domingo, 19 de agosto de 2012

Restaurante Vintage - San Javier (Murcia)

 

Estoy completamente convencido de que cuando las cosas se hacen sin un plan previo, de improviso, salen mucho mejor que cuando se preparan de antemano. Entonces, ¿Por qué nos empeñamos en organizarlo todo al milímetro? Supongo que será porque en un muy alto porcentaje de ocasiones, también salen mucho peor que cuando se organiza. Y en esto de los restaurantes nos podemos encontrar simplemente que no encontramos mesa o tenemos que esperar mucho tiempo.
Esta es la entrada de una noche improvisada. Una noche de viernes en la que habíamos decidido quedarnos en casa y una serie de circunstancias hicieron que nos encontráramos en la puerta del Restaurante Vintage de San Javier a las diez de la noche, debatiendo si entrabamos a cenar, o no.


Al final entramos en el solitario restaurante-tienda, decorado con estanterías repletas de vinos y licores, de mesas blancas inmaculadas. Solamente había una mesa ocupada en el moderno, amplio e iluminado salón. Esto suele crear una situación de incertidumbre a la hora de elegir mesa. Hemos de buscar en ese desierto de mesas, una que se ajuste a nuestro número de comensales y no esté demasiado cerca de la otra mesa, no vayan a sentir privada su intimidad. Todo esto ante la atenta mirada del desocupado bar-man, lo que mete más presión al asunto. Cuesta menos tomar la decisión cuando las opciones son menores o no tenemos la sensación que estudian cada uno de nuestros movimientos. Pues bien, estábamos ya casi decididos cuando la camarera complicó más la cosa al darnos la posibilidad de cenar en la terraza que da a un inutilizado campo de prácticas de golf junto a una pequeña fuente cuya cascada, junto al hilo musical donde una voz femenina reinterpretaba los éxitos de la música internacional de los últimos cuarenta años creaban un ambiente idílico. A pesar de que la noche era calurosa, la terraza era más acogedora que el interior.
Enseguida tomaron nota de las bebidas, dejaron la carta y el pan. Con el pan dejaron un platito con aceite de oliva y unos cuencos con tres distintos tipos de sales, Maldom, Negra y Rosa. La carta era creativa y con la variedad suficiente para hacernos dudar entre varios platos. Aunque ofrecían una alternativa muy tentadora que es el menú selección donde por 25 euros podemos elegir tres entrantes, un principal, postre, bebida y café. No lo tuvimos que pensar mucho, solamente que entrantes y que principal pedir. También había letra chica, y era que tres principales encarecían el menú diez euros. Aunque no fue el caso ya que no eran los que habíamos pensado pedir.
De la oferta de siete entrantes que ofertaban, teníamos que pedir tres. Así que pedimos una de las tres ensaladas. Ahí no fuimos muy valientes, pues ante la posibilidad de tomar una ensalada de manzana caramelizada con sardinas ahumadas y vinagreta de membrillo pedimos una ensalada Cesar. Cosa de la que no nos arrepentimos. El segundo entrante y quizás el mejor, fue unos tallarines de sepia con unos ajetes sobre un salmorejo. Estaba muy rico, aunque el concepto o la diferencia de salmorejo y gazpacho no lo dominan muy bien. El último entrante era un revuelto de morcilla coronado por una capa de jamón. ¡Contundente! – Fue la expresión del maître. Dentro del menú estaban incluidas las bebidas. Yo acompañé toda la cena con un vino blanco, Tardevienes de Rueda. La noche era calurosa y no apetecía nada un Rioja, donde la opción era un, para mí desconocido, Navarrsotillo.
Ahora un principal. Teníamos opción a elegir uno entre siete principales. Pero tres de ellos, encarecían el menú. Mi elección fue un mero hojaldrado relleno de gambas bañado por una salsa de marisco. Una versión de la lubina al hojaldre del Restaurante Acuario de Murcia. Un hojaldre industrial envolvía una pequeña porción de mero supuestamente acompañado por gambas y queso. ¡Extraña mezcla!. Digo supuestamente porque apenas si se notaban. El hojaldre lo traían bañado por una salsa de marisco que si bien es cierto mejoraba la ingesta del hojaldre, lo reblandecía mucho. La alternativa de Acuario, que creo más acertada, es poner el hojaldre sobre una salsa de nécoras, con lo que no se reblandece la masa. También tuve la oportunidad de probar el secreto de ibérico a la parrilla, de la que no tengo nada importante que decir. Otra alternativa al secreto, hubiese sido una brocheta de solomillo de ibérico con salsa de queso. Pero esto lo dejaremos para otra ocasión. Pues la experiencia fue tan buena, que seguro que hay una segunda visita.
La cena iba bastante bien, pero como en las buena novelas flojeó en el nudo, para terminar con un apoteósico desenlace. Las opciones que daban en los postres eran cinco. Yo dude entre un semifrío de turrón bañado por una salsa de chocolate caliente o una espuma de café asiático. ¡Blanco y en botella! Este ha sido, sin duda, el postre del verano. No llegan a mis falanges palabras para expresar lo mucho que me gustó este postre. ¡Muy recomendable! Si aquí dieramos premios a los platos que más nos han gustado, este, seguro, tendría un galardón, Además probé una tarta de queso diferente. Servida en una copa de cóctel, más que tarta, diríase crema, que también estaba deliciosa. Los postres fueron el colofón perfecto para la velada. Dentro del menú también había café, pero con el asiático había sido suficiente. Así que pedimos la nota que apenas excedió de los 25 euros por cabeza del menú y con las mismas seguimos nuestro camino conn un grato sabor de boca.
El Restaurante Vintage está en la avenida de la Unión número 62 de San Javier y el teléfono pera reservar es el 968 193301.

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