sábado, 10 de diciembre de 2011

Restaurante el Quincho Argentino - Murcia.

Ya ha llegado el mes de diciembre, y con él, las cenas navideñas de empresa, de amigos que ya solo se ven una vez al año, en el día de estas cenas. Yo tuve la de amigos de toda la vida que, por suerte, no nos vemos solamente una vez el año, sino con una cadencia más que aceptable, incluso más de la deseable. Y para no complicarnos, y evitar discusiones, delegamos todo en uno de nosotros, que no fui yo. Él tomó la decisión del restaurante y del menú, tras consultar el presupuesto. Fuimos al Restaurante Argentino de la plaza de los Apóstoles, El Quincho, pues es extraño encontrar, al menos entre este grupo, alguien a quien no le guste la carne en cualquiera de sus modalidades.
Como en casi todas estas cenas, fuimos a menú cerrado, como he dicho. Una serie de entrantes donde no podía faltar la empanada argentina y un plato fuerte, una carne, por supuesto. Creo que ir a este argentino y no pedir carne, es como ir al Miramar de Cabo de Palos y no pedir pescado o marisco.
El establecimiento, aunque lleva funcionando varios años, hace muy poco fue remodelado tras sufrir un incendio. Lo han dividido en dos zonas, distinguiendo claramente dos ambientes. El más cercano a la puerta, tipo mexicano, mientras que la zona del fondo queda reservado al argentino. El salón es bastante espacioso, las mesas quedan muy separadas unas de otras dando una sensación de relativa intimidad. Cosa de agradecer estos días donde la mayoría de las mesas están ocupadas por ruidosas reuniones de amigos y compañeros.
El menú constaba de una ensalada, la Carlos Gardel, con caliente de queso de cabra empanado, lechugas varias, nueces, todo adornado con vinagre de Módena en forma de red. Tras esta ensalada, unas entrantes, tres. La empanada criolla, que no puede faltar y rellena de carne. Aunque las berenjenas a la miel y sus setas rebozadas tampoco pueden faltar, y faltaron.- ¡Lástima!. Un carpaccio de ternera con queso en polvo y un timbal de morcilla cubierta con cebolla caramelizada. Todo estaba muy bueno, pero ¿por que se adornan los tres entrantes de igual manera? Todos venían con unas hojitas de rúcula. Es un restaurante que lo que hace, lo hace bien, sin complicarse mucho y ofreciendo sobre todo sus carnes de muy buena calidad. Realmente, los entrantes son un poco la excusa, por lo que no veo la necesidad de poner esas hojas de rúcula en cada plato como si fuesen Arguiñano con su perejil. Que el revuelto de morcillas lo conviertan en timbal, me parece bien, aunque ahora todo lo hacemos timbal. El revuelto también tiene su gracia, y más en estos platos al centro donde ya no es tan original y las cantidades son menores.
Tras los entrantes vino el plato principal. La oferta era a elegir entre Secreto de Cerdo Ibérico, Bifé Ancho (entrecotte), Bifé de Chorizo (Chuletón deshuesado) o tira de Asado, una tira de costillar de ternera. Para los que no querían carne, que no los hubo, la oferta era bacalao de la Patagonia.
Yo pedí Bifé de Chorizo poco hecho. Para mi gusto lo hicieron de más y estaba un poco soso. Le pedí al camarero si podía traer sal. Y en un abrir y cerrar de ojos trajo un par de cuencos con sal tipo Maldom, que solucionó uno de los problemas. Me hubiese dado un sincope si me hubiese acercado el salero. Además el bifé estaba muy tierno, casi se podía partir con el tenedor.
Los camareros estuvieron muy atentos en todo momento, y en ningún momento faltó en la mesa cerveza, agua o vino, que estaban incluidas en el menú. Hay sitios donde las bebidas están incluidas y hay que sacárselas a los camareros con sacacorchos. El vino del menú era un Alcorta Crianza de 2007.
Es la hora de los postres. Se plantea el dilema de siempre, cuando hay menú de grupo el postre suele ser al centro. Ese antihigiénico momento donde todos metemos la cuchara, comemos y la volvemos a meter
en el plato. Un variado de postres al centro con brownie cortado a daditos y unos profiteroles con chocolate que bien podían ser tomados individualmente. La bola de helado de vainilla, la de fresa, y el flan de chocolate blanco bañado con crema de leche que decía cómeme, invitaban a olvidar mis prejuicios higiénicos y a atacarlo. El mejor el flan, con la crema de leche, merece ser plato único y no compartir con nadie. El problema lo solucioné siendo el primero en meter la cuchara.
Como pareció poco, pedimos al camarero otro plato y una última botella de vino. No hubo problema, en unos instantes había en la mesa otra botella de vino, un plato de postre y una botella de cava Canals & Nubiola. Un detalle para brindar por la amistad y la Navidad. Para terminar cafés, licores y regalos de amigo digital invisible tan típicos de estas fechas.Una velada muy divertida que costó lo acordado, 30 euros, amigo invisible aparte.
Este no es el único restaurante argentino al que he ido, no es el mejor, tampoco es el peor. Lo que si he echado en falta de otros restaurantes argentinos, es la decoración. Esa decoración porteña que te transporta al barrio de Boca, la calle Corrientes o a la Pampa de los gauchos con sus boleadoras, no la tiene. -Y es una pena. Creo que ganaría metiendo más detalles del país de la cocina que realizan.
El Restaurante el Quincho está en la Plaza de los Apóstoles número 10 de Murcia y para reservar lo podemos hacer en el teléfono 968220591.




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