un bizcocho de dos sabores y colores, de los cuales uno es de chocolate y el otro admite gran variedad. Lo más común es el bizcocho de limón. Yo hoy lo he hecho con uno a base de queso mascarpone. Como la mayoría de los bizcochos es bastante sencillo de hacer, el truco esta en como verter las dos masas en el molde para darle la forma bicolor de la cebra, blanco sobre negro o negro sobre blanco, para los gustos....

Los Ingredientes.
  • 150 grs de azúcar.
  • 1 Tarrina de queso mascarpone (entre 200 y 250 grs).
  • 150 grs de aceite de girasol.
  • 5 Cucharadas soperas de cacao en polvo.
  • 250 grs de harina de trigo (puede admitir un poco más).
  • 3 Huevos.
  • 1 Sobre de levadura.
La Decoración.
  • Azúcar glacé.
  • Mantequilla para untar el molde.

La faena.

La elaboración no tiene mucha historia, como decía antes, este es un bizcocho de lo más típico, solamente que antes de hornearlo, lo separamos y teñimos una mitad con chocolate. También varían los ingredientes con los que hemos hecho hasta ahora, al no poner yogurt y en cambio, añadir una tarrina de queso mascarpone.
Para ir ganando tiempo, vamos precalentamos el horno a 180º, untamos el molde con un poco de mantequilla y reservamos. Mientras, en un bol batimos las claras de los huevos casi hasta llegar a punto de nieve y le vamos añadiendo el resto de ingredientes poco a poco, mezclando bien. El azúcar, las yemas, a continuación el aceite y el queso, hasta conseguir una masa homogénea, dejando la harina que mezclaremos con la levadura para el final. Es preferible tamizarla previamente para facilitar la mezcla y evitar los grumos. Según nos guste, podemos añadir más harina, hasta que admita la masa (Solamente nos debe quedar sin añadir, el cacao en polvo).
Aqui viene la diferencia con los otros bizcochos. Separamos la masa en dos partes practicamente iguales, a una de ellas le añadimos el cacao y lo mezclamos todo bien.
Ya sólo nos queda verter la masa en el molde. Para esto hay varios trucos, pero quizás, el más sencillo sea este. Ponemos en el centro del molde una cucharada de la mezcla de cacao y encima dos cucharadas de la masa blanca. A continuación, y encima de la blanca, otras dos de la de cacao y así sucesivamente hasta terminar con las masas.
Llevamos el bizcocho al horno precalentado que bajamos a 170º y dejamos cocer unos 45 minutos. Aunque como siempre, no todos los hornos son iguales, y pasados unos 40 minutos, pinchamos el bizcocho con un palillo y si éste sale limpio, el bizcocho esta listo.
¡Al ataque y cuidado con los leones!

martes, 22 de marzo de 2011

Venta el Miedoso - La Puebla (Cartagena).

En Torre Pacheco se celebra el segundo encuentro barras & vino, lo que viene siendo una semana de la tapa, una tapa y una copa de vino por 2,5 euros. Y a mis oídos llegó que la venta concursaba con Pastel de Zarangollo y sobre todo, su segunda tapa era rabo de toro. Estábamos a unos 10 kilómetros, por lo que no había excusa, nos pusimos en marcha y nos plantamos allí en 10 minutos. Siempre respetando los 110 de las autovías. El local ya lo conocía, una venta de las de toda la vida, donde se va a comer bien y abundante, y no a perder el tiempo en hacer críticas gastronómicas, con mesas de mantel de papel llenas de trabajadores que saben donde se tienen que gastar sus euros para comer bien.
Casi sin saludar al entrar, ya estábamos pidiendo esa tapa de rabo de toro que nos había llevado hasta allí. Ante nuestra decepción nos anuncian que solo queda para una tapa, el domingo habían vendido más de 100. ¡Tendremos que compartir!. Nos sentamos y sustituimos la copa de vino por agua, hay que seguir trabajando. Además de las tapas, pedimos una ración de conejo al ajillo y una ensalada.
El rabo de toro estaba simplemente soberbio. El secreto, según nos contaron, está en una lenta cocción de 4 horas, unas verduras frescas y finamente cortadas y un toque de miel. Ni conté la cantidad de pan que pude mojar en la salsa. El pastel de zarangollo venía con una salsa de pimiento dulce y el zarangollo, además del calabacín, el huevo y la patata, traía un poco de morcilla que le venía de maravilla.
Con las tapas y el conejo habíamos comido, y de sobra, pero nos ofrecieron unos postres caseros a los que no fuimos capaces de renunciar. Un arroz con leche servido en la típica tarrina de barro con su canela que mereció mucho la pena. No los llegamos a probar, pero también nos ofrecieron, y caseros, unas natillas y un pan de Calatrava. Café para terminar. Salimos muy satisfechos, tanto con lo comido como por el precio, 8 euros por barba.
Tenemos muy claro, a día de hoy, cual va a ser la tapa que vamos a votar para el concurso y espero que ganen.
La venta El Miedoso esta en la Villa Escudero 15 en La Puebla, dirección San Javier y su telefono es el 968 16 80 01.

sábado, 19 de marzo de 2011

Taberna del Abad - Murcia.


Leyendo en el Dimitrakos encuentro la mejor definición para el término decepción: frustración que se da al desengañarse de lo que no satisface nuestras expectativas. Y eso es precisamente lo que experimenté en la Taberna del Abad, aunque confieso que el único culpable fui yo, por algún extraño motivo tenía a esta Taberna en muy alta estima, aunque la verdad es que es eso, una taberna de las de toda la vida.
Fuimos a comer, pero eso daba igual, el salón no tenía luz exterior y unas lámparas setenteras de luz tenue iluminaban la sala. Nos sentamos y hay en la mesa un aperitivo a base de salchicha seca y almendras fritas. - ¡Que detalle!-¿Detalle? - Ese "obsequio" no solicitado engrosará la cuenta un par de horas después. ¿Por que nos obligan a comer algo que no hemos pedido?. Si dejamos el plato intacto, ¿nos lo cobrarían también?
Viene el camarero a tomar nota de las bebidas. Le informamos que pediremos vino por lo que nos trae la carta. Es una carta muy variada y con los precios normales, sin abusos. Cuando trae las bebidas se ofrece para tomarnos nota, y empieza a cantar los platos. Como siempre, al tercero, ya se me han olvidado los anteriores. Sin intentar parecer impertinente ante tal despliegue de memoria por parte del camarero, le solicito la carta. Me gusta deleitarme pensando en lo que puedo pedir. - Que ocurrencias tengo, ¿una carta?, ¿en una taberna?, ¿pero que me he creído?. Llamadme melindroso, pero no me parece un disparate. Bueno, esta tasca carece de carta, el motivo debe ser que varían continuamente de guisos, aunque en la época de la ofimática, me parece un atraso.
La elección fue la siguiente. Como entrante un plato de jamón ibérico, nada que decir ni objetar. Y pensar que hay gente que no le gusta el jamón, siquiera el bueno, ¡pobrecillos!. La ensalada de la casa, una ensalada de ahumados con alcachofas en conserva, tápenas, pimientos rojos, aceitunas rellenas y huevas de mújol. Y una de las joyas de la casa, los "soldados de Pavía", una fritura de tira bacalao de molla rebozado y crujiente, aperitivo típico madrileño que esta a la altura de los más castizos. Aunque aquí no los acompañan de pimientos y sí se les escapó alguna espina que otra.
Pasamos a los principales. Probamos la pata de cabrito al horno, correcta simplemente. Unas albóndigas que venían recomendadas y yo no haré lo mismo y un guiso de carrillera con patatas. y salsa de boletus. La carne no estaba bien guisada, estaba un poco dura y no muy limpia, sin embargo la salsa estaba maravillosa. Robé unas patatas a lo pobre de las albóndigas y sazonándolas un poco, las bañé en la salsa y esta fue la base de mi comida. Todo esto acompañado de Cepa Gavilán, ese rico Ribera de Duero que suele estar a buen precio en los restaurantes y hace que no nos gastemos más dinero en vino que en comer.
Los postres mejoraron la media. Una tarta de queso, que estaba mejor que en otros restaurantes, aunque nada inolvidable y una tarta de yema que según dicen viene de Bonache, en la Plaza de las Flores y de ella puedo decir lo mismo que de la tarta de queso. Cafés, cuenta y ni un licorcillo digestivo. La dolorosa fue de unos 30 por barba, teniendo en cuenta el plato de ibérico no fue muy alta. Mi valoración es de aprobado por los pelos, un cinco, aunque asumo que las altas expectativas han sido una losa en mi puntuación.
La Taberna del Abad la podemos encontrar en la calle Gabacha 2 de Murcia, a un paso de la Plaza de Santa Catalina. Tlf:968 21 50 22.

lunes, 14 de marzo de 2011

Restaurante Virgen del Mar - Murcia.

Desde que se instaló en Murcia he venido oyendo hablar y bastante bien de este restaurante, de su cocinera, de la calidad de sus productos y de sus espectaculares arroces. Y como suele pasar en estos casos, cuando uno tiene la oportunidad de ir, después de tantos elogios, de manera consciente o inconsciente sale un poco defraudado. Y no es por nada en concreto, sino que uno espera que todo sea distinto a lo conocido, y no lo es.
Al llegar, la mesa reservada ya estaba lista, era una mesa para 9 comensales, demasiado encajonada. Las pocas críticas negativas que había leído iban en esta dirección. La mitad de los comensales iban a tenerlo francamente difícil si tenía la necesidad de ir al baño.
Había de aperitivo un plato de Salmorejo y aceitunas gigantes. El salmorejo muy suave y bastante bien conseguido. La maître se nos acerca muy simpática y pregunta si queremos carta, o nos dice lo que tiene. Deben tener pocas cartas y no querrán que se estropeen, o no se fía de nosotros y teme que se las robemos. - Si has hecho cartas, ¿Por que no las enseñas? -Cuando cantan los platos de la carta, al cuarto ya se me han olvidado los tres primeros.
Como hemos oído hablar muy bien de los arroces, pues la decisión esta tomada, unos entrantes y su famoso arroz estilo Cruz (Cruz García, el alma máter y cocinera). Y los entrantes lógicamente han de ser marisco y fritura. Nos decidimos por pulpo, gamba roja a la plancha, boquerones fritos adobados, calamares romana, chanquetes y ese tipo de cosas que tomaríamos en un restaurante de playa.
El pulpo estaba tierno por dentro y con un toque de horno que endurecía el exterior, los boquerones con un ligero adobo, calamares romana, chanquetes combinados con una escalibada, de manera muy acertada. Todo en general estaba riquísimo. Una cosa que me llamó la atención fue la gamba roja. No le pasaba nada en particular, pero suelo estar acostumbrado a que el marisco fresco, si lo es, lo enseñen antes de cocinarlo. Y aquí no lo hicieron , lo trajeron cocinado. Un detalle, aunque quizás insignificante, para mí significativo.
Como decía todo estaba muy gustoso, a la altura de los restaurantes de la barra de Cabo de Palos, y lo bueno es que no tenemos que ir hasta allí. Pero también es verdad, que no es más que el Miramar o La Tana.
Llega el afamado arroz Cruz. Muy rico, un arroz "pelao" con almejas, calamares y gambas, cocido en un secreto caldo de pescado que, si bien es cierto que no es el mejor que he probado en mi vida, tiene una merecida fama. Hacía tiempo que no tomaba un arroz tan gustoso, aunque con un par de minutos más de cocción le hubiese gustado a los que no les gusta el arroz con un poco de corazón. Esta vez el vino es un Albariño, Mar de Frades bien fresquito.
A los postres llegábamos bien aleccionados, y cuando alguien nunca pide postre, y allí lo hace, algo tendrá ese plato, el Soufflé de Melocotón. Mereció la pena haberlo probado, bañado con una crema inglesa. También puede probar la tarta de queso, pero eso ya es más de lo mismo, incluso un poco empalagosa.
Cafés y cuenta. La cuenta fue alta, unos 50 euros, pero no podemos comparar con otros sitios, pues al meter marisco fresco, ya sabemos que el precio se dispara.
Entre la oferta gastronómica de Murcia, es una suerte tener un restaurante como el Virgen del Mar, ya que es una opción más entre las muchas que podemos encontrar. Es un sitio que se come pescado y marisco de gran calidad, aunque la fama que le precede hace que esperemos de ellos más de lo que dan. El servicio es correcto, la decoración moderna y nada marinera como se podría esperar, el local ruidoso y poco espacioso. La puntuación seria de bien alto sin llegar a notable, un 6,7.
Lo podemos encontrar en la Plaza de San Nicolás. Tlf:968 21 66 79

domingo, 13 de marzo de 2011

Lemon Pie

El Lemon Pie es una tarta conocida mundialmente, y su fama le es muy merecida por lo sabroso que resulta este pastel, y más en tierra de cítricos como es la nuestra. Es un postre muy rápido de hacer y el resultado es espectacular. Una buena receta para los noveles.
Hoy he hecho todo, desde la masa, hasta el merengue pasando por la crema de limón, pero podemos hacerlo más sencillo comprando la masa quebrada ya hecha.

Para la masa:

75 ml de aceite.75 ml de leche.
Una yema de huevo.
Harina.
Sal.
Manteca de cerdo.
Azúcar.
Media clara de huevo.

Al igual que con la empanada, cada cocinero tiene su forma de hacer la masa quebrada , con aceite o mantequilla, con leche o agua.... Pero si se hace bien, el resultado final no debe ser muy distinto aunque siempre existan pequeñas diferencias. Yo la he hecho muy parecida a la que hice la otra vez, con una serie de cambios, como suprimir el pimentón o añadir una pizca de azúcar.

En un cuenco mezclamos la leche con el aceite, le echamos la yema, la sal, una cucharada de café de manteca y una cucharada de azúcar. Mezclamos todo y vamos añadiendo toda la harina que admita, mientras amasamos con las manos. Cuando tengamos la masa terminada, la podemos dejar en el frigorífico una hora tapada con papel film para que gane resistencia.

Pasada la hora, con el rodillo vamos estirando hasta que adquiera las dimensiones de nuestro molde y sobresalga por los lados para recoger la crema de limón. Podemos untar con mantequilla el molde o bien podemos usar papel sulfurizado para que no se nos pegue la empanada al molde, pinchamos la masa repetidas veces con un tenedor para que no se formen pompas y llenamos el fondo con garbanzos o judías para que no se deforme la masa. Lo llevamos al horno precalentado a 200º y lo dejamos entre 10 y 15 minutos. Pasado este tiempo, lo sacamos, dejamos que se enfríe para no quemarnos y retiramos los garbanzos. Pintamos la masa con la media clara del huevo batida y metemos en el horno 5 minutos más para impermeabilizar la masa.

Para la Crema de Limón.

1 Bote de leche condensada.
3 Yemas de huevo.
1 Tapon de Limoncello.
Zumo de tres Limones.
1 Limón Rallado.
Un Yogurt de Limón.

En un bol se baten las yemas y poco a poco se van añadiendo el resto de los ingredientes. Mientras terminamos de hacer la masa, lo llevamos al frigorifico.

Para el Merengue.

4 Claras de huevo (3 si no hemos hecho la masa).
7 Cucharadas soperas de azúcar.
Batimos las claras hasta el punto de nieve y añadimos poco a poco el azúcar.

Ya tenemos la masa, la crema y el merengue, solo los queda montarlo todo. Primero vertemos la crema sobre la masa y lo llevamos al horno ( a 200º) durante 5 minutos. Lo sacamos y cubrimos con el merengue, lo volvemos a llevar al horno unos 5 minutos, hasta que el merengue coja color. No nos debemos despistar, no se nos vaya a quemar el merengue.
El resultado es muy vistoso y rico, rico. ¡Al ataque!


sábado, 12 de marzo de 2011

Restaurante Lagun - Murcia.

Hace unas semanas leí en la prensa que habían abierto un restaurante vasco en Murcia, y, cosa nada rara, lo ponían bastante bien. No por ser vasco, sino porque este periódico en cuestión siempre habla bien de los restaurantes.
Han pasado cuatro semanas y hemos tenido la oportunidad de cenar en el restaurante Lagun, en la calle Navegante Macías del Poyo, en Murcia. Nada más entrar me sorprende ver la cantidad de espacio libre que hay entre mesa y mesa, el restaurante no es excesivamente amplio, pero al no abusar de mobiliario, no da sensación de pequeño. Estaba lleno y en ningún momento sentimos agobio o que el servicio flojeara. Quizá el hilo musical un poco alto. Nos sentamos y enseguida nos traen las cartas y nos ofrecen alguna bebida junto a un aperitivo. La carta no es muy amplia, pero lo que tienen suena muy bien. Como habitualmente hacemos, para no complicarnos, nos dejamos asesorar y optamos por un menú degustación, es una buena forma de probar muchos platos, si es la primera vez que se va a un restaurante. Todos menos uno de los comensales que esta tocado del estómago y pide un lomo de merluza a la vasca. Aquí no obligan a tomar el menú a todo el mundo. En estas, se presentó el chef y se ofreció a ayudarnos por si teníamos alguna duda.
A un ritmo más rápido del deseable, van trayendo los primeros platos. Empezamos con un Carpaccio de cecina con aceite de oliva y almendra, que viene acompañado del segundo, queso camembert a la brasa con caramelo de Licor 43 y naranja. La combinación del queso con la naranja y el licor es todo un acierto. Enseguida, sin haber terminado, trajeron el croquetón de ibérico con una crema de yogurt y mostaza, una crema muy suave que en nada ensombrecía a la sabrosa croqueta. Para terminar con los "caprichos", unos buñuelos de bacalao en brocheta acompañados de un dulcísimo alioli de miel.
Cambio de tercio, viene un pescado y una carne, pero antes un refrescante sorbete de petit verdot. El pescado es un taco de bacalao asado, estaba rico, pero hace dos minutos nos habíamos tomado una brocheta de bacalao, el cuerpo pide algo distinto. La carne, una carrillera de ternera glaseada. La carne se deshacía en la boca y la salsa estaba de mojar pan. Todo regado con un vino joven que entraba en el menú, Carramimbre, un Ribera de Duero con 4 meses de barrica que no desmerecía en absoluto tan rico menú. Otro acierto de la casa. Mientras tanto, nuestro pobre amigo, el enfermo, se quedó sin probar bocado mientras alababa su lomo de merluza.
Para terminar, el postre de la casa, un mix de dulces y piña, que si bien es cierto que todo estaba rico, su simpleza contrastaba con el resto del menú. Y cafés, se nos ocurrió pedir un asiático. No tenían, pero el chef, Joseba se ofreció a aprender a hacerlo, aunque le fue imposible al no contar con todos los ingredientes. Fue todo un detalle por su parte. Todo ello por 36 euros, con las bebidas, cafés, servicio y propina, unos 40 euros por comensal. El servicio rápido, educado y agradable. La carta de vinos, un poco escasa pero nada subida de precio. Tienen menús de diario a un precio muy atractivo.
En la sobremesa estuvimos charlando con el chef y nos contó, entre otras cosas, la filosofía de Lagún. Un hombre con las ideas muy claras. Su mercado no es el vino, por eso no encarece el producto más de lo necesario. No tiene mucha gente ni en cocina, ni en el servicio, por lo que sirve las mesas que pueda atender de forma correcta, ni una más, si no hay mesa para hoy, inténtelo otro día. Creo que Lagun va a dar mucho que hablar en los próximos años y puede que se convierta en uno de los referentes de la gastronomía de Murcia en un futuro. Además aumentará mucho su potencial cuando exploten la terraza del bulevar con tapas vascas, como nos anunció. Mi puntuación es de 8. Lo recomiendo y estoy seguro que cuando vuelva, mi puntuación será mayor.

El teléfono de contacto es 968 96 95 94 / 697 34 37 61



domingo, 6 de marzo de 2011

Restaurante La Buchara - Murcia.

Hacía mucho tiempo que venía oyendo hablar y bien de este restaurante, y estando en la plaza de Raimundo González Frutos sería un crimen hacer una cocina mediocre. Es un local amplio con salida a dos calles, decorado de manera elegante y con buen gusto, muy espacioso y tranquilo.
Hoy es comida y nada más sentarnos, el camarero nos trae las cartas mientras ofrece bebidas. La carta es bastante clara, no deja lugar a la duda y a veces es de agradecer, el tomate partido con bonito en salazón y aceitunas gordal rellenas, es eso y no otra cosa. Mientras nos decidimos, nos trae una brocheta de cazón en adobo francamente rica. Como siempre, pedimos varios platos al centro y luego un plato principal. Empezamos con unas delicias de queso Camembert sobre terciopelo de frutos rojos, un nombre muy poética para unos dados de queso rebozado sobre mermelada de frutos del bosque. Un plato simple, pero si os gusta el Camembert, os gustará. Seguimos con un revuelto de jamón ibérico estrellado con patatas, donde el jamón brillaba por su ausencia y lo poco que había, estaba cortado de una manera pésima. De todas formas, huevos y jamón, ambos ricos son.
El último entrante, un risotto de setas variadas, magret de pato y parmesano estaba delicioso, aunque más era un arroz caldoso que un risotto. De todas formas, al Cesar lo que es del Cesar y ese arroz era digno del mismísimo cónsul.
Los principales fueron una parrillada de carne, un pastel de verduras y una paletilla de cordero a la murciana, correctos.
Llevaba un fin de semana de mucho comer y había decidido no pedir postre, café como mucho, pero vi en la carta unas palabras mágicas, leche frita flambeada con helado de turrón y como homenaje al Rincón de Pepe, al desaparecido Rocío y a otros tantos grandes restaurantes murcianos donde es su postre estrella decidí pedirlo. ¡Que decepción! lo debieron flambear a las 9 de la mañana, la leche frita demasiado apelmazada y el helado industrial. Cada vez es más difícil encontrar un sitio donde te hagan una leche frita en condiciones. El vino fue Cepa Gavilán del 2008, cafés y una agradable sobremesa.
Mi valoración de la Buchara es de 6, gana con el ambiente, pero la cocina no deja de ser normalilla. El servicio correcto aunque una vez más, debe ser dificilísimo traer todos los platos al mismo tiempo. El precio un poco elevado, unos 40 euros. Es un restaurante comodín, para ir muy de vez en cuando y en aquellas ocasiones en que los gustos culinarios de los comensales difieren notablemente. Es casi perfecto para las comidas familiares donde coincidan al menos tres generaciones.
Para finalizar y este esta siendo mi caballo de batalla, quiero hablar de la bodega. Tiene una carta de vinos muy extensa que nos permite disfrutar de vinos muy interesantes, pero si triplican el precio del vino en comparación con las tiendas. ¿no están tirando piedras contra su propio tejado?. Con precios más económicos, quizás la gente bebería mejores vinos y saldrían, seguramente, mas satisfechos de la comida.


Restaurante Keki, tapería - Murcia.

Viernes noche, salida a cenar y hoy hemos acabado en otro pequeño restaurante del centro, justo detrás de la catedral de Murcia, en la calle Fuensanta. Un local modesto que poco a poco va creciendo, mejor iluminación, decoración más moderna y que tiene un potencial bárbaro tras los fogones en la figura del cocinero Sergio Martínez, gran promesa de la cocina murciana, que combina de manera muy acertada la tradición con las nuevas tendencias. Quizás sea la acústica lo que más flojea de Keki.
La idea era tapear y aunque ofrecían dos tipos distintos de menús degustación a un precio más que asequible, optamos por pedir de carta. Para romper el hielo empezamos pidiendo, mientras degustábamos el aperitivo de la casa, una tostada de Mouse de aceituna, unos "bocaicos", unas crujientes croquetas de ibérico, muy suaves y sabrosas. Un capuchino emplatado de setas y trufas negras, donde el sabor de la trufa predominaba claramente. Quizás uno de los triunfos de la noche. Aunque hubo varios triunfos, también hubo algún fracaso, unos buñuelos negros de bacalao con azafrán que no pasaban de estar simplemente correctos. La tinta del calamar, demasiado seca, abandonaba al pobre bacalao a su suerte.
Dejamos los "bocaicos" y pasamos a los platos "para todos". Seleccionamos tres: Tataki de atún rojo con salsa suave de wasabi, revuelto de setas y jamón a "su manera" y el plato estrella de la casa, recomendado por la simpática maître, unos canelones de pato con salsa suave de mostaza. Y para terminar, los "finales": pluma de bellota en hierro con manzana asada, y lomo de vaca curada, con patatas a la brasa.
La recomendación fue todo un acierto, los canelones con la salsa de mostaza, simplemente sensacionales, y el revuelto de jamón y setas, sin inventar la pólvora, muy buenos, más que el típico revuelto, eran unos huevos estrellados sobre setas y jamón.
Solo faltaba el Tataki, sin embargo la maître, mientras traía las carnes preguntaba si nos habían servido el pescado. Un error humano, pero cuando dijimos que ya no lo trajeran, no nos apetecía pescado después de la carne, insistieron y trataron de convencernos. Tendremos que volver en otra oportunidad para probar lo que se nos quedó en el tintero, como el Tataki o sus afamadas hamburguesas. Del Tataki no voy a hablar pues no lo probé, pero las carnes eran ricas, tiernas, muy sabrosas y para nada escasas.
Sobre los postres fuimos poco variados, pues coincidimos todos en pedir las natillas de vainilla con nueces de macadamia. Nada que ver con las típicas natillas de galleta y canela. Suaves, delicadamente aromatizadas con vainilla y acompañadas de macadamia. Todo acompañado de un jumilla, Altos de Luzón, más cafés, chupitos de fresa y un moscatel fresquito, Viña Galtea.
El servicio fue rápido y amable, nos supo guiar y aconsejar ofreciéndonos platos de fuera de carta. Para rematar la faena, el propio chef salió a preguntar por las mesas y dar la cara. Esto no es nada extraño, ni inusual, pero, hacía tiempo que no me pasaba si no era que conocía al cocinero.
La factura fue entorno a los 25 euros, barato para lo satisfechos que salimos. Las mesas estaban lo bastante distanciadas unas de otras como para no tener agobios y las sillas eran modernas y confortables. Lo valoraría con un 7, recomiendo mucho visitarlo y seguir a este cocinero que en los próximos años va a dar que hablar.