lunes, 30 de julio de 2012

Tarta Carbonara.



Con esto del verano, las vacaciones y que aquí a todo el mundo le ha dado por tener nombres cuya onomástica se celebra en los meses estivales, no paramos de tener comidas y cenas que aprovechamos para poner en práctica recetas nuevas. Lo mismo la crisis ha hecho que donde antes invitaban a restaurantes, hoy todo quede en casa. En esta ocasión coincidían comensales con la cena en la que hicimos la quiche de morcilla, por lo que no era buena idea repetir receta. Para esta cena, tomamos la idea de un plato que Frank había hecho en una ocasión, procedente de mercado Calabajío, aunque además de diferenciarse en el nombre, también en algunos ingredientes, pero la idea surge de allí. Viendo la receta por encima, la dificultad que presentaba era escasa y bastante rápida de preparar. Eso sí, otra vez nos empeñamos en hacer la masa casera. No es que tengamos nada en contra de las marcas de masa quebrada, pero la casera creo que queda mejor. La masa, fue la misma que la de la quiche de morcilla.

Los Ingredientes.

Para la masa quebrada:

250 grs. de harina.
60 grs. de mantequilla.
60 grs. de manteca de cerdo.
1 huevo.
1/2 cucharada de sal.
1/2 cucharada de azúcar.
1 cucharada de pimentón dulce.

Para el relleno:

3 cebollas grandes.
175 grs de bacon ahumado.
4 huevos
1 brick pequeño de nata y un chorrito de leche.
Sal y pimienta
75 grs. de queso (Cheddar o Emmental).

La Faena.

Para la masa hemos hecho exactamente lo mismo que hicimos en la quiche de morcilla. En un bol hemos ido poniendo todos los ingredientes y amasando hasta conseguir una masa homogénea que liaremos en papel film y meteremos en la nevera al menos media hora para conseguir que se asiente.
Mientras en una sartén, pochamos a fuego muy flojo las cebollas cortadas en julianas y sazonadas. Lo que pretendemos con esto, es caramelizarlas y que queden doradas y jugosas para nuestro relleno. Cuando las cebollas estén casi a punto, añadimos el bacon y le echamos pimienta. Es aconsejable limpiar el bacon quitándole el exceso de grasa.Todos estos pasos, nos pueden llevar una hora. Tiempo que podemos emplear en cortar el queso en dados pequeños y extender la masa en un molde enharinado, para evitar que se pegue. Debe sobresalir un poco para que nos sirva de envase del relleno y antes de hornear, debemos pinchar, proteger con papel aluminio y cubrir la superficie con peso (garbanzos), para evitar que se deforme. Lo llevamos al horno precalentado a 180º y lo dejamos unos 20 minutos.
Mientras se va cociendo la masa, seguimos con el relleno. En un bol, se baten los huevos, sazonamos e incorporamos el sofrito de cebollas con bacon, los dados de queso, en esta ocasión he utilizados Emmental, el brik de nata,  el chorrito de leche y movemos bien. Solo falta corregir de sal y listo, a por el último golpe.
Sacamos la masa del horno y sobre ella repartimos lo más homogéneo posible, el relleno. Lo debemos extender bien y con cuidado, lo llevamos al horno a terminar la cocción. El primer cuarto de hora, es aconsejable usar solamente calor inferior a 180º. Pasado este tiempo, lo dejamos 35 minutos más a 180º con calor superior e inferior, hasta conseguir un aspecto dorado. A igual que la quiche de morcilla, o las empanadas, debemos sacarlo del horno con tiempo para que se atempere, pues muy caliente no lo disfrutamos como se merece. Después de haber hecho las dos recetas, y probarlas, no sabría decir con cual me quedaría. Eso sí lo que tengo claro es que la masa casera, siempre que tengamos tiempo, es muy preferible a la industrial.
 

miércoles, 25 de julio de 2012

Quiche de Morcilla y Manzana.


Hace unos días tuvimos invitados en casa, y como en casi todas estas veladas, intentamos hacer algún plato nuevo con un toque de cierta originalidad que pueda, si a estas alturas es posible, llegar a sorprender. La idea primitiva, fue la de hacer algo que no requiera la presencia del cocinero en la cocina mientras los invitados esperan en la mesa. Una empanada o una quiche cumplirían con estos requisitos. Con este propósito  nos lanzamos a la búsqueda, más algún tipo de pastel o quiche que empanada. No estuvimos mucho tiempo, cuando dimos con un receta que se acoplaba a las mil maravillas a nuestras pretensiones y fue ésta quiche de morcilla y manzana que encontré en el blog de cosas con encanto. La elaboración no tenía mucha dificultad, más bien poca, si bien algo de laboriosidad. Para hacer la masa, en lugar de comprarla ya hecha, la hicimos nosotros, subiendo aún más nuestro grado de satisfacción. 

Los Ingredientes.

Para la masa quebrada:

250 gr. de harina.
60 gr. de mantequilla.
60 gr. de manteca de cerdo.
1 huevo.
1/2 cucharada de sal.
1/2 cucharada de azúcar.
Chorrito de Vino blanco.
1 cucharada de pimentón dulce.

Para el relleno:

1 cebolla.
2 puerros.
2 manzanas Golden.
4 huevos
1 brick pequeño de nata y un chorrito de leche.
250 gr. de morcilla de cebolla
Piñones.
Sal y pimienta
100 gr. de queso (Cheddar o Emmental).

La Faena.

Como hicimos con el Lemon Pie, primero hemos de preparar la masa empezar a cocerla. Esta vez he probado una forma distinta de hacerla. El aceite de oliva ha dejado paso a la mantequilla y, sin que sirva de precedente, he suprimido la leche. En un cuenco mezclamos todos los ingredientes y amasamos con cuidado. Cuando la tengamos bien amasada, la liamos en papel film y la dejamos en el frigorífico reposar, para que gane resistencia.
Una vez sacada del frigorífico, la estiramos y colocamos en un molde. Debe sobresalir un poco. Pinchamos la masa para que no se formen pompas y llenamos el fondo con peso (garbanzos), para evitar que se deforme. Lo llevamos al horno precalentado a 180º y lo dejamos unos 20 minutos. Podemos pintar la masa con clara de huevo batida y metemos en el horno 5 minutos más para impermeabilizarla.
Para no perder tiempo, mientras tenemos la masa en el frigorífico, y luego en el horno, podemos ir haciendo el relleno.
Partimos los puerros y la cebolla, lo pochamos todo a fuego suave con poco aceite. Casi al final, cuando estén doradas las cebollas, añadimos la manzana cortada a rebanadas hasta terminar de pochar. Entonces extendemos este sofrito sobre la masa semi-cocinada.
En la sartén doramos los piñones, añadimos las morcillas sin tripa, mezclamos y lo colocamos sobre el sofrito de manzana. Y sobre la morcilla repartiremos el queso hecho trocitos pequeños.
Aparte en un bol batir los huevos, salpimentamos y mezclamos con la nata y un chorrito de leche. Vertemos el batido dentro de la masa, de tal forma que cubra todo, intentando repartirlo de manera homogénea. Horneamos a 180 º unos 30 minutos hasta que esté cuajado y con un color dorado. Los primeros 10 minutos, es aconsejable usar solo el calor inferior. Trascurrida la media hora, podemos pinchar con un palillo para comprobar el punto de cocción. En el caso que tengamos dudas.
Es recomendable hacer la quiche con antelación, para que podamos dejarlo atemperamentar, pues es  un plato que se disfruta mucho más templado que frío o caliente. 
 


domingo, 22 de julio de 2012

Carrillera de Ternera al vino Tinto.

 


Creo haber dicho en más de una ocasión que los gustos evolucionan al igual que evolucionamos las personas. Y yo, sin ser ajeno a esto,  al mismo tiempo que mis gustos he cambiado y quizás el más notable de estos, en cuanto a los gustos se refiere, o al menos de una manera consciente, es el haber expulsado el guiso de rabo de toro, o de buey de mi Olimpo gastronómico particular y haber alzado a la carrillera a dicho Walhalla. Haciendo un poco de memoria de los restaurantes en los que he pedido este delicioso manjar, me viene a la memoria al mismo tiempo que me salivan las papilas gustativas restaurantes como el Rincón de Joaquín en San Cayetano que las hicieron con una salsa de Málaga Virgen, en Los Collados Beach de La Manga o el Cuentavinos entre otros muchos y buenos restaurantes. Algunos de ellos por desgracia han pasado a peor vida.
Pues bien, este verano estoy teniendo la suerte de disfrutar de bastante tiempo libre. Así, la asignatura pendiente que tenía con el rabo de toro la he podido saldar, aunque la idea de hacerlo rabo ya no me atraía tanto como el realizar este guiso con una carne tan agradecida como son las carrilleras. El único escollo que tuve que salvar, fue el de encargarlas con un par de días de antelación. Pero llegaron con el tiempo justo para hacerlas con la paciencia que dicho guiso requiere. Ya de antemano, tenía estudiadas las dos recetas, una del Mercado Calabajío y la otra de Paseny Degusten, cuyos pasos iba a seguir con mayor o menor fidelidad.

Los Ingredientes.

1 Kg de Carrillera de ternera (dos).
1 Zanahoria.
1 Cebolla.
1 Puerro.
4 Dientes de ajo.
Harina de trigo.
1 Botella de vino (bueno pero sin malgastar).
1 Onza chocolate puro.
1 Hoja laurel.
Aceite de oliva.
Sal.
Pimienta en grano.
Azafrán.

La Faena.

Antes de empezar a maniobrar, tenemos que tener claro como queremos que sean los trozos de carrillera. Podemos optar entre grandes medallones que tardarían un poco más en hacerse o dados que se podrían deshacer de más. Una vez que tengamos claro el corte que le vamos a dar, las limpiamos bien de grasas, nervios y tendones, y las cortamos a nuestro gusto. Las salpimentamos, las enharinamos, dándole unos golpecitos para eliminar el exceso de harina y las freímos en una cazuela con bastante aceite, con el fin de sellar los poros y que mantenga su jugosidad. Apartamos y en el mismo aceite pochamos bien la zanahoria, cebolla, el puerro y los ajos, todos troceados junto a unos granos de pimienta y una hoja de laurel. Cuando este listo, añadiremos unas hebras de azafrán junto a la onza de chocolate machacada y moveremos para fundir el chocolate.

Una vez todo sofrito, añadiremos a la olla los trozos de carrillera y cubriremos con vino tinto. Un vino malo hará un mal guiso, mientras que un buen vino hará una buena salsa, aunque no podemos perder la idea que la salsa no debe costar más que el pollo. Yo encontré en el Supercor, un vino de Toro, Quinta del Refugio de 2011 que por menos de 2 euros iba a realizar un papel más que digno. Cuando comience a hervir, corregimos de sal, bajamos el fuego al punto que mantenga el vino a penas burbujeante y tapamos la olla. Aquí empieza un tranquilo ejercicio de paciencia hasta llegar, al menos, a la hora y media. La cocción depende de múltiples variables como puede ser el tamaño y el estado de la carne o la fuerza de cocción. Una vez que esté tierna la carne, con cuidado la sacamos de la olla, batiendo el resto para formar una salsa homogénea. Si nos ha quedado un poco líquida, podemos dejar en el fuego hasta que espese. Si por el contrario falta líquido, podemos corregir de vino durante la cocción.

La  presentación también es muy importante. Lo más recurrido es la patata, o bien en puré o fritas. Yo lo presenté cubierto por una montaña de patatas paja de bolsa que había comprado. Otra opción totalmente distinta, es acompañarlo de una isla de arroz blanco. En cualquier caso, un plato delicioso y vivo, que resultará más rico de un día para otro.    

viernes, 20 de julio de 2012

Restaurante La Fresca** - Cabo de Palos (Cartagena).


Un día cualquiera, creo recordar que era miércoles, bueno, seguro que era miércoles. Por la tarde, tirado en la tumbona de la piscina, sin mucho que hacer, surge la posibilidad de salir a cenar. No hace mucho que cenamos fuera, pero el verano pide salidas y si son espontáneas mejor. -¡Ellos proponen, ellos deciden! – Y la propuesta fue el Restaurante La Fresca de Cabo de Palos. En un principio fue una decisión que no me gusto en demasía. No tengo nada en contra de ellos, ni lo tenía, pero de algún lugar remoto de mi subconsciente salió una señal negativa, procedente de alguna conversación perdida de años atrás.  Alguien me comentó que era un restaurante bastante caro y no tenía una cocina acorde con ese precio. Pero si el plan propuesto era éste, teníamos dos opciones y optamos por tomar las lentejas.
Llegamos a la puerta del Restaurante que esta situado en un pequeño centro de ocio y cosa extraña en Cabo de Palos, había bastante sitio donde aparcar en lo que creíamos que era la puerta. Luego tuvimos que bordear todo el complejo para localizar las escaleras de acceso. Una vez en la planta superior, la terraza, atravesamos varios locales de copas desiertos y llegamos a la recepción del Restaurante donde un grupo de camareros, maître, y gente que pasaba por allí nos atendieron y uno de ellos, nos acompañó a la mesa que solicitamos. El establecimiento estaba poco menos que desierto y nos ubicaron en la mesa que ellos creían mejor. La mesa para seis era céntrica, iluminada en un ambiente tenue y frente a una de las pantallas gigantes donde proyectaban videos de la naturaleza acompañados de una música relajante que creaba un ambiente extraordinario. A esta situación óptima se sumó la noche, que cobra especial protagonismo, cuando los factores climatológicos influyen de manera directa en el ambiente. Este pequeño paraíso se puede convertir en un gran infierno al carecer de una buena cobertura y dejar a los clientes expuestos a los elementos de la naturaleza. Cosa que no pasó.
Tomamos posesión de la mesa y para no variar, fuimos los primeros en llegar. No se si somos los más puntuales o los que más ganas tenemos de salir, pero la cuestión es que estábamos allí esperando al resto del grupo, bien acompañados de las bebidas y unas aceitunas para picar. A penas habían pasado unos segundos desde que nos sentamos hasta que teníamos las bebidas y en ese pequeño espacio de tiempo, dos simpáticas  camareras ya se habían ofrecido a ayudarnos. No habíamos dado más que un par de tragos a las bebidas cuando llegó el resto del grupo que fue atendido con la misma presteza. Con sus bebidas trajeron las cartas. Muy monas, encuadernadas en abanico, como si fuera el catálogo de colores de una marca de pintura, pero muy poco manejables. La contraportada es igual que la portada y a un despistado o, a  algún zurdo puede quedarse viendo solamente hojas en blanco. Tampoco es fácil ver todos los platos de un solo vistazo, y cuando hemos terminado una primera lectura rápida, tenemos que volver atrás a buscar eso que nos da la impresión que nos iba a gustar. - ¡Muy poco prácticas las cartas!
Después de darle varias vueltas hacia delante, detrás, del derecho y del revés, tuvimos claro lo que íbamos a pedir y pedimos, bien asesorados por la camarera. Nos trajeron el aperitivo de la casa, un  llamativo Bloody Mary de remolacha con un berberecho. Quizás por la hora, quizás por que me deje el coctel a mitad y el estómago me rugía, la espera hasta que llegaron los entrantes se me hizo un poco larga. Trajeron el primero, unos nachos de chili con carne a su manera, estilo La Fresca, como había advertido la camarera, era abundantes y llenaban, pero al fin y al cabo eran unos nachos de bolsa. Los dos siguientes entrantes si consiguieron dar un giro a la situación. El tartar de atún acompañado de un puré de mojete murciano congelado estaba delicioso. Así como la salsa de foie de los raviolis rellenos de carne bastante bien lograda, aunque tengo mis dudas a cerca de la autoría de dicha salsa. Esto no fue impedimento para que no dejáramos nada en nuestros platos.
Con los platos principales, que fueron al centro, pedimos una botella de vino. Seleccionamos un Ribera, el Krel, de 2009 con doce meses de barrica. La elección no fue ni más ni menos que por puro márquetin. La etiqueta con forma de búho fue la que nos llamó más la atención, más que la de otros vinos, muchos de los cuales ya conocíamos. Yo de principal, me pedí unos tacos de atún que venía marcados en la plancha y acompañados de un pisto. Le faltaba un poco de sal que pedimos y nos trajeron enseguida unos cuencos con sal Maldom que consiguieron mejorar el plato. Uno de los tres tacos, el más grande venía rebozado en semillas de amapola que destrozaron totalmente el sabor del atún. Hay veces que el cocinero, en su interés por decorar el plato, lo acaba destrozando. Y esta fue una de esas ocasiones. También se pidieron unas costillas a la barbacoa de las que comentaron que estaban buenas, pero no mejores que las del Foster Hollywood. - Esto no se si es bueno o malo, pero si que es cierto. – Un magret de pato, que más parecía de avestruz y un lomo alto que repasando la cuenta veo que se olvidaron en cobrar.
En los postres se perdía gran parte de la originalidad de la carta. La tarta de queso que quien la pidió, la quiso bañada con chocolate., estaba deliciosa. Para mi gusto, el chocolate anulaba el sabor de la tarta de queso. Aunque para gustos, los colores. Yo pedí un coulant con helado de mandarina. Que sin ser el mejor que he tomado en mi vida, pasaba el expediente, sobre todo para los amantes de las avalanchas de chocolate. Un detalle, quizás inducido por nosotros, fue que, de manera incomprensible, me trajeron el café antes que el coulant. Digo inducido, pues uno de los comensales que no quería postre, pidió que trajeran su café a la vez que los postres. Finalizados los cafés y los postres, preguntaron si tomaríamos una copa y nos informa, la simpatiquísima camarera, de un espectáculo erótico-festivo que se iba a celebrar en uno de los bares de copas que atravesamos el entrar, Mamaluna, perteneciente a los eventos temáticos de los miercoles. Al pedir un mojito nos informaron que posiblemente no habría esa posibilidad. Y efectivamente, a los minutos vino la camarera diciéndonos que los mojitos lo hacía un “mojitero” que solamente venía los jueves y fines de semana y no podía ser. También nos comunicó, reculando, que desde la dirección le habían informado de lo inadecuado de nuestra presencia en el espectáculo, ya que el stand de picardías y juguetes eróticos era más ordinario de lo esperado y quizás gente de "nuestra condición" sacaría una mala impresión de todo aquello. Nos tomamos los “tonic & gin” y pedimos la cuenta mientras disfrutábamos de una gratísima sobremesa de buena conversación donde no podía ser de otra manera salió el tema de Arturo Pérez Reverte. Además, al ser el restaurante todo terraza, había la posibilidad de fumar, oportunidad que no perdieron las fumadoras. Cuando vino la cuenta, el precio no nos pareció demasiado elevado. Una vez más mi subconsciente me había traicionado. Menos mal que no le suelo hacer mucho caso. Hoy al hacer esta entrada y repasar la cuenta, comprendo el por qué. Se les olvidó cobrarnos el plato de carne que he dicho antes, la botella de vino y un par de copas de vino blanco.  Me gustaría pensar que es por ser los clientes un millón, pero creo que simplemente fue negligencia que tendremos que subsanar la próxima vez que volvamos a ir. - Al final mi subconsciente tenía un poquito de razón.
Para ir concluyendo esta larga entrada, una vez más quiero hacer un apartado al servicio, que sin lo que diríamos perfectos profesionales al uso, sus mínimas carencias las suplieron con simpatía y ganas de agradar. El Restaurante La Fresca**, esta en la calle de las Triolas, en el centro comercial Mercadona de Cabo de Palos y su teléfono para reservas, es el 670 39 35 39 o 968 56 32 01. 


domingo, 15 de julio de 2012

Restaurante Via Romana - Los Belones, Cartagena.


 
Ha llegado el verano y un año más nos dirigimos a las costas del Mar Menor a disfrutar de sus playas y de su gastronomía. Juraría que así empecé una entrada el año pasado. Pero los tiempos que corren, aconsejan que el disfrute culinario sea lo más low cost posible aunque sin pasarse. En el primer fin de semana de Julio y para romper el hielo reservamos en el Restaurante Italiano Vía Romana de Los Belones. Las razones fueron simples. La primera, que Los Belones está, más o menos equidistante del lugar de veraneo de todos los comensales y la segunda y definitiva fue las buenas críticas que tiene este restaurante tanto en internet como el boca a boca. En su gran mayoría los comentarios son muy positivos.
Al llegar tuvimos la suerte de encontrar aparcamiento en la misma puerta del abarrotado restaurante. Había gente, bastante gente en el restaurante y más tomando algo en la barra mientras esperaban mesa. A pesar de tener reserva, temí que tuviésemos que esperar un rato. Cosa que no sucedió. Entramos en el local y allí estaba nuestra mesa preparada con unas olivas aliñadas con ajo, tomates secos y orégano, que son difíciles de superar. En cuanto a la decoración, diría que es lo más parecido al típico restaurante italiano de fuera de Italia. Cocina a la vista y sillas no demasiado cómodas sin llegar a ser incómodas, para que la gente no se eternice en la sobremesa y puedan dar varias vueltas a las mesas. Algún cuadro que hacer referencias bucólicas a los campos de La Toscana y otro de un mar embravecido. Es un local que sin ser elegante, es bastante acogedor.
El tiempo que tuvimos que esperar a que llegaran el resto, que no fue mucho, lo hicimos refrescando el gaznate con una fresquita cerveza que nos trajeron enseguida. Se nota que están acostumbrados a una buena cadencia de servicio. Cuando estuvimos todos en la mesa y armados con las cartas, se aproximó el maître solicito. La tercera vez que se acercó tan amable como las dos primeras pedimos, ya que la conversación nos había distraído.  Como casi siempre la idea era un par de entrantes al centro y luego cada uno su plato principal. Los entrantes que pedimos fueron de lo más convencional. Unos champiñones rellenos al pesto y gratinados que estando bastante buenos, no sabría decir todos los ingredientes del relleno. Y una tabla de pates que nos aconsejaron que fuera mezcla de pates y quesos que no va a pasar a la historia. Tres medias terrinas de pates y cuatro tipos de quesos que podemos encontrar en cualquier supermercado.
Con los principales pedimos un vino tinto de Ribera de Duero, Convento Oreja Roble. La comanda fue muy variada, espagueti carbonara, pizzas de cuatro quesos y la "crudo", con jamón serrano, lasaña. Tanto mi compañero de la siniestra Eu, como yo nos pedimos unos raviolis a la pimienta aconsejados por el maître y creo que acertamos de lleno o acertó el maître. La salsa un poco fuerte, pero es que era a la pimienta y venía acompañada de carne y piñones. Además los raviolis eran de distintos tipo y con diferentes rellenos. Un plato muy recomendable. Cayó en mis manos una porción de pizza cuatro quesos que estaba buena, pero sin llegar al nivel de esos raviolis. Aunque el tamaño de las pizzas estaba bien y nosotros quedamos muy satisfechos, la ración de espagueti quizás quedó un poco escasa.
Llegando al postre, por distintos motivos solamente pedimos tres. Dos tartas de chocolate con un poco de tofee y base de barquillo, para compartir. ¡Maldita la hora! Eso si, lo diseccionamos antes de meter las cucharas. A mi izquierda se pidieron un yogur casero, cosa que yo nunca hubiese pedido, pero que estaba delicioso, aunque mejor la de chocolate.
Antes de ir con los cafés y la cuenta, tengo que hablar del servicio. No recuerdo un restaurante donde todos los camareros fueran tan amables y con ganas de agradar a los clientes. Unos más callados, otros más extrovertidos pero todos más que correctos. Con los cafés, la cuenta y unos chupitos terminamos la cena, no así la velada que la continuamos en uno de los bares de Cabo de Palos con un rico mojito. Con propina incluida salimos por 25 euros. Un precio quizás un poco alto para un italiano en el que comimos solamente pasta y pizas, pero bastante bien de precio si tenemos en cuenta el grado de satisfacción.
El Restaurante Vía Romana está situado en la calle Mayor, 84 de Los Belones (Cartagena), en la carretera principal que atraviesa el pueblo, y su teléfono de contacto es el 968 13 73 73. Ir sin reservar, en verano, supone una pequeña espera adicional, pero bastante rápida.


viernes, 6 de julio de 2012

I Ruta Internacional de La Tapa de Los Alcázares.

Hace unos días se celebró en la localidad marmenorense de Los Alcázares su primera ruta internacional de la Tapa y el Cóctel. Y no queda pretencioso este título, ya que a parte de los restaurantes tradicionales del pueblo, participan en esta ruta, locales más cosmopolitas cuya especialidad es la cocina internacional, donde podemos encontrar un restaurante argentino, un hindú, asiáticos o cocina internacional en general regentado por extranjeros residentes en la zona.
No pude ir a todos los sitios, así que solamente voy a hablar de los que visité de la ruta de la Tapa. La del Cóctel  no la seguí, pero si es cierto, que en ambas, había de todo y para todos los gustos, dejando incluso opción de variar la tapa en caso de desearlo el cliente. Fueron treinta los establecimientos adheridos a esta ruta, y por comodidad, dividimos por zonas y días. Un día visitamos la zona del centro de la localidad y otro día la zona de Los Narejos.
La ruta duraba desde el 25 de mayo hasta el 10 de junio, pero como decía, solamente pude ir dos día. El primero de ellos fuimos a la zona del centro de Los Alcázares. Teníamos la idea de empezar por uno de los más típicos del municipio, La Tropical, y allí quedamos un grupo para comenzar acompañados de nuestros "Cicerones" locales. Aparcamos los coches, tarea que no fue nada fácil y nos presentamos en la Tropical para dar buena cuenta su tapa, un bacalao en tempura sobre dulce de pimiento. Mucho nombre, buena presentación, pero al fin y al cabo era un soldado de Pavía bañado en un jugo de pimiento, eso sí, por 2,5 euros acompañado de una fresquita cerveza. Como teníamos muchos locales que visitar y poco tiempo, ya que habíamos empezado tarde, dejamos La Tropical y a menos de 100 metros fuimos a la Cafetería Heladería Panarea. Estaba desierta y no tiene el empaque de La Tropical, pero su tapa, sin ser muy sofisticada, encantó a la mayoría del grupo, que no eramos de paladar fino, todo sea dicho. Una mini hamburguesa acompañada de un par de mini pinchos de tortilla. Seguimos rumbo a La Tronera, una casa de comidas que no ha cambiado ni su decoración ni su mobiliario, ni seguramente su clientela desde principios de los ochenta. Junto al anterior, quizás son los locales que visitamos que hicieron una tapa más básica y contundente a la vez. Una tosta de queso (Philadelphia) con jamón serrano y huevo acompañado de patatas a lo pobre con cebolla y pimientos. Aquí cometí el error de pedir vino en lugar de cerveza. Debía ser también de la cosecha del 80.
La ruta cumplía con lo prometido. Por ahora estábamos bastante satisfechos con lo que habíamos tomado. Hambre no estábamos pasando. Un paseo más largo fue el que nos dimos hasta llegar al Mesón La Rambla, donde su regente Ángel no pareció alegrarse mucho de nuestra llegada. La caminata bajo un sol de justicia a las cuatro de la tarde, mereció mucho la pena. De todas las tapas que probé, es la que mejor valoro. Coincidimos la mayoría en que fue la mejor. Una tosta de sepia con crema de berberechos y crujiente de puerros. - ¡Deliciosa la crema de berberechos!.
Con lo que llevábamos, ya habíamos comido. Pero aun queríamos probar un par de sitios más de la zona que no podíamos dejar de probar. Nos dirigimos al Restaurante El Chato, allí la tapa era una mini hamburguesa con cebolla caramelizada y huevo de codorniz. Estaba rica, pero más, acompañada del Castillo de Jumilla que servían con la tapa. Y para finalizar la primera jornada de la Ruta, que mejor sitio en Los Alcázares que el Restaurante Ramón donde la creatividad estaba tanto en la tapa como en el nombre. Blanco y negro con tomate cherry. Consistía en dos chopitos enfrentados y cubiertos con salsa de cebolla uno y en su tinta el otro. ¡Delicioso!
El día había sido todo un éxito, por 15 euros habíamos comido estupendamente.
El segundo de los días, fuimos a la zona de Los Narejos, en la avenida del Río Nalón. Allí los locales estaban más cerca y la variedad era bastante mayor. El problema con el que topamos fue el de los horarios. La mayoría de los establecimientos están orientados al turista extranjero y su horario de apertura es un poco tarde para comer, pues su idea es empezar con las cenas europeas. Empezamos la ruta por el restaurante Asiático Run donde nos pusieron un timbal de Shusi con su salsa de soja y su wasabi. La mayoría de los locales estaban cerrados por el horario, debíamos ser los únicos en no saberlo, no pudimos ir a todos los locales que quisimos, sino que pudimos. La siguiente estación fue el Hindustani Roti Sharaabi bar, un hindú cuya tapa eran tres aperitivos típicos hindús a base de rebozado de harina. Probamos entre otros el onion bhaji y los vegetables pakora. Una tapa bastante especiada que a no todo el mundo gustó. Seguimos y fuimos a la zona hispana, el garden ofertaba un montadito de solomillo de cerdo al PX, demasiado seco, y una cerveza lo suficientemente fría para el día que hacía. Nos retrasamos un poco y cuando llegamos y tomamos posesión de una mesa en la taberna del Toro, nos anunciaron que la cocina estaba carrada y que beber lo que quisiéramos, pero comer, cascaruja. ¡Que gran decepción! Aqui iban con horario español. La tosta de rabo de toro, que sería buey sobre cebolla confitada al PX sonaba muy bien.  La última parada fué en el restaurante Veni internacional que ofrecia en cartel su poética "primavera dorada" pero por falta de existencias nos dieron a elegir entre unos mejillones o unas alitas de pollo marinadas que no harán historia.
Aunque también salimos bastantes satisfechos, creo que la primera jornada de la Ruta fue mejor que la segunda. Días después, leí en la prensa local que al ser el primer año, el ganador se hizo por sorteo, y la divina providencia quiso que fuese el Restaurante Rambla el justo vencedor del evento. Además he de felicitar al Ayuntamiento de Los Alcázares y a todos los ayuntamientos que promueven este tipo de eventos y espero que en próximas ediciones tengas más afluencia de público y amplitud de horarios.