sábado, 3 de diciembre de 2011

III Muestra de Vinos de Murcia.

Durante este fin de semana se ha celebrado en la Plaza de Santo Domingo de Murcia la III Muestra de Vinos de Murcia, donde algunas de las bodegas más representativas de las tres denominaciones de origen de la región, Jumilla, Bullas y Yecla, se reunen para dar a conocer sus productos por un módico precio. Por 5 euros, una copa y tres tickets para cata de vinos. Por otros 5 euros una tapa en tres, del restaurante Rincón de Pepe, a base de habitas baby con patata paja, una tartaleta de crema de berenjena y una mini croqueta de boletus. También por un euro, una tapa de queso, por otros 5 un plato de jamón de La Chulla Ibérica, y para cerrar la velada por otros cinco euros 3 piezas de pastelería murciana.
Otros años ponían la carpa en la plaza de la universidad, pero este año, supongo que por la disminución de stands, el lugar elegido fue la calle Basabé, en una carpa significatívamente más pequeña, lo cual lo hacía más acogedor, siempre y cuando la asistencia de público no fuese importante.
Lo primero que hacemos nada más llegar, es sacar nuestros tickets de catas y uno de tapas, para llevar algo sólido al estomago y que el alcohol no nos juegue una mala pasada. Con la copa en la mano, llegamos hasta el final de la carpa haciendo una visita panorámica con el fin de hacernos una idea de donde vamos a gastar nuestras catas.
Las bodegas que han participado en la muestra han sido, bodegas Castaño y La Purísima de Yecla, la bullense Bodega del Rosario y las jumillanas Pio del Ramo, Juan Gil, Silvano García, Carchelo, Casa del Rico, Hacienda del Carche, Pedro Luis Martínez y Bodegas Luzón.
Tanta bodega, tanto vino y solo tres catas. Difícil elección. En principio mis disparos irían apuntados hacia vinos que no hubiese probado. La primera cata la hicimos de los vinos de la Viña de la Casa del Rico, donde Nacho Tomás y su padre nos ilustraron sobre la historia de la bodega, el por qué el nombre de Gorgocil para sus vinos, la producción de la bodega o la vendimia. Todo mientras probábamos su Monastrell primero y su tempranillo después, trabajos del enólogo Pedro Sarrión, puntuados respectivamente con 91 y 93 puntos en la guía Peñin de 2012.
Con el buen sabor de boca que nos dejó Gorgocil, nos fuimos a por la tapa, para poder seguir disfrutando de los vino. Las habitas baby con patata paja, la tartaleta de crema de berenjena y una mini croqueta de boletus, además de recalentadas, se me hicieron escasas para el precio que pagamos.
Terminando las tapas, hicimos escala en el stand de Juan Gil, una bodega en la que se viene trabajando desde hace unos años de una forma minuciosa que da como resultado una producción de calidad. Allí probamos el del año 2009. No defraudó a nadie.
Llevábamos solo dos bodegas, habíamos tomado tres vinos, buena conversación y mucha noche por delante. Era el momento de hacer un alto en el camino y llenar los buches con la sustancia que no había conseguido las tapas. Fuimos al parlamento andaluz, donde en apenas un cuarto de hora dimos buena cuenta de un trásfuga, un parlamentario y una buena ensalada de atún con olivas y boquerones en vinagre.
Al regreso de nuestra escapada, una breve parada en Alceño, donde nos dieron a probar el Premium Syrah y el Alceño Selección. El Alceño Dulce lo dejé para la ronda de postres.
De ahí a Casa Castaño, allí Toni Sanchíz, un año más nos estuvo hablando de sus magníficos vinos, de las novedades, de su Hécula, de los Pozuelo y nos dió la oportunidad de probar Casa Cisca, un vino de autor que se convirtió en uno de los protagonistas de la noche que estuvo magnificamente acompañado de una tapa de quesos de cabra obsequio de Quesería Montesinos. Tras la cata de los vinos de Castaño, la pastelería Mejías, que después de unas duras negociaciones nos invitó a unas deliciosas tartaletas de ensaladilla de marisco, un pastel de verduras con demasiada coliflor y como postre un mini palo catalán y unos deliciosos merengues.
El colofón vino con los vinos dulces, el de Alceño y el contundente y sabroso de Silvano García, era difícil acabar mejor.
Ya había llegado la hora de marchar, los puestos estaban cerrando aunque la noche era joven. Animados por los caldos y la nostalgia de haber vuelto al parlamento andaluz después de varios años, nos dirigimos al castizo Mesón de las Jarras donde pusimos nuestra lengua a prueba con un recluta especial que era incomible. Eso sí, antes habíamos vuelto a disfrutar de los reclutas normales, más de quince años hacía que no los probábamos.
Al repasar los acontecimientos de la noche de autos, solo me queda agradecer a La Verdad por organizar por tercer año esta muestra, y que lo haga muchos más, y a las distintas bodegas que en ella participan para dar a conocer sus buenos vinos fruto de un buen trabajo, en especial a la bodega Viña de la Casa del Rico por la amabilidad con que nos trataron.  El trabajo que tienen por delante para el año que viene es dar más variedad en las tapas, para que no tengamos que recurrir a otros lugares donde saciar nuestro apetito.

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