jueves, 17 de mayo de 2012

Pestiños.

Una vez más, la morriña me lleva a coger el teléfono y pedir una de esas recetas de las que hacía años que no probaba y solo con pensar en ellas, me vienen a la mente buenísimos recuerdos de tiempos pretéritos. Esta vez es la receta casera de los pestiños, ese postre que habitualmente asociamos a la Semana Santa o a la Navidad, pero que por sus características, podemos comer en cualquier época del año. Solamente tenemos que tener cuidado con la cantidad que nos comemos, básicamente por el remordimiento posterior. La base de este rico postre es bastante simple, una masa frita con la que podemos jugar para darle distintas formas y aromas. Supongo que como tantos otros postres tradicionales, hay miles de maneras distintas de hacerlos. Aquí voy a poner una de ellas, la que nosotros tomábamos de pequeños y ahora hago. Seguramente no será la mejor receta de pestiños, pero sí que es bastante sencilla, rápida y con la suficiente cantidad de azúcar que la hace irresistible para los amantes del dulce y de las masas fritas. 
La única dificultad que podría tener, si podemos llamar dificultad, es a la hora de liarlos. Aunque más que difícil, diría que es un poco laborioso.


Los Ingredientes.

Harina de trigo.
Azúcar.
Miel.
Agua.
Aceite de oliva.
Vino Dulce (mistela).
Cascara de naranja o de limón, canela en rama, anís en grano (opcional).


La Faena.

Lo primerísimo que tenemos que hacer es coger el aceite y ponerlo a calentar en una sartén. No es necesario calentarlo mucho. El objetivo es quitarle un poco el fuerte sabor a aceite de oliva. Para ello, lo requemamos un poco. Hay gente que aprovecha este momento para aromatizar el aceite con cualquiera de los ingredientes opcionales que he citado, una corteza de limón o de naranja, unos granos de anís o una ramita de canela. Las veces que yo los he hecho, nunca he añadido nada al aceite, pero para gustos, los colores. Una vez requemado el aceite, retiramos y dejamos enfriar, al menos atemperar.
Para hacer la masa mezclamos el aceite, solo aceite, sin la naranja, canela o anís, con la mistela. Recordad que ha de estar al menos templado para no quemarnos a la hora de amasar. Mezclamos el aceite y el vino a partes iguales, echamos el harina que admita y amasamos bien. Para la primera vez, recomiendo no poner mucha cantidad de aceite y vino, ya que nos podríamos pasar un buen rato haciendo pestiños y terminar repartiéndolos por el vecindario o vendiéndolos a Mercadona. Una vez hecha la masa, la dejamos reposar una media hora.
Mientras dejamos reposar la masa, preparamos la miel para bañar los pestiños una vez fritos. En un cazo pequeño mezclamos un par de cucharadas de miel con el doble de agua y calentamos hasta homogeneizarlo.
Ahora viene el clímax de la receta. Tras amasar bien, ayudados por un rodillo, estiramos la masa. La idea es dejarla lo más fina posible, casi como el papel de fumar. Entonces, la recortamos en tiras de unos dos centímetros de ancho y todo lo largo que podamos. Con el dedo vamos enrrollando sobre si misma. Al final del proceso, debemos tener los pestiños enrollados y listos para freír. 
En una sartén calentamos aceite de oliva para freír la masa. Vamos echando los pestiños hasta que se doren y los retiramos al cazo para enmielarlos. Los dejamos unos segundos y los pasamos a un plato donde los rebozaremos en azúcar.
Para mí, el mejor momento para comerlos es cuando se han templado

2 comentarios:

Toni dijo...

Chef, creo recordar esos pestiños que te dan morriña. Estaban buenísimos, especialmente por el cariño que ponía la cocinera. A mi también me ha entrado morriña de esos tiempos pretéritos y lo bien que lo pasamos. Un saludo pestiño

FRANKELMUR dijo...

Doy fe que salen buenísimos. Enhorabuena Chef ¡¡¡