sábado, 19 de marzo de 2011

Taberna del Abad - Murcia.


Leyendo en el Dimitrakos encuentro la mejor definición para el término decepción: frustración que se da al desengañarse de lo que no satisface nuestras expectativas. Y eso es precisamente lo que experimenté en la Taberna del Abad, aunque confieso que el único culpable fui yo, por algún extraño motivo tenía a esta Taberna en muy alta estima, aunque la verdad es que es eso, una taberna de las de toda la vida.
Fuimos a comer, pero eso daba igual, el salón no tenía luz exterior y unas lámparas setenteras de luz tenue iluminaban la sala. Nos sentamos y hay en la mesa un aperitivo a base de salchicha seca y almendras fritas. - ¡Que detalle!-¿Detalle? - Ese "obsequio" no solicitado engrosará la cuenta un par de horas después. ¿Por que nos obligan a comer algo que no hemos pedido?. Si dejamos el plato intacto, ¿nos lo cobrarían también?
Viene el camarero a tomar nota de las bebidas. Le informamos que pediremos vino por lo que nos trae la carta. Es una carta muy variada y con los precios normales, sin abusos. Cuando trae las bebidas se ofrece para tomarnos nota, y empieza a cantar los platos. Como siempre, al tercero, ya se me han olvidado los anteriores. Sin intentar parecer impertinente ante tal despliegue de memoria por parte del camarero, le solicito la carta. Me gusta deleitarme pensando en lo que puedo pedir. - Que ocurrencias tengo, ¿una carta?, ¿en una taberna?, ¿pero que me he creído?. Llamadme melindroso, pero no me parece un disparate. Bueno, esta tasca carece de carta, el motivo debe ser que varían continuamente de guisos, aunque en la época de la ofimática, me parece un atraso.
La elección fue la siguiente. Como entrante un plato de jamón ibérico, nada que decir ni objetar. Y pensar que hay gente que no le gusta el jamón, siquiera el bueno, ¡pobrecillos!. La ensalada de la casa, una ensalada de ahumados con alcachofas en conserva, tápenas, pimientos rojos, aceitunas rellenas y huevas de mújol. Y una de las joyas de la casa, los "soldados de Pavía", una fritura de tira bacalao de molla rebozado y crujiente, aperitivo típico madrileño que esta a la altura de los más castizos. Aunque aquí no los acompañan de pimientos y sí se les escapó alguna espina que otra.
Pasamos a los principales. Probamos la pata de cabrito al horno, correcta simplemente. Unas albóndigas que venían recomendadas y yo no haré lo mismo y un guiso de carrillera con patatas. y salsa de boletus. La carne no estaba bien guisada, estaba un poco dura y no muy limpia, sin embargo la salsa estaba maravillosa. Robé unas patatas a lo pobre de las albóndigas y sazonándolas un poco, las bañé en la salsa y esta fue la base de mi comida. Todo esto acompañado de Cepa Gavilán, ese rico Ribera de Duero que suele estar a buen precio en los restaurantes y hace que no nos gastemos más dinero en vino que en comer.
Los postres mejoraron la media. Una tarta de queso, que estaba mejor que en otros restaurantes, aunque nada inolvidable y una tarta de yema que según dicen viene de Bonache, en la Plaza de las Flores y de ella puedo decir lo mismo que de la tarta de queso. Cafés, cuenta y ni un licorcillo digestivo. La dolorosa fue de unos 30 por barba, teniendo en cuenta el plato de ibérico no fue muy alta. Mi valoración es de aprobado por los pelos, un cinco, aunque asumo que las altas expectativas han sido una losa en mi puntuación.
La Taberna del Abad la podemos encontrar en la calle Gabacha 2 de Murcia, a un paso de la Plaza de Santa Catalina. Tlf:968 21 50 22.

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