lunes, 31 de diciembre de 2012

Restaurante La Cabaña - El Palmar, Murcia.



Desde que fui a La Cabaña hasta hoy, he pensado en múltiples maneras de empezar esta entrada y no hay forma. Es más, desde que supe que iba a ir ya me entró cierto temor, pues he de decir que es mi primer y único restaurante con estrella Michelín y eso, aunque no se quiera reconocer, impone. Te surgen dudas existenciales. -¿Que pasaría si no me gustara? - ¿Quien soy yo para discrepar de los gurús de la guía roja? Afortunadamente no ha sido este el caso y como San Pablo camino de Damasco, he de reconocer que salí encantado tras dos horas de disfrutar de la comida como nunca lo había hecho hasta entonces.
Llegamos a La Finca Buenavista a cenar, la fría noche de un jueves de noviembre. El restaurante estaba practicamente vacío, cosa que últimamente y por desgracia, no es de extrañar, aunque tendríamos que tener en cuenta que era jueves y las cosas no vienen bien dadas para nadie en estos días. Apenas una mesa donde una familia celebraba algún tipo de acontecimiento, una cena de negocios y dos mesas de parejas en noche romántica. Nos sentaron en una apartada mesa que garantizaba la intimidad. Casi sin darnos cuenta, ya nos habían tomado nota de las bebidas, traído la carta y servido la cerveza.
La primera sorpresa vino en forma de jarrón- florero.  Los camareros trajeron un par de jarrones que pensamos que era la decoración de la mesa que se habían olvidado poner. Era una especie de pecera o fondo marino sin agua, con sus conchas, arena y cañaillas. Mientras estábamos apreciando la curiosa decoración llegó el estrellado chef informándonos del titulo de la composición, "Picnic en la Cala del Pino" de La Manga. No era decoración, era el primera aperitivo. Un corte de Cosmopolitan y un berberecho con aire de lima. Mucho nombre y continente para tan poco contenido que diría alguno. Pero solo pensar el trabajo de puesta en escena y el tiempo dedicado al montaje del plato merecían mucho la pena. Quizás es el plato mas bonito que he probado nunca. Verdaderamente daba pena comerlo. Además el corte de Cosmopolitan era una delicia. La otra parte del plato era un berberecho con espuma de lima y limón. Es un aperitivo que se come más por los ojos que por la propia boca. Ya nos habían ganado. Si pensábamos que esto era difícil de superar, al menos en cuanto a la puesta en escena, lo consiguieron con su segundo aperitivo. Su "Pesca por el Polo", es un divertido entrante donde el diestro comensal ha de recoger con su caña el salmón marinado con wasawi que regamos con un zumo de naranja y sake. Eso si, el anzuelo no se come. Abstenganse de probarlo aquellos que no tengan buena mano con la pesca.
Tras estos dos divertidos aperitivos, se acercó el chef para anota lo que tomaríamos. Como era la primera vez que íbamos y muy seguramente tardaremos mucho en volver, no podíamos dejar de probar uno de los menú degustación que proponían. Elegímos el menú La Cabaña.
El primer aperitivo del menú, era un pack de aperitivos llamado "La Nevera", Y aunque el nombre no era muy rebuscado, la idea era muy divertida. Nos trajeron a cada uno de los comensales una mini nevera de la que, al abrirla, salía un vapor frío como si abriéramos un congelador de verdad. Dentro de la nevera, en tres lejas venían seis miniaperitivos. En la primera leja había un queso de bola y la tortilla de patatas, los más pequeños que he probado nunca. Daba la sensación que todo era de juguete. En la segunda, una caja de falso caviar de anchoas y un rábano  relleno de garbanzos. En la última leja, una caja de pizza con dos mini porciones de pizza. Conforme comia este plato, no podía dejar de pensar en lo que mis hijas hubieran disfrutado jugando con él. -¿Como le diría que con la comida no se juega?- Quizás los aperitivos no son los mejores que he probado. Pero lo que si es cierto es que no recuerdo ninguno que se hayan estrujado tanto la cabeza para el montaje del plato. En apenas media hora nos había convencido de por que es un restaurante diferente.

Tras los aperitivos fueron trayendo el resto de los platos. El primero un burrito de solomillo, donde lo que más sorprendía era el tamaño del burrito. Digno de un Belén de miniatura. Después unas quisquillas "Al momento"con su Carpaccio y Alioli de Mango. No podría explicar bien lo que llevaba, pero era un plato riquísimo. Unas quisquillas peladas a medio hacer, o menos, que ya en la mesa bañan con su jugo para terminar de cocerlas. Ese mismo jugo cae sobre la "ensalada" de mango dando un resultado maravilloso. -O algo así.-. Después unas verduras presentadas en una escultura con forma de árbol, donde en cada rama venía una verdura diferente con trabajadas con diferentes cocciones. Lo mejor, la presentación pues no dejaban de ser verduras. El resto de los platos ya fueron algo más "normales". Una fideua de matanza con manitas y cigalas que me recordó a la película "una extraña pareja" que pese al titulo era un peliculón. Y para cerrar un pescado y una carne. Un denton y un solomillo de vaca con puré de boniato, boletus y mojo verde. Aquí, el tamaño de las raciones era normal.
Pero la cosa no terminaba aquí, a los excepticos les puedo asegurar que ya estaba bastante satisfecho. Después de la carne y antes de los postres me trajeron un plato de tres quesos cada uno más rico que el otro, acompañados de un pan de cristal. Esto ya era gula. A quien no quiso queso, le trajeron un plato denominado "Chocolate".
No he hecho referencia a el vino pues apenas tomé una copa de blanco de la tierra, aunque la carta era bastante amplia y no más subida que en cualquier otro restaurante. El servicio era correcto sin tomarte confianzas y con cada plato cambiaban platos y cubiertos. Para las verduras en las ramas del árbol nos trajeron unas pinzas para bañar la verdura en salsas. Sorprendía la originalidad.
Llegando a los postres, puede ser que por estar ya saciado, o por que esperaba más, pero me desilusionaron un poco. Tanto el pre-postre que era un Magnum de turrón como su postre, Otoño, una composición que imitaba un paisaje de otoño, no nos parecieron extraordinarios. Seré que nuestro paladar no está a la altura o que el organismo nos estaba empezando a pedir una rendición. Tras los postres, trajeron una caja metálica con bombones para acompañar al café. Un café que venía con varias probetas con distintos tipos de azúcar.
Ya solamente quedaba pagar y alguna bebida espirituosa. Cuando trajeron la cuenta, que fue bastante alta, no nos sorprendimos pues solamente el menú ya son 59 euros más I.V.A., las bebidas y un poco de pan, que lo cobraron, que si, lo cobran como en otros tantos sitios, pero no resulta caro el euro con setenta céntimos que cobran para los panes que ofrecen. He visto cosas mucho peores.
El Restaurante La Cabaña de la Finca Buenavista está en la Urbanización Buenavista, en el Palmar, Murcia y el teléfono de reserva es 968 37 98 13. Es un restaurante al que merece la pena ir si nos gusta comer cosas nuevas y divertidas, aunque la búsqueda de la originalidad hace que tengan que estar continuamente cambiando la carta para no perder frescura y seguir sorprendiendo como lo hicieron.
Y con esto y un bizcocho feliz y prospero año nuevo.
 

lunes, 26 de noviembre de 2012

El Continental Bistrò - Murcia

Hay ocasiones en las que salimos a cenar. Simplemente salimos a cenar. Vamos a un restaurante determinado con el fin de probar su menú degustación, o para saber que tal dan de comer en este o aquel restaurante. En otras ocasiones, las que la comida es parte de un proceso ya natural. Salimos a dar un paseo, luego tomaremos algo para picar y si surge, una copa antes de dar paso a que las nuevas generaciones se queden con el monopolio de la noche. Pero hay otras ocasiones, que quizás sean las mejores, en las que el acto gastronómico es simplemente una excusa, el justificante para pasar un buen rato platicando con los amigos de lo divino y lo humano. 
La noche en la que cenamos en El Continental Bistrò pertenece a este tercer caso. Fue el lugar elegido donde celebrar una reunión que en tiempos pretéritos tildarían de masónica pero que en los tiempos que corren no pasa de ser una reunión de amiguetes sin ánimos conspirativos. - Al menos por el momento.
La decisión de elegir este restaurante no fue solamente una. El menú que nos prepararon a un buen precio, su situación céntrica o nuestro interés por conocer los nuevos locales que se abren en Murcia, fueron tres buenas razones para decidirnos y creo que acertamos en las tres.
Llegamos al local a la hora acordada, 21:31 y en apenas tres minutos estábamos todos los comensales. Incluso quien había avisado que se retrasaría. Esto indica que los convocados tenían ganas de conspirar. O de salir de sus casas. Llegamos al establecimiento donde un gran escaparate de cristal traslucido apenas dejaba entrever lo que luego resultaría ser un deleite para la vista. Entramos en un ambiente acogedor donde el buen gusto está en los detalles, grandes y pequeños. Una sala dividida en dos alturas con la pintura como elemento predominante. La buena pintura tiene un lugar preferente en todas y cada una de las paredes. Aunque de estas artes no soy yo el más indicado para hablar, solamente diré que se respiraba arte por todas partes.
De lo que es la cena, puedo decir bien poco. Habíamos pactado un precio bastante reducido, siendo un Bistrò no debería ser de otra manera. Además nadie da duros a cuatro pesetas. Aún así la relación calidad precio fue bastante positiva. Empezamos con unos aperitivos al centro para hacer tiempo. Pero como todos nos presentamos puntuales fue un primer entrante regado por cervezas y algún vino blanco. -¡Los conspiradores no tomamos refrescos! El aperitivo constaba de tres cuencos con ensaladilla rusa, sobrasada y olivas. No me atrevería a decir si eran de Cieza o jienense, pero cumplían su papel.
Dentro de lo pactado, tras el aperitivo iba un entrante a elegir entre pudin de puerros o un hojaldre relleno. Ante nuestra duda, el maitre nos dio la oportunidad de probar ambos poniendo media ración de cada. Tuvimos la oportunidad de probar ambos, pero quizás el puerro, para lo bueno que estaba, se nos quedó algo escaso. El plato principal venía a continuación. -¿Carne o pescado? La opción pescado era media dorada sobre un lecho de patatas, cebolla y calabacines. Yo pedí carne. Un rabo de toro, ternera, buey o lo que fuera que, desde mi humilde opinión, pueden mejorar. Siento decir que no pega este guiso con el entorno. Me encanta el rabo de toro, pero creo que el local se merece una presentación más moderna de este magnífico y a veces desprestigiado plato. Iba acompañado de un puré de patata.
Otra de las grandes sorpresas de la velada, además de la decoración, fue el vino. Pedimos un tinto para la carne y nos lo trajeron directamente en decantador. Al interesarnos por que vino era, nos informaron de que era un vino de Yecla comprado a granel y que no tenía nada que envidiar a muchos que venden embotellados. Por cierto, también entraba en el pecio pactado.
Ya sobrepasado el Ecuador de la velada, los conspiradores  habíamos conseguido solucionar más de la mitad de los problemas del país y eso que no son pocos. Sinceramente le estábamos prestando más atención a la conversación y al vino, que a lo comido. Pero ahora venían los postres y ahí se impuso el silencio. Todos eran caseros y tradicionales, natillas de chocolate, arroz con leche o pan de Calatrava. Como eramos hermanos, pero no primos, cada uno se agarró a su postre y no hubo manera de probar el resto, por lo que solamente puedo decir que las natillas de chocolate estaban deliciosas y el pan de Calatrava y el arroz con leche tenían buena pinta.
Para terminar café. Normalmente pido un solo, menos en ocasiones que animado por el ambiente me lanzo a por un asiático, y esta se prestaba. La decepción vino cuando me dijeron que no sabían, pero rápidamente lo solucionaron con iniciativa al ofrecerse a hacerlo, pero debía saber lo que había. Tengo que decir que no fue el mejor asiático que he probado en mi vida, pero también que he probado infinidad peores de gente que se autodenominaba experto en la materia. Para finalizar unos licores y la cuenta que fue la pactada. Una visita que dificilmente olvidaremos y seguramente repetiremos.
El Continental Bistró está situado en la calle Simón García número 1 de Murcia y el teléfono para reservar es el 968 90 81 52. Un local donde poder pasar un rato agradable disfrutando aunque quizás la carta es un poco escasa, cosa que por otra parte se va imponiendo cada vez más.


sábado, 17 de noviembre de 2012

Pastel de Puerros.


Siguiendo la serie de recetas fáciles y sobre todo sanas iniciada con las croquetas de espinacas, el pastel de puerros, creo, es la perfecta continuación a esta secuencia, por su sabor, por la facilidad de la receta, por lo sano, por el juego que nos puede dar a la hora de elaborarlo y porque lo podemos hacer de un día para otro. Puede ir solo o con gambas. Hay quien lo hace con bacon y los que le ponen queso Feta. Las combinaciones son múltiples. Además, según el que hagamos, lo podemos tomar caliente o a temperatura ambiente como aperitivo estival.
Aquí dejo la receta de una pastel básico y a partir de este, se puede abrir un amplísimo abanico de posibilidades. Solamente hay que echarle un poco de imaginación.

Los Ingredientes.

3 puerros grandes,
4 huevos
120 grs de queso blanco fresco.
Un chorrito de leche.
1 cucharada de mantequilla,
aceite de oliva,
sal,
pimienta
nuez moscada.
Queso Rallado.

La Faena.

Lavamos y cortamos los puerros en Julianas‎. A continuación sofreímos con un poco de aceite (otra opción sería con mantequilla). Si buscamos rebajar las calorías, en lugar de sofreír, otra posibilidad es cocer los puerros. Yo este paso lo he hecho en Thermomix pues me permite despreocuparme y va dejando el puerro de un tamaño más apropiado para el pastel. Esto nos llevará unos 20 minutos. Pasado este tiempo echamos un poquito de leche y el queso fresco, dejando que el calor y el movimiento de las aspas reduzcan su tamaño. Si lo hacemos en sartén, chafamos el queso con un tenedor. Si optamos por innovar, podemos añadir un poco de jamón york, bacon, gambas, espárragos... Cualquier cosa que se nos ocurra puede quedar bien.
Mientras se van haciendo los puerros, batimos los huevos con sal, pimienta y nuez moscada a la vez que precalentamos el horno a 200ºC.
Mezclado bien los puerros con el queso que ha sido triturado en la Thermomix, los vertemos al bol con los huevos batidos y mezclamos bien. De ahí pasamos todo a un molde de plumcake y llevamos al horno. A los cinco minutos echamos el queso rallado y dejamos unos 20 minutos más. Transcurrido este tiempo, pinchamos con un palillo y si sale seco esta listo. El tiempo de cocción puede variar según el horno que empleemos o el molde. Yo he usado un molde de silicona, por lo que no he tenido que manchar con aceite para luego desmoldar.
Una vez atemperamentado, desmoldamos el pastel y listo para comer. Aunque al igual que se puede variar su elaboración, también el acompañamiento. Lo podemos tomar solo, o con distintas salsas. Una opción bastante simple es la de reducir en un cazo un poco de nata y listo. También podemos hacer una salsa de pimientos de piquillo o una crema con las cabezas de las gambas, si es que las hemos usado o con una salsa rosa. Es un plato que perfectamente podemos hacer de un día para otro. Basta con calentarlo unos segundos en el micro para quitarle el frio de la nevera.





lunes, 12 de noviembre de 2012

Las Planchas - Cabezo de Torres (Murcia)

Si a alguien le debo esta entrada, no puede ser a otra persona que al fan número uno de este restaurante. La verdad es que no se si debería hacer la entrada del restaurante o directamente criticar al Sr. L., ese obsesivo compulsivo de una serie de restaurantes de los que es fijo. Y no lo vayas a mover de ahí. Con cierta lógica defiende la máxima de que si está contento con los tres restaurantes que frecuenta. ¿Para que va a variar? - Y en parte, no le falta razón. Pero bueno, para no perder una amistad, mejor haré la crítica de las Planchas que del Sr. L., porque me estoy calentando y lo mismo esto acaba mal.
He tenido la ocasión de ir dos veces a este apartado restaurante, siempre de la mano de este gran Cicerone, pero solamente voy a hablar la segunda experiencia, pues la primera fue un arroz, y la cosa tuvo poca historia.
Llegamos una lluviosa noche de viernes e iba a decir que para nuestra sorpresa, el local estaba vacío. No fue así, pues allí nos estaban esperando el Sr. L., su señora y los trabajadores del Restaurante. Llegamos a las nueve y media, la hora acordada, pero estoy seguro que él estaría allí desde las ocho. Diría que me dio mala espina que el local estuviera desierto. Pero en estos tiempos que corren, y encima lloviendo, lo extraño sería que hubiera gente. Son malos tiempos y hay que aguantar el tirón.
Como suele pasar en estos casos, al tener todo el restaurante para nosotros, tuvimos que decidir en que mesa nos sentaríamos. Un acto insustancial a priori, pero que hay teorías desarrolladas al respecto. La decoración del restaurante es básica y funcional. Unas fotos recuerdan la antigua utilización del restaurante, lo que explica el origen de su nombre y poco más. Aquí se viene a comer bien y no se pierde el tiempo en cosas superfluas. -!Para ver cosas bonitas, al Prado!

Como llevábamos un anfitrión que conocía bien el terreno  que pisaba, dejamos en sus manos la elección, cosa que resultó ser un acierto. Junto con las cervezas, claras y refrescos de siempre empezaron a traer los entrantes. El primero unos tacos de pulpo al horno. Un plato bastante sencillo de hacer, pero no es tanto que quede perfecto, duro por fuera y tierno por dentro. Este estaba bastante conseguido. Enseguida un pastel de secreto ibérico. Un pequeño trozo por cabeza que supo a poco. Venía acompañado de una mermelada de violeta. A mi me encanta esta mermelada. Pero no veía la posibilidad de combinación por ningún lado. Seguimos con los entrantes, ha decidido tomar varios entrantes y terminaremos con un plato al centro. El tercer entrante fueron unos caramelos de bacalao. Bacalao, trigueros y gambas envueltos con unas pasta filo. No entiendo que la decoración de este plato sea sirope de fresa. -¡Volvemos a decorar por decorar! Supongo que el cocinero estuvo dudando entre el sirope y una reducción de vinagre de Módena. - No se por que prefirió el sirope. Mientras traían los entrantes iba cayendo la botella de Ramón Bilbao Edición Limitada de 2009. Los dos últimos fueron tan clásicos como los anteriores. Aquí hemos venido a comer bien, sin florituras. Así que del revuelto de trigueros, setas y gambas, lo único que sorprendió fue lo bueno que estaba y la cantidad. - Reconozco que no pudimos con todo. Además, aún quedaba mucho por llegar. El último de los entrantes fue el volcán de queso. Una bola de queso de cabra semifundido y acompañado por una mermelada a modo de lava. Con este plato acabábamos los entrantes y para no decepcionar, la decoración de este último plato si fue la imprescindible reducción de Módena, un clásico ya de nuestra cocina retro.
Clásico, conservador y carnívoro son los adjetivos que mejor definirían a nuestro anfitrión en su papel de Cicerón. Por lo que para no dar una mínima oportunidad al fracaso, puso la guinda a la cena con un plato al centro que sabía de antemano que no iba a fallar. Un entrecot de Angus que se deshacía en la boca como si fuese mantequilla. No entiendo por que lo trajeron ya troceado. Tiene más empaque sin los tajos del cocinero. Aún así, la cena resultó ser una agradabilisima velada junto a grandes amigos que espero perdonen esta crítica. Con una buena cena que resulto, como debe ser, secundaria y un servicio sin grandes puestas en escena, pero que no tuvo nada de protagonismo, como también ha de ser. Y cierro aqui la crónica de Las Planchas, al no tomar postres, infusiones ni cafés pues terminamos la fiesta brindando por el Sr. L, con un espectacular coctel de naranja.
El Restaurante Las Planchas está en la calle Cid número 12 de Cabezo de Torres, justo enfrente del campo de futbol del Cabezo. aunque para reservar podeis llamar al teléfono 671 06 70 70. También os diría que podeis llamar el Sr. L. y pedirle que os reserve el directamente, que seguro que teneis descuento. Pero no se si le haría mucha gracia que publicara su número.


sábado, 3 de noviembre de 2012

Restaurante Entrecolycol - Murcia.

Es cierto que desde que empecé con el blog, me fijo en más detalles a la hora de salir a comer a algún restaurante. Cosa que por otra parte es un incordio por aquello de "ojos que no ven", aunque también me permite desahogarme si el trato ha sido tan malo que me siento engañado. Pero no todas las experiencias tienen por que ser negativas. De vez en cuando me encuentro con cosas muy positivas. Y realmente es ahí cuando más se disfruta de la comida. Un trato exquisito, una comida excelente, buena compañía y precio justo, es una combinación que vayamos donde vayamos, siempre triunfa. 
En esta ocasión, la cena fue en el Restaurante Entrecolycol de Alfonso Egea. Un pequeño, moderno y a su vez acogedor restaurante donde nuestra mesa de doce comensales practicamente abarcaba dos tercios de la sala. Una larga barra iluminada con leds azules, casi más lila, a modo de botellero y el predominio del blanco combinado con gris, terminaban de darle el toque de modernidad que trasmiten en sus platos. Aunque lo realmente expectacular es el exterior, una fachada de diez metros de cristal iluminado de nuevo con unas luces verticales multicolores que no pasa desapercibida, sobretodo por la noche.
He de reconocer que no es la primera vez que iba, y con resultados dispares. Un día estuvimos cenando en la barra y salimos francamente contentos. En otra ocasión en la que el restaurante estaba completamente vacío y sin aparentes reservas, nos sentaron en la, a nuestro parecer, peor mesa. Al pedir que nos cambiaran de sitio, la camarera se negó con buenas palabra. Con lo que no nos quedó más remedio que levantarnos e irnos. Creo que ese día querían cerrar pronto. La cuestión es que fuimos un grupo numeroso para las dimensiones del restaurante y por no complicar, ni complicarnos mucho, la organizadora del evento pidió un menú cerrado a precio asequible a todos los bolsillos. Nos sentamos en una mesa cuadrada donde la mitad de las sillas eran sin respaldo, bancos que habitualmente estan pegados a la pared, pero que desplazaron para la ocasión. Es una cosa que no me gusta nada, pero que se le va a hacer. Enseguida vino un camarero a tomar nota de las bebidas. No era nada simpatico, pero si muy correcto. Al fín y al cabo había venido a trabajar, no a cenar con nosotros. Traía una mousse de atún para que nos entretuviéramos untando en pan tostado, mientras llegaban los últimos comensales. La espera no fue larga, así que enseguida llegaron al mismo tiempo las bebidas y los últimos comensales. Ya podíamos empezar con la cena. Tras la mousse, sirvieron un paté casero, acompañado de pepinillos, sal y pimienta y tras este, de una manera ininterrumpida y con la cadencia justa para no agobiarnos con muchos platos en la mesa, ni con parones eternos entre plato y plato, fueron trayendo una ensalada con bonito y anchoas, una brocheta de pulpo sobre una espuma de patata aliñado por unos ajos fritos y un aceite con pimentón. Por ahora todo estaba de maravilla. Una perfecta interpretación de la cocina tradicional sin olvidar ese toque de modernidad o reinterpretación, que caracteriza la cocina de Alfonso Egea. El pulpo merece la pena.
La cosa iba "in crescendo", no iba a ser fácil llevar este ritmo. Y así fue. A continuación vino el turno de las croquetas. Sirvieron tres de las que destacaban las de morcilla, y las de gambas. Es cierto que estaban ricas, pero después del pulpo, sabían a poco. Como había un alérgico al marisco. En lugar de la croqueta de gambas, trajeron unos buñuelos de bacalao y como alternativa al pulpo, su bikini, un suave sandwich de queso  brie y una crema de trufa. Se perdía el rico pulpo, pero en parte compensaba. La ensalada con bonito, el pulpo al horno. -¿Que falta?- Efectivamente, los caballitos. Una reinterpretación del caballito. No me sorprendió tanto como el de La Salica, pero la combinación con la ensalada de encurtidos era original. El pobre alérgico se encontró con una pequeña ración de jamón y queso que compartió con el resto de los presentes. 
Pero lo mejor aún estaba por llegar. Unas láminas de alcachofas perfumadas con trufa y coronadas por unas lascas de jamón que sudaban al calor de las alcachofas, realizando una perfecta sinfonía de sabores. Es un plato donde las alcachofas están más sabrosas que el propio jamón. -¡Sorprendente y difícil de olvidar! La conversación fluía y nuestros vasos siempre estaban llenos, ahora de cerveza, ahora de vino. Todo eran elogios para la cena que llegaba a su punto final cuando nos sirvieron el último plato. O al menos eso es lo que creíamos. Una coca de verduras donde los pimientos, cebollas, calabacín, berengenas y anchoas, apenas dejaban ver la rica masa. -¡Que delicia de coca! Cuando ya  el presidente había sacado el segundo pañuelos y nos veíamos incapaces de dar buena cuenta de toda la coca. Y no fue por falta de ganas. Nos volvieron a sorprender con sus hamburguesas gourmet. A simple vista eran unas mini-hamburguesas de lo más normal, pero con el primer bocado, pasaron a ser las mejores mini-hamburguesas que recuerde. Y eso que las tomamos con el estomago sacando bandera blanca y pidiendo cuartel. Estaba siendo una noche perfecta. Hasta el vino, un Lavia de Bullas nos sabía a Ambrosía. 
Con el postre llegábamos al ocaso de la cena. En el menú venía una crema de queso, aunque antes habíamos visto y pedido probar sus afamadas gachas con arrope, calabazate y costrones de pan que pegan en estas fechas de difuntos y ánimas. Pero la realidad fue que ni ellos se acordaron de traerlas, ni nosotros teníamos capacidad para probarlas, por lo que creo que ya tenemos una excusa para volver, aunque sospecho que no volverá a ser lo mismo. Solo faltaba el café, la cuenta y si no es muy disparatada una ola.
Parecía mentira. Aunque sabía que el precio estaba cerrado, es cierto que con una sola bebida por comensal. Al traer la cuenta nos cobraron lo pactado sin añadir un solo euro de más y eso que, sin abusar, habíamos tomado más de una copa de vino. Por lo que haciendo balance de la noche de autos, cenamos mucho, cenamos bien, nos atendieron divinamente, la compañía era difícil de mejorar y el precio sorprendente. Siempre se ha comido bien aquí. Las críticas desiguales venían por la cuestión económica. Pero que solamente pueda decir que algunas sillas sean sin respaldo, que por cierto no me tocaron a mí, y que no probamos las gachas como lo único anecdótico de la noche, deja a Entrecolycol, en mi modesta opinión, en lo más alto de la gastronomía murciana. Al presidente no le quedó más remedio que conceder las dos orejas y el rabo mientras felicitaba a la organizadora de la velada por tan buena elección.
Entrecolycol está en la Calle Alfonso X el Sabio número 14 de Murcia, en la calle que va hacía la salida del parking y el teléfono para reservar en 968 97 44 20.

sábado, 27 de octubre de 2012

Restaurante El Vasco - Villarrubio (Cuenca).


Después de un fin de semana bastante completo en Madrid, nos dirigimos de vuelta a casa. Por distintas circunstancias que no vienen al caso, tenemos que parar a comer en la carretera y que mejor lugar para comer un buen plato de cuchara que el Restaurante El Vasco de Villarrubio en Cuenca. Tanto por calidad como por hora.
Se trata de una vieja Casa de Postas que viene funcionando desde la década de los cuarenta y al que no hace mucho, en la revista Magazine del periódico El Mundo, en un artículo sobre restaurantes de carretera, lo situaba como uno de los mejores de la nacional III para hacer una parada. Saliendo de Madrid, llamamos para reservar, pues temíamos que al ser domingo y vuelta de un puente, no hubiese sitio para un grupo numeroso. Nos dijeron que sin problema, por lo que nos despreocupamos. Al llegar, a la hora acordada nos enviaron a uno de los salones de paredes empapeladas con motivos campestres y madera vista, donde un ocupado camarero nos acompañó a la mesa que nos habían asignado y nos dijo que enseguida estaría con nosotros. Por desgracia esa iba a ser la frase de la comida. 
Hasta ahí todo normal, pasados unos minutos, más de los deseados, nos trajo las cartas o mejor dicho, dejó las cartas sobre la mesa y se fue de nuevo sin tomar nota de las bebidas. Seguían pasando los minutos, aun no era para empezar a preocuparse, pero el tiempo iba pasando y no nos habían traído ni un vaso de agua. El descontento empezaba a aflorar, sobre todo porque tampoco parecía que nos fueran a atender en breve. - La frase enseguida estoy con vosotros había perdido todo su significado.-
Después de demostrar con creces nuestra paciencia, conseguimos que tomaran nota de las bebidas. Esto no quiere decir que nos las fueran a traer enseguida, pero algo es algo. Los solidos tendrían que esperar un poco más. El descontento seguía creciendo y era generalizado. Extrañamente a todos nos dio por tomarlo con sarcasmo entendiendo la difícil situación del camarero que a pesar de no dar a basto, no paraba de entrar y salir de la cocina con platos. Estaba claro que la culpa  de la situación estaba en una mala planificación. Los cubiertos, los dejó sobre la mesa y fuimos nosotros quienes nos los repartimos. Lo curioso y a la vez preocupante era que a todo viajero que paraba a pedir mesa para yantar se le atendía con la frase: "¡Enseguida estoy con ustedes!". - Imagino que días después, estos pobres infelices aún permanecerán en El Vasco esperando que les sirvan un plato de alubias. -
Creo que ya he dejado claro que el servicio fue paupérrimo pues más que servirnos, nos echaron la comida. Así que dejando este tema momentaneamente apartado voy a cambiar lo servido por lo comido. Y como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena. Y tengo que reconocer que aunque muy tarde, estaba todo bastante rico.
Empezamos pidiendo solamente un par de entrantes, una ensalada y un plato típico de la zona. La idea era probar los platos de cuchara. La ensalada no tenía mucha historia. Bueno, lo más destacado fue lo que tardaron en traer la vinagreras. -¡Para la sal ya me levanto yo y la busco!-. El plato típico que pedimos fue una tapa de Morteruelo, un tradicional plato de pastores que consiste en un majado en el mortero de hígado de cerdo junto a otras carnes de caza y especias. Un plato bastante contundente, por lo que con una tapa tendríamos suficiente. Este quizás estaba un poco aceitoso, pero bueno. En los guisos nadie se puso de acuerdo,ni nosotros al pedir, que pedimos un par de sopas castellanas, sopas de cocido, judías estofadas con perdiz y alubias rojas vascas con sus sacramentos, ni ellos a la hora de traer los platos. Cuando ya hacía tiempo que habían empezado a tomar las sopas, por miedo a que se enfriasen, nos trajeron las alubias y un poco después las judías. Un verdadero desajuste en el servicio. Tanto las judías como las alubias eran una delicia. Las judías, muy mantecosas, se desacían en la boca. Merece la pena parar en el viaje, o incluso hacer unos cuantos kilómetros para darse un pequeño homenaje, eso si, cargados con bastante paciencia. Para terminar, un entrecot al centro, de una calidad dificil de superar, pero un poco subido de precio para los tiempos que corren. La bebida fue de abstemio por razones obvias. Con tan contundente comida, no estaba la cosa para tomar los mismos derroteros en los caseros postres. Pedimos la cuajada. - ¡Craso error!- Esta vez no tardo mucho en traer el postre. El raudo camarero lo dejó sobre la mesa para que nos disputáramos su pertenencia. Las cucharas las tuve que buscar por la sala y la miel la estaban fabricando las abejas de La Granja San Francisco. Al final entre los comensales de la sala nos pasamos unos a otros los tarros de miel para ganar tiempo y dejar que el casi sudoroso camarero pudiera seguir malsirviendo las mesas.
Un café bien cargado para seguir con nuestro viaje y la cuenta que aún nos queda un largo camino. Misteriosamente para la cuenta no tardaron tanto como para servir las mesas. Ya estabamos preparados para hacer un gasto adicional, pero teniendo en cuenta que pedimos platos supuestamente económicos como son los de cuchara, dos de ellos de menú, no pedimos vino y solamente un plato principal al centro, el precio me pareció disparatado. Aunque ya sabíamos donde nos metíamos cuando llamamos a reservar. Creo que volveré al Vasco, pero tendrá que pasar mucho tiempo hasta que se me olvide el lamentable servicio que padecimos este día. Llegábamos con la idea de que era un restaurante considerado uno de los mejores de la Nacional III y salimos con la sensación que desde hace años cuidan mucho su cocina y la calidad de sus productos, pero el servicio tiene muchísimas carencias. De todo, me quedo con las alubias con sus sacramentos. En el otro salón, tienen un pequeño expositor donde venden sus guisos. En un principio pensé hacer acopio de provisiones. Rápidamente cambié de idea y opté por hacermelas yo mismo, cosa que hice unos días después.
El restaurante el Vasco esta en la calle Norte número 7 de Villarrubio, en Cuenca. Para los que vamos de paso por la autovía, tomaremos la salida 93 si venimos de Madrid como fue nuestro caso, o la 95 si nos dirigimos hacia allí y el teléfono si para reservar 969135370.



jueves, 18 de octubre de 2012

Cervecería De Bassus - Murcia.


Hace relativamente poco, apenas unos meses han abierto en Murcia un restaurante alemán, el "famoso" alemán de La Zenia. Este run run ha ido de boca en boca hasta que una lluviosa tarde de septiembre en la que no acabábamos de decidir si salir a dar una vuelta o quedarnos en casa. Terminamos saliendo y llegamos a la Plaza de Santo Domingo donde lo tuvimos fácil. Optamos, tras hacer una pequeña cata de helados de Llaollao, por De Bassus, esta cervecería alemana de salchichas kilométricas, codillos y producción propia de cerveza.
Supongo que salir a cenar a sitios que sabes que te va a salir barato hace que de manera inconsciente bajes la guardia de la exigencia y con poco que nos den, salgamos la mar de contento. Así que ya de antemano digo que me gustó la cena en De Bassus.
Como no estábamos seguros si la noche iba a refrescar, y a pesar de no tener mesa dentro, nos acomodamos en un par de las mesas altas de la entrada y mientras dábamos buena cuenta de nuestra cerveza casera de trigo, unas brillantes y gigantescas Weizen, decidíamos que íbamos a pedir. Según anuncian, esta cerveza es la única de Baviera con un alto nivel de levadura y malta de trigo.
Ser un Restaurante alemán no quiere decir que solamente vayan a tener salchichas, codillo y otros tipos de carnes. Tienen cremas, sopas, ensaladas, quesos y cosas típicas alemanas. Pero nosotros fuimos a comer carne y de ahí no nos sacaron.
Como ya habíamos ido antes al restaurante que tienen en La Zenia, nuestra comanda fue bastante parecida a la que allí hicimos. Fue una oda al colesterol que no se debe realizar muy a menudo.Empezamos con un par de salchichas Weisswürte, eso sí cocidas al estilo Munich, servidas con pretzel y una mostaza dulce alemana bastante rica. Después ya pedimos un par de sus afamadas salchichas de metro sobre unas baguettes untadas con una salsa de mostaza. Pedimos un metro de Nürenberg y para los más valientes otro metro de Feuerteufel. Esta es como nuestra longaniza pero bastante picante, lo que hacía que la cerveza corríera gaznate abajo que daba gusto.
Como era un día en el que el ánimo estaba apático, la comida no nos sacó de esta dinámica y nos contentamos con esto. Pero en otras ocasiones he tenido la oportunidad de probar sus Wiener Würste acompañadas de una ensalada de patata que merece la pena probar o el codillo de cerdo también muy rico.
Llegando a los postres, había en un expositor unas tartas que tenían mejor pinta que sabor, aunque no probamos todos, el que pedimos nos decepcionó bastante. También he probado su "Panqueque Imperial" y el "Apfesstrudel" y tengo que decir que los postres alemanes, al menos estos, no son para mi. De todo, me quedo con las Würstes, su ensalada de patata y la mostaza dulce.
Solamente nos faltaba pedir los cafés y la cuenta, que no fue nada cara. Más bien barata, aunque tenemos que tener en cuenta que solamente tomamos unas salchichas con cerveza y poca cantidad de todo. Lógicamente a este tipo de restaurantes no le vamos a exigir lo mismo que a los que nos cobran un servicio, y no barato, solamente por sentarnos.
La cervecería De Bassus de Murcia esta en la Plaza de Santo Domingo número 16.


jueves, 27 de septiembre de 2012

Croquetas de Espinacas.


Ha terminado el verano, y con él, el desenfreno gastronómico. Septiembre suele venir con la sensatez y aunque sea por pocos días, buenos propósitos. Apuntarnos a un gimnasio donde vamos a quitarnos todos los kilos que hemos cogido y encima moldear nuestra figura. Apuntarnos a algún curso de esa espinita que tenemos clavada y nos queremos sacar, como tocar la guitarra, o aprender a hablar y escribir alemán, chino, árabe o sánscrito. Y como no, a comer sano. Olvidadas ya las cervezas del aperitivo, cambiamos las grasas del chiringuito por comida verde, sana y saludable.
Yo como todo hijo de vecino, ya he hecho alguna de estas cosas, empezando por la de comer o intentar hacerlo de una manera más sana y equilibrada. Y para hacerlo, no necesariamente tenemos que hacerlo sufriendo. Si nos pasamos los días a base de verduras cocidas sin aliñar y leche de soja, estoy convencido de que se nos agriaría hasta el carácter. Así que he empezado a hacer una serie de platos donde predomina el uso de las verduras y hortalizas para reducir los malos hábitos y de paso enmascaras la verdura para los más pequeños de la casa. Una serie que lo mismo se puede quedar en una monografía, pero la intención es lo que cuenta.

Los Ingredientes.

300 gr. de espinacas crudas (he usado congeladas).
150 gr. de cebolla.
60 gr. de harina de trigo.
2 dientes de ajo.
60 gr. de piñones.
400 cc. de leche.
Sal, nuez moscada, pimienta.
2 huevos y pan rallado para rebozar la masa.

La Faena.

Mientras que en una sartén sofreímos la cebolla bien cortada y el ajo hasta conseguir que quede transparente, en un cazo hervimos en poca agua y durante unos 5 minutos las espinacas previamente cortadas. Yo he utilizado un paquete de espinacas congeladas que también vale. Enseguida sacamos, escurrimos y apartamos hasta que este hecha la cebolla que necesita más tiempo.
Cuando la cebolla ha tomado el color deseado, añadimos las espinacas, mezclamos y en unos minutos añadimos los piñones. A continuación echamos el harina y movemos hasta que quede todo bien mezclado. Ya solamente queda disolver el harina en la leche que vamos vertiendo poco a poco sin dejar de mover, especiar con pimienta y nuez moscada al gusto y corregir de sal. La proporción harina - leche para la bechamel viene a ser dos cucharadas soperas de harina por cada 250 ml.
Vertemos la masa en una fuente y dejamos enfriar antes de empezar a crear las croquetas.
Pasado un tiempo prudencial vamos a preparar las croquetas. Y en esto de hacer las croquetas viene a ser algo parecido a lo que es pedir un café. No hay dos personas que lo pidan igual. Hay a quien le gustan las croquetas pequeñas y crujientes, hay a quien le gustan gordas. Muy hechas, a medio hacer.... Pues bien cogemos dos cucharas del tamaño que vayamos a hacer las croquetas y procedemos a formar las croquetas. Las bañamos en un huevo batido primero y en pan rallado a continuación. Ya tenemos las croquetas listas para freír en abundante aceite, guardar en la nevera o congelar. 
Por cierto, aún no se decir buen provecho en sánscrito.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Lorettas. Cupcakes & Cookies.

Llega septiembre, dejamos la playa y volvemos a Murcia. Y el primer evento que tenemos es la celebración del cumpleaños de la mayor de la casa. Ocho años ya. No es algo fácil ya que parece que es mayor para ir a un parque de bolas, pero no lo suficiente como para dejar de buscarle algo que le pueda sorprender. Creo acertar al decir que al final, conseguimos sorprenderla con una propuesta original llevada a cabo por Lorettas C&C., una tienda-taller que se dedica a la realización de tartas, cupcakes y galletas decoradas. La propuesta es un taller de cocina para niños, donde estuvieron preparando durante dos horas unas galletas de lo más original.
Llegaron a las 6 de la tarde, nuestra homenajeada con sus amigas. Eva y Gemma, las responsables de Lorettas tenían ya todo preparado. Las recibieron y vistieron de cocineras profesionales con su delantal y su gorro floreado. Con este simple detalle se habían ganado a una clientela ya de por si encantada con la idea de crear sus propias galletas. Solamente quedaba ponerse manos a la masa.
En la mesa de operaciones tenían preparados todos los utensilios que iban a necesitar. Moldes, cortantes con expulsores, estekas, rodillos... Por cuestion de tiempo, la masa de las galletas ya estaba preparada. Durante las dos horas que duró el taller, tuvieron tiempo de modelar las galletas, cocerlas, decorarlas con fondant, merendar y que la cumpleañera soplara velas. Al final, tras la sesión de fotos, les hicieron un paquete con sus preparaciones y muy orgullosas de sus creaciones las llevaron a casa para que todos pudieramos dar buena cuenta de ellas. Se de buena tinta que alguna niña se ha negado a acabar con sus galletas.
Este tipo de talleres, no solamente sirven para que los niños disfruten. Además les estimula la creatividad y despierta el interes por la cocina. Como decía antes, la decisión de celebrar el cumpleaños fue un delicioso acierto.
Lorettas esta en la calle San Patricio número 10 de Murcia. No solamente hacen celebraciones de fiestas infantiles, sino que también hacen y venden cupcakes,  galletas decoradas y tartas fondant. Y realizan talleres para aprender a hacer todas estas cosas. Su teléfono de contacto es el 968 21 24 52.
Solamente me queda decir. ¡Muchas gracias por todo!


martes, 28 de agosto de 2012

Collados Beach Vs Collados Low Cost.


 

Ir a La Manga del Mar Menor y comer mal, es casi tan fácil como ir y comer bien. Hay que saber donde se puede meter uno y donde no. Lo que quizás sea más difícil sea comer bien y barato, sobre todo en los meses estivales. Pero esta es una zona turística y los hosteleros han de sacar, cual hormiguitas, beneficios para el crudo invierno. La historia de hoy es la de un restaurante, del que ya hablamos el año pasado, donde se come bien, pero no siempre se sale con buenas sensaciones. Este año hemos ido dos veces y las experiencias han sido muy distintas. La primera vez fuimos con alguien que conocía al dueño y como no, aquí nos dieron las palmaditas en la espalda que tanto nos gustan y que tan caras nos salen. La segunda con un cupón, esta vez de Oferplán, donde ni hubo palmaditas ni nada que se le pareciera.
Sobre el restaurante en cuestión ya hable de él el año pasado. Situado al final de La Manga, Los Collados Beach, es un chalet futurista orientado al Mediterráneo y transformado en Restaurante Lounge Bar. Muy bonito y completamente diferente a los chiringuitos playeros que tanto abundan por la zona. Sobre la comida, hay poco que decir. Sería una ofensa imperdonable que la comida fuera mala en un sitio así. Pero a este tipo de locales les pedimos algo más, cosa que ellos también nos hacen a nosotros en un legítimo “Quid pro Quo”. El problema creo que viene cuando ese alto precio por el servicio prestado no cumple con nuestras expectativas ni de cerca.
La entrada del año pasado fue una comparativa entre Los Collados Beach y El Rincón de Joaquín de San Cayetano. Esta va a ser un Collados versus Collados “Low Cost”, y es que fueron muchas y muy notables las diferencias ya desde el minuto cero del partido. La primera y lógica fue la situación de la mesa. Poderoso caballero es Don Dinero, y allí se llama terraza. Mientras que los económicos van al desangelado y no muy refrigerado salón frente a la cocina, los pudientes cenaban en una terraza, a la luz de las velas frente al Mediterráneo. Tras nosotros había, en el salón, una mesa tan numerosa como la nuestra que me imagino que irían con estos económicos bonos o algo malo hicieron en su última visita al restaurante. Pero no todo iba a ser distinto, el sistema era igual. El cupón era un menú degustación donde tras un ligero aperitivo, ellos eligen los cuatro entrantes cuyos nombres son más extensos que el propio plato. Después, nos dan a elegir entre una carne o un pescado. Por último pre-postre, postre y para finalizar café y copa quien quiera.
En ninguno de los casos, el aperitivo de la casa no fue digno de recordar. Un Bloody Mary y una brocheta de queso con tomate. Aunque el segundo día no fue mejor, un ajo blanco y una aceituna gigante rellena de espuma de anchoa y coronada por un puré de oliva negra. ¡Pan con pan! Eso sí, servidas en raciones individuales, sobre una cucharita de loza muy a la moda. Tras el aperitivo venían los entrantes. La diferencia era notable aunque en ambos casos no esta muy ajustado el precio a la materia prima empleada. En el primero de los menús nos dieron un delicioso gazpacho de cerezas acompañado por unos mini taquitos de pimientos multicolores y un solitario langostino. A continuación unos nísperos, tres mitades, coronados por una espuma de foie y una gelatina de Amaretto, que lo mismo podía ser entrante que postre. No sabría decir si el tercero de los entrantes fue el que más me gustó, pero lo que si se es que estaba delicioso, y fue un huevo cocido a baja temperatura acompañado de setas y pasta Kataifi. Todos estos entrantes vinieron acompañados de un blanco Albariño, Valtea. Para finalizar una espuma de foie e higos.
Como el menú era con maridaje, para este último entrante nos trajeron un vino espumoso dulce italiano, un Moscato llamado Toso. Esto del maridaje es una idea excepcional si se hace bien, pues te permite probar varios vinos y combinarlos con los distintos platos. Pero también requiere la atención continua del camarero para rellenar las copas vacías, cosa que no se hizo en ninguna de las cenas por lo que fue un quiero y no puedo muy beneficioso para la economía de la casa.
En el menú low cost nos dieron otros entrantes. -¿Para que cocinar un huevo a baja temperatura si pueden hacerte un huevo revuelto? Cosa que me extrañó que en un local tan exclusivo como este hicieran tan castizo plato. Eso sí, venía con una rodaja de plátano macho frito. Y es que hay revueltos y revueltos. El primero de los entrantes fue tres rodajas de tomate Raff con ventresca y cebolla aliñado con un aceite de albahaca. -¡Decepción! En casa lo hago mejor.- Para el maridaje trajeron, al igual que la otra vez, un albariño. Pero aquí ni enseñaron la etiqueta ni dijeron de que vino se trataba. Lo que me hace sospechar que la calidad no sería la misma. El segundo fue un hojaldre de La Cocinera, o similar, sobre una compota de manzana, untado con una compota de tomate y coronado por una anchoa y dos boquerones en vinagre. El tercero de los entrantes fueron unas vieiras y el cuarto los desentonantes, que no malos huevos revueltos.
En los principales también había las diferencias que marcaba el precio. Los ricos pedimos un principal entre cuatro, al menos que recuerde. Yo pedí un magnifico bacalao con pedigrí sobre una salsa de alcachofa que me pareció que encubría demasiado el sabor del bacalao. Otras opciones eran entrecot o solomillos Los pobres solamente pedíamos o bacalao, sin pedigrí alguno o al menos no nos informaron del noble linaje. La otra opción era un solomillo del que la, demasiado mandona, camarera que nos trataba de tú y de esta, solamente nos dejo pedirlo o al punto o pasado. No estaba por la labor de aceptar solicitudes de esnob. La carne era o al punto o muy hecha.- ¡Si no, me volvéis loco al cocinero! Lo que no me atreví a decir fue – ¡Eso no me lo dices en la terraza! Claro que en la terraza atiende el elegante maître mientras que en el salón nos atendía ella. ¡Ver para creer! Aquí pedí carne. Tierna, casi se podía partir con el tenedor. Venían dos pequeños medallones acompañados por un puré de patata especiado con unos ajos asados al romero, un puré de zanahoria y una mahonesa de mostaza. El maridaje fue un Ramón Bilbao Selección especial contra un Roa Crianza.
Pero lo que realmente me desilusionó fueron los postres. Una de las cosas que los golosos más apreciamos de Los Collados, es su idea de pre-postre y postre. Pero este verano, a pesar de seguir con esa tradición y que el pre-postre, que fue el mismo en las dos cenas. Unas fresas estofadas en vainilla y bourbon que eran para repetir. Pero los postres no fueron lo mejor como antaño, es más, el primer día nos dieron un arroz con leche al azafrán con una confitura de naranja, que no había quien se lo comiera. Los cinco comensales coincidimos en su devolución. Cosa que envalentonó a los de la mesa de al lado, pues hicieron lo mismo. Esto fue subsanado muy dignamente por el maître quien no dudo en ofrecernos una alternativa. Un borracho de naranja acompañado de helado de chocolate negro, una espuma de chocolate blanco con no se cuantas miles de cosas que lo único que hicieron es que fuera un borracho sofisticado, pero borracho. Lo que si es cierto, es que este si lo pudimos comer.Los postres venían maridados con un dulzñon PX que a mí me supo a gloria.
Ya solo quedaban los cafés que no cubría el cupón. Y a pesar de que la cafetera no hace distinciones, el servicio las seguía haciendo. En la primera visita tras los cafés, -¡Asiático, of course! -trajeron una tableta de chocolate con almendras que trocearon ceremoniosamente frente a nosotros y nos dieron la posibilidad de tomar una copa. Yo tome un #vodtonik. En menú low cost trajo la desaparición de los camareros del salón tras los postres, y nuestra desesperación. Un camarero muy jovial en nuestra primera visita, cuando le solicitamos cafés nos respondió que se lo dijéramos a su compañera y desapareció por la puerta de la cocina. Cuando por fin conseguimos nuestros café, esta vez si pudimos pedir lo que quisimos y tengo que reconocer que para esto de los cafés somos gente muy rara. Volvieron los camareros, pero no para servirnos, sino para dejar montadas las mesas de la comida del día siguiente. Una invitación en toda regla a que desalojáramos la sala y nos fuéramos por donde habíamos venido. O a su terraza donde allí no había cuponcito que valiera. Nada de tomar la copa en la mesa. Así que, la cuenta y a ver que hacemos.
La conclusión a la que llego después de estas dos experiencias es clara. Nadie da duros a cuatro pesetas, pero aquí cobran hasta por ser educados. Quizás no fue buena idea ir antes pagando, o no lo fue ir con Oferplán, ya que nos hicieron sentir clientes de segunda a pesar de pagar por los cupones mucho más de lo que cuesta cualquier otro restaurante de la zona a la carta. Los cupones no nos los regaló nadie. En cualquier caso, valorando las dos experiencias y no habiendo comido mal en ninguna de las dos ocasiones. Considero un autentico disparate el precio de su menú y una falta de educación el trato recibido en nuestra segunda visita. Los clientes no tienen culpa alguna de que no les guste la idea de los cupones, solamente nos aprovechamos de una oferta que ellos lanzaron al mercado.
Los Collados Beach siguen estando en el Polígono de la Veneciola B de la Manga del Mar Menor, en la zona norte. Y su teléfono de contacto es 968 14 73 50. Y a los que hayáis llegado hasta aquí, al igual que hice el año pasado, os pido disculpas por tan extensa entrada. Intentaré que no se vuelva a repetir.

domingo, 19 de agosto de 2012

Restaurante Vintage - San Javier (Murcia)

 

Estoy completamente convencido de que cuando las cosas se hacen sin un plan previo, de improviso, salen mucho mejor que cuando se preparan de antemano. Entonces, ¿Por qué nos empeñamos en organizarlo todo al milímetro? Supongo que será porque en un muy alto porcentaje de ocasiones, también salen mucho peor que cuando se organiza. Y en esto de los restaurantes nos podemos encontrar simplemente que no encontramos mesa o tenemos que esperar mucho tiempo.
Esta es la entrada de una noche improvisada. Una noche de viernes en la que habíamos decidido quedarnos en casa y una serie de circunstancias hicieron que nos encontráramos en la puerta del Restaurante Vintage de San Javier a las diez de la noche, debatiendo si entrabamos a cenar, o no.


Al final entramos en el solitario restaurante-tienda, decorado con estanterías repletas de vinos y licores, de mesas blancas inmaculadas. Solamente había una mesa ocupada en el moderno, amplio e iluminado salón. Esto suele crear una situación de incertidumbre a la hora de elegir mesa. Hemos de buscar en ese desierto de mesas, una que se ajuste a nuestro número de comensales y no esté demasiado cerca de la otra mesa, no vayan a sentir privada su intimidad. Todo esto ante la atenta mirada del desocupado bar-man, lo que mete más presión al asunto. Cuesta menos tomar la decisión cuando las opciones son menores o no tenemos la sensación que estudian cada uno de nuestros movimientos. Pues bien, estábamos ya casi decididos cuando la camarera complicó más la cosa al darnos la posibilidad de cenar en la terraza que da a un inutilizado campo de prácticas de golf junto a una pequeña fuente cuya cascada, junto al hilo musical donde una voz femenina reinterpretaba los éxitos de la música internacional de los últimos cuarenta años creaban un ambiente idílico. A pesar de que la noche era calurosa, la terraza era más acogedora que el interior.
Enseguida tomaron nota de las bebidas, dejaron la carta y el pan. Con el pan dejaron un platito con aceite de oliva y unos cuencos con tres distintos tipos de sales, Maldom, Negra y Rosa. La carta era creativa y con la variedad suficiente para hacernos dudar entre varios platos. Aunque ofrecían una alternativa muy tentadora que es el menú selección donde por 25 euros podemos elegir tres entrantes, un principal, postre, bebida y café. No lo tuvimos que pensar mucho, solamente que entrantes y que principal pedir. También había letra chica, y era que tres principales encarecían el menú diez euros. Aunque no fue el caso ya que no eran los que habíamos pensado pedir.
De la oferta de siete entrantes que ofertaban, teníamos que pedir tres. Así que pedimos una de las tres ensaladas. Ahí no fuimos muy valientes, pues ante la posibilidad de tomar una ensalada de manzana caramelizada con sardinas ahumadas y vinagreta de membrillo pedimos una ensalada Cesar. Cosa de la que no nos arrepentimos. El segundo entrante y quizás el mejor, fue unos tallarines de sepia con unos ajetes sobre un salmorejo. Estaba muy rico, aunque el concepto o la diferencia de salmorejo y gazpacho no lo dominan muy bien. El último entrante era un revuelto de morcilla coronado por una capa de jamón. ¡Contundente! – Fue la expresión del maître. Dentro del menú estaban incluidas las bebidas. Yo acompañé toda la cena con un vino blanco, Tardevienes de Rueda. La noche era calurosa y no apetecía nada un Rioja, donde la opción era un, para mí desconocido, Navarrsotillo.
Ahora un principal. Teníamos opción a elegir uno entre siete principales. Pero tres de ellos, encarecían el menú. Mi elección fue un mero hojaldrado relleno de gambas bañado por una salsa de marisco. Una versión de la lubina al hojaldre del Restaurante Acuario de Murcia. Un hojaldre industrial envolvía una pequeña porción de mero supuestamente acompañado por gambas y queso. ¡Extraña mezcla!. Digo supuestamente porque apenas si se notaban. El hojaldre lo traían bañado por una salsa de marisco que si bien es cierto mejoraba la ingesta del hojaldre, lo reblandecía mucho. La alternativa de Acuario, que creo más acertada, es poner el hojaldre sobre una salsa de nécoras, con lo que no se reblandece la masa. También tuve la oportunidad de probar el secreto de ibérico a la parrilla, de la que no tengo nada importante que decir. Otra alternativa al secreto, hubiese sido una brocheta de solomillo de ibérico con salsa de queso. Pero esto lo dejaremos para otra ocasión. Pues la experiencia fue tan buena, que seguro que hay una segunda visita.
La cena iba bastante bien, pero como en las buena novelas flojeó en el nudo, para terminar con un apoteósico desenlace. Las opciones que daban en los postres eran cinco. Yo dude entre un semifrío de turrón bañado por una salsa de chocolate caliente o una espuma de café asiático. ¡Blanco y en botella! Este ha sido, sin duda, el postre del verano. No llegan a mis falanges palabras para expresar lo mucho que me gustó este postre. ¡Muy recomendable! Si aquí dieramos premios a los platos que más nos han gustado, este, seguro, tendría un galardón, Además probé una tarta de queso diferente. Servida en una copa de cóctel, más que tarta, diríase crema, que también estaba deliciosa. Los postres fueron el colofón perfecto para la velada. Dentro del menú también había café, pero con el asiático había sido suficiente. Así que pedimos la nota que apenas excedió de los 25 euros por cabeza del menú y con las mismas seguimos nuestro camino conn un grato sabor de boca.
El Restaurante Vintage está en la avenida de la Unión número 62 de San Javier y el teléfono pera reservar es el 968 193301.