martes, 27 de diciembre de 2011

Restaurante Pepita Pulgarcita - Murcia.

Hay ocasiones en las que has oído hablar tantas veces de un restaurante, y no necesariamente mal, que tienes la intención de ir. Pero por distintos motivos no lo has hecho hasta que un día y de una manera casi inesperada acabas yendo a ese restaurante y generalmente por iniciativa de otra persona. Así ha sido mi caso con este local. Ya en verano y mediante una campaña publicitaria en la radio, llegó a mis oídos su existencia e intenté o intentamos ir. Pero cosas del destino, nos fue imposible debido a su política de no reservar en la terraza. Y siendo los que éramos, no nos atrevimos a ir sin reserva. Reservaban dentro pero en pleno mes de junio no apetecía. Ese día fuimos a Degusto & Punto, en el único día que según he oído después, sirvieron bien una mesa. Tengo un ojo clínico para los restaurantes, con este y con The Tree Tomato, que en paz descanse, que es una maravilla. Otro día en el que salimos de tapas, sin rumbo fijo, terminamos en la puerta, pero la cantidad de gente que había, hacía inviable tomar algo allí. Otra oportunidad fallada.
Al final, recientemente, amigos de amigos, organizaron una cena que nos llevó a Pepita Pulgarcita. Después de más de seis meses y varios intentos, lo habíamos conseguido. Llegamos puntuales como un clavo, aunque tuvimos que esperar a los Sres. García, como es habitual. El local esta situado en la plaza de las Balsas, en plena zona de las tascas, haciendo chaflán. Un establecimiento pequeño, con grandes ventanales que dan mucha luz de día y quitan la sensación de agobio de noche. Una decoración donde mezclan muebles de estilo clásicos y materiales modernos, con predominio del color pistacho y el buen gusto. Mesas altas, de madera de pino, sin mantel, que transmiten la idea de ven, picotea y deja el sitio a otro grupo. Han usado esta decoración para su local de Murcia y una muy similar para el que tienen en Valencia.
Enseguida nos acomodaron en una de esas mesas altas de las que hablaba y un camarero se acercó a tomar nota de las bebidas. En esos momentos entró el cocinero Pablo González-Conejero, no se debe comer mal cuando la única estrella Michelín de la Región entra a cenar a este Restaurante.

Tras la cerveza de rigor, llegaron las primeras tapas, y con ellas el vino, Páramo de Guzmán, un vino joven de 2010 de Ribera de Duero. Los platos fueron todos al centro. El primero fue unas milhojas de foie con manzana verde sobre un lecho de mermelada de violetas. A continuación otra milhoja de berenjena coronada por un rulo de queso de cabra a la plancha. Milhoja como podrían haberle puesto cualquier otra cosa. Venia acompañado por espárragos trigueros, champiñones y tomates cherry, todo a la plancha y sazonado con sal Maldom. Creo que fue lo que menos me gustó. Para los que no disfrutan comiendo queso, pidieron una tempura de verduras, donde los trozos cortados eran demasiado bastos. He probado miles de verduras en tempuras mucho mejores. No entiendo por que tienen que sazonar la tempura con sal Maldom de nuevo. Quitando el foie, los entrantes habían sido bastante flojos. Menos mal que a partir de ese momento la cosa mejoró mucho.
La organizadora de la cena, ya había venido varias veces a Pepita Pulgarcita, y recomendó mucho el Rissoto. Y bien que valió la pena probarlo. Un arroz muy suave, cremoso, acompañado de champiñones y coronado por queso parmesano rallado. Una verdadera delicia. Muy recomendable.
Ya solo quedaban las carnes al centro. Yo me empeñé en probar la carrillera de ternera estofada al vino, acompañada de patatas paja. Tierna, suave, que se deshacía en la boca. La cosa iba mejorando. No entiendo como puede haber gente a quien no le guste este asequible manjar. Definitivamente ha destronado al Rabo de Toro como primera opción. Por último un entrecot de buey trinchado. Aquí, si pegaba esa sal Maldom.
Llegado el momento de los postres, solamente se pidió un par de ellos para compartir y probar. Una tarta de queso donde la nata y el sirope de fresa, ocupaban más que la tarta en sí. Y un Brownie con helado. Antes de atacar el dulce postre, sentí la inquisitiva mirada del Sr. García sobre mí. ¿Como iba a solucionar el problema de los postres compartidos? La solución la dio Salomón hace años, antes de empezar, dividir y a disfrutar. Ambos estaban buenos. Pero de todo, con lo que me quedo es con la carrillada y el risotto.
No se por que razón, decidieron dejar los cafés para otro sitio. Al final me quedé sin café ya que no era plan pedir un café solo con sacarina en un bar de copas. Sí, nos ofrecieron y aceptamos un licor, aunque, ya en ese momento las sillas hacían su función y nos indicaban que nada de sobremesa. Que todo lo que habíamos venido a hacer ya lo habíamos hecho y era la hora de dejar el sitio a otro grupo. Así que bebimos nuestro brebaje lo más rápido de lo que fuimos capaces y salimos a continuar la velada en otro local
El precio no fue excesívamente caro, aunque también es verdad que todo fue compartido. Salimos de allí bien comidos y por un precio que rondaba los 25 euros.
Si lo que pretendeís es ir a cenar en plan formal, este no es vuestro sitio, pero si la cena es informal, este es un buen sitio donde pasar un buen rato con los amigos.
El Restaurante Pepita Pulgarcita esta en la plaza de las Balsas número tres de Murcia, junto al Refugio. Y su teléfono de contacto es el 968 96 98 40.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Empanada de Atún.

Esta es una receta de toda la vida que llevaba años sin probar, y con un par de llamadas telefónicas he conseguido los datos que necesitaba. Lo más laborioso de esta receta, es hacer la masa, pero si tenemos prisa o simplemente no queremos mancharnos las manos siempre podemos recurrir a las masas que ya venden preparadas de masa quebrada o pasta brisa. Además de para la empanada, también la podemos usar para otros platos como la quiche lorraine o para postres cambiando la sal por el azucar.

Para la masa:

125 ml de aceite.
125 ml de leche.
Una yema de huevo.
Harina.
Sal.
Manteca de cerdo.
Pimentón dulce.

Debe haber tantas formas de hacer esta masa como como cocineros que la hagan. El resultado final será muy parecido, pero siempre hay pequeñas diferencias que van con el gusto de cada cual. Yo la he hecho como venía en la receta, pero seguro que la próxima vez que la haga, iré haciendo pequeñas innovaciones. Como la masa es para empanada, he usado sal. Si quisiera hacer un postre, bastaría con añadirle azucar y suprimir el pimentón, que basicamente se emplea como colorante. Hay quien usa en lugar de aceite y manteca, mantequilla, hay quien usa agua, hay quien le pone todo el huevo y no solo la yema y hay quien no le pone huevo.

En un cuenco mezclamos la leche con el aceite, le echamos la yema, la sal una cucharada pequeña de manteca y una cucharada de café de pimentón. Mezclamos todo y vamos añadiendo toda la harina que admita, mientras amasamos con las manos. Cuando tengamos la masa terminada, la podemos dejar en el frigorifico una hora tapada con papel film para que gane resistencia.

Dividimos la masa en 2 partes, la primera un poco mayor que la otra y con el rodillo vamos estirando hasta que adquiera las dimensiones de nuestro molde y sobresalga por los lados para poder cerrarla posteriormente. Podemos untar con mantequilla el molde o bien podemos usar papel sulfurizado para que no se nos pegue la empanada al molde.


Para el relleno:

Un pimiento morrón.
300 gramos aproximadamente de tomate frito (podeis hacerlo vosotros mismos, pero hay marcas como Hida o Sandoval que hacen que no merezca la pena perder el tiempo en freirlo).
240 gramos de atún en aceite de oliva.
Un huevo duro.
Guisantes.

Antes de empezar con el relleno, el tomate frito lo he dejado un rato en la sarten para que evapore parte del agua que lleva y no empape demasiado la masa de la empanada. Mientras, he cortado en cuadrados muy pequeños el pimiento morrón y lo he mezclado bien con el atún totalmente escurrido y con cuatro cucharadas de tomate frito.

Cuando la masa esta en el molde, la mancho con tomate fritos cubriendo toda la superficie, luego vierto el relleno (el pimiento con el atún y tomate) y lo extiendo por toda la superficie de la masa. Corto el huevo duro en cuadraditos y junto a unos guisantes (al gusto), los reparto de maneta homogenea.
Otra opción que he probado ultimamente es la de sustituir el atún, o una parte de él, por sardinillas en aceite, el resultado es notable. Además de la riqueza en grasas saludables que nos aportan estos pescados azules.

Punto y final: Necesitaremos un huevo batido.

Ya solo queda cubrir todo con el resto de masa, previamente estirada. Los bordes los unimos a la masa de abajo recortando los sobrantes, pinchamos la masa repetidamente con un tenedor para que no se hinche y para que pueda evaporarse el exceso de liquido, en el centro de la empanada haremos un pequeño agujero a modo de chimenea. Por último con el huevo batido, pintamos toda la empanada para darle el color y brillo caracteristico. Ya podemos llevarla al horno precalentado a 180º durante unos 40 minutos, aunque la mejor manera de saber cuando esta lista, es por el color que va adquiriendo en el horno. Es muy recomendable dejar enfriar la empanada antes de consumirla.

¡Espero que os guste!



sábado, 10 de diciembre de 2011

Restaurante el Quincho Argentino - Murcia.

Ya ha llegado el mes de diciembre, y con él, las cenas navideñas de empresa, de amigos que ya solo se ven una vez al año, en el día de estas cenas. Yo tuve la de amigos de toda la vida que, por suerte, no nos vemos solamente una vez el año, sino con una cadencia más que aceptable, incluso más de la deseable. Y para no complicarnos, y evitar discusiones, delegamos todo en uno de nosotros, que no fui yo. Él tomó la decisión del restaurante y del menú, tras consultar el presupuesto. Fuimos al Restaurante Argentino de la plaza de los Apóstoles, El Quincho, pues es extraño encontrar, al menos entre este grupo, alguien a quien no le guste la carne en cualquiera de sus modalidades.
Como en casi todas estas cenas, fuimos a menú cerrado, como he dicho. Una serie de entrantes donde no podía faltar la empanada argentina y un plato fuerte, una carne, por supuesto. Creo que ir a este argentino y no pedir carne, es como ir al Miramar de Cabo de Palos y no pedir pescado o marisco.
El establecimiento, aunque lleva funcionando varios años, hace muy poco fue remodelado tras sufrir un incendio. Lo han dividido en dos zonas, distinguiendo claramente dos ambientes. El más cercano a la puerta, tipo mexicano, mientras que la zona del fondo queda reservado al argentino. El salón es bastante espacioso, las mesas quedan muy separadas unas de otras dando una sensación de relativa intimidad. Cosa de agradecer estos días donde la mayoría de las mesas están ocupadas por ruidosas reuniones de amigos y compañeros.
El menú constaba de una ensalada, la Carlos Gardel, con caliente de queso de cabra empanado, lechugas varias, nueces, todo adornado con vinagre de Módena en forma de red. Tras esta ensalada, unas entrantes, tres. La empanada criolla, que no puede faltar y rellena de carne. Aunque las berenjenas a la miel y sus setas rebozadas tampoco pueden faltar, y faltaron.- ¡Lástima!. Un carpaccio de ternera con queso en polvo y un timbal de morcilla cubierta con cebolla caramelizada. Todo estaba muy bueno, pero ¿por que se adornan los tres entrantes de igual manera? Todos venían con unas hojitas de rúcula. Es un restaurante que lo que hace, lo hace bien, sin complicarse mucho y ofreciendo sobre todo sus carnes de muy buena calidad. Realmente, los entrantes son un poco la excusa, por lo que no veo la necesidad de poner esas hojas de rúcula en cada plato como si fuesen Arguiñano con su perejil. Que el revuelto de morcillas lo conviertan en timbal, me parece bien, aunque ahora todo lo hacemos timbal. El revuelto también tiene su gracia, y más en estos platos al centro donde ya no es tan original y las cantidades son menores.
Tras los entrantes vino el plato principal. La oferta era a elegir entre Secreto de Cerdo Ibérico, Bifé Ancho (entrecotte), Bifé de Chorizo (Chuletón deshuesado) o tira de Asado, una tira de costillar de ternera. Para los que no querían carne, que no los hubo, la oferta era bacalao de la Patagonia.
Yo pedí Bifé de Chorizo poco hecho. Para mi gusto lo hicieron de más y estaba un poco soso. Le pedí al camarero si podía traer sal. Y en un abrir y cerrar de ojos trajo un par de cuencos con sal tipo Maldom, que solucionó uno de los problemas. Me hubiese dado un sincope si me hubiese acercado el salero. Además el bifé estaba muy tierno, casi se podía partir con el tenedor.
Los camareros estuvieron muy atentos en todo momento, y en ningún momento faltó en la mesa cerveza, agua o vino, que estaban incluidas en el menú. Hay sitios donde las bebidas están incluidas y hay que sacárselas a los camareros con sacacorchos. El vino del menú era un Alcorta Crianza de 2007.
Es la hora de los postres. Se plantea el dilema de siempre, cuando hay menú de grupo el postre suele ser al centro. Ese antihigiénico momento donde todos metemos la cuchara, comemos y la volvemos a meter
en el plato. Un variado de postres al centro con brownie cortado a daditos y unos profiteroles con chocolate que bien podían ser tomados individualmente. La bola de helado de vainilla, la de fresa, y el flan de chocolate blanco bañado con crema de leche que decía cómeme, invitaban a olvidar mis prejuicios higiénicos y a atacarlo. El mejor el flan, con la crema de leche, merece ser plato único y no compartir con nadie. El problema lo solucioné siendo el primero en meter la cuchara.
Como pareció poco, pedimos al camarero otro plato y una última botella de vino. No hubo problema, en unos instantes había en la mesa otra botella de vino, un plato de postre y una botella de cava Canals & Nubiola. Un detalle para brindar por la amistad y la Navidad. Para terminar cafés, licores y regalos de amigo digital invisible tan típicos de estas fechas.Una velada muy divertida que costó lo acordado, 30 euros, amigo invisible aparte.
Este no es el único restaurante argentino al que he ido, no es el mejor, tampoco es el peor. Lo que si he echado en falta de otros restaurantes argentinos, es la decoración. Esa decoración porteña que te transporta al barrio de Boca, la calle Corrientes o a la Pampa de los gauchos con sus boleadoras, no la tiene. -Y es una pena. Creo que ganaría metiendo más detalles del país de la cocina que realizan.
El Restaurante el Quincho está en la Plaza de los Apóstoles número 10 de Murcia y para reservar lo podemos hacer en el teléfono 968220591.




martes, 6 de diciembre de 2011

Día de San Nicolás en La Manga del Mar Menor

El día 6 de diciembre no solamente celebramos el aniversario de la Constitución española, sino que es el día en el que la iglesia conmemora la muerte de San Nicolas de Bari, el Nikolaus para los alemanes. Un santo de origen turco que ha ido evolucionando hasta el pagano Santa Claus, y es en este día cuando los padres alemanes, suizos y holandeses celebran el "niño obispo" y traen secretamente regalos a sus hijos.
Pues bien, en ese día, la comunidad alemana del Mar Menor, aprovecha para reunirse en la Plaza Cavanna de La Manga, en un mercadillo navideño de los más variopinto, que termina en una comida tipo "Oktoberfest", de mesas corridas y sin respaldos, donde desconocidos comparten banco y son los postres los verdaderos protagonistas del día.
Llegamos a la hora justa de la comida, las 12, o al menos tenía entendido que en la Europa civilizada se come a la hora del Ángelus. Esta debe ser una comunidad germana muy españolizada, porque las mesas estaban puesta pero allí nadie las ocupaba. Algún recién llegado de Munich o Berlín, sí que estaba dando buena cuenta de una sopa de guisantes cocinada en una olla tamaño regimiento. El resto se paseaba viendo los puestos del mercadillo, que no tenían desperdicio. Timidamente, la gente iban tomando posiciones en las mesas.
En la mayoría de los puestos se vendían baratijas y cosas viejas, que no antigüedades, que ellos mismos se compran entre sí, para poder venderlas de nuevo el año que viene a quienes este año se las han vendido, libros viejos en alemán y mermeladas caseras.
Era la primera vez que acudíamos a este evento, aunque llevábamos unos buenos Cicerones que nos iban guiando y aconsejando. Y de lo que ya nos habían advertido, por encima de la carne a la barbacoa, era del buen precio de todo y de las espectaculares tartas. Caseras, contundentes, dulcísimas y de nombres impronunciables. Hasta tal punto eran la estrella del día, que sin que hubiesen empezado a servir carne, ni la cola de la barbacoa estaba formada. Ya había una cola, a la alemana, en las tartas. No muy larga y dinámica.
En parte por avaricia, en parte por miedo a que nos quedáramos sin probar esas maravillas que iban pasando por delante nuestro, camino de la carpa de postres, o volviendo en platos de afortunados cazadores de tartas. Empezamos la casa por el tejado y nos fuimos a la cola, a por ese inmejorable reclamo publicitario. La espera no fue muy larga. Pero cuando llegó nuestro turno apareció el primero de nuestros problemas. Los nombres de las tartas estaban en alemán, el albino camarero, ataviado con un discreto gorro de Papá Noel con tranzas, no tenía ni idea de español y nuestro alemán empieza y termina en Achtung. Así que ante un cartel que ponía  Weißeschokolade mit cont. Y tras mirarla bien, pudimos deducir que era una tarta de chocolate blanco con algo. Ese algo podría haber sido almendras, aunque lo mismo no. Nunca sabré que ocultaba ese cont. -  ¿Y si pone algo así como Apfelstrudel?- No sabíamos de que eran las tartas, pero como comemos por los ojos, llevamos a la mesa una selección de nueve distintas de las que pensábamos dar buena cuenta. 
Como íbamos con niños, era el día de Nikolaus y no sabíamos como iban a responder ante semejantes postres, optamos por comprar también unos Papá Noel de chocolate. Es dificil que esas cosas fallen con niños.
Con este tesoro, el día ya estaba salvado, ahora como buenos cazadores, nos fuimos a la nada alemana cola de la carne, que en apenas diez minutos había crecido de manera notable. Ya se veía movimiento en la zona de brasas. Aquí si que tardamos un rato en conseguir nuestras Bratwürst y unos Steak, ambos mit brot, por supuesto. Para acompañar los pincipales pedimos varias ensaladas de patatas (Kartoffelsalat). Alguien comentó que eran del Lidl, cosa que justificaría su bajo precio, 3,5 el bistek y 2,5 las salchichas.
Solo me quedaba probar la sopa de guisantes que había visto comer con gran nostalgia, al muniqués recién aterrizado. Un plato de erbsensuppe, que aunque la pinta se acercaba al espanto, era deliciosa. Lástima que la temperatura no acompañara, pues rondábamos los 20ºC. 
Lo que más me llamó la atención fueron las bebidas. Nunca hubiese pensado que en una fiesta típica alemana, organizada por alemanes y para alemanes, la cerveza que allí tenían, era San Miguel. Va a ser verdad aquello de: "donde va, triunfa". Otra opción era degustar su Glühwein, un vino caliente especiado, que a 20ºC, no hay quien se meta entre pecho y espalda.
En resumen, la sopa muy buena a pesar de la pinta. La carne, lo esperado, aunque los cubiertos de plástico no ayudaban mucho. Una veterana de las que nos acompañaba, sacó del bolso un cuchillo que traía de casa, lo que facilitó mucho el trabajo de partir la carne. 
En cuanto a las tartas. Es muy difícil que nos puedan parecer las diez magníficas, y más sin saber de que eran. Aunque apenas quedaron unas migajas en los platos. Yo de todas, quizás me quedaría con la Apfelstrudel, que resulto ser un pastel de manzana. El año que viene vuelvo y con un tupper para llevar a casa alguna pieza. Como del mercadillo había muy pocas cosas que se podían salvar, creo que tuve suerte y dí con una de ellas, unas latas de setas alemanas (pfifferlinge), que más pronto que tarde serán el acompañamiento perfecto para una carne o un arroz.
La tarde era estupenda y el café casero no prometía nada bueno, por lo que decidimos acabar la jornada tomándolo en el Puerto de Cartagena, y dividiéndose el grupo entre las que optaron por una vuelta en catamarán por la bahía y los que nos fuimos a visitar el Teatro Romano de la Ciudad. Un placer para los sentidos. Un día  de fiesta, sin un plan claro en las vísperas, se convirtió en un agradable día familiar donde disfrutamos cultural y gastronómicamente.

sábado, 3 de diciembre de 2011

III Muestra de Vinos de Murcia.

Durante este fin de semana se ha celebrado en la Plaza de Santo Domingo de Murcia la III Muestra de Vinos de Murcia, donde algunas de las bodegas más representativas de las tres denominaciones de origen de la región, Jumilla, Bullas y Yecla, se reunen para dar a conocer sus productos por un módico precio. Por 5 euros, una copa y tres tickets para cata de vinos. Por otros 5 euros una tapa en tres, del restaurante Rincón de Pepe, a base de habitas baby con patata paja, una tartaleta de crema de berenjena y una mini croqueta de boletus. También por un euro, una tapa de queso, por otros 5 un plato de jamón de La Chulla Ibérica, y para cerrar la velada por otros cinco euros 3 piezas de pastelería murciana.
Otros años ponían la carpa en la plaza de la universidad, pero este año, supongo que por la disminución de stands, el lugar elegido fue la calle Basabé, en una carpa significatívamente más pequeña, lo cual lo hacía más acogedor, siempre y cuando la asistencia de público no fuese importante.
Lo primero que hacemos nada más llegar, es sacar nuestros tickets de catas y uno de tapas, para llevar algo sólido al estomago y que el alcohol no nos juegue una mala pasada. Con la copa en la mano, llegamos hasta el final de la carpa haciendo una visita panorámica con el fin de hacernos una idea de donde vamos a gastar nuestras catas.
Las bodegas que han participado en la muestra han sido, bodegas Castaño y La Purísima de Yecla, la bullense Bodega del Rosario y las jumillanas Pio del Ramo, Juan Gil, Silvano García, Carchelo, Casa del Rico, Hacienda del Carche, Pedro Luis Martínez y Bodegas Luzón.
Tanta bodega, tanto vino y solo tres catas. Difícil elección. En principio mis disparos irían apuntados hacia vinos que no hubiese probado. La primera cata la hicimos de los vinos de la Viña de la Casa del Rico, donde Nacho Tomás y su padre nos ilustraron sobre la historia de la bodega, el por qué el nombre de Gorgocil para sus vinos, la producción de la bodega o la vendimia. Todo mientras probábamos su Monastrell primero y su tempranillo después, trabajos del enólogo Pedro Sarrión, puntuados respectivamente con 91 y 93 puntos en la guía Peñin de 2012.
Con el buen sabor de boca que nos dejó Gorgocil, nos fuimos a por la tapa, para poder seguir disfrutando de los vino. Las habitas baby con patata paja, la tartaleta de crema de berenjena y una mini croqueta de boletus, además de recalentadas, se me hicieron escasas para el precio que pagamos.
Terminando las tapas, hicimos escala en el stand de Juan Gil, una bodega en la que se viene trabajando desde hace unos años de una forma minuciosa que da como resultado una producción de calidad. Allí probamos el del año 2009. No defraudó a nadie.
Llevábamos solo dos bodegas, habíamos tomado tres vinos, buena conversación y mucha noche por delante. Era el momento de hacer un alto en el camino y llenar los buches con la sustancia que no había conseguido las tapas. Fuimos al parlamento andaluz, donde en apenas un cuarto de hora dimos buena cuenta de un trásfuga, un parlamentario y una buena ensalada de atún con olivas y boquerones en vinagre.
Al regreso de nuestra escapada, una breve parada en Alceño, donde nos dieron a probar el Premium Syrah y el Alceño Selección. El Alceño Dulce lo dejé para la ronda de postres.
De ahí a Casa Castaño, allí Toni Sanchíz, un año más nos estuvo hablando de sus magníficos vinos, de las novedades, de su Hécula, de los Pozuelo y nos dió la oportunidad de probar Casa Cisca, un vino de autor que se convirtió en uno de los protagonistas de la noche que estuvo magnificamente acompañado de una tapa de quesos de cabra obsequio de Quesería Montesinos. Tras la cata de los vinos de Castaño, la pastelería Mejías, que después de unas duras negociaciones nos invitó a unas deliciosas tartaletas de ensaladilla de marisco, un pastel de verduras con demasiada coliflor y como postre un mini palo catalán y unos deliciosos merengues.
El colofón vino con los vinos dulces, el de Alceño y el contundente y sabroso de Silvano García, era difícil acabar mejor.
Ya había llegado la hora de marchar, los puestos estaban cerrando aunque la noche era joven. Animados por los caldos y la nostalgia de haber vuelto al parlamento andaluz después de varios años, nos dirigimos al castizo Mesón de las Jarras donde pusimos nuestra lengua a prueba con un recluta especial que era incomible. Eso sí, antes habíamos vuelto a disfrutar de los reclutas normales, más de quince años hacía que no los probábamos.
Al repasar los acontecimientos de la noche de autos, solo me queda agradecer a La Verdad por organizar por tercer año esta muestra, y que lo haga muchos más, y a las distintas bodegas que en ella participan para dar a conocer sus buenos vinos fruto de un buen trabajo, en especial a la bodega Viña de la Casa del Rico por la amabilidad con que nos trataron.  El trabajo que tienen por delante para el año que viene es dar más variedad en las tapas, para que no tengamos que recurrir a otros lugares donde saciar nuestro apetito.