martes, 6 de diciembre de 2011

Día de San Nicolás en La Manga del Mar Menor

El día 6 de diciembre no solamente celebramos el aniversario de la Constitución española, sino que es el día en el que la iglesia conmemora la muerte de San Nicolas de Bari, el Nikolaus para los alemanes. Un santo de origen turco que ha ido evolucionando hasta el pagano Santa Claus, y es en este día cuando los padres alemanes, suizos y holandeses celebran el "niño obispo" y traen secretamente regalos a sus hijos.
Pues bien, en ese día, la comunidad alemana del Mar Menor, aprovecha para reunirse en la Plaza Cavanna de La Manga, en un mercadillo navideño de los más variopinto, que termina en una comida tipo "Oktoberfest", de mesas corridas y sin respaldos, donde desconocidos comparten banco y son los postres los verdaderos protagonistas del día.
Llegamos a la hora justa de la comida, las 12, o al menos tenía entendido que en la Europa civilizada se come a la hora del Ángelus. Esta debe ser una comunidad germana muy españolizada, porque las mesas estaban puesta pero allí nadie las ocupaba. Algún recién llegado de Munich o Berlín, sí que estaba dando buena cuenta de una sopa de guisantes cocinada en una olla tamaño regimiento. El resto se paseaba viendo los puestos del mercadillo, que no tenían desperdicio. Timidamente, la gente iban tomando posiciones en las mesas.
En la mayoría de los puestos se vendían baratijas y cosas viejas, que no antigüedades, que ellos mismos se compran entre sí, para poder venderlas de nuevo el año que viene a quienes este año se las han vendido, libros viejos en alemán y mermeladas caseras.
Era la primera vez que acudíamos a este evento, aunque llevábamos unos buenos Cicerones que nos iban guiando y aconsejando. Y de lo que ya nos habían advertido, por encima de la carne a la barbacoa, era del buen precio de todo y de las espectaculares tartas. Caseras, contundentes, dulcísimas y de nombres impronunciables. Hasta tal punto eran la estrella del día, que sin que hubiesen empezado a servir carne, ni la cola de la barbacoa estaba formada. Ya había una cola, a la alemana, en las tartas. No muy larga y dinámica.
En parte por avaricia, en parte por miedo a que nos quedáramos sin probar esas maravillas que iban pasando por delante nuestro, camino de la carpa de postres, o volviendo en platos de afortunados cazadores de tartas. Empezamos la casa por el tejado y nos fuimos a la cola, a por ese inmejorable reclamo publicitario. La espera no fue muy larga. Pero cuando llegó nuestro turno apareció el primero de nuestros problemas. Los nombres de las tartas estaban en alemán, el albino camarero, ataviado con un discreto gorro de Papá Noel con tranzas, no tenía ni idea de español y nuestro alemán empieza y termina en Achtung. Así que ante un cartel que ponía  Weißeschokolade mit cont. Y tras mirarla bien, pudimos deducir que era una tarta de chocolate blanco con algo. Ese algo podría haber sido almendras, aunque lo mismo no. Nunca sabré que ocultaba ese cont. -  ¿Y si pone algo así como Apfelstrudel?- No sabíamos de que eran las tartas, pero como comemos por los ojos, llevamos a la mesa una selección de nueve distintas de las que pensábamos dar buena cuenta. 
Como íbamos con niños, era el día de Nikolaus y no sabíamos como iban a responder ante semejantes postres, optamos por comprar también unos Papá Noel de chocolate. Es dificil que esas cosas fallen con niños.
Con este tesoro, el día ya estaba salvado, ahora como buenos cazadores, nos fuimos a la nada alemana cola de la carne, que en apenas diez minutos había crecido de manera notable. Ya se veía movimiento en la zona de brasas. Aquí si que tardamos un rato en conseguir nuestras Bratwürst y unos Steak, ambos mit brot, por supuesto. Para acompañar los pincipales pedimos varias ensaladas de patatas (Kartoffelsalat). Alguien comentó que eran del Lidl, cosa que justificaría su bajo precio, 3,5 el bistek y 2,5 las salchichas.
Solo me quedaba probar la sopa de guisantes que había visto comer con gran nostalgia, al muniqués recién aterrizado. Un plato de erbsensuppe, que aunque la pinta se acercaba al espanto, era deliciosa. Lástima que la temperatura no acompañara, pues rondábamos los 20ºC. 
Lo que más me llamó la atención fueron las bebidas. Nunca hubiese pensado que en una fiesta típica alemana, organizada por alemanes y para alemanes, la cerveza que allí tenían, era San Miguel. Va a ser verdad aquello de: "donde va, triunfa". Otra opción era degustar su Glühwein, un vino caliente especiado, que a 20ºC, no hay quien se meta entre pecho y espalda.
En resumen, la sopa muy buena a pesar de la pinta. La carne, lo esperado, aunque los cubiertos de plástico no ayudaban mucho. Una veterana de las que nos acompañaba, sacó del bolso un cuchillo que traía de casa, lo que facilitó mucho el trabajo de partir la carne. 
En cuanto a las tartas. Es muy difícil que nos puedan parecer las diez magníficas, y más sin saber de que eran. Aunque apenas quedaron unas migajas en los platos. Yo de todas, quizás me quedaría con la Apfelstrudel, que resulto ser un pastel de manzana. El año que viene vuelvo y con un tupper para llevar a casa alguna pieza. Como del mercadillo había muy pocas cosas que se podían salvar, creo que tuve suerte y dí con una de ellas, unas latas de setas alemanas (pfifferlinge), que más pronto que tarde serán el acompañamiento perfecto para una carne o un arroz.
La tarde era estupenda y el café casero no prometía nada bueno, por lo que decidimos acabar la jornada tomándolo en el Puerto de Cartagena, y dividiéndose el grupo entre las que optaron por una vuelta en catamarán por la bahía y los que nos fuimos a visitar el Teatro Romano de la Ciudad. Un placer para los sentidos. Un día  de fiesta, sin un plan claro en las vísperas, se convirtió en un agradable día familiar donde disfrutamos cultural y gastronómicamente.

2 comentarios:

Isa dijo...

Hola. ¿Todavía se sigue haciendo este mercadillo?

Chef Chof dijo...

Lo desconozco Isa