jueves, 17 de noviembre de 2011

Le Beaujolais est arrivé!



Hoy es 17 de noviembre, un día cualquiera si no fuese el tercer jueves de noviembre. Y como cada año, los productores franceses de Beaujolais, lanzan al mercado este vino joven que trae consigo una puesta en escena de nivel mundial inversamente proporcional a la calidad del caldo. El Beaujolais es un vino que solamente lleva unas semanas de fermentación, pero un buen trabajo de comunicación ha hecho posible que de éste, que no podríamos decir otra cosa de él, que peleón, se haya hecho hueco en el calendario enológico mundial.
La historia se remonta a la primera mitad del siglo XX, el Beaujolais se consumía localmente para celebrar el fin de la vendimia, pues está listo entre 6 y 8 semanas después de la cosecha. Con posterioridad se fueron fijando unas normas que impedían la venta antes de mediados de diciembre, y así fue evolucionando hasta situarse la fecha de lanzamiento en el tercer jueves de noviembre. Como era el primer vino de año que se producía en toda Francia, se lanzaron a conquistar el mercado para colocar sus botellas en los diferentes mercados sacando pingües beneficios.
Pero como los franceses saben de ventas tanto como de vinos, han hecho del Beaujolais Nouveau, una fiesta que han sabido exportar para vender un "vin ordinaire" a muy buen precio, pero que a la hora de consumir, lo repudian y se decantan por otros caldos más atractivos. Lo visten elegantemente, lo empaquetan con la ceremonia del tercer jueves de noviembre y lo exportan a todos los rincones del mundo.
Pues hoy ha sido el día de la presentación y comercialización del Beaujolais Nouveau y desde la quesería la Lechera de Burdeos, aprovechando la ocasión, han tomado literalmente la calle y han celebrado este día a su manera. Con una mini cata de Beaujolais y de quesos franceses ofrecidos por dos simpáticas jóvenes vestidas para la ocasión de granjeras francesas. Y para amenizar, entretener e incluso sorprender, un músico con boina y armado con un acordeón ambientaba la calle haciendo sonar la vie en rose.  Mientras, el pintor Cristóbal Pérez pintaba un cuadro de la Plaza del Romea. Supongo que será casualidad, pero de mi visita a Montmartre recuerdo a los artistas en las terrazas de las plazas, con sus caballetes y paletas. Y recuerdo a uno de ellos que llevaba un sombrero idéntico al que llevaba Cristóbal Pérez esta tarde. Creo que sería difícil con tan poco conseguir un resultado tan acertado. Quizás metiendo unas señoritas bailando el can-can. Esta tarde, por un momento, yo he estado en Paris. 
De regreso a casa he pasado por delante de dos tiendas de delicatessen, y en una de ellas, tenían puesto un cartel que anunciaba que Le Beaujolais est arrivé. Esa era la única referencia. Ni que decir tiene que el ambiente no era ni la sombra del que había vivido un rato antes frente a La Lechera de Burdeos, donde gracias a iniciativas como esta, obra de Comunicación Comestible, se han convertido en un referente gastronómico de nuestra ciudad.
Pero ese no ha sido la única buena noticia gastronómica de esta tarde. En el Corte Ingles he visto que han empezado a vender los Panettone de Paco Torreblanca, como dice la propia caja, ¡ Increíble! Lástima que tardes como esta no se den más a menudo.


sábado, 12 de noviembre de 2011

Restaurante Lamarimorena - Molina de Segura.


Fin de semana, por fin, y hemos comprado entradas para ir al teatro Villa de Molina a ver la representación Ticket. de la compañía Clownic Tricicle. Las expectativas eran buenas ya que es una compañía respaldada por Tricicle. Un valor seguro. Al terminar la obra, los comentarios fueron generalizados, es muy floja. Si, hubo risas, pero muy mala tendría que ser una representación cómica en la que nadie se riera. Pero bueno, no es la crítica teatral lo que nos ha traído aquí.
Al terminar la obra nos dirigimos al Restaurante La Marimorena. El ayuntamiento de Molina de Segura, desde la concejalía de comercio y artesanía promueve las cenas de teatro. Una oferta en la que nueve restaurantes del municipio ofrecen una cena menú por 12 euros, siempre que se presente la entrada del teatro. Así se soluciona el clásico problema de donde ir después del teatro y si tendrá la cocina abierta. La oferta incluye un entrante, un primer plato, un segundo plato, un postre y una bebida. Una oferta más que buena para los tiempos que corren. Ahora que en Murcia está operativo el Teatro Circo, los restaurantes de la zona podrían tomar ejemplo.
Aunque quienes nos acompañaban ya habían disfrutado de las cenas del teatro, por el interés que tenía en conocer este restaurante, no les importó repetir. Yo conocía La Marimorena de referencias, las redes sociales sirven para esto. Nunca había estado allí. Al entrar me llevé una grata sorpresa. No esperaba que fuese así, la verdad. Una decoración moderna, luminosa, colores claros y con amplios espacios. Un mostrador con productos delicatesen que supongo se podrían adquirir, y muchas referencias al mundo enológico. Nos condujeron al piso superior y allí esperaba nuestra mesa, junto a una larga en la que celebraban una fiesta de cumpleaños. Lo primero que se me pasó por la cabeza, fue lo incómodos que íbamos a estar si a los del cumpleaños les daba por armarla. Reconozco que me equivoqué, su comportamiento fue de lo más correcto, incluso el cumpleaños feliz que pusieron en el hilo musical fue en un volumen que a nadie pudo molestar.
Un correcto camarero nos tomó nota de las bebidas y enseguida trajo el pan y el entrante. El vino que me trajeron era Comoloco de Juan Gil. Lo había probado con anterioridad, es un vino muy económico y que da un buen resultado. Lo bueno de estos menús cerrados, es que al tenerlos preparados, en un santiamén estamos metidos en el tema. Y así, solamente dos camareros, uno seco y correcto, el otro más agradable, pudieron atender las cinco mesas que estábamos arriba, más la del cumpleaños sin ningún tipo de problemas. El entrante de La Marimorena era una lata de mejillones en escabeche hechos en la casa. Para darle más realismo, la presentación era en una lata de conserva, con su cebolla, laurel, pimienta y clavo. Yo que soy más de mejillones en escabeche que al vapor, disfruté tanto con los mejillones como con el mojete. Eran unos mejillones similares a los de las conservas, pero mucho más sabrosos. Los que habían estado allí unas semanas antes, ya nos habían dicho lo bueno que estaban y comentaron que siendo ellos cuatro, les habían traído la misma cantidad que a nosotros que éramos cinco. 
El primer plato era una ensalada de pimientos de piquillo, con bacalao desmigado y un pil-pil de aceitunas. El bacalao estaba porque se veía, pero no se notaba, un sabor muy suave frente a los pimientos. Unas anchoas se hubiesen defendido mejor. Si os gustan los pimientos, como a mí, disfrutareis de este plato. Trajeron dos platos y cuando le comentamos al camarero que para cinco nos traía lo mismo que para cuatro, no tardó ni un minuto en traer otro plato de ensalada, que también cayó. Un buen detalle.
La cosa iba bien. ¿Se mantendría el nivel?
El segundo plato era un solomillo de cerdo al ron con pasas y patata crujiente. No solo mantuvo el  nivel, sino que lo subió. La salsa de ron con pasas era deliciosa y el tamaño del solomillo era el que un solomillo tiene que tener. Ya solo quedaba el postre, y sonaba muy bien. Un foskito casero. Para mí fue la decepción de la noche. Un foskito industrial me hubiese gustado más. Lo vi demasiado suave y poco dulce. Aunque para gustos los colores. Lástima que en los postres del menú no entraran los que anuncian de Andrés Mármol.
Cuando terminamos el postre, nos dimos cuenta que nos habíamos quedado solos en la planta. Hacía un rato que le habíamos pedido al camarero un café, pero no había ni café ni camarero por allí. A los minutos subió uno de los camareros con las manos vacías y le recordamos mi café solo. Nos dijo que no se había enterado, pero no hay mal que por bien no venga, pues aprovechamos la ocasión para pedirle unas chocolatinas que habíamos visto en otras mesas. No se si se las traen a todas las mesas o solo a algunas. Pero el camarero nos trajo mi café con un plato bien surtido de chocolatinas y gominolas.  Otro detalle digno de mención.
Pedimos la cuenta para terminar una estupenda velada. La Marimorena había conseguido mejorar una noche torcida. No fuimos a cenar después del teatro. Fuimos al teatro para hacer tiempo antes de la cena. Creo sinceramente que Juana Ruiz y Ruppert García-Arias han hecho un magnífico trabajo. La dolorosa no lo fue tanto. A los 12 euros del menú había que sumar las segundas bebidas, el café y para mi sorpresa, el pan. Es normal que algunos restaurantes cobren el pan. Pero me llamó la atención que lo cobraran en un menú cerrado. Aunque ese pequeño detalle no iba a estropear la buena sensación con la que salimos del local. Muy recomendable.
Al salir del gastrobar, nos paramos en el stand de las delicatesen a curiosear. Tenían unas fabes y unas alubias verdinas, entre otras muchas cosas, por las que nos interesamos, pero que no pudimos adquirir al no saber el precio.La próxima vez que vaya me haré con ellas.
El único problema que le veo a estos menús, es que los menús son los mismos todas las semanas, con lo que si vamos varias veces al teatro, nos obligan a variar los restaurantes si no queremos repetir. Claro que esto tampoco tiene que ser un problema si todos los restaurantes que participan de esta idea, tienen la calidad y el servicio de La Marimorena. Viendo el programa y hablando con gente que ha participado, nos han hablado muy bien del Restaurante Julián. Ese será nuestro próximo objetivo. 
El restaurante gastrobar La Marimorena esta en la Avenida del Chorrico 110 de Molina de Segura, para reservar el teléfono es 968 61 12 89 y lo recomiendo tanto para ir después del taetro como en cualquier otro momento.