sábado, 28 de mayo de 2011

Restaurante La Plaza de Juan Pedro - Hotel Arco de San Juan Murcia.

Llegamos a finales de mayo, el calor se ha metido para quedarse al menos cinco meses y la temporada estival esta a punto de empezar. Hay que cerrar el año. ¿Y que mejor manera de hacerlo que con cenas sociales de confraternización, despedida y clausura? Este ha sido el motivo que nos ha llevado al Hotel Arco de San Juan. Una cena-gala de despedida del año. El menú no fue elegido, sino que venía impuesto.
La cena fue en el salón de la cuarta plata del hotel, un sitio cómodo si no fuera toda una odisea llegar debido al tamaño mini de los ascensores y las escaleras que hay que salvar para acceder. Entramos con el calor que da la combinación mayo con traje y en unos minutos, y gracias al aire acondicionado y las cervezas que estaban tirando, pronto llegamos a un temperatura óptima. Un rato, el justo, de pie saludando y platicando, y enseguida nos invitaron a sentarnos, para empezar con el menú elegido para esa noche y elaborado por el Restaurante La Plaza de Juan Pedro.
Junto con un Verdejo de Emina, fueron trayendo los entrantes. Una selección de ahumados, donde los eternamente presentes salmón y bacalao eran la base del plato, acompañados de ventresca ahumada, tomate y adornado con distintos tipos de huevas. Muy bueno, pero creatividad escasa. Siguiendo con la creatividad, trajeron unos platos de surtidos de ibéricos, muy ricos con pan, pero no dejaba de ser charcutería. Parecía que nos querían demostrar lo fácil que es dar bien de comer, sin saber cocinar. Así no se puede saber como se trabaja en las cocinas.
El último entrante, un variado de fritos, con croquetas una vez más, dátiles con bacon y almendra y unos caballitos de gamba Orly. Parece que en la cocina se van calentando. Las croquetas no van a pasar a la historia. Los dátiles, pues mientras no dejes crudo el bacon, que en más de un sitio he tenido esa experiencia, es un éxito seguro. Y las gambas, de gran tamaño, si que estaban ricas. Con esto terminamos los entrantes. Retiraron platos y cubiertos y cambiaron el vino blanco por un tinto.
Tengo que decir algo del servicio. Y lo que tengo que decir es que no tengo nada que decir. Y creo que no tener nada que decir del servicio de una cena donde no había que pedir, es lo mejor que se puede decir de un servicio. En todo momento estuvimos muy bien servidos, no faltaba ni agua ni vino en nuestras copas. Lo que solicitábamos, fuese algún refresco, algún cambio de plato, lo hacía sin la menor queja. Creo que fue sobresaliente. Cuantas veces hemos comido en sitios donde nos retiran las botellas para descongestionar la mesa, y los camareros no están atentos y a cada rato nos tenemos que levantar a servirnos nosotros mismos por miedo a morir deshidratado.
El plato principal fueron unas chuletas de Lechal con ajetes, y pienso que no fue una decisión muy acertada. Creo que, y esta es mi profana opinión, en un banquete, las chuletas deberían estar prohibidas por ley, por varios motivos. No se pueden hacer todas a la vez y emplatarlas con cierto gusto, no da tiempo. O sacas en bandejas, que estéticamente no es muy apropiado o las emplatas y las metes en los calientaplatos, con lo que se van estropeando hasta el momento de consumo. Por cantidad, hay quien va a estos sitios a comer, y las chuletas, pueden estar deliciosas, pero para saciar a un hambriento, se necesitan docenas. Y por protocolo. Podemos meter en un aprieto a quienes acostumbran a comerlas con las manos y limpiarse los chorretes con la manga de la camisa, que gente de esa aún queda mucha por este mundo moderno.
En cuanto a estas en particular, fueron eso, unas chuletas de banquete, con todo lo que ello implica. Hubo los más avezados, que alegaron cierta imposibilidad de comer cordero y pidieron un plato alternativo. Les trajeron un lomo de lubina con almejas, gambas, setas y trigueros que, sin duda, superaba al cordero.
Cerramos el banquete con el postre. Uno de los más típicos de la restauración murciana. Leche frita con helado de turrón. Solo puedo decir que quien ha tomado la leche frita flambeada, como la hacía Antonio, el maitre del extinto restaurante Rocio. Cualquier otra leche frita con turrón le sabe a poco. Estaba buena, pero no estaba flambeada. Entiendo que les supondrá mucho trabajo flambearla y no les compensará. Pero los amantes de la leche frita con turrón se lo agradeceríamos mucho.
Cafés, discursos, copas y conversación con quienes no estaban en nuestra mesa para cerrar la velada. Pasamos un muy buen rato y creo que la comida y sobre todo el servicio ayudaron a que así sea. Un día tendremos que volver a los bajos del hotel, al Restaurante La Plaza de Juan Pedro, a carta y disfrutar de la comida elegida por nosotros y sugerir el flambeo de la leche frita.
El Restaurante La Plaza de Juan Pedro esta ubicado en la plaza de San Juan y podemos hacer la reserva en el teléfono 968 22 12 00




1 comentario:

P.C. dijo...

Estoy de acuerdo contigo en lo de las chuletas...aunque no suelo limpiarme con la manga de la camisa...¿tus amigos si??;)