domingo, 31 de julio de 2011

Restaurante Area Sunset - La Manga del Mar Menor.

Como dice el refranero, unos llevan la fama y otros.... Al restaurante Área Sunset le toca un poco cardar la lana, y es que a pesar de llevar muchos años abierto en la zona del Pedruchillo en La Manga, no es uno de los restaurantes enseña de la localidad. Esta temporada, tienen que batirse el cobre noche a noche, mientras otros descansan plácidamente en los laureles conseguidos hace años.

Hace una semana fuimos a cenar un sábado noche, y la verdad, el resultado fue un poco agridulce, pues si bien es cierto, que todo lo que pedimos estaba bueno, el trato por parte de los camareros, dejó mucho que desear. Tal fue la cosa, que una de las camareras se dio cuenta y nos pidió disculpas por su trato cortante y poco profesional. Aunque no utilizó estas palabras, lo entendimos así.
Las cosas del destino hicieron que una semana después, a la misma hora nos encontráramos en el mismo sitio dispuestos a que nos dieran de cenar y con la incertidumbre de sí el servicio era así de antipático, o como es que una mala tarde la tiene cualquiera.

Habíamos pedido las bebidas y estudiado a fondo la carta cuando se nos acercó el maître a anunciarnos que en 30 segundos estaría con nosotros. No entendimos mucho su visita, pues ya que estaba allí... Le advertimos que cronometraríamos el tiempo. Pero bueno. La carta había variado significativamente desde la semana anterior. A los dos minutos, más o menos, volvió contando. -Veintinueve y treinta. Ya estoy aquí.- Y de manera casi autómata y sin dejarnos abrir la boca, empezó a enumerar los platos que había fuera de carta. Lo teníamos claro, pero consiguió que variáramos un par de cosas. Habíamos pensado unos entrantes al centro y un par de principales para compartir también.

No habíamos casi empezado a hablar, cuando empezaron a traer lo pedido. Quizás demasiados al mismo tiempo. Por espacio y al ser varios calientes, se iban a enfriar y se echaría a perder parte del trabajo de la cocina.

Empezamos con unas tortitas de camarones. De las que he probado últimamente, las mejores sin lugar a duda. Ni muy secas ni demasiado esponjosas. Fáciles de comer y nada aceitosas. Unas almejas, de las que no quedó ni una y unas puntillitas fritas acompañadas de un alioli de hierbas. No muy elaborado hasta ahora, pero bastante bueno, y novedoso para mí el alioli con los chopitos.

El resto de los entrantes, fueron unos salteados de setas con ibérico, foie y huevos pochados, que resultó una delicia. A pesar que el huevo de codorniz estaba cuajado de más y la yema no empapaba el salteado como debiera. Unas tostas de anchoa con tomate sobre berenjena ahumada cremosa. Mucho pan para tan poca anchoa. La berenjena venía presentada en forma de puré, fría y un poco sosa. La combinación era buena, aunque mejoró al echarle un poco de sal. El último de los entrantes fue un salmorejo acompañado de codorniz y un aceite de albahaca. Sonaba raro, pero habiendo salmorejo, no podíamos dejar la oportunidad de probarlo. La presentación, como de casi todos los platos, moderna. La mayoría de los platos eran de pizarra. Cuando trajeron el salmorejo nos defraudó en un principio. Era un muslo de codorniz sobre un lecho de salmorejo aliñado con aceite de albahaca. Estaba bueno, pero no era salmorejo, era realmente codorniz, el salmorejo era la guarnición.

Venía con nosotros un dukaniano, quien debido a su fase del proceso, se pidió un calamar a la brasa y se permitió el lujo de tomar un esparrago triguero. El señor Dukan hoy le dejaba. El calamar era fresco, tierno y sabroso. Acompañado de unas berenjenas y un puré de patatas. Yo compartí, a causa de los remordimientos calóricos, una carrillada de cerdo ibérico glaseada al vino. Presentada sobre un lecho de puré de patatas, el mismo que el del calamar, sazonado con sal Maldom, venía la carrillada empapada en la salsa de vino y coronada con unas patatas fritas a la francesa, muy finas. Delicioso. Nada que envidiar a las de Collados o el Rincón de Joaquín.

Aunque no pedí postre. Probé una creme bruleé de cardamomo, con ragú de frutas y helado de chocolate negro. ¡Que grata sorpresa!. No me tuvieron que insistir dos veces para volver a meter la cuchara y repetir. También ofrecían un coulant de chocolate, piononos con sorbete sobre crema inglesa de canela o brownie con jengibre espumoso y nata helada. Suena muy bien, y viendo como estaba la creme bruleé, tenían que estar riquísimos.

Además de todo esto, tenían en la carta carnes a la brasa. Y de vez en cuando, a la terraza que daba al Mar Menor, llegaba un aroma, que nos hacía crecer los caninos.

Creo que, a pesar de no salir contentos del todo en nuestra primera visita, hemos hecho bien en dar una nueva oportunidad. El servicio ha sido impecable, además el maître, natural de Jerez de la Frontera, nos ha dado una lección magistral de los distintos acentos andaluces que ya casi he olvidado. Y de precio, nada excesivo, quizás porque no ha habido palmadita en la espalda. Menos de 40 euros.

El Restaurante Beach Lounge, está situado en La Manga del Mar Menor, en el kilómetro 8. Está abierto todo el día y su cocina no cierra. Además nos da la posibilidad de comer, cenar, tomar café o una copa. Y los sábados, al menos en verano, tiene en la zona de copas, música en vivo. Esta noche sonaba Aretha Franklin. Su teléfono para reservar es el 968 14 32 00.


miércoles, 27 de julio de 2011

Buñuelos de Calabaza.



Llevaba tiempo detrás de hacer este postre, como tantos otros. Desde que hace unos seis años las probé en el antiguo Rincón de Pepe. Y aunque no estamos en Valencia ni es San José, ni quedan cerca las Fallas, han llegado a mí tres calabazas que desde el coche ya me pedían que las hiciera buñuelos, y no las he podido defraudar.



Los Ingredientes.



1/2 Kg. de Calabaza. (Pelada).

3/4 Kg. de Harina de trigo.

100 Cl. de Gaseosa.

100 Cl. de Agua.

5 Cucharadas de Azúcar.

Sal.

Levadura.



La Faena.



Lo primero que tenemos que hacer, es pelar la calabaza y ponerla a cocer. Es muy importante que pesemos la calabaza después de pelarla pues el peso varía muy significativamente. Si en lugar de cocerla, la queremos asar en el horno, también lo podemos hacer, aunque habrá que añadir agua posteriormente. Hacemos un puré con la calabaza y reservamos.

Disolvemos en parte del agua en la que hemos cocido la calabaza (100 cl.) un sobre de levadura, cuatro de las cucharadas de azúcar, una pizca de sal y la harina. Añadimos la gaseosa, mezclamos todo bien y dejamos leudar (una media hora).

Una vez fermentada la masa de harina, incorporamos el puré de calabaza y mezclamos bien mientras en una sartén honda, vamos calentando aceite de oliva. También lo podemos freír en freidora.

Cuando el aceite está muy caliente, nos mojamos en aceite (frío) las manos para trabajar la masa, y vamos formando los buñuelos y a la sartén. Si no queremos mancharnos las manos, podemos echarlos al aceite con una cuchara. Cuando se hinchen y estén lo suficientemente dorados, los retiramos y ponemos sobre un papel absorbente. De ahí a otro plato donde los rebozaremos en azúcar. Los podemos comer templados o fríos, de cualquier manera están riquísimos y es una buena forma de que los más pequeños coman verduras.

sábado, 23 de julio de 2011

Collados Beach Vs Rincón de Joaquín.

Esta semana he tenido la oportunidad de comer, en un intervalo de 30 horas en dos de los restaurantes más afamados de la comarca del Mar Menor, sin olvidar Los Churrascos, Malvasía o la Escuela de Pieter y algún otro que me dejo en el tintero. Y siendo dos estilos totalmente distintos ha habido una serie de similitudes que me han animado a hablar de ambos en la misma entrada. Me refiero al Rincón de Joaquín de San Cayetano, ese oasis donde los fieles peregrinan en busca de buena comida con el servicio de siempre, un estilo campechano que agradar a los comensales. Y a Collados Beach, la versión manguera de los Collados, un Restaurante que sorprende y cuida el trato y servicio, sin olvidar la buena comida.


Empezamos por San Cayetano. Situado en la pedanía pachequera, desde hace unos años trabaja y muy bien Joaquín Madrid junto a su equipo (no hay que perderse los modelitos del chef). Nada más llegar, para amenizar la espera, el camarero de la barra ofrece una caña y algo más, aunque me resisto a la compañía para no desgastarme antes de la dura etapa. Una vez estamos todos, entramos al comedor donde nos esperan unos platos con jamón y otros con Parmesano y almendras. Enseguida traen pulpo. Hace años que no venía, pero aún no he olvidado lo bueno que estaba el pulpo. Y cuando lo pruebo, no quedo decepcionado, no ha perdido el toque. Un pulpo al horno, tierno y sabroso. Aliñado con pimienta y aceite. Cuando ya no queda ni un tentáculo del octópodo, viene el marisco, unas gambas y unas cigalas cocidas acompañadas del eterno limón murciano. Hay gente que no lo entiende, y yo los entiendo, pero hoy este marisco necesita ese limón. Para terminar con los entrantes, un bacalao con salsa verde, acompañado de setas y un alioli. Quitando el marisco que los hay mejores, todos los entrantes muy buenos, aunque la cocina aún no ha demostrado mucho. Los entrantes los acompañamos de un Rueda de 2010, Tierra Buena. Hubo quienes quisieron repetir y no hubo problema, trajeron un plato más de bacalao.

El plato principal, era carne, al centro trajeron unos entrecot trinchados y unas carrilleras en una salsa de Málaga virgen todo acompañado de patatas chips. La cocción de la carne estaba hecha con la suficiente paciencia para que, practicamente, se deshiciera al chocar la lengua contra el paladar. La gran mayoría, éramos gente de buen saque y aunque hubo espacio para una copa, todos quedamos más que satisfechos. El plato sorpresa y el mejor, la carrillera. Para las carnes, pedimos un tinto de Jumilla y trajeron Juan Gil de 2009. Sin ser muy entendido, me gustó más que el de 2008.
Los postres no dejaron sorpresa alguna. Como todo, fueron esos anti-higiénicos platos al centro, cuatro tartas donde metemos la cuchara, la llevamos a la boca y la volvemos a meter en la tarta. Una era tarta de la abuela, pan de Calatrava, un tiramisú y extrañamente no había tarta de Queso. Todos, lo suficientemente dulces para cubrir el expediente. Junto a las tartas y para silenciar las conciencias pusieron unos platos de fruta al centro. Melón, sandía, piña... Solo faltaba cafés, un asiático, claro, y un vino dulce, un PX de Alvear, 1927.

En la mesa éramos once y pedimos un menú cerrado a 40 euros, aunque las veces que he ido al Rincón, pidiera lo que pidiera, siempre me cobraban 40 euros. Personalmente valoro en los restaurantes más la elaboración y la presentación, que ciertas delicatesen. El jamón o el marisco encarecen un menú y poco dicen de la cocina del restaurante. Mereció mucho la pena ir al Rincón de Joaquín, aunque no tanto como para hacer más de 50 kilómetros, seguro que más cerca encontramos algo igual de bueno.

El otro restaurante, los Collados Beach, Restaurant & Lounge Bar del grupo Collados, en la Manga del Mar Menor, un enclave difícil de superar a pesar de la relativamente reciente urbanización de la zona. Una moderna construcción de los años sesenta construida para el que fuera ministro franquista y presidente del Atlético de Madrid, Agustín Cotorruelo, que asemeja la forma de un platillo volante. En él se realiza una buena cocina, de alta calidad donde ser busca sorprender a los clientes a través de los sentidos, vista, olfato, oído y por supuesto, el gusto. Es uno de esos restaurantes que imita a los candidatos a estrella Michelin y sueñan con ella. Además funciona como un club de playa, donde podemos disfrutar de sus cócteles en la tumbona de la piscina, y por la noche, tras la cena, sigue la fiesta.

Entramos a la vacía recepción de gimnasio que nos obliga a pasar al interior. Enseguida el Maître con sonrisa profident nos saluda y acompaña a la mesa mientras nos pasa la mano por el hombro. - ¡Malo!, Esto son 30 euros más.

Cuando las bebidas ya están servidas, se vuelve a acercar el solícito maître a tomar nota. Es un simple formalismo, no conozco a nadie que haya podido elegir lo que quiere comer en los Collados. O menú o menú. Oímos en la mesa de al lado unos jóvenes que piden el menú largo, a lo que se opone el maître al considerarlo demasiado extenso para la cena. Solo pedimos dos cosas. Uno de los que viene no come marisco, y pide que nada de marisco. ¡Lógico!. Otro no quiere cosas poco hechas. Ellos sabrán. ¿Tendrán suerte? Lo que si podemos elegir son las bebidas y el vino. En cuanto al vino, y aquí esta la primera coincidencia con el Rincón de Joaquín, pedimos un Juan Gil. En este restaurante salen caros los vinos intermedios, aproximadamente un 300%, mientras que los caros, a penas los suben. A diferencia de las otras veces que vine, los platos principales podemos elegir. La variedad no es muy amplia, pero lo suficiente para abarcar todos los gustos. Carrillera en salsa, atún, lubina salvaje entre otros.
Empezando por los entrantes, la primera puesta en escena fue, como dije antes, sorprendente. Una "Mancharella", la versión manchega del queso Mozzarella marinado en aceite provenzal. La presentación era en el mismo tarro donde los había dejado marinar con unas virutas de ibérico, muy original, pero un poco incomodo de comer. Junto al queso, venía una ensalada exprés aromatizada con una infusión a baja temperatura de anís estrellado. La puesta en escena era digna de ver, aunque disfrutaba más la vista y el olfato, que el gusto. Era algo parecido a una escalibada que añoraba la sal como el tequila al limón.

El tercero de los entrantes, era de esos que es más largo el nombre que el plato. Un foie acompañado de turrón de almendras, con un gel de limón y un pan de especias. Estaba tan bueno como larga era la descripción. Tras el foie, un crocante de gambas sobre vieira. Creo recordar que alguien dijo que no quería marisco. A los que nos gusta todo o queremos probarlo todo nos pareció un plato muy rico a pesar de que la gamba estaba hecha de más. Muy seca. El último de los entrantes era un canelón de cordero ecológico segureño, que por aquí lo tenemos como el mejor de los corderos, sobre una base de cous-cous. Reconozco que tres y medio de los cinco entrantes, me parecieron excelentes, con el añadido de la puesta en escena del aroma de anís estrellado.
A diferencia de las otras ocasiones en las que hemos ido a los Collados, cada uno, tuvo la oportunidad de pedir su plato principal. Creo que en Los Collados de la Sagra, que por cierto han vuelto a retomar, trabajaban así. Pidieron atún sobre un pisto con piñones y espuma de remolacha. Una lubina salvaje y yo, pedí una carrillera, otra coincidencia con el Rincón. No sabría decir cual de las dos me gustó más, quizás, el sentimentalismo me haría decantarme por la del Rincón. Esa salsa dulzona, que me evocaba la cocina más clásica, me encantó.

Antes de los postres, nos sirvieron una copa de cava, en la que introdujeron una flor de hibisco en almíbar. El maître nos informó que era comestible, pero lo único que consiguió fue dar un color rosado al cava. Creo que nadie terminó ni la copa ni el hibiscus. Original, como otras tantas cosas de la cena, pero prescindible.

Por último los postres. Una de las estrellas de la casa. ¿Con que nos sorprenderían esta vez? Con un carpaccio de piña con un helado de coco y una gelatina. ¡Que decepción! Con los magníficos postres que había tomado en Los Collados y nos dan esto. No estaba malo, por supuesto, pero esperaba más, y así se lo hicimos saber al maître quien reaccionó con presteza y trajo nuevos postres a base de helado de vainilla sobre una base de tofee, decorado con unas láminas de chocolate. No era como los postres que yo recordaba, pero se acercaba más que el carpaccio de piña.

La noche era agradable frente al Mediterráneo y pedía tertulia en la sobremesa. El camarero, tras los postres, se acercó con un plato de aceitunas, cosa rara, y nos dijo que eran buenas para la digestión. Nos extraño, pero los aspirantes a Michelin, son así. Hubo quien se envalentonó y al probar las olivas se llevó una sorpresa. Las olivas eran de de chocolate. No solo parecían olivas de verdad, sino que con unas hojas de olivo y su aceite, daban totalmente el pego. Además, estaban buenísimas. La velada terminó tomando unos gin-tonics en la terraza y comiendo unas piedras que resultaron ser de caramelo. El precio fue lo que menos nos gustó, 62 euros por menú más el vino. -Si no hubiésemos dejado que nos pasara la mano por el hombro... Ahora recuerdo por qué hacía tanto que no íbamos a los Collados, por un poco más nos dan de cenar en un Restaurante galardonado con una estrellita. Bueno, volveremos, porque todo estaba delicioso, cuando pasen dos cosas, que nos repongamos económicamente y se nos olvide la dolorosa.

El Rincón de Joaquín está en la calle Enrique García Álvarez de San Cayetano, y su teléfono es el 968 580 893 ó 605 887 766 y Los Collados Beach está en el Polígono de la Veneciola B de la Manga del Mar Menor, en la zona norte. Y su teléfono de contacto es 968 14 73 50.

Ahora bien, en esas 30 horas que hubo entre el Rincón de Joaquín y Los Collados Beach, tuve la suerte de que el señor James McLamore, comentarista habitual de este blog, me invitara a una cena en su terraza de Cabo de Palos, sobre una cala desde donde se veía todo el pueblo. Allí, nos agasajó, entre otras muchas cosas, con unos chuletones que se reían de los entrecots del Rincón y un vinazo, el Nido de 2006 que ha hecho que de este fin de semana gastronómico, lo que más recuerde sea la grata compañía de los amigos en el Cabo, por encima de recetas, platós y puestas en escena. Mucho más entretenido es disfrutar de la conversación de los amigos y de sus pequeñas mascotas en este caso.
Por último, quiero pedir disculpas a mis 4 lectores habituales y alguno ocasional, por la longitud de esta entrada. Si es que habéis llegado hasta aquí.


jueves, 14 de julio de 2011

Cremoso de Queso.



Entre tarta de queso y creme brulee, e inspirado en los "vasitos de tarta de queso bocabajo" de directo al paladar y en el "Cremoso de la Casa" del restaurante Siglo XXI de Murcia, me ha salido un postre, que estaba rico pero no tendría claro donde encasillarlo. Lo que si es, es un postre muy fácil y rápido de hacer.

En un principio, mi propósito era hacer una tarta de queso, y buscando información en la red, encontré una original receta, en directo al paladar, invertía la tarta de queso, de tal manera que la masa de galleta quedaba encima y la mermelada en el fondo. Fácil y original, había que intentarlo, pero según iba realizando la receta, iba recordando el postre de Siglo XXI y poco a poco iba desviándome del original y realizando este postre que sin dejar de ser una tarta de queso, ciertas innovaciones la acercan a la crema catalana.



Los Ingredientes:

6 galletas María.

200 ml. nata líquida.

200 ml. leche.

200 grs. queso crema (Philadelphia).

Ralladura de un limón.

2 Huevos.

Azúcar (80 grs. para la crema).

40 grs. Harina de trigo (maizena).

30 grs. mantequilla.

Mermelada de fresa.



La Faena.




Para ir ganando tiempo, ponemos en un cazo 80 gramos de azúcar junto a la nata, la ralladura del limón y la leche y llevamos a ebullición, dejando un poco de leche para disolver la maizena. Mientras se calienta, podemos ganar tiempo haciendo la base del postre. Como la idea de hacer la tarta de queso invertida sigue adelante, debemos seleccionar los vasos donde haremos la crema. Han de ser anchos para poder meter la cuchara hasta el fondo, sin problema para poder coger de las tres capas a la vez. En el fondo, primera capa, ponemos tres cucharadas de mermelada de fresa, recordad que nos inspiramos en una tarta de queso invertida. Yo he utilizado la mermelada Seda de Hero, aunque cualquier otra es perfectamente válida. Extendemos la mermelada por el fondo, y volvemos con la crema. Disolvemos la maizena en la leche que hemos reservado y le añadimos los huevos batidos. Cuando ha empezado a hervir, retiramos del fuego para que no se nos pegue y añadimos la mezcla de maizena y mezclamos hasta que espese la crema. Solo nos falta incorporar la tarrina de queso crema y mover hasta conseguir homogeneizarlo. Es aconsejable hacerlo poco a poco para facilitar el trabajo. Añadimos la natilla a los vasos en cucharadas para evitar desplazar la mermelada o que se mezcle.

La última capa, y con esto rompo con la tarta de queso tradicional, cubrimos la crema con azúcar y quemamos con la salamandra, haciendo una cubierta de caramelo. Pero como no hay tarta de queso que no lleve una base, y siempre me ha gustado más las tartas de queso con galleta, que las de bizcocho. Trituramos la galleta y la mezclamos con la mantequilla fundida. Esa pasta la gratinamos en el horno para endurecerla y esparcimos por encima del caramelo a modo de toppings.

Y con esto y un bizcocho, hasta mañana, pues lo aconsejable es hacerlo de un día para otro, que la crema coja la temperatura ideal en el frigorífico y cuaje. Si os gusta la crema catalana y la tarta de queso, no debeis dejar de probar este cremoso.






lunes, 11 de julio de 2011

Restaurante Capitán Moodie - La Manga del Mar Menor.

Ha llegado la temporada estival, y como a todo hijo de vecino, aprovechamos los fines de semana para escaparnos a la playa. En esta ocasión hemos estado en La Manga, y fuimos al Puerto deportivo Tomás Maestre, a cenar en la cornisa de poniente, a un recién ampliado Capitán Moodie. La cena en la cornisa de poniente es, ahora, en verano, muy recomendable, aunque solo sea por ver la puesta de sol sobre el Mar Menor. Hace unos años ponían sobre las mesas unos prismáticos para disfrutar de las inolvidables vistas. Porque Bill Clinton, no vino aquí, si no, hablaría de las de Granada en el mirador de San Nicolás y de estas.







El Restaurante realiza una cocina internacional, lo mismo te preparan un pollo al curry que te hacen unas costillas a la barbacoa, unos nugget de pollo o un gazpacho. No es muy grande, aunque han ampliado el local, pero sin lugar a duda, es, en la terraza donde mejor podemos estar a la hora de cenar en verano. Las mesas son amplias, redondas, ideales para cinco comensales, el problema viene cuando somos muchos, no es fácil juntar dos mesas redondas, alguien da la espalda a alguien, y ¡cuidado con los cuchillos!.

Nos tomaron nota de las bebidas, y nos fuimos al vino, un Protos crianza. Puestos a realizar una comida multicultural, no venía mal darle el toque hispano. Además de lo de siempre, cervezas, cervezas sin alcohol, agua y algún refresco. Fueron muy rápidos en traer las bebidas y en tomar nota, a mediados de agosto supongo que no tendrán la misma celeridad.

En los entrantes nos fuimos a lo hispano-oriental, teníamos para elegir calamares a la romana, mejillones al vapor o gambas al ajillo entre otros, pero fuimos a por la tempura de verduras con salsa agridulce, un rollito primavera y tempura de chopitos. ¡ Los chopitos rebozados de siempre, vamos!. La tempura de verduras estaba buena, igual que los chopitos. Lo más elaborado fueron los rollitos de primavera, donde predominaba la verdura sobre la carne picada. El rollito con su chorrito de salsa de soja no tiene nada que envidiarle a ninguno de los restaurantes chinos, aunque no se si esto es un piropo.

Creo que lo mejor de la cena, y eso que la tempura y el rollito me gustaron mucho, fueron los platos principales. Sencillas y modernas recetas que rompen con lo habitual de los restaurantes de playa y que no se complican con platos imposibles. Además, si alguien quiere un lomo de cerdo a la plancha o una pechuga de pollo, de igual manera pueden pedirlo que está en carta. Los que pidieron pescado, se decantaron por un salmón acompañado de salsa de almendras, limpio, sin raspas y no dijeron si les había gustado o no, pero no dejaron nada en el plato. En el bando de los carnívoros, no hubo tanta convergencia, hubo quien se pidió unas costillas de cerdo con salsa bbq, que confesaron que estaban buenas, pero no eran comparables a las ya famosísimas Frank Style BBQ Spare Ribs. Y yo que pedí una pechuga de pollo al Curry, donde la combinación de una simple salsa curry a base de especias con un poco de nata, con la carne y sobre todo con el arroz que venía de guarnición, resultaba deliciosa, para quienes nos gusta el curry.

El servicio fue correcto, sin ningún altercado que reseñar, y eso que en la playa, cuando deberíamos relajarnos y disfrutar, sobre todo de vistas y paisajes como estos, nos ponemos nerviosos y presionamos a los agobiados camareros, generalmente estacionales, que se ponen más nerviosos y puede dar un resultado funesto. Y todo, porque han servido a una mesa antes que a otra cuando habían llegado después. Cosas insignificantes como estas, no deberían hacernos cambiar la conversación que estábamos manteniendo en la mesa, ni cambiar nuestro estado de ánimo, que estamos de vacaciones, no tenemos prisa, y los camareros están trabajando, y con la afluencia de gente que entra a comer a la misma hora, llevan mucho tiempo sin descansar. Tengamos un poco de comprensión y paciencia. Y si aún así, no estamos contentos. ¿Para que están las propinas?

Solo nos queda pedir la cuenta, pues en la cornisa de levante, hay una heladería de Ben & Jerry´s y allí es donde fuimos a por el primer Chunky Monkey de la temporada.

En cuanto al precio, nada desorbitado, y eso que estamos en un punto turístico. Merece la pena ir si se está en La Manga, cerca del puerto y no sabemos donde cenar. Después un agradable paseo por el puerto y la cornisa de poniente, es una buena forma de poner la guinda a la noche de verano.

El Capitan Moodie, está en el puerto deportivo Tomás Maestre, en La Manga del Mar Menor, en la cornisa de poniente. Teléfono para las reservas, 653 48 40 83 0 658 32 57 47.