martes, 28 de agosto de 2012

Collados Beach Vs Collados Low Cost.


 

Ir a La Manga del Mar Menor y comer mal, es casi tan fácil como ir y comer bien. Hay que saber donde se puede meter uno y donde no. Lo que quizás sea más difícil sea comer bien y barato, sobre todo en los meses estivales. Pero esta es una zona turística y los hosteleros han de sacar, cual hormiguitas, beneficios para el crudo invierno. La historia de hoy es la de un restaurante, del que ya hablamos el año pasado, donde se come bien, pero no siempre se sale con buenas sensaciones. Este año hemos ido dos veces y las experiencias han sido muy distintas. La primera vez fuimos con alguien que conocía al dueño y como no, aquí nos dieron las palmaditas en la espalda que tanto nos gustan y que tan caras nos salen. La segunda con un cupón, esta vez de Oferplán, donde ni hubo palmaditas ni nada que se le pareciera.
Sobre el restaurante en cuestión ya hable de él el año pasado. Situado al final de La Manga, Los Collados Beach, es un chalet futurista orientado al Mediterráneo y transformado en Restaurante Lounge Bar. Muy bonito y completamente diferente a los chiringuitos playeros que tanto abundan por la zona. Sobre la comida, hay poco que decir. Sería una ofensa imperdonable que la comida fuera mala en un sitio así. Pero a este tipo de locales les pedimos algo más, cosa que ellos también nos hacen a nosotros en un legítimo “Quid pro Quo”. El problema creo que viene cuando ese alto precio por el servicio prestado no cumple con nuestras expectativas ni de cerca.
La entrada del año pasado fue una comparativa entre Los Collados Beach y El Rincón de Joaquín de San Cayetano. Esta va a ser un Collados versus Collados “Low Cost”, y es que fueron muchas y muy notables las diferencias ya desde el minuto cero del partido. La primera y lógica fue la situación de la mesa. Poderoso caballero es Don Dinero, y allí se llama terraza. Mientras que los económicos van al desangelado y no muy refrigerado salón frente a la cocina, los pudientes cenaban en una terraza, a la luz de las velas frente al Mediterráneo. Tras nosotros había, en el salón, una mesa tan numerosa como la nuestra que me imagino que irían con estos económicos bonos o algo malo hicieron en su última visita al restaurante. Pero no todo iba a ser distinto, el sistema era igual. El cupón era un menú degustación donde tras un ligero aperitivo, ellos eligen los cuatro entrantes cuyos nombres son más extensos que el propio plato. Después, nos dan a elegir entre una carne o un pescado. Por último pre-postre, postre y para finalizar café y copa quien quiera.
En ninguno de los casos, el aperitivo de la casa no fue digno de recordar. Un Bloody Mary y una brocheta de queso con tomate. Aunque el segundo día no fue mejor, un ajo blanco y una aceituna gigante rellena de espuma de anchoa y coronada por un puré de oliva negra. ¡Pan con pan! Eso sí, servidas en raciones individuales, sobre una cucharita de loza muy a la moda. Tras el aperitivo venían los entrantes. La diferencia era notable aunque en ambos casos no esta muy ajustado el precio a la materia prima empleada. En el primero de los menús nos dieron un delicioso gazpacho de cerezas acompañado por unos mini taquitos de pimientos multicolores y un solitario langostino. A continuación unos nísperos, tres mitades, coronados por una espuma de foie y una gelatina de Amaretto, que lo mismo podía ser entrante que postre. No sabría decir si el tercero de los entrantes fue el que más me gustó, pero lo que si se es que estaba delicioso, y fue un huevo cocido a baja temperatura acompañado de setas y pasta Kataifi. Todos estos entrantes vinieron acompañados de un blanco Albariño, Valtea. Para finalizar una espuma de foie e higos.
Como el menú era con maridaje, para este último entrante nos trajeron un vino espumoso dulce italiano, un Moscato llamado Toso. Esto del maridaje es una idea excepcional si se hace bien, pues te permite probar varios vinos y combinarlos con los distintos platos. Pero también requiere la atención continua del camarero para rellenar las copas vacías, cosa que no se hizo en ninguna de las cenas por lo que fue un quiero y no puedo muy beneficioso para la economía de la casa.
En el menú low cost nos dieron otros entrantes. -¿Para que cocinar un huevo a baja temperatura si pueden hacerte un huevo revuelto? Cosa que me extrañó que en un local tan exclusivo como este hicieran tan castizo plato. Eso sí, venía con una rodaja de plátano macho frito. Y es que hay revueltos y revueltos. El primero de los entrantes fue tres rodajas de tomate Raff con ventresca y cebolla aliñado con un aceite de albahaca. -¡Decepción! En casa lo hago mejor.- Para el maridaje trajeron, al igual que la otra vez, un albariño. Pero aquí ni enseñaron la etiqueta ni dijeron de que vino se trataba. Lo que me hace sospechar que la calidad no sería la misma. El segundo fue un hojaldre de La Cocinera, o similar, sobre una compota de manzana, untado con una compota de tomate y coronado por una anchoa y dos boquerones en vinagre. El tercero de los entrantes fueron unas vieiras y el cuarto los desentonantes, que no malos huevos revueltos.
En los principales también había las diferencias que marcaba el precio. Los ricos pedimos un principal entre cuatro, al menos que recuerde. Yo pedí un magnifico bacalao con pedigrí sobre una salsa de alcachofa que me pareció que encubría demasiado el sabor del bacalao. Otras opciones eran entrecot o solomillos Los pobres solamente pedíamos o bacalao, sin pedigrí alguno o al menos no nos informaron del noble linaje. La otra opción era un solomillo del que la, demasiado mandona, camarera que nos trataba de tú y de esta, solamente nos dejo pedirlo o al punto o pasado. No estaba por la labor de aceptar solicitudes de esnob. La carne era o al punto o muy hecha.- ¡Si no, me volvéis loco al cocinero! Lo que no me atreví a decir fue – ¡Eso no me lo dices en la terraza! Claro que en la terraza atiende el elegante maître mientras que en el salón nos atendía ella. ¡Ver para creer! Aquí pedí carne. Tierna, casi se podía partir con el tenedor. Venían dos pequeños medallones acompañados por un puré de patata especiado con unos ajos asados al romero, un puré de zanahoria y una mahonesa de mostaza. El maridaje fue un Ramón Bilbao Selección especial contra un Roa Crianza.
Pero lo que realmente me desilusionó fueron los postres. Una de las cosas que los golosos más apreciamos de Los Collados, es su idea de pre-postre y postre. Pero este verano, a pesar de seguir con esa tradición y que el pre-postre, que fue el mismo en las dos cenas. Unas fresas estofadas en vainilla y bourbon que eran para repetir. Pero los postres no fueron lo mejor como antaño, es más, el primer día nos dieron un arroz con leche al azafrán con una confitura de naranja, que no había quien se lo comiera. Los cinco comensales coincidimos en su devolución. Cosa que envalentonó a los de la mesa de al lado, pues hicieron lo mismo. Esto fue subsanado muy dignamente por el maître quien no dudo en ofrecernos una alternativa. Un borracho de naranja acompañado de helado de chocolate negro, una espuma de chocolate blanco con no se cuantas miles de cosas que lo único que hicieron es que fuera un borracho sofisticado, pero borracho. Lo que si es cierto, es que este si lo pudimos comer.Los postres venían maridados con un dulzñon PX que a mí me supo a gloria.
Ya solo quedaban los cafés que no cubría el cupón. Y a pesar de que la cafetera no hace distinciones, el servicio las seguía haciendo. En la primera visita tras los cafés, -¡Asiático, of course! -trajeron una tableta de chocolate con almendras que trocearon ceremoniosamente frente a nosotros y nos dieron la posibilidad de tomar una copa. Yo tome un #vodtonik. En menú low cost trajo la desaparición de los camareros del salón tras los postres, y nuestra desesperación. Un camarero muy jovial en nuestra primera visita, cuando le solicitamos cafés nos respondió que se lo dijéramos a su compañera y desapareció por la puerta de la cocina. Cuando por fin conseguimos nuestros café, esta vez si pudimos pedir lo que quisimos y tengo que reconocer que para esto de los cafés somos gente muy rara. Volvieron los camareros, pero no para servirnos, sino para dejar montadas las mesas de la comida del día siguiente. Una invitación en toda regla a que desalojáramos la sala y nos fuéramos por donde habíamos venido. O a su terraza donde allí no había cuponcito que valiera. Nada de tomar la copa en la mesa. Así que, la cuenta y a ver que hacemos.
La conclusión a la que llego después de estas dos experiencias es clara. Nadie da duros a cuatro pesetas, pero aquí cobran hasta por ser educados. Quizás no fue buena idea ir antes pagando, o no lo fue ir con Oferplán, ya que nos hicieron sentir clientes de segunda a pesar de pagar por los cupones mucho más de lo que cuesta cualquier otro restaurante de la zona a la carta. Los cupones no nos los regaló nadie. En cualquier caso, valorando las dos experiencias y no habiendo comido mal en ninguna de las dos ocasiones. Considero un autentico disparate el precio de su menú y una falta de educación el trato recibido en nuestra segunda visita. Los clientes no tienen culpa alguna de que no les guste la idea de los cupones, solamente nos aprovechamos de una oferta que ellos lanzaron al mercado.
Los Collados Beach siguen estando en el Polígono de la Veneciola B de la Manga del Mar Menor, en la zona norte. Y su teléfono de contacto es 968 14 73 50. Y a los que hayáis llegado hasta aquí, al igual que hice el año pasado, os pido disculpas por tan extensa entrada. Intentaré que no se vuelva a repetir.

domingo, 19 de agosto de 2012

Restaurante Vintage - San Javier (Murcia)

 

Estoy completamente convencido de que cuando las cosas se hacen sin un plan previo, de improviso, salen mucho mejor que cuando se preparan de antemano. Entonces, ¿Por qué nos empeñamos en organizarlo todo al milímetro? Supongo que será porque en un muy alto porcentaje de ocasiones, también salen mucho peor que cuando se organiza. Y en esto de los restaurantes nos podemos encontrar simplemente que no encontramos mesa o tenemos que esperar mucho tiempo.
Esta es la entrada de una noche improvisada. Una noche de viernes en la que habíamos decidido quedarnos en casa y una serie de circunstancias hicieron que nos encontráramos en la puerta del Restaurante Vintage de San Javier a las diez de la noche, debatiendo si entrabamos a cenar, o no.


Al final entramos en el solitario restaurante-tienda, decorado con estanterías repletas de vinos y licores, de mesas blancas inmaculadas. Solamente había una mesa ocupada en el moderno, amplio e iluminado salón. Esto suele crear una situación de incertidumbre a la hora de elegir mesa. Hemos de buscar en ese desierto de mesas, una que se ajuste a nuestro número de comensales y no esté demasiado cerca de la otra mesa, no vayan a sentir privada su intimidad. Todo esto ante la atenta mirada del desocupado bar-man, lo que mete más presión al asunto. Cuesta menos tomar la decisión cuando las opciones son menores o no tenemos la sensación que estudian cada uno de nuestros movimientos. Pues bien, estábamos ya casi decididos cuando la camarera complicó más la cosa al darnos la posibilidad de cenar en la terraza que da a un inutilizado campo de prácticas de golf junto a una pequeña fuente cuya cascada, junto al hilo musical donde una voz femenina reinterpretaba los éxitos de la música internacional de los últimos cuarenta años creaban un ambiente idílico. A pesar de que la noche era calurosa, la terraza era más acogedora que el interior.
Enseguida tomaron nota de las bebidas, dejaron la carta y el pan. Con el pan dejaron un platito con aceite de oliva y unos cuencos con tres distintos tipos de sales, Maldom, Negra y Rosa. La carta era creativa y con la variedad suficiente para hacernos dudar entre varios platos. Aunque ofrecían una alternativa muy tentadora que es el menú selección donde por 25 euros podemos elegir tres entrantes, un principal, postre, bebida y café. No lo tuvimos que pensar mucho, solamente que entrantes y que principal pedir. También había letra chica, y era que tres principales encarecían el menú diez euros. Aunque no fue el caso ya que no eran los que habíamos pensado pedir.
De la oferta de siete entrantes que ofertaban, teníamos que pedir tres. Así que pedimos una de las tres ensaladas. Ahí no fuimos muy valientes, pues ante la posibilidad de tomar una ensalada de manzana caramelizada con sardinas ahumadas y vinagreta de membrillo pedimos una ensalada Cesar. Cosa de la que no nos arrepentimos. El segundo entrante y quizás el mejor, fue unos tallarines de sepia con unos ajetes sobre un salmorejo. Estaba muy rico, aunque el concepto o la diferencia de salmorejo y gazpacho no lo dominan muy bien. El último entrante era un revuelto de morcilla coronado por una capa de jamón. ¡Contundente! – Fue la expresión del maître. Dentro del menú estaban incluidas las bebidas. Yo acompañé toda la cena con un vino blanco, Tardevienes de Rueda. La noche era calurosa y no apetecía nada un Rioja, donde la opción era un, para mí desconocido, Navarrsotillo.
Ahora un principal. Teníamos opción a elegir uno entre siete principales. Pero tres de ellos, encarecían el menú. Mi elección fue un mero hojaldrado relleno de gambas bañado por una salsa de marisco. Una versión de la lubina al hojaldre del Restaurante Acuario de Murcia. Un hojaldre industrial envolvía una pequeña porción de mero supuestamente acompañado por gambas y queso. ¡Extraña mezcla!. Digo supuestamente porque apenas si se notaban. El hojaldre lo traían bañado por una salsa de marisco que si bien es cierto mejoraba la ingesta del hojaldre, lo reblandecía mucho. La alternativa de Acuario, que creo más acertada, es poner el hojaldre sobre una salsa de nécoras, con lo que no se reblandece la masa. También tuve la oportunidad de probar el secreto de ibérico a la parrilla, de la que no tengo nada importante que decir. Otra alternativa al secreto, hubiese sido una brocheta de solomillo de ibérico con salsa de queso. Pero esto lo dejaremos para otra ocasión. Pues la experiencia fue tan buena, que seguro que hay una segunda visita.
La cena iba bastante bien, pero como en las buena novelas flojeó en el nudo, para terminar con un apoteósico desenlace. Las opciones que daban en los postres eran cinco. Yo dude entre un semifrío de turrón bañado por una salsa de chocolate caliente o una espuma de café asiático. ¡Blanco y en botella! Este ha sido, sin duda, el postre del verano. No llegan a mis falanges palabras para expresar lo mucho que me gustó este postre. ¡Muy recomendable! Si aquí dieramos premios a los platos que más nos han gustado, este, seguro, tendría un galardón, Además probé una tarta de queso diferente. Servida en una copa de cóctel, más que tarta, diríase crema, que también estaba deliciosa. Los postres fueron el colofón perfecto para la velada. Dentro del menú también había café, pero con el asiático había sido suficiente. Así que pedimos la nota que apenas excedió de los 25 euros por cabeza del menú y con las mismas seguimos nuestro camino conn un grato sabor de boca.
El Restaurante Vintage está en la avenida de la Unión número 62 de San Javier y el teléfono pera reservar es el 968 193301.

domingo, 12 de agosto de 2012

Tarta de Caramelo y Chocolate.




Otra cena veraniega a la que nos han invitado y para la que nos hemos comprometido a llevar algo, más concretamente un postre. La anfitriona es muy golosa y una apasionada del chocolate. Así que ponemos al servicio de documentación de Chef & Chof a buscar un postre súper dulce, que no hayamos hecho, que lleve algo de chocolate y para más inri sea original. El proceso no fue nada fácil pero creo que al final acertamos con esta rica, dulce y mega calórica receta. Una vez más la masa para la base es casera, pero totalmente distinta a las hechas hasta el momento. La diferencia más notable está en que además de la harina de trigo, hemos utilizado copos de avena. No sabía como saldría, pero creo que fue un acierto. Podríamos decir que es la chocolatina Twix hecha tarta.

Los Ingredientes.

Para la base:
150 gramos de harina.
120 gramos de mantequilla
60 gramos de copos de avena
5 cucharadas de azúcar moreno
1 huevo.
1 Clara de huevo.
Para el caramelo:

200 gramos de leche condensada
25 gramos de mantequilla
3 cucharadas de azúcar moreno
1 yema de huevo.

Además:

70 gramos de nueces troceadas.
100 gramos de chocolate para fundir

La Faena:

Como en todas las recetas que hemos hecho con masa, lo primero que haremos, será preparar la base y mientras se vaya cociendo, pasar al relleno. Así pues, colocamos en un bol las cinco cucharadas de azúcar con la mantequilla y mezclamos bien. Si la mantequilla está a temperatura ambiente, será más fácil.
A continuación, agregamos la harina, el huevo y los copos de avena. Y con los dedos amasamos todo hasta lograr una masa homogénea que envolveremos en papel film y meteremos al frigorífico durante unos 30 minutos. Pasado este tiempo, estiramos la masa y colocarla en un molde enharinado, pinchamos la masa y horneamos durante unos 20 minutos a 180º. Una opción es batir una clara de huevo y pintar la masa antes de hornearla. Pasado este tiempo, reservamos la base.
O bien mientras esta la masa en el frigorífico, o bien mientras la estamos horneando, es buen momento para hacer el relleno. Para hacer el caramelo o tofee, lo que haremos será colocar en un cazo la leche condensada, la mantequilla, una yema de huevo y las tres cucharadas de azúcar, ponerlo a calentar a fuego lento mientras movemos para conseguir disolver bien el azúcar. Es muy importante moverlo continuamente para evitar que se queme y amargue el caramelo. Una vez bien mezclado y sin parar de remover, llevar a ebullición unos 5 minutos. Durante estos 5 minutos no dejar de remover constantemente la preparación. Estará listo cuando la mezcla tenga un color marrón.
Cuando la preparación este lista, la colocamos en la base que tenemos reservada y sobre este, las nueces troceadas, presionando ligeramente para que se incrusten. Reservamos hasta que se endurezca del todo o se enfríe, que en este caso es lo mismo.
El último paso es la cobertura, para ello, cuando el caramelo este solido, hacemos trocitos y derretimos el chocolate fondant cubriendo con él todo el relleno, lo decoramos y dejamos enfriar.
Cuando leí la receta tenía mis dudas. Cuando la hice, las dudas se multiplicaron, pero al probar el dulce se disiparon por completo. Fue una buena elección.



jueves, 9 de agosto de 2012

Riesling Lounge Snack Bar - Los Urrutias (Cartagena).

Suena en el móvil la alarma del correo. Esta vez es una oferta de Groupon muy interesante en el desconocidísimo restaurante Riesling de Los Urrutias. Casi al instante empiezan a llegar mensajes de Whatsapp. Que invento más bueno y que mal aprovechado. Cincuenta mensajes y cinco minutos después ya habíamos comprado el bono y quedado para cenar en unos días. Siempre y cuando Riesling tuviese mesa para nosotros. Partiendo de la base de lo contento que estoy con todas las ofertas que lanzan desde las distintas empresas, para promocionar locales con atractivos descuentos, y lo mucho que lo estamos aprovechando. Nos crea un auténtico “problema” de agenda cuando somos muchos los convocados a la cita. Hay que comprarlo con tiempo y luego ver las distintas fechas para poder coincidir.
Después de haber reservado, sin ningún tipo de problema, bueno, salvo que no había manera de encontrar el teléfono para reservar, llegamos al restaurante en el que hay demasiadas mesas libres. No entramos al estar nuestra mesa en la coqueta terraza veraniega donde unas palmeras iluminadas al más puro estilo navideño crean un ambiente muy acogedor. La mesa es para ocho comensales y han creado con cuatro mesas pequeñas una mesa más grande y cuadrada, con lo que la comunicación entre todos los comensales es posible y sobre todo fácil, esto permite tanto una única conversación en toda la mesa, como varias simultaneas.
La maître de acento germano-murciano se acerca a nuestra mesa y nos hace entrega de las cartas, mientras toma nota de las bebidas. - Primer fallo, ¡No tienen La Casera! ¡Nos vamos! Pero, si ya esta pagado. Entonces, ¡Nos quedamos! Yo pedí una clara y me la hicieron de 7up, cosa que agradecí pues la de limón no me va mucho. Y su tinto de verano de grifo, parece ser que agradó a quien lo pidió.
El bono daba derecho a un entrante cada dos comensales y un principal por cabeza. En un principio decidimos pedir solamente dos entrantes por partida doble pero la maître nos quitó la idea de la cabeza, aconsejándonos, creo que de manera acertada, que pidiésemos cuatro distintos. Probaríamos más cosas, y aunque en menor cantidad, sería suficiente. Como así fue. Los entrantes que decidimos pedir fueron, una ensalada Cesar de verdad, hay veces que pueden ser de todo menos una Cesar, un Carpaccio de ternera acompañada de sus correspondientes virutas de queso y unas alcaparras que tanto gustan a los germanos, y una terrina de foie con mermelada de fresa. Para terminar, lo único que llevaba un poco de elaboración, unos calamares encebollados con laurel, que casi todos coincidimos en que fueron, con diferencia, el mejor de los entrantes a pesar del pequeño tamaño de los trozos.
Hasta ahora la cosa iba de maravilla. Como había asegurado nuestra anfitriona, pudimos probar más entrantes y no nos habíamos quedado con sabor a poco. Con los entrantes pedimos vino. – ¡Segundo error!, esta vez nuestro. - ¡Empate! Ir a un restaurante que se llame Riesling y no pedir un vino de dicha variedad, no estuvo bien. Tenían el Waltraud de Torres, pero pedimos un Valnogal tinto con seis meses de barrica. –Estaba bueno, pero creo que nos equivocamos.
En los platos principales hubo mucha variedad. Podíamos pedir cualquiera de la carta excepto el solomillo de ternera. Yo me pedí una dorada a la murciana. Quizás la noticia que me dio la maître que solamente le quedaban dos, hizo que me decantara por dicho plato. Mi sorpresa fue mayúscula cuando vi el plato de dorada. Pensé que serían unos lomos, pero por tan ajustado precio, ni se molestaron en limpiarla y me trajeron una magnifica pieza de piscifactoría entera. Con sus patatas, tomate y piñones. Además de mi dorada, pidieron un par de entrecot, otro par de brochetas de solomillo de ibérico con dátiles con bacón y una salsa de pimientos maravillosa a la que por pinta y sabor doy el titulo de plato de la noche. Y lo más llamativo que no sabroso, una brocheta de pollo, calabacín y pimientos colgante sobre un mar de patatas.
No acabábamos de dar crédito a lo que estaba sucediendo. Estábamos cenando de manera más que notable a un precio irrisorio. Solamente deberíamos abonar la segunda bebida, los postres y el café. Si normalmente están bien los bonos que compramos, este estaba mejor.
Los postres pusieron el punto y seguido a la velada. Una tarta de queso y un tiramisú que cubrían muy dignamente el expediente. Y como no, en los cafés, el rey de la especialidad por estos lares, un Asiático que me supo a gloria.
El ambiente, una noche de verano no muy calurosa, el entorno y un buen servicio crearon un ambiente que pedía continuar con la velada. No podíamos terminar con los cafés. Así en plena bacanal, invocamos a Dionisio con unos Tonic & Gin y Mojitos que nos acompañaron hasta bien entrada la noche. Ni si quiera el mal olor que de vez en cuando venía de los campos aledaños pudo con nosotros. Fue una noche para enmarcar.

Riesling Lounge Snack Bar está en la Urbanización Estrella de Mar, en el edificio Las Adelfas 1 de los Urrutias, y para reservar podemos llamar a los teléfonos 968543103 o 657544806.