jueves, 19 de abril de 2012

Un premio. El premio. Mi premio.



Como comenté en una entrada anterior, una enfermera en la cocina me ha galardonado con un premio, mi primer premio, y único. Cuando me lo concedió me sentía contento y orgulloso. Sabía que me lo merecía. Tenía desde hace meses el discurso preparado para esta ocasión, pero ahora leo la letra chica del contrato, estipula que además de ser el premiado, me convierte en jurado del mismo para elegir a cinco blog que como el mio, lo lean cuatro gatos.- ¡Osea, vosotros!- Y tras una larga deliberación entre los millones de blogs de los que soy seguidor, comienzo a decir aquello de: "And the winners are....:

  • Un cafelico y vuelvo que con su irreverencia y frescura hace que me parta la caja. También porque me ha hecho el nuevo logotipo a coste cero.
  • Chupa la gamba con quien coincido en gustos e intereses.
  • Lorettas Cupcakes & Cookies por lo espectacular, lo difícil y lo bueno de sus creaciones.
  • La revista Gastrónomo que nos informa de lo que pasa, ha pasado y va a pasar, gastronómicamente hablando.
  • El perro de Pavlov  porque hace lo mismo que yo, y como lo que yo hago me gusta, pues lo suyo también me gusta.
Por cierto, si sois de los premiados, como yo lo fui, hay unas normas que se deberían cumplir. ¡Allá vosotros!. Si no las cumplís, la maldición del bloguero novato caerá sobre vosotros y vuestro blog. Y son estas:
  • Copiar y pegar el premio en el blog enlazándolo con el blogger que te lo ha otorgado.
  • Premiar a tus 5 blogs favoritos con la condición de que tengan menos de 200 seguidores y dejarles un comentario para notificarles que han ganado el premio (difícil tarea, no creáis.)
  • Confiar en que ellos continúen la cadena premiando a su vez a sus 5 blogs preferidos... claro que lo harán!!!
  • Para terminar, únete al blog, síguelo, y compártelo para que la gente nos conozca a todos. 

Pues nada, yo creo que ya he cumplido el 75%, ahora a notificar y mi conciencia queeda limpia, que hace dias que lo tengo y aun no lo había hecho.




domingo, 15 de abril de 2012

U Fleku - Praga.


Estando en Praga de turismo, hay ciertos restaurantes que se deberían visitar. No hacerlo, sería como ir a Madrid y no tomar un cocido. Es dejarse algo de Madrid sin ver. O ir a Segovia y volver sin haber probado el cochinillo, sea donde sea. Nos deja una espina que hay que sacar. Pues bien, ir a Praga y no ir a alguna de las cervecerías típicas, no sería no ir a Praga, pero a la vuelta nos quedaría una sensación de viaje hasta cierto punto incompleto.
De todas estas cervecerías, si hay una que todo el mundo aconseja ir, esa es U Fleku, quizá la más famosa de toda Praga. Una cervecería restaurante con más de 500 años donde podemos disfrutar de las afamadas cervezas checas hechas por ellos mismos. Su actividad se remonta a 1499. Pero donde también tenemos que saber que somos turistas, y como tal nos van a tratar. No es el bar donde los pragueses van a tomar una cerveza después de trabajar. Allí, los pocos nativos que hay, van para acompañar a algún amigo que va de turismo. Para más inri, no solamente íbamos de turistas, sino que el grupo era de turistas de tercera. Esos que ya vienen con la comida pagada, salvo bebidas. Y ahí es donde nos iban a esperar.
Llegar a U Fleku no tiene pérdida, en la puerta hay un gran reloj que nos marca el punto exacto. Entramos y - Nos han debido ver algo extraño, pues si hay muchos salones con gran jolgorio, a nosotros nos ubican en uno vacío. A cada salón, les llaman “Akademie” (academia), así, el nuestro fue el “Rytířský sál” (salón de los caballeros). Tiene como curiosidad, que en sus puertas quedan inmortalizados los nombres de los maestros cerveceros desde su apertura hasta 1883. Nada más tomar asiento, el camarero viene y empieza a servir sobre nuestros manteles individuales de papel, cerveza negra, flek 13 de fabricación casera hecha a partir de malta, lúpulo y cebada, a cada uno de los comensales, sin distinguir entre mayores y menores de edad, y lo hace de una forma en la que da la sensación que es detalle de la casa. -Nada más lejos de la realidad. Llama la atención en un primer momento ver a la gente fumar dentro del salón. Aquí no ha llegado la ley anti-tabaco. Advertimos al camarero de la presencia de menores y éste, un poco contrariado y no de muy buenas maneras procede a retirar la cerveza y un poco ofendido, nos advierte de los precios de las bebidas, cosa que no entiendo bien, pues luego intentaron cobrar lo que les vino en gana. Que era más del precio que nos había dicho.
Tras las bebidas, vino la comida. Unos entremeses que no merecían ni gastar una sola kb en fotografiarlos. Junto a los camareros que traían el primer plato, hicieron su aparición en la sala, los músicos. Un par de pintorescos músicos vestidos con trajes tradicionales bohemios que sospechábamos que venían a amenizar, y entretener a los comensales, pero que tras tocar un par de acordes, tomaron asiento y de ahí no se movieron en toda la velada. - Deberían ser fieles seguidores de Baco encargados de amenizar con música la ingesta masiva de alcohol. Al no consumir el líquido elemento, la cerveza, no verían necesario aporrear sus instrumentos para nosotros. O quizá, debíamos tener pinta de ser de los que no gastan en propinas, aunque con esa disposición, no les quepa duda de que no. 
Tras el plato de lechuga, con unas lonchas de jamón de Praga cocido, un pepino y un trozo de lo que pensábamos que era queso y resultó ser mantequilla, trajeron uno de los platos nacionales de la cocina Bohemia, carne de cerdo asada con chucrut (vepřová pečeně s knedlíky a se zelím, vepřo-knedlo-zelo, para los amigos). Que si bien es cierto que estaba bueno, no deja de ser cerdo asado. Siempre acompañado de unas bolas de masa de harina hervida que lo utilizan a modo de pan, las knedliky. Sin más historias y deseando que nos fuéramos de allí, trajeron el postre. Un pastel de manzana y pasas (jablecný závin) o Apple Strudel uno de los más típicos postres checos. Un rollo relleno de manzanas y pasas servido caliente y acompañado de nata montada. 
Ya solo quedaba pagar, pues aunque he leído en muchos blogs que suelen ofrecer chupitos de Bechrerovka, una especie de licor de hierbas amargo, de alta graduación y más alto precio. A nosotros no nos ofrecieron. La próxima vez viajaremos con mejores pintas. Pues bien, en la curiosa cuenta, fruto de la recuenta de palitos que iban escribiendo en un papel en las mesas conforme servían, cuando nos habían advertido que el precio de las bebidas era de 39 Kc, la inflación nocturna hizo que las cobraran a 40. Cantidad insignificante si no fuera porque íbamos un grupo bastante numeroso.
Está claro que se debe ir a U Fleku o a otras similares que también las hay, con la intención de beber una buena cerveza y pasar un buen rato, animados, si están a bien, por los músicos locales. Eso sí, trayendo el estomago lleno. La dirección de U Fleku es Křemencova 11, en Nove Mesto, Praga y con una capacidad para 1200 personas, no creo que haya problemas de reservas. 

 

domingo, 8 de abril de 2012

Restaurante El Churra - Murcia.

En este casi mes sin actualizar el blog me he dado cuenta de varias cosas. La primera es que ni mi propia madre me sigue. Aunque como siempre viene una de cal con una de arena o una de arena con una de cal,  también me he dado cuenta que no soy el único que lee esto que escribo. Aunque no seamos miles, ni cientos y quizás ni decenas, la calidad de los lectores es insuperable. - ¡Lo siento mamá! También quería darle las gracias a Una enfermera en la Cocina, porque después de más de año en esto, he recibido un premio de su parte. El primer premio que recibo, a pesar de que cada comentario que me hacen en el blog lo considero también un reconocimiento, aunque este sea negativo. Tomarse la molestia en leer lo que escribo, lo valoro como tal y si encima pierden un segundo en escribir algo...
Sin enrollarme mucho en excusas, agradecimientos y auto-homenajes, empiezo a relatar la cena que hace una semana tuvimos en el Restaurante El Churra. Es uno de los restaurantes históricos de Murcia, de los que se dice de toda la vida. Mis primeros recuerdos de este establecimiento son de hace más de veinte años, cuando alguna noche íbamos a cenar en la barra unos montaditos de lomo, longanizas o zarangollo. Eran otros tiempos y como todos, el Churra ha cambiado mucho, y en líneas generales, para bien. Siguiendo con los antecedentes, ya que veinte años dan para mucho. Por motivos residenciales, he ido mucho a comer allí. Al ser también hotel, abre los 365 días del año y eso es muy cómodo. Con todo esto, no es uno de mis restaurantes favoritos, lo considero un poco caro y para la comida de toda la vida es maravilloso, pero no lo saques de ahí. Aún recuerdo un solomillo al PX que pedí, la salsa pegaba más en un flan que en mi filete.

Pues bien, hace unas semanas, compramos unos cupones de Oferplán, promovido por el diario La Verdad de Murcia. Con esto de las ofertas éramos y somos muy escépticos, pues habíamos comprado anteriormente unos cupones de Groupón y los señores del restaurante vegetariano Maná llevan casi un mes toreándonos. Que casualidad que siempre están llenos. Deben ser los únicos en Murcia. 
La oferta de Oferplán, consistía en un típico menú gastronómico murciano, sin bebidas, en el Restaurante el Churra a un precio de 19 euros. Cuando llamé para reservar, no pusieron ningún problema, a pesar de ser viernes noche. Repetí varias veces que era con cupones de Oferplán, por si la telefonista no lo había oído, y sin problema. Cuando llegamos, comprendí por qué. El salón estaba prácticamente vacío. Todo encaja, si dan un menú prácticamente a precio de coste, ¿donde están los beneficios? La idea es algo parecido a la oferta de tapa con cada cerveza. Lo que no sacan en la comida, lo sacan de la bebida, algo totalmente lícito y beneficioso para todos. Ellos obtienen clientes, pues es su negocio, y nosotros un ahorro del 50%, que en estos tiempos que corren es de agradecer.
Cuando nos sentamos, nos tomaron nota de las bebidas y empezaron a traer los primeros entrantes. El primero un tomate de Mazarrón relleno de bonito salado con vinagreta de frutos secos y ajos. No solo estaba bueno, sino que la presentación le daba el porte que no suele tener un plato de tomate con bonito. Venía coronado por una anchoa, lechugas varias y un tomate cherry. Comenzaba bien la noche.
El segundo era una alcachofa en salsa de vino blanco con piñones, o quizás al ser murciano deberían decir un alcancil en salsa, pero fuese como fuere, ningunos de nosotros dejó de probar el delicioso pan mojado en esa salsa de vino blanco. Quizás la presentación del plato quedó un poco pobre. Una mínima viruta de jamón acompañaba a al pobre piñón frente a una enhiesta alcachofa. Lo mejor, sin duda alguna, la salsa y el pan, al que habría que hacer un apartado especial.
Ya nos habían convencido. Muy flojos tenían que ser los restantes platos para que cambiara la idea de acierto que teníamos al adquirir estos cupones. No solo la comida era buena, sino que el servicio impecable, como siempre. Y no decepcionó el siguiente plato, un flan de morcilla de chato con salsa de setas. Para ser un poco puntilloso pregunto. ¿Por qué matizan en el tipo de cerdo que es y no en las setas? Creo que Murcia no es muy famosa por temas micológicos. De todas maneras, el pastel de morcilla con champiñones estaba a la altura de lo esperado.
Quedaban los principales, un pescado y una carne. Últimamente es muy socorrido el bacalao en los menús económicos, pero no se como justificarían este pescado en un plato murciano.- ¿Bacalao del Mar Menor? ¡No!- En  cambio, pusieron un lomo de mújol al limón. En una tierra que le echamos limón hasta a las patatas fritas, no puede faltar este cítrico. Y yo siendo murciano como el que más y gustándome el limón, no soy partidario de éste como aliño pues mata totalmente el sabor, en este caso del mújol. La carne, para terminar con los principales y habiendo puesto ya chato murciano, no podía ser otra cosa que cabrito segureño, envuelto en una hoja de brick y acompañado con una salsa de miel de romero con piñones. Junto a un buen vino de la tierra, un servicio impecable y un pan de escándalo, estaban consiguiendo que cambiara el concepto que últimamente tenía. Lo que nos había dado por 19 euros, más los postres, era una bicoca, aunque por 38, sería un poco excesivo.
Los postres, porque hubo dos, fueron un sorbete de frutas, que ya había probado y no me convenció. Y una tarta de queso de Jumilla con leche caramelizada, que a los golosos nos encantó tanto como a los menos golosones. Para terminar y aunque sea murciano del otro lado del puerto de la Cadena, un café asiático puso la guinda a una rica cena subvencionada al 50% por Oferplán. Solo eché en falta, aunque no se puede tener todo, unos paparajotes con helado de turrón. Pero como ya llegan las fiestas de primavera, en un periquete me quito el antojo. Digestivos y una copa para la sobremesa. Como la comida ya estaba pagada, la cuenta de lo bebido fue menos dolorosa que en otras ocasiones.
Para ir cerrando ya, que no es plan de aburrir y siguiendo la costumbre de informar de la ubicación, el Restaurante El Churra está en la calle Obispo Sancho Dávila número 13 de Murcia, su teléfono es el 968 27 15 22 y nos da la opción de comer en la zona de la barra, en la terraza, en los salones o en zonas más íntimas. Y para terminar, ahora de verdad, el premio se llama Liebster Blog y como no tengo una estantería digital donde ponerlo, aquí lo estampo.