domingo, 15 de abril de 2012

U Fleku - Praga.


Estando en Praga de turismo, hay ciertos restaurantes que se deberían visitar. No hacerlo, sería como ir a Madrid y no tomar un cocido. Es dejarse algo de Madrid sin ver. O ir a Segovia y volver sin haber probado el cochinillo, sea donde sea. Nos deja una espina que hay que sacar. Pues bien, ir a Praga y no ir a alguna de las cervecerías típicas, no sería no ir a Praga, pero a la vuelta nos quedaría una sensación de viaje hasta cierto punto incompleto.
De todas estas cervecerías, si hay una que todo el mundo aconseja ir, esa es U Fleku, quizá la más famosa de toda Praga. Una cervecería restaurante con más de 500 años donde podemos disfrutar de las afamadas cervezas checas hechas por ellos mismos. Su actividad se remonta a 1499. Pero donde también tenemos que saber que somos turistas, y como tal nos van a tratar. No es el bar donde los pragueses van a tomar una cerveza después de trabajar. Allí, los pocos nativos que hay, van para acompañar a algún amigo que va de turismo. Para más inri, no solamente íbamos de turistas, sino que el grupo era de turistas de tercera. Esos que ya vienen con la comida pagada, salvo bebidas. Y ahí es donde nos iban a esperar.
Llegar a U Fleku no tiene pérdida, en la puerta hay un gran reloj que nos marca el punto exacto. Entramos y - Nos han debido ver algo extraño, pues si hay muchos salones con gran jolgorio, a nosotros nos ubican en uno vacío. A cada salón, les llaman “Akademie” (academia), así, el nuestro fue el “Rytířský sál” (salón de los caballeros). Tiene como curiosidad, que en sus puertas quedan inmortalizados los nombres de los maestros cerveceros desde su apertura hasta 1883. Nada más tomar asiento, el camarero viene y empieza a servir sobre nuestros manteles individuales de papel, cerveza negra, flek 13 de fabricación casera hecha a partir de malta, lúpulo y cebada, a cada uno de los comensales, sin distinguir entre mayores y menores de edad, y lo hace de una forma en la que da la sensación que es detalle de la casa. -Nada más lejos de la realidad. Llama la atención en un primer momento ver a la gente fumar dentro del salón. Aquí no ha llegado la ley anti-tabaco. Advertimos al camarero de la presencia de menores y éste, un poco contrariado y no de muy buenas maneras procede a retirar la cerveza y un poco ofendido, nos advierte de los precios de las bebidas, cosa que no entiendo bien, pues luego intentaron cobrar lo que les vino en gana. Que era más del precio que nos había dicho.
Tras las bebidas, vino la comida. Unos entremeses que no merecían ni gastar una sola kb en fotografiarlos. Junto a los camareros que traían el primer plato, hicieron su aparición en la sala, los músicos. Un par de pintorescos músicos vestidos con trajes tradicionales bohemios que sospechábamos que venían a amenizar, y entretener a los comensales, pero que tras tocar un par de acordes, tomaron asiento y de ahí no se movieron en toda la velada. - Deberían ser fieles seguidores de Baco encargados de amenizar con música la ingesta masiva de alcohol. Al no consumir el líquido elemento, la cerveza, no verían necesario aporrear sus instrumentos para nosotros. O quizá, debíamos tener pinta de ser de los que no gastan en propinas, aunque con esa disposición, no les quepa duda de que no. 
Tras el plato de lechuga, con unas lonchas de jamón de Praga cocido, un pepino y un trozo de lo que pensábamos que era queso y resultó ser mantequilla, trajeron uno de los platos nacionales de la cocina Bohemia, carne de cerdo asada con chucrut (vepřová pečeně s knedlíky a se zelím, vepřo-knedlo-zelo, para los amigos). Que si bien es cierto que estaba bueno, no deja de ser cerdo asado. Siempre acompañado de unas bolas de masa de harina hervida que lo utilizan a modo de pan, las knedliky. Sin más historias y deseando que nos fuéramos de allí, trajeron el postre. Un pastel de manzana y pasas (jablecný závin) o Apple Strudel uno de los más típicos postres checos. Un rollo relleno de manzanas y pasas servido caliente y acompañado de nata montada. 
Ya solo quedaba pagar, pues aunque he leído en muchos blogs que suelen ofrecer chupitos de Bechrerovka, una especie de licor de hierbas amargo, de alta graduación y más alto precio. A nosotros no nos ofrecieron. La próxima vez viajaremos con mejores pintas. Pues bien, en la curiosa cuenta, fruto de la recuenta de palitos que iban escribiendo en un papel en las mesas conforme servían, cuando nos habían advertido que el precio de las bebidas era de 39 Kc, la inflación nocturna hizo que las cobraran a 40. Cantidad insignificante si no fuera porque íbamos un grupo bastante numeroso.
Está claro que se debe ir a U Fleku o a otras similares que también las hay, con la intención de beber una buena cerveza y pasar un buen rato, animados, si están a bien, por los músicos locales. Eso sí, trayendo el estomago lleno. La dirección de U Fleku es Křemencova 11, en Nove Mesto, Praga y con una capacidad para 1200 personas, no creo que haya problemas de reservas. 

 

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