sábado, 27 de octubre de 2012

Restaurante El Vasco - Villarrubio (Cuenca).


Después de un fin de semana bastante completo en Madrid, nos dirigimos de vuelta a casa. Por distintas circunstancias que no vienen al caso, tenemos que parar a comer en la carretera y que mejor lugar para comer un buen plato de cuchara que el Restaurante El Vasco de Villarrubio en Cuenca. Tanto por calidad como por hora.
Se trata de una vieja Casa de Postas que viene funcionando desde la década de los cuarenta y al que no hace mucho, en la revista Magazine del periódico El Mundo, en un artículo sobre restaurantes de carretera, lo situaba como uno de los mejores de la nacional III para hacer una parada. Saliendo de Madrid, llamamos para reservar, pues temíamos que al ser domingo y vuelta de un puente, no hubiese sitio para un grupo numeroso. Nos dijeron que sin problema, por lo que nos despreocupamos. Al llegar, a la hora acordada nos enviaron a uno de los salones de paredes empapeladas con motivos campestres y madera vista, donde un ocupado camarero nos acompañó a la mesa que nos habían asignado y nos dijo que enseguida estaría con nosotros. Por desgracia esa iba a ser la frase de la comida. 
Hasta ahí todo normal, pasados unos minutos, más de los deseados, nos trajo las cartas o mejor dicho, dejó las cartas sobre la mesa y se fue de nuevo sin tomar nota de las bebidas. Seguían pasando los minutos, aun no era para empezar a preocuparse, pero el tiempo iba pasando y no nos habían traído ni un vaso de agua. El descontento empezaba a aflorar, sobre todo porque tampoco parecía que nos fueran a atender en breve. - La frase enseguida estoy con vosotros había perdido todo su significado.-
Después de demostrar con creces nuestra paciencia, conseguimos que tomaran nota de las bebidas. Esto no quiere decir que nos las fueran a traer enseguida, pero algo es algo. Los solidos tendrían que esperar un poco más. El descontento seguía creciendo y era generalizado. Extrañamente a todos nos dio por tomarlo con sarcasmo entendiendo la difícil situación del camarero que a pesar de no dar a basto, no paraba de entrar y salir de la cocina con platos. Estaba claro que la culpa  de la situación estaba en una mala planificación. Los cubiertos, los dejó sobre la mesa y fuimos nosotros quienes nos los repartimos. Lo curioso y a la vez preocupante era que a todo viajero que paraba a pedir mesa para yantar se le atendía con la frase: "¡Enseguida estoy con ustedes!". - Imagino que días después, estos pobres infelices aún permanecerán en El Vasco esperando que les sirvan un plato de alubias. -
Creo que ya he dejado claro que el servicio fue paupérrimo pues más que servirnos, nos echaron la comida. Así que dejando este tema momentaneamente apartado voy a cambiar lo servido por lo comido. Y como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena. Y tengo que reconocer que aunque muy tarde, estaba todo bastante rico.
Empezamos pidiendo solamente un par de entrantes, una ensalada y un plato típico de la zona. La idea era probar los platos de cuchara. La ensalada no tenía mucha historia. Bueno, lo más destacado fue lo que tardaron en traer la vinagreras. -¡Para la sal ya me levanto yo y la busco!-. El plato típico que pedimos fue una tapa de Morteruelo, un tradicional plato de pastores que consiste en un majado en el mortero de hígado de cerdo junto a otras carnes de caza y especias. Un plato bastante contundente, por lo que con una tapa tendríamos suficiente. Este quizás estaba un poco aceitoso, pero bueno. En los guisos nadie se puso de acuerdo,ni nosotros al pedir, que pedimos un par de sopas castellanas, sopas de cocido, judías estofadas con perdiz y alubias rojas vascas con sus sacramentos, ni ellos a la hora de traer los platos. Cuando ya hacía tiempo que habían empezado a tomar las sopas, por miedo a que se enfriasen, nos trajeron las alubias y un poco después las judías. Un verdadero desajuste en el servicio. Tanto las judías como las alubias eran una delicia. Las judías, muy mantecosas, se desacían en la boca. Merece la pena parar en el viaje, o incluso hacer unos cuantos kilómetros para darse un pequeño homenaje, eso si, cargados con bastante paciencia. Para terminar, un entrecot al centro, de una calidad dificil de superar, pero un poco subido de precio para los tiempos que corren. La bebida fue de abstemio por razones obvias. Con tan contundente comida, no estaba la cosa para tomar los mismos derroteros en los caseros postres. Pedimos la cuajada. - ¡Craso error!- Esta vez no tardo mucho en traer el postre. El raudo camarero lo dejó sobre la mesa para que nos disputáramos su pertenencia. Las cucharas las tuve que buscar por la sala y la miel la estaban fabricando las abejas de La Granja San Francisco. Al final entre los comensales de la sala nos pasamos unos a otros los tarros de miel para ganar tiempo y dejar que el casi sudoroso camarero pudiera seguir malsirviendo las mesas.
Un café bien cargado para seguir con nuestro viaje y la cuenta que aún nos queda un largo camino. Misteriosamente para la cuenta no tardaron tanto como para servir las mesas. Ya estabamos preparados para hacer un gasto adicional, pero teniendo en cuenta que pedimos platos supuestamente económicos como son los de cuchara, dos de ellos de menú, no pedimos vino y solamente un plato principal al centro, el precio me pareció disparatado. Aunque ya sabíamos donde nos metíamos cuando llamamos a reservar. Creo que volveré al Vasco, pero tendrá que pasar mucho tiempo hasta que se me olvide el lamentable servicio que padecimos este día. Llegábamos con la idea de que era un restaurante considerado uno de los mejores de la Nacional III y salimos con la sensación que desde hace años cuidan mucho su cocina y la calidad de sus productos, pero el servicio tiene muchísimas carencias. De todo, me quedo con las alubias con sus sacramentos. En el otro salón, tienen un pequeño expositor donde venden sus guisos. En un principio pensé hacer acopio de provisiones. Rápidamente cambié de idea y opté por hacermelas yo mismo, cosa que hice unos días después.
El restaurante el Vasco esta en la calle Norte número 7 de Villarrubio, en Cuenca. Para los que vamos de paso por la autovía, tomaremos la salida 93 si venimos de Madrid como fue nuestro caso, o la 95 si nos dirigimos hacia allí y el teléfono si para reservar 969135370.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado amigo, lamento leer el mal servicio de uno de los sitios que mas me gusta parar cuando hago esa ruta, la verdad que han crecido demasiado en comensales pero no en personal, normalmente siempre me atendió el dueño del restaurante, y la ultima vez que estuvimos ademas de lo tiempos de espera mas prolongados de los normal, los ingredientes siguen manteniendo su alta calidad, pero como a todos le ha dado por innovar y mi esposa que llamábamos para reservar uno de sus postres estrella, las natillas de la abuela que siempre se agotan, no se parecían a las de siempre, señores son natillas de la abuela un supuesto postre tradicional inventado por la abuela del dueño, respetemos su memoria.
En cuanto al morteruelo si que me gusta traer latas porque es mas sencillo que hacerlo en casa.

Oreikiko dijo...

El servicio, solo el servicio. Pero ni siquiera el camarero que hacía lo que podía el pobre hombre, por cierto, hijo del dueño. Pero era el solo contra la sala. La calidad de los productos muy buena y las natillas de la abuela no las probé, pero supongo que les es más fácil hacerlas de una manera más moderna a la tradicional.