lunes, 10 de octubre de 2011

Fiesta de la Cerveza en Murcia.



Esta semana se ha inaugurado en Murcia la tercera fiesta de la cerveza Oktoberfest, y aprovechando la ocasión, un grupo de amigos nos hemos acercado a ver qué es eso de lo que los alemanes y más concretamente los bávaros están tan orgullosos. Llamadme ignorante o como dijo el señor del comentario de la Sidrería Navarra, poco viajado. Y no le falta razón, pero que quede claro que no es por falta de interés sino de oportunidad. Pero la sensación que me dio es que viene a ser como nuestro bando de le huerta pero en tecnología alemana.
Reservamos mesa a las 10 y nos advirtieron que si nos retrasábamos más de diez minutos, perderíamos la reserva. Muy lógico, son alemanes y tienen esas cosas muy claras, pero cuando llegamos, con puntualidad germana pensando que estaría nuestra mesa limpia de polvo y paja, o de cervezas y restos de salchichas del turno anterior como anunciaban, nos sorprendió ver dos colas en la entrada de la carpa, una de reservas y otra sin reservas. Hasta cierto punto normal. Van a estar diez días y han de sacar el máximo rendimiento. Lo que no me pareció tan normal, es que pasada la hora de nuestra reserva y estando esperando para entrar, fuera pasando gente sin reserva antes que nosotros. Lo que también es cierto, es que la cola era larga pero corría muy deprisa, y en apenas diez minutos un simpático camarero hispano-germano, más concretamente de Caravaca o Cehegín nos acompañó a la mesa ataviado con un lederhose, el típico traje masculino bávaro, de esos hechos en Shanghái, que bien podía ser Bávaro que del Tirol con una etiqueta con el germánico nombre de Gonza. Las camareras iban con el respectivo femenino, el dimdl cuyo erotismo distaba muchísimo del de la rubia del cartel anunciador de la fiesta. La mesa era la última, fuera de la carpa y sin visión del escenario donde se anunciaba música en directo. Y esto acabó siendo una ventaja, al no tener allí el agobio de estar rodeado en un espacio mínimo. Nada distinto a las barracas en Fiestas de Primavera.
Como he dicho, no soy muy viajado y aún no he tenido la oportunidad de viajar a Alemania, pero he visto reportajes y allá por el año 1992 fui a la Expo de Sevilla, donde cené en el pabellón alemán. Por lo que no me extrañó lo más mínimo la disposición de las mesas.  Mesas corridas, unas junto a otras y con bancos sin respaldo. Creo que hace unas semanas hice un comentario que venía a decir que nunca reservaría a sabiendas en un sitio con bancos sin respaldo, cosa que se encargó el señor García-E en recordármelo. Por su insolencia fue condenado a trinchar la carne, eso sí, con instrumental perfectamente esterilizado. Pero si la propia Paris Hilton se vistió con el tradicional dimdl y se fue a la Oktoberfest a esos bancos tan incómodos. No voy a ser yo más.
El simpático camarero que nos ubicó y en un perfecto murciano nos recomendó que pedir y tomó nota de las bebidas. Los de los refrescos de siempre, una sin, para quien por circunstancias gestantes no podía beber. Y el resto cerveza con alcohol. Las mujeres, jarra pequeña. Nosotros, que somos leones, grande, de litro. De la marca Paulaner, la oferta era, cerveza negra, que nadie pidió, cerveza de cebada los más conservadores y turbia de trigo los que estábamos por algo distinto. 
Para meterse entre pecho y espalda un litro de cerveza y no terminar mal, tienen platos típicos alemanes. Pero nada de sofisticación, las morcillas, longanizas y zarangollo de aquí, son sus codillos y costillas de cerdo o los cinco tipos distintos de sus wurst (salchichas) y para que no digan que todo es carne, el típico Chucrut (repollo agrio) que nadie tuvo el valor o las ganas de probar. Si tomamos el codillo, abundante para individual y escaso para compartir, las salchichas, las costillas, que cuando quisimos repetir se habían terminado y un pollo asado casi imposible de dividir.
Lo que iban trayendo, era de elaboración bastante simple, pero bueno. Lo malo era como lo traían. Sobre un plato de cartón y con cubiertos de plástico. Plateados que daban el pego, pero de plástico. Supongo que la idea es que la gente pida un menú individual, pero aun así, partir el costillar con un cuchillo tan blando, no fue tarea fácil. Murieron varios tenedores en el intento.
Por comodidad y seguridad, cuando sirvió el último plato de comida y sin previa petición trajo la cuenta. Una costumbre de mal gusto que personalmente considero odiosa. Será por agilidad, pero es feísimo. No nos dieron la opción a probar los postres. Y eso que ya le habíamos echado el ojo a la Salva Negra. Ni siquiera un café, que digo yo que allí también tendrán su cafelito de puchero con anisette. Aunque peor fue lo que vino después. Un pseudo-segurata vestido de calle, en la salida iba palpando los bolsos para evitar el hurto de las jarras de cerveza. ¡Lo nunca visto! ¿Qué opinión tienen de sus clientes?
En resumen, fue una buena velada, sin sorpresas, donde sabíamos a dónde íbamos y a lo que íbamos. Aunque creo que tienen bastante por mejorar en muchos aspectos, que es una buena idea como iniciación a la Oktoberfest y que espero que sean muchas más las ediciones y cuenten con gente con tanto ánimo como el camarero que nos atendió. 
La fiesta se celebra en el Jardín de La Fama de Murcia y el teléfono de reserva es el 627 23 00 32

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que la Feria estaba bien para un picoteo, pero para ser la tercera vez que se montaba podian haber subsanado algunos errores...el tema de las colas es una tomadura de pelo. Yo llame a reservar y me pidieron puntualidad, solo guardarian la mesa 10 minutos..cuando llegamos no consegui que apuntaran que habiamos llegado asi que igual hubiera dado llegar media hora tarde.
El tema de la revision de bolsos...muy poco estilo..y si me niego que?.

Anónimo dijo...

http://www.hofbraeuhaus.de/
En Munich, para disfrutar de la mejor fiesta de la cerveza.