lunes, 26 de septiembre de 2011

La Tienda de Pedro García - Solares (Cantabria)

Recordando el viaje de este verano por tierras Cántabras no puedo dejar pasar por alto la noche en que cenamos en el Restaurante La tienda de Pedro García. No solo por cuestiones culinarias, o sentimentales, fue nuestra última noche allí. Sino también por la originalidad del local. Es un antiguo colmado de los años veinte, que cerraron en los setenta y reabrieron en los noventa manteniendo la decoración tal y como la encontraron, la estructura y el mobiliario, con los armarios, estanterías y las etiquetas A esto han ido añadiendo una serie de objetos de la época, botellas, vajillas  y menaje o maquinaria que ayudan en la decoración y nos trasladan a la otra época nada más entrar al establecimiento. Parece un Restaurante temático de Disney, el 50´s Prime Time Cafe de los Hollywood Studios de Orlando, pero guardando el sabor de lo añejo. El antiguo despacho es el bar, con apenas cinco mesas, donde el mostrador hace las funciones de barra. Y lo que era la trastienda cohabitan la cocina con un pequeño comedor decorado como lo que fue, la ferretería donde los clavos han sido sustituidos por botellas de vino. De lo poco moderno que encontramos en las paredes, es una reseña enmarcada del periódico El Mundo, donde hablan y muy bien de este Restaurante.
Debido a su reducido tamaño, apenas tienen reservas. Si estamos interesados, deberíamos llamar con algo de antelación. Nosotros lo hicimos de lunes a jueves, aunque es cierto que era verano.  Cuando llegamos y pedimos nuestra mesa, nos hicieron pasar al fondo, atravesando todo el bar, entrando tras la barra al pequeño comedor. Me hubiese gustado quedarme un rato en el bar y usando la excusa de tomarme una cerveza, quedarme disfrutando de la decoración y de la vista en general. A la salida me quité la espina y tardé mi tiempo en salir.
Nos sentamos en la trastienda y nos trajeron la carta. Algo parecido a los antiguos libros de contabilidad decorado con anuncios de época donde junto a la carta venia una pequeña historia del local, que me ha venido muy bien para ayudarme a hacer esta entrada.
Antes de empezar con lo comido, o mejor dicho, con lo servido, tengo que indicar lo bien atendidos que estuvimos en todo momento. Y ahora sí, a la cuestión culinaria. Era la primera vez que íbamos, y probablemente la última, por lo que no era el momento de experimentos y que mejor Cicerone para aquella cena que el profesional de El Mundo que escribió la crítica. Con la carta en la mano y los ojos en la pared, fuimos viendo los imprescindibles de la carta que coincidían con nuestros gustos.
Empezamos por unos mejillones, los llamados a la Salsa de la Tienda. Yo no soy mucho de estos moluscos, pero creo que pasa un poco como con los caracoles, que si la salsa es buena (esta máxima no sirve para los mejillones al vapor), están ricos. Y la salsa de la Tienda, a base de tomate frito estaba muy buena. Seguimos con un plato variado de quesos para volver a disfrutar de los quesos de la tierra. La cosa iba viento en popa. Para terminar con los entrantes, pedimos unos calabacines rellenos de gambas en salsa de puerros. Creo que nunca hubiese pedido algo así, pero he de reconocer que estaban deliciosos.
Los afamados fritos caseros y una buena pieza de carne era lo que nos quedaba por degustar. El señor de El Mundo hablaba excelencias de esos fritos que queríamos probar a más no tardar. Con todo el dolor de mi corazón y a pesar que me tenían en el bote, he de confesar que no me gustaron. Traían dos medios huevos con bechamel, que aunque no estaban malos, no era lo que esperaba. En alguna ocasión había tomado estos huevos fritos, con todo el trabajo que ello lleva. No esperaba que estos fuesen cocidos. Algún día me envalentonaré, los haré y aquí lo subiré. Unas croquetas de bacalao, que no. Unas de queso azul, que casi sí. Unas rabas, que no. Los rollitos de jamón no estaban mal. Antes de la carne, fuimos a probar el pollo al ajillo que estaba muy rico, aunque creo que lo difícil es hacer el pollo al ajillo malo. Y mira que hay gente que lo consigue. Por último un entrecot de ternera de Pasto Alto sazonado con sal Maldon que se deshacía en la boca. Todo ello regado con vino tinto, Sentido de 2008, el hermano pequeño del Neo y Punta Esencia, de Ribera de Duero. Fue el escogido de entre una amplia carta de caldos.
Para poner la guinda a la cena pedimos dos postres, individuales pero para compartir con quien queramos, no eso que comparten en el centro todo hijo de vecino. Una tarta de queso y otra de chocolate, que no desmerecieron la buena cena que tuvimos. Cafés y cuenta. El precio no salió caro, aunque también es verdad que todo lo pedido fue al centro y solamente pedimos un entrecot. Al salir, como dije antes, me tomé mi tiempo para disfrutar de la decoración y los mil detalles que nos trasladan a nuestra infancia. Si sois de por allí o estáis cerca, no dejéis de visitarlo, aunque solamente sea para tomar un café en el despacho. Merece mucho la pena.
La Tienda de Pedro García está en la calle Calvo Sotelo número 40 de Solares, muy cerca del Balneario de Solares y su teléfono de contacto es el 942521178.


domingo, 25 de septiembre de 2011

Sidrería Navarra - Murcia.


Tras la temporada estival llega el primer fin de semana en la ciudad y el restaurante elegido es la Sidrería Navarra. Para ser sincero yo hubiese elegido otro. Muchos otros antes que este, pero no fui yo quien tomó la decisión. - ¿Por qué no lo hubiera elegido? - No soy partidario de los restaurantes de bancos. Si salgo a cenar fuera, aparte de cenar bien, no quiero estar incómodo. Y si voy a estar un par de horas sentado, el no tener respaldo puede hacerse muy duro. Como aún no hace frio, pedimos en la terraza que al menos las sillas son con respaldo.
Cuando llegamos estaba diluviando y como no tenían muchas reservas, nos dieron la posibilidad de pasar dentro, cosa que rechazamos, el toldo nos protegía de la lluvia y era mejor que los bancos. Mis riñones lo agradecerían. Un camarero demasiado simpático vino a tomar nota. Dejó una carta en la mesa. Fue innecesario, pues venía dispuesto a ponernos lo que a él le apeteciera como, con algunos matices, consiguió hacer.
Las bebidas fueron las que cualquiera pediría en una sidrería, una jarra de cerveza, algún refresco y sidra con el correspondiente escanciador. Lo cierto es que estuvimos muy entretenidos toda la noche con el botoncito del aparato.
Entre unas cosas y otras, no me enteré mucho de lo que habían pedido. Yo estaba en una esquina de la mesa y el camarero ejerció de Juan Palomo. Sí conseguimos evitar que nos trajera dos platos muy parecidos y una cantidad de carne disparatada.
El primer plato que trajeron, que me pareció atípico para romper el hielo, fueron unos chorizos a la sidra, totalmente prescindibles. Será típico, pero aún no le he encontrado la gracia. Enseguida el segundo, una tapa que según nos dijeron había ganado no sé que concurso de tapas. Sobre una base de patata asada, un solomillo de cerdo cubierto por foie y sazonado con sal volcánica. Estaba muy rico, no para ganar un premio, pero si para agradar los paladares. A continuación vino la llamada ensalada templada. Para mi gusto creo que en lugar de por el chorizo, deberíamos haber empezado por una ensalada, aunque creo que no deberíamos haber pedido nunca esta ensalada. Una base de lechugas variadas y canónigos son machacadas por gulas y langostinos calientes. Creo que el "marisco" caliente no pegaba nada con la lechuga. Para no desmerecer, las gulas y el langostino deberían tener un destino más honorable que el de estropear una ensalada. El último entrante con que nos sorprendió, fue un revuelto con boletus y foie. Creo que no pensó en ningún momento que ya nos había puesto foie con la tapa de solomillo. Los boletus eran un poco bastos, pero este revuelto no necesita mucho para triunfar. Ya teníamos todos los entrantes, ahora venía la carne. Un par de chuletones, cuatro nos quería meter el camarero. La calidad de la carne era más que discutible. Con razón había insistido tanto en colocarnos el chuletón. Aunque si el chuletón no era de gran calidad, muy correoso, el resto de la carne tampoco debería ser excepcional. Cuando terminamos nuestro correoso chuletón, nos pasaron algún trozo del otro. La diferencia entre uno y otro era más que notable. Creo que me senté en el lado malo de la mesa. El vino elegido fue Altos de Luzón, un Jumilla de uva Monastrell. La primera botella a temperatura óptima, no puedo decir lo mismo de la segunda. Tuvimos que pedir algo para enfriarla.
Creyendo que había triunfado, se atrevió con los postres. Propuso los típicos y antihigiénicos postres al centro. Por principios, me negué a probarlos, así que hablo por boca de otros cuando digo que la tarta de queso estaba deliciosa, del resto de los postres solo sé que alguno se quedó en el plato.
Trás los postres, los cafés. Pedimos asiáticos aunque bastante mejorables. Un seis sobre diez.
Los chupitos de la casa fueron a discreción, orujo de hierbas, ron miel, lástima que el vodka caramelo se terminó y el nuevo que trajeron estaba caliente. Solo quedaba la cuenta, un poco excesiva, sin tener en cuenta que nos intentaron cobrar una piña que no pedimos, ni trajeron y más dulces de los pedidos. Corregida la cuenta pagamos y nos fuimos por donde habíamos venido. Volveré, pero no en una cena organizada por mí. Visitando su web, veo que hay mejores platos, o al menos con mejor pinta que los que nos sirvió el ufano camarero.
La sidrería Navarra está en la calle San José de Murcia, entre la plaza de San Juan y la del Cristo del Rescate, y su teléfono de contacto es el 968 21 50 01.



martes, 13 de septiembre de 2011

Bodega Fuente Dé - Santander.


Siguiendo la máxima que dice, allí donde fueres haz lo que vieres. Pues bien, si vamos a Cantabria. ¿Cómo no vamos a probar un cocido montañés? A pesar de estar en agosto, nos liamos la manta a la cabeza y buscando en la guía trotamundos que llevaba el Sr. Frank buscamos las tres bes, bueno, bonito y barato. Antes habíamos buscado lo fácil, las referencias. Una conocida de Santander ni se molestó en asesorarnos y el que sí lo hizo, nos dio referencias de pueblos a los que ya habíamos ido y nos quedaba lejos en nuestra ruta. Gracias Pedro.

Por distintos motivos fuimos descartando restaurantes y por la situación y precio medio nos decantamos por la Bodega Fuente Dé en Santander. La guía recomendaba reservar pues tiene pocas mesas. Llamamos sobre las doce y nos sentimos afortunados al saber que teníamos mesa. Al llegar a la puerta y ver el tipo de establecimiento que era, dudamos mucho antes de entrar. Una simpática señora que se estaba tomando una cerveza en la puerta nos dio el empujón que necesitábamos. – A pesar de la pinta, se come muy bien aquí.-

El local era una bodega, pero en el sentido clásico de la palabra. Un bar de pueblo, donde las mesas de manteles de papel están frente a la barra, sobre la que cuelgan unos jamones. Llama la atención dos de estos que están casi momificados. El servicio, acorde con el local. Familiar, cercano y  con ganas de agradar

Tomamos asiento en la mesa que nos habían preparado y nos dejan la carta, un folio plastificado donde resaltan el menú del día a 12 euros. Como teníamos claro lo que queríamos, solo dudamos si cocido montañés o lebaniego y si solo cocido o algo para acompañar. Como no hay consenso, optamos por una decisión salomónica, dos y dos. Y para acompañar, unos bocartes rebozados (boquerones) y una tabla de quesos, entre los que destacan el ahumado y el picón.

Los boquerones del Cantábrico estaban muy buenos y la tabla de quesos deliciosa, sobre todo el queso Picón, de la denominación de origen, Picón-Beges-Tresviso de Liébana. Un maravilloso queso cántabro que nos encantó, hasta el punto, que nos trajimos varios. Y por último las dos soperas metálicas repletas de los potajes montañés y lebaniego. Ambos tienen su base en las alubias, la diferencia básica, según nos explicó el camarero estaba en la verdura. El Montañés lleva berza y repollo. Menos mal que el día estaba nublado, porque un día soleado de agosto no hubiera permitido que nos diéramos el festín de cocido que nos dimos. Y todo ello regado con un vino tinto. Como no nos atrevimos con el de la casa y su bodega no era demasiado extensa, nos fuimos a por un LAN. ¡Apuesta segura!

Cafés y cuenta, que los postres, helados, los dejamos para después del necesario paseo por el paseo de la Pereda bajo una ligera lluvia. La relación calidad precio fue maravillosa. No es de extrañar que hubiera varias mesas de trabajadores de la zona. Además tienen varias carnes y pescados donde elegir, a muy buen precio

De todos los restaurantes en los que estuvimos en nuestro viaje por Cantabria, la bodega de Fuente Dé fue el que menos glamour tuvo de todos sin ninguna duda, pero sin duda nos aportó más que el resto. Por un lado degustar unos de los platos más típicos de la zona y sobre todo, probar el queso Picón que recomiendo a los amantes de los quesos fuertes.

La Bodega de Fuente Dé está en la calle Peña Herbosa número 5 de Santander y el teléfono para reservar es el 942213058.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Restaurante Malvasía - Playa Honda (Cartagena).



Ya estamos de vuelta de vacaciones, y seguro que alguien pensaba que ya había tirado la toalla y dejado el blog, pero creo que aún no es así. Se ha acumulado mucho trabajo y voy a ver si lo podemos actualizar, siempre en la medida de lo posible, porque el retraso es mucho.
Para empezar, os voy a contar nuestra cena en el restaurante Malvasía de Playa Honda en Cartagena. Llevamos dos años seguidos quedando con el Sr. James McLamore y su señora para ir a cenar a este coqueto restaurante marmenorense, y en ninguna de las dos ocasiones hemos salido desencantados.
En un entorno de playa ochentera está este oasis del buen gusto, moderno y cuidadoso con los detalles, aunque alguno se les escape. Una decoración donde predominan las maderas tropicales en la fachada y el interior, combinado con vitrinas con adornos enológicos, su rica cava de vinos a la vista, modernas lámparas colgando del techo y una fotografía gigante del motivo del restaurante, la flor.
Al entrar hay una barra donde poder tomar una caña mientras esperamos al resto de los comensales. No es necesario, pues hoy es a nosotros a quienes esperan, pero doy mi palabra que fuimos puntuales. Pedimos nuestra mesa, y en lugar de acompañarnos, nos indican como llegar a ella. Punto negativo, pero esto es un déjà vu, el año pasado nos hicieron lo mismo.
Nos sentamos y nos traen la carta junto a la rica carta de vinos y un sencillo a la par que riquísimo aperitivo, unos triángulos de pasta brick pintada con sobrasada y miel, y horneado. Un crujiente que era una delicia. Otro detalle significativo, y esta vez positivo, fue el servicio del pan. Había varias opciones para elegir, normal, integral.... Además iban supliendo continuamente el pan que habíamos tomado.
Como es cena y llevamos una buena racha este verano, que ya os iré contando, decidimos pedir varios entrantes al centro y luego una carne también para compartir. Esta es la mejor opción para probar más platos. Para comenzar una coca de pulpo con refrito de verduras decorado con lechuga y pimentón. Era una coca, pero el pulpo casi no dejaba ver la masa. Empezamos bien. Últimamente no pueden faltar las croquetas, y esta vez no iba a ser diferente, aunque estas las pedimos por distintas. Croquetas de mejillones en escabeche y gambas. A los amantes de los mejillones en escabeche les apasionarán. Venían acompañadas por unas berenjenas que estaban casi tan ricas como las croquetas. Siguiendo con los entrantes. ¿Quién se negaría a pedir, si ve en la carta, patatas con huevo, ajos tiernos, gulas y trufa negra? Nosotros no, y no nos arrepentimos. Venían coronados con unas láminas de jamón. Y llega el plato imprescindible. Rabo de Toro, esto son palabras mayores. Unos bocaditos de rabo de toro con queso y berenjenas. Presentados como croquetas, pero sobre la salsa del guiso y acompañados de patatas fritas. Dejaron para lo último unas alcachofas a la parrilla con parmesano, jamón y crema fe foie. Esta es la parte verde de la cena junto a la lechuga de la coca. Aunque el resto de los entrantes habían puesto el listón muy alto, no desentonó. Todo buenísimo, pero la salsa de foie con el parmesano parcialmente fundido era de escándalo. ¿Podrán estar los principales a la altura?
En los entrantes hubo un desertor y se pidió una Hamburguesa de pluma ibérica con una salsa a base de miel y mostaza. Claro, no probó el rabo de toro. Solo puedo hablar de la presentación y de los elogios del afortunado devorador. No venía acompañado de pan, sino sobre una masa. El resto nos contentamos con un chuletón de Angus con su guarnición de verduras y batata frita. La carne venía sin historias, el chuletón cortado y salado con sal Maldom y a cada lado las verduras y la batata. Cuando la calidad de la carne es buena, sobran máscaras. El vino que pedimos, de entre la amplísima carta, fue el Quixote 2005, un coupage de merlot, tempranillo y petit verdot con 12 meses de barrica, de Casa del Blanco en Manzanares.
En los postres no nos pusimos de acuerdo, y cuatro éramos, cuatro pedimos. Crema catalana con un fondo de frambuesa, leche frita con arrope y helado de vainilla, bizcocho de manzana con crema de canela y turbante de manzana, con un licorcillo para verter sobre el bizcocho. Y Raviolis de chocolate. Los mejores la crema catalana y los raviolis. Lo más flojo, el bizcocho de manzana. Cafés y como guinda, un fresquito vino dulce que dejó un magnifico sabor de boca. Solo faltaba la cuenta. Y esta no fue muy abultada, lo esperado. Unos 36 euros por cabeza. Salimos con la satisfacción de haber cenado bien, con un buen servicio y disfrutando de la comida y sobre todo de la conversación.
Como en verano las noches se alargan, la mejor manera de cerrar la velada fue tomando algo en Cala Reona a donde nos dirigimos y seguimos hablando de la cena, y del compromiso tácito de volver el próximo año. Creo que de todos los restaurantes que he visitado este verano, Malvasía se lleva el título del mejor a día de hoy. Muy recomendable, lástima la ubicación de cara al invierno. Aunque también puede ser un buen sitio donde tomar un arroz cualquier fin de semana.
Lo podemos encontrar en Playa Honda, en la calle Julieta Orbaiceta número 6 y el teléfono de contacto es el 968145073.