sábado, 21 de diciembre de 2013

Foodie Gastrobar - Murcia.



Gambas en tres tiempos.
Hace unas semanas se organizó una ruta de la tapa por la zona de la calle Abenarabi. El triunfador por unanimidad, fue Foodie Gastrobar con su tapa Morcilla Delicatesen, que consistía en un revuelto de morcilla presentado en el vaso donde normalmente se sirven los cafés cortados, con una espuma de setas y un crujiente de morcilla con tierra de la propia morcilla. Una delicia, aunque a decir verdad,  la competencia era bastante escasa. Cuando hicimos la ruta y llegamos a Foodie, fue el propio cocinero Pepe López quien salió y nos explicó tanto su currículo profesional con Martín Berasategui entre otros, como las dos tapas que presentó al concurso. Fueron quienes más en serio se lo tomaron y crearon un abismo con el resto de los locales.
Esta semana hemos tenido la oportunidad de volver a ir a foodie, y lo hemos hecho por dos motivos fundamentalmente. El primero fue porque alguien nos habló se sus exquisitas gambas rojas en tres tiempos, servidas junto a un caldo de las propias gambas. El segundo es que no podemos dejar de probar un local que está relativamente alejado del bullicioso centro y que se atreve a hacer un tipo de cocina distinto a todo lo que podemos encontrar por la zona.
Al llegar al local tuvimos la oportunidad de elegir entre la terraza, perfectamente habilitada para 
Morcilla Delicatessen.
combatir el frío invernal, o el interior de tamaño bastante limitado, moderno a la vez que acogedor, dominado por una gran barra de madera de pino y taburetes negros y blancos. Quizás demasiado expuesto a los viandantes que deambulan por la avenida de Juan Carlos I a través de sus grandes cristaleras. Al final optamos por sentarnos en una de las mesas de dentro, en la que enseguida nos tomaron nota de las bebidas. Las mesas, como algunas de las paredes, son de madera de pino sobre las que usan manteles individuales de papel como todo gastro-bar que se precie de serlo. El mantel blanco de algodón es caro y da miedo a los comensales low-cost. Yo pedí una copa de vino tinto. La sorpresa vendría después cuando a pesar de informarme bien de que estaba tomando el vino de la casa, no me habían dado alternativa,  resulta que este es el más caro de los que sirven por copa, o al menos a mí me cobraron como si lo fuera. Sinceramente no sé si equivocaron al cobrar o nos engañaron. Tendré que revisar mejor las cuentas a partir de ahora.
Huevos con caldo de garbanzos. 
Pero bueno, allí no habíamos ido a beber, sino a comer, y esperábamos que bien. Echando un vistazo a la carta, al menos tenían ocho tapas que me parecieron interesantes. Así que la selección iba a ser difícil. Cualquier tapa que lleve ali-oli de avellana, espuma de mostaza o mayonesa de eneldo, merecen la pena probarlas. Lástima que tuviéramos que dejar algunas para otra oportunidad. Mientras tomábamos la difícil decisión, trajeron las bebidas con unas aceitunas aliñadas que me parecieron deliciosas. Las famosas gambas rojas y la morcilla delicatesen había que pedirlas, la duda estaba en qué otras. Empezamos con la gamba roja en tres tiempos. Trajeron una gamba roja pelada excepto la cola y la cabeza y empalada en un palillo cual brocheta. Quien nos había recomendado este plato nos dijo que era en tres tiempos porque primero se chupaba la cabeza, luego se comía la gamba y por último se tomaba un caldo del marisco. Estuvimos esperando unos minutos a que trajeran el caldo, pero como no traían nada, nos levantamos a reclamarlo. Al final nos dijeron que solamente se hizo esta presentación para la ruta de la tapa. Ahora ya solo servían una brocheta de gamba. En cierto modo, nos sentimos bastante defraudados al creer que íbamos a probar algo distinto y al fin y al cabo eran simplemente eran gambas, que no es poco. Será que los clientes de diario no merecemos lo mismo que los ruteros. Insisto en este tema pues al estar tan buenas el resto de tapas ¿Como debería estar completa la verdadera gamba en tres tiempos? Por otro lado si hubiéramos sabido que era solamente la gamba, hubiéramos pedido otra cosa más elaborada.
Con las siguientes tapas nos pudimos desquitar. El revuelto de morcilla era el mismo que había
Bacalao al ajo tostado.
ganado la ruta de la tapa. Una tapa sabrosa que consigue reducir el fuerte sabor de la morcilla, que a mí me parece maravilloso, con la espuma de setas. Lo sirvieron exactamente igual que cuando lo probé la primera vez. ¿Por qué las gambas no? Una vez que la morcilla nos hizo olvidar esa primera tapa que ahora no recuerdo, los soldaditos de Pavía que trajeron a continuación, la terminaron por condenar al ostracismo.  Un bacalao rebozado con la pequeña originalidad de añadir tinta de calamar dando un aspecto totalmente distinto al tradicional, pero con igual sabor. Otra opción de tomar el bacalao, es hacerlo al ajo tostado sobre una cama de patatas y con una salsa dulzona que solamente obtuvo elogios de cuantos lo probamos. Cerramos las tapas más elaboradas con unos huevos cocidos a baja temperatura con jamón y caldo de garbanzos. Simplemente era esto, pero no por ser más simple estaba menos bueno. Las últimas tapas que probamos fueron la mini hamburguesa de atún con espuma de mostaza, ideal para los amantes de los túnidos, unos pepitos de solomillo de ibérico con tocino y otro de lomo con queso azul. Tan buenos como económicos.
Cremoso de chocolate.
Cuando pensaba que la cosa no podía mejorar, una vez más me equivocaba. No quise estropear la cena con un postre mediocre que ensombreciera estas tapas tan buenas. Aunque mi lado goloso pedía azúcar. La solución fue pedir un cremoso de chocolate para compartir. Yo dije que solamente tomaría una cucharada. El postre consistía en una crema de chocolate bastante fuerte, acompañado de una tostada de pan, un chorrito de aceite de oliva y un poco de sal Maldom. Creo que no tengo palabras. Me encantó. La cuchara entraba una y otra vez ante el disgusto de mis compañeros de travesía. Fue un acierto de postre, aunque el yogur natural con miel y kiwi tampoco está nada mal. Una vez más mi lado goloso se impuso y acertó, aunque el mérito de la elección del postre no fue mía. 
Tras un café solo, pedimos la cuenta que rondó los quince euros por comensal. Un precio bastante bueno teniendo en cuenta que tomamos al menos dos bebidas por comensal y sobre todo la calidad y el trabajo de las tapas consumidas. Creo que es una suerte contar en la zona con locales como Foodie que sirven buena comida a un precio asequible. Les deseamos una larga trayectoria.

Foodie Gastrobar 
Av. Juan Carlos I, 2 
Teléfono 968969190.

Hamburguesa de Atún.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Restaurante Yaho Alta - Churra (Murcia).



Rollos de pato.
En este mes de diciembre se me está acumulando el trabajo y la desidia. Llevo un mes sin subir nada. Muchas entradas por hacer y pocas ganas. Además me encuentro en una encrucijada. No sé si seguir por el camino marcado con el Restaurante La Torre de Las Flores, con una cocina más tradicional, como podría ser La Meseguera, si volver a hacer una entrada de uno de esos restaurantes a los que tanto nos gusta ir, donde son las manos del cocinero las que convierten un boquerón en una sorprendente delicatessen, hacerla de algún restaurante de los que he ido últimamente fuera de la región, o volver a dar un giro de timón del blog e ir a una tercera y diferente opción, algo más étnico y oriental.
Para dar un cambio y después de mucho pensar vamos con el restaurante asiático Yaho Alta de Churra del que teníamos muy buenas referencias. Como mis conocimientos en comida asiática, a nivel consumidor, son bajos,  ínfimos o incluso nulos, puede que esta entrada no ayude mucho ni a expertos ni a neófitos, pero vamos a intentarlo. Llegamos directamente al restaurante en el que quizás fue el último día caluroso del año. Siendo noviembre aún disfrutábamos de manga corta y el sol caía con justicia, por lo que desestimamos la terraza y pasamos directamente al interior. Increíble pero cierto. Ahora que vamos con bufanda, pienso: que cerca, pero a la vez que lejos han quedado los días cálidos.
Llegamos a Yaho Alta y nos encontramos con una nave de unos 700 metros y dos alturas


decorada con un relativo buen gusto donde lógicamente dominan los motivos orientales, cabezas de buda incluidas y maderas tropicales como el wengue que combinan con los tonos blancos de las paredes. También hay algún que otro guiño a la enología. Me llama especialmente la atención las puertas de entrada, con una rica ornamentación de madera labrada. También hay algún elemento decorativo totalmente prescindible, como una fuente de notas musicales. Eso sí, no encontré ningún Zhaocai Mao de la suerte. Como íbamos con niños nos pusieron en una zona en la que todas las mesas tenían infantes. Las parejas que iban buscando intimidad o simplemente tranquilidad y silencio, las acomodaban en otras zonas más tranquilas, cosa que era de agradecer. Ventajas de tener tantos metros cuadrados.
Dim Sum
Cuando nos sentamos, no teníamos muy claro que íbamos a pedir, por lo que para evitar disputas nos fuimos a lo fácil. Pedimos uno de los menús que ya tienen preparados. Concretamente el número 4. Además pedimos sushi para contentar a todo el mundo y para los niños el menú especial infantil. El menú empieza con una refrescante ensalada de Tailandia con frutos secos, hoja de roble, tomate entre otros muchos, variados y exóticos ingredientes aliñada con zumo de naranja y un intenso sabor a jengibre. Destaca en el servicio la original vajilla con la que enriquecen la presentación de todos y cada uno de los platos que sirven. Después nos sorprendieron con unos crujientes rollos de pato. Cuatro rollitos del grosor no mayor al de un dedo, rellenos de una pasta de carne de pata, cortados en diagonal y servidos de una manera original junto a una salsa dulzona. Otra vez llama la atención la vajilla. Quizás son los rollos lo mejor del menú. El tercero de los entrantes fue la tempura de gambas y verdura. Todo un clásico ya de la comida asiática. La sirvieron en una fuente con forma de barco. Los ingredientes, tanto vegetales como gambas, se notaban frescos y la masa quedaba crujiente, sin demasiado aceite. Antes de los Dim sum trajeron el Sushi. Uramaki  con palitos de mar y gambas adornado con huevas Tobiko (California Roll) y Makizushi de atún y salmón fundamentalmente. Para empezar no está nada mal. Cerramos la primera parte de la comida con los Dim sum. Empanadillas y bolas de masa, de origen cantonés, rellenas de diferentes ingredientes y cocidas al vapor.
Tras estos bocados, pasamos a platos más “contundentes”. Si es que se puede llamar
Gambas con curry.
contundente a algo de lo que ofrecen en este tipo de restaurantes. Gambas con salsa de curry y leche de coco. Bueno, esto no es muy contundente, pero si delicioso. Siempre he oído que los restaurantes asiáticos están altamente occidentalizados. Suavizan y matizan mucho sus sabores adaptándolos al gusto europeo. No sé si será cierto o no, y aunque es algo perfectamente criticable, pues no aprendemos realmente como es su verdadera cocina, yo personalmente lo agradezco. Aquí las gambas saben a curry sin muchas interferencias agridulces ni picantes hasta rabiar que enmascaren el maravilloso sabor del curry. Además, no me gusta nada el sabor de la lima en los platos, la prefiero en los mojitos. Todos estos platos venían acompañados por los omnipresentes arroz y tallarines. Junto a las gambas trajeron el pollo a la plancha, que si de sabor estaba francamente bueno, los trozos eran bastante pequeños. Quizás demasiado. Cerramos los principales con los también minúsculos trozos de ternera picante acompañados de pimientos, mini mazorcas de maíz y zanahoria. Estos dos últimos platos estaban buenos, aunque no más que los que cocinan en el chino que hay frente a mi casa.
Ternera Picante.
Fue en los postres donde fracasaron. Puede que por estar saciados, puede que por la presentación tan simple en comparación con el resto de los platos, puede que por ser helado industrial y no haber de turrón, o por no flambearlo, pero el helado frito no me convenció lo más mínimo. En mi opinión, totalmente prescindible.

El restaurante Yaho Alta es una buena opción para disfrutar de la comida asiática, en especial de la tailandesa en un entorno totalmente distinto al del restaurante chino tradicional de dragones y paisajes orientales excesivamente naif, y a un precio bastante asequible, aunque salvo contadas excepciones ese tipo de cocina no suele ser muy alto. La cuenta de tal festín fue de unos 20 euros por cabeza. Lo mejor de todo fue la decoración, el ambiente y el servicio. Lo más flojo el postre. Yaho Alta lo podemos encontrar en la Avenida Juan de Borbón a la altura de Churra y para reservar lo podemos hacer llamando al número 968835806 o en www.yahoalta.com. También desde hace unos meses han abierto un Yaho Alta en el centro, junto al jardín del Salitre, en la calle Jerónimo de Roda.


Pollo plancha.
Restaurante Yaho Alta.
      C/ Jerónimo de Roda 1. Murcia 30005
      Teléfono 868075932.

      Av. Juan de Borbón S/N.
      Teléfono 968835806.



martes, 19 de noviembre de 2013

Jornadas Riojaemoción - Los Churrascos.



Alcachofa rellena de morcilla y foie.
Un año más, y ya son seis, el grupo Los Churrascos organiza junto a las bodegas Altanza las jornadas gastronómicas “Riojaemoción”. Y si bien es cierto que siempre han de ser bienvenidas, o al menos, abrirle bien los oídos a todas aquellas jornadas, cursos, seminarios o ponencias que nos enriquezcan gastronómicamente. Nuestra experiencia nos dice que desde Los Churrascos no dan puntada sin hilo, y cuando se lanzan a organizar unas jornadas gastronómicas de esta índole, o lo hacen bien o no lo hacen. Aún perdura en la memoria las jornadas organizadas con motivo del certamen flamenco del Cante de Las Minas de la Unión y el gazpacho manchego que ofrecieron importado directamente del Mesón de Pincelín de Almansa.
El motivo de estas jornadas es el acercamiento a la cocina y productos riojanos, que no son pocos entre D.O., I.G.P., Marcas de Garantía, etc. Maridado con caldos de las Bodegas Altanza, el menú degustación combina tradición con vanguardia, productos autóctonos con foráneos cuidando siempre la calidad, muy del estilo de José María Alcaraz, cocinero y alma mater de Los Churrascos.
Tosta de queso con mermelada de calabaza.
Tras el aperitivo de la casa, rompe el hielo el blanco Lealtanza, un coupage de sauvignon blanc y viura,  sin crianza y con claros matices a cítricos y frutas tropicales, que combina perfectamente con pescados. Y es con un pescado, con un tataki de salmón con guacamole y soja con lo que nos consiguen sorprender muy gratamente. Esta gente de Los Churrascos empieza fuerte. ¿Sabrán o podrán mantener este nivel? El siguiente plato, un poco más suave, consiste en una tosta de queso artesano La Casota acompañado de una dulce y rica mermelada de calabaza. Algo así como una reinvención del tradicional queso con carne de membrillo.
Caparrones con sus sacramentos.
El segundo de los vinos es un tempranillo con crianza de 12 meses en barrica, Edulis. Poco evolucionado que lo mismo combina con productos de huerta que con embutidos de más empaque. La alcachofa rellena de foie con morcilla de arroz y arroz inflado es un plato que le viene como anillo al dedo. Un plato que consigue mantener el alto listón iniciado por el salmón. La tercera estación ya son palabras mayores. Un vino con más cuerpo para platos de más porte. El Lealtanza Club Reserva lo maridan con unos embutidos riojanos picantes a la barbacoa y con un buen guiso de caparrones de Anguiano con sus sacramentos. Un menú bastante trabajado y abundante que no ha hecho más que empezar. El último de los vinos, Hacienda de Valvares, es un tempranillo del terruño, con una crianza de 18 meses que  armoniza
Solomillo a la anchoa.
maravillosamente con el plato principal, una creación de tierra y mar, el solomillo a la anchoa acompañado de pochas frescas. Ambos dan un resultado contundente y complejo que cierra, con permiso del postre un menú muy calórico para estos fríos que se nos han echado encima.
La oferta se cierra con una copa de cítricos con crispy de frambuesa. Un postre que con la primera cucharada no decía gran cosa, pero que tras darle una segunda oportunidad y terminar repelando  la copa, me quedé con ganas de repetir.
Tras un café de Il Trovatore y pagar la cuenta, que son 34,90 euros, uno se queda con la grata sensación de haber comido bien y con muy buena relación calidad-precio.

Las VI Jornadas de Bodegas Altanza “Riojaemoción”, se pueden disfrutar desde el lunes 18 al 24 de noviembre en los restaurantes que el grupo Los Churrascos tiene tanto en El Algar (Cartagena) como en Murcia (Hotel Arco de San Juan). Para reservar reservas@loschurrascos.com o llamando a los teléfonos 968221200 para Murcia o 968126028 en El Algar.

sábado, 9 de noviembre de 2013

¿Acaso el cliente siempre tiene la razón?



Hago esta pregunta en voz alta, a raíz de un altercado que sucedió en un céntrico y conocido restaurante, siendo nosotros una de las partes beligerantes, y para ser sincero, tras la discusión, o mejor dicho intercambio de criterios, con los camareros y la encargada del local, aún no sé quién llevaba la razón. El conflicto surgió a la hora de pedir el vino. Esto estoy totalmente seguro que pedí a una camarera, como siempre suelo hacer, una referencia “low cost”. No está la cosa como para tirar la casa por la ventana. El criterio tan simple que seguimos, y perdonen los talibanes de la enología, es elegir dentro de los más económicos, nunca el más barato, alguno cuyo nombre nos suene y que no hayamos probado. Algo imperdonable, lo sé, pero así somos nosotros. El vino que pedimos fue Laderas del Sequé. Un tinto joven con crianza que entraba dentro de estos parámetros en los que nos solemos mover. No pasó mucho tiempo cuando se acercó un camarero distinto a la señorita a la que habíamos pedido el vino, con una botella de vino El Sequé, en este momento, aunque aún no somos conscientes de ello, se produce el error del que aún no sé quién es el responsable, y que trajo una desagradable consecuencia, al menos para mí. 
De manera muy ceremoniosa y protocolaria, el camarero nos mostró la botella y nos advirtió que era la última de las botellas que le quedaba, por si teníamos la intención de pedir otra. Por el número de comensales y por nuestra afición a beber con moderación, le dijimos que no importaba, que seguramente solo tomaríamos una botella. Siguiendo una estudiada ceremonia, el camarero descorchó la botella, dio a catar y tras el visto bueno procedió a servir el resto de las copas dejando botella y corcho sobre la mesa.
La cena discurrió con una grata normalidad, pues tanto la conversación, el servicio como los platos que iban trayendo ayudaban a activar las endorfinas creando una sensación placentera que se quebró a la hora de pedir la cuenta, y no por lo elevada de esta. Al revisarla antes de pagar, me llamó la atención el precio de la botella que habíamos bebido y disfrutado. Se acercaba al doble de lo que marcaba en la carta. Al informar al camarero, nos trajo la carta con la referencia cobrada. Y es aquí donde estriba la duda de quién es el que lleva la razón. Si no son las dos partes quienes tengan razón. ¿Quién debe pagar el pato? Mientras que yo pedí Laderas del Sequé, la camarera entendió simplemente El Sequé. Ahora entiendo lo del ceremonial del servicio y advertir que solamente le quedaba una botella. Seguramente con el otro vino no hubiera habido tanta parafernalia. Una pequeña diferencia que trajo cola. La camarera que tomo nota aseguraba que yo había pedido solamente Sequé. Estoy seguro que alguien más entendido nada más ver la botella habría corregido al camarero del equívoco. En esto llegó la encargada e hizo una simple pregunta. ¿Le han enseñado la botella antes del descorche?
Efectivamente, el camarero, en uno de los paso del ceremonial había enseñado la botella y en ella ponía El Sequé. Como argumento diré que, no me estudié la carta para saber que tenían las dos referencias y además, desde mi lego conocimiento, la etiqueta me sonaba aunque mientras hago este articulo y busco información veo que en nada se parecen la una a la otra. Pero eso lo sé ahora. Mi único argumento, y estaba totalmente convencido de tener toda la razón, era que nosotros habíamos pedido LdS y ese era el que deberíamos pagar teniendo en cuenta siempre la buena fé.
Al final, después de deliberar entre la encargada y los camareros, tomaron la decisión de cobrar el que habíamos pedido y no el que habíamos bebido. ¿Fue esta la decisión correcta? Yo en ese momento pensaba que sí, más, he estado reflexionando sobre el suceso y cuanto más lo pienso más dudas me surgen, porque si bien es cierto que pedí LdS, no lo es menos que disfrutamos de un vino superior, que nos habían enseñado, aunque no fuimos conscientes de ello hasta la hora de pagar. La diferencia apenas estaba en unos 12 euros, pero creo que en este caso el dinero carece de importancia. Lo que me molestó es que en un primer momento dudaran de mi palabra, que pensaran que les estaba intentando engañar, pero analizando el asunto en frío me surgen dudas. ¿Porque decidieron darme la razón?

De manera salomónica, dejamos una propina superior a la que íbamos a dejar. Aproximadamente el 50% de la diferencia de las botellas. Pero el mal sabor de boca que me dejó el incidente tras una maravillosa cena y lo que es peor, la desazón ante lo que ignoro qué postura era la moralmente correcta, me ha hecho plantearme y plantearos esta duda. ¿Tiene siempre la razón aquel que paga? Y si no es así, ¿dónde está el límite? Ni que decir tiene que el vino, como casi todos los vinos estaba delicioso.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Restaurante La Torre de las Flores - Murcia.


Hay veces en las que la simple dinámica de la vida nos va llevando por caminos por los que a priori nunca transitaríamos. Esto no quiere decir que estemos yendo por la senda errónea, sino que son nuestros propios pasos quienes de manera autómata nos han traído directamente al lugar en el que nos encontramos en la actualidad. Es por esto, por lo que, a veces, no viene nada mal detenerse y mirar hacia atrás y a nuestro alrededor para ser conscientes del lugar en el que nos encontramos en estos momentos. Cuando estamos a punto de cumplir tres años con Chef&Chof, un blog que nos ha dado alegrías, aunque también algún pequeño disgusto, aprovechamos para hacer una breve retrospectiva, que además de servirnos para darnos cuenta lo lejos que queda el inicio, y, tristemente, de los buenos y no tan buenos restaurantes que han quedado por el camino,  ha servido para intentar, si no virar 180 grados, si variar puntualmente el rumbo para dar cabida a otro tipo de restaurantes, donde el factor primordial de su cocina es la calidad de la materia prima y del servicio a cambio, claro está, de un precio superior. Generalmente los conocerás por su mantel de hilo, el atuendo de sus camareros y los expositores donde exhiben con orgullo la frescura de oferta.
En esta ocasión nos hemos acercado a comer a la Plaza de Santa Catalina de Murcia. Por allí, de tapeo lo que quieras, en cambio si lo que buscamos es comer sobre mantel y con un servicio que no busque la rotación de las mesas, sino que el comensal disfrute tranquilamente de su comida no hay mucho donde elegir. Nos sentamos en la terraza del Restaurante La Torre de las Flores, la oferta del Mesón La Torre de Puente Tocinos en el centro de Murcia. Imprescindible reservar mesa si queremos ir en fin de semana, aunque la alternativa de la barra o en los toneles no es mala, si queremos tapear. A no ser que haga un frío gélido o caigan chuzos de punta, hay que comer en la terraza disfrutando a la vez que se es parte del ambiente eternamente festivo que se respira en las plazas de Santa Catalina y de Las Flores.
Nos sentamos y pedimos los aperitivos mientras echamos un vistazo a lo que vamos a pedir. Este es uno de esos restaurantes, que aunque parezca increíble, cuando alguien pide un Campari, no solamente saben lo que es, sino que además lo tienen. Así que, con el Campari de los más clásicos y con las cañas de los más tradicionales, los modernos hoy no han venido, pedimos unos aperitivos. Y puestos a ser clásicos y tradicionales, cumplimos con la sacrosanta tradición de pedir los aperitivos murcianos por antonomasia, marineras, bicicletas, matrimonios y caballitos. Mientras que la anchoa de las marineras vienen partidas en tres para facilitar el consumo de los más inexpertos, los caballitos los han convertido en una brocheta de tres gambas rebozadas, acompañados del omnipresente limón. Terminamos los entrantes con un plato de marconas fritas y parmesano, unas deliciosas coquinas y otro de jamón ibérico, que junto al pan tostado que sirvieron, aliñado con aceite, estaba sublime.
Con los principales, también pedimos una botella de Melior, para acompañarlos. Tomamos tanto
carne como pescado. El solomillo al foie estaba como debía estar, pues quien lo iba a consumir, solicitó que lo pasaran de más. Incomprensible a mi entender, pero para gustos los colores y sobre todo, quien paga manda. Los pescados fueron una merluza a la plancha, y yo pedí un rodaballo, pero a los cinco minutos se acercó el camarero a informar que ya no les quedaban. Junto a la mala noticia me dio una solución. Podía, sin encargo, traerme un plato de arroz a banda. -¡Magnifico! Siento decir que eché de menos el limón. Solamente acompaño el arroz con limón o ajo cuando no es del todo de mi agrado, y este no lo fue.
En el postre tampoco acerté, pedí una milhoja con crema, nata y bañada de chocolate caliente. Para mi gusto, la crema pastelera me pareció demasiado industrial, y es lo que más me gusta de este postre. Sin embargo, la tarta de queso triunfó. Rematamos la faena con un café solo, solo. Últimamente no solamente no pido asiáticos, sino que me he quitado azúcar y sacarina. También hay que buscarle el lado amargo a la vida.

Con la cuenta unos licores, de hierbas, café... El precio no era demasiado elevado para lo que pedimos, aunque si nos fijamos bien en la cuenta podemos ver que mientras que hay productos que por su calidad son caros, otros no lo son para nada. El precio del vino, de los postres o de los cafés no es nada disparatado. En cuanto al servicio solamente podemos decir cosas buenas. Rapidez, amabilidad, eficacia. Un camarero llegó a ejercer hasta de guardia de seguridad cuando un molesto beodo importunaba a los comensales de una de las mesas, se puso de pantalla entre uno y los otros. Muy recomendable, y aunque no es el tipo de cocina buscamos cuando salimos a comer, ¿a quién no le gusta disfrutar de los platos de buena materia prima? La Torre de Las Flores está en la Plaza de Santa Catalina número 1 y podemos reservar llamando al número de teléfono 968967290.


viernes, 1 de noviembre de 2013

Restaurante Mar de Sal. - San Pedro del Pinatar.



Esta vez no es viernes, sino un domingo de octubre, soleado y cuasi veraniego. Hemos quedado para comer, aunque realmente es simplemente una excusa. La comida hoy es algo secundario o terciario incluso. Lo realmente importante es pasar un buen día en familia y con amigos. Después de una preciosa caminata por las Salinas de San Pedro entre molinos, golas y saladares, jugando en las montañas de sal virgen los más pequeños, tomando artísticas fotografías o disfrutando de los flamencos en su hábitat natural los mayores, llegamos al restaurante Mar de Sal deseosos de una fresquita cerveza que sacie nuestra desértica sed.

Situado entre el puerto deportivo de San Pedro del Pinatar y la playa de La Llana, no es la cerveza la primera alegría que nos llevamos, sino ver que en la terraza del restaurante, a la vista de las mesas, pero lo suficientemente alejados de estas para no molestar a otros comensales, hay unos columpios y un pequeño hinchable donde los pequeños pueden jugar mientras los mayores alargamos la sobremesa. Del restaurante a parte de la terraza, poco más puedo decir al no movernos de allí. Es un chalet trasformado en restaurante y con una buena parcela que le da juego para la celebración de eventos de distinta índole.

Para los niños tiene unos menús bastante interesantes por diez euros con los que no iban a pasar hambre. De entrantes pueden elegir entre nuggets de pollo o unas Delicias de Mar (croquetas). De principal o pizza o escalope de pollo con patatas. Vale que no sea muy variado, pero un día es un día. De postre helado puesto que el día acompaña. Los mayores tenemos encargado un caldero, pero como la caminata nos ha abierto el apetito y mientras esperamos a que lleguen los que se han saltado el paseo, pedimos unos entrantes para ir haciendo tiempo y boca.
Con la primera cerveza, esa que dura cero coma y que está tan refrescante, nos traen unas patatas y unas aceitunas que duran menos incluso que la cerveza. El causante ha sido el batallón de infantes que no sé cómo lo hacen, pero en el momento que aparece por la mesa aperitivos como almendras, aceitunas o patatas, lo huelen y caen sobre ellos como moscas dando buena cuenta de ellos. Como justa venganza, nos apropiamos de algunas de las croquetas que los más pequeños han decidido no comer. No les vamos a dar la oportunidad de que cambien de opinión.
Ya con la tranquilidad de haber alimentado a la prole y saber que están plácidamente jugando, llegan los últimos comensales que faltaban. Empezamos con una sepia a la plancha. - Sepia, caldero, calor. - ¿Con que mejor acompañarlos que con un fresquito albariño? Tras la cerveza, el elegido es Troupe, "elixir de intensos toques afrutados e irresistible color y aroma". No es cuestión de abusar, que luego viene el caldero, así que, unos huevos rotos con lascas de jamón ibérico y ¡a por el arroz! Decorados con sal negra, seguramente de las propias salinas, para mi gusto estaba demasiado cuajada la yema del huevo.
El arroz no se hizo esperar. Antes de servir, al ir a pasar un largo y entretenido rato juntos, vinieron las
presentaciones. Como mandan los cánones. Tanto el arroz dentro del caldero como un par de bandejas de barro que traían el pescado eran exhibidas para deleite de las cámaras fotográficas. A lo hora de emplatar, lo sirvieron junto al pescado y con un poco de ajo, siguiendo la tradición. En cuanto a la cocción, estaba perfecto. Las lenguas viperinas aseguraban que era arroz brillante. De sabor un poco flojo. No encontrábamos el gusto a ñora por ningún lado. Aun así, no nos conformamos con nuestro plato, sino que también dimos buena cuenta del que había sobrado, que no era poco.
Aún quedaba sitio para algún postre. Y menos mal.
Hay veces en los que nos cebamos con el arroz y no hay cabida para nada más. Esta vez sí lo hubo y gracias, porque los postres fueron lo mejor de la comida, junto a la primera cerveza.Estaban bastante buenos y azucarados. El problema es que ninguno me llamaba más la atención que los demás, o dicho de otra forma, dudaba entre varios, y no me gusta tener que decidir. Los finalistas, todos caseros, eran una mouse de turrón y una diferente tarta de queso, servida en vaso. Al final pedí la mouse bañada, por si no tenía suficiente azúcar, por sirope de caramelo, aunque también probé la tarta de queso. Ambas fueron un acierto, como también lo hubiera sido las natillas que se quedaron en tercer lugar.
Tras los cafés y unos licores, liquidamos la cuenta que rondó los 25 euros por adulto gracias a que íbamos con un descuento en el arroz del 50%. Al salir, los remordimientos empezaron a hacer mella en algunas conciencias, y como el día invitaba, nos fuimos a dar otro paseo, esta vez por la zona de Los Molinos, donde además de algún que otro flamenco, vimos algún turista dándose los lodos. Dejamos la playa de La Llana que está junto al restaurante para nuestra siguiente visita. El restaurante Mar de Sal está en Las Salinas de San Pedro del Pinatar, frente al puerto deportivo y la playa de La Llana. Para reservar hay que llamar a uno de los teléfonos 968183666 o 650164592. Abren todos los días, aunque cenas solamente sirven los viernes y sábados. Muy recomendable y aunque ellos digan que "lo importante no es el lugar, sino la compañía", en esta ocasión el lugar sí que es un plus.


jueves, 24 de octubre de 2013

Restaurante Quesería El Balcón de San Juan - Murcia.


Provoleta.
Hay restaurantes en los que se cocina, bien, mal o regular, pero allí se cocina. De una forma más o menos creativa se preparan los ingredientes siguiendo unos rituales, en algunas ocasiones ancestrales, que dan como resultado unas verdaderas delicias para nuestros sentidos. En la mayoría de estos procesos interviene la aplicación de calor, cocción, que consigue modificar el sabor, textura y color de los alimentos a la vez que los hace más digestivos. Sin olvidar que algunos sibaritas lo consideramos todo un arte, llegando a aupar a los grandes cocineros a verdaderos profetas de algo cada vez más parecido a una religión.
Por otro lado hay establecimientos, que no dejan de ser restaurantes, en los que la cocina no tiene excesivo protagonismo y se dedican a servir comida. El caso del Balcón de San Juan es más parecido a este segundo tipo de locales. La creación culinaria ha dado paso al servicio de platos donde la materia prima, o semielaborada es servida de manera casi intacta. Y es que, si un dulce hecho a base de chirimoya, no puede mejorar a la chirimoya. ¿Para qué perder el tiempo?
Ensalada "Pecado".
Cuando llegamos al Balcón de San Juan, a pesar de llevar reserva, tuvimos que esperar un rato. Es cierto que ya estábamos avisados, así que, mientras hacíamos tiempo, nos tomamos una copa de vino bajo su balcón. El restaurante es pequeño, en el interior apenas tiene cinco o seis mesas, más una coqueta que da al exterior, a la plaza de San Juan, en el llamado "balcón". Se accede al moderno local de tonos rojos y blancos, sillas wengué y manteles rojos, subiendo unos escalones protegidos por una mano de Fátima. Nuestra mesa, que era para nueve comensales, estaba fuera. Fue cuanto menos sorprendente que tras esperar una media hora a que se desocuparan las mesas, sacaron de dentro un tablero, dos caballetes y montaron nuestra mesa. Muy eficaces, pero si lo hubieran hecho media hora antes creo que no hubiera pasado nada.
Al ver la carta nos damos cuenta trabajan una cocina muy sencilla. Aquí los platos estrella son las tablas de patés, las de quesos, queso fundido, queso rebozado y sin olvidar las ensaladas, que también tienen muy buena pinta. Empezamos pidiendo unas sartenes de chorizo y unas provoletas. Entiendo que lo hicieron por servir lo más rápido posible, pero tanto al queso provolone como a los chorizos no les hubiera venido nada mal estar más tiempo al fuego. La provoleta es un queso asado que se debe servir fundido. Si no le das el calor suficiente para fundirlo, dejas el plato a medio. Lo sirvieron acompañado de tomate rallado y un poco de eneldo. Por su parte, los chorizos no tomaron color y lo que es peor, no llegaron a soltar esa grasa que tanto gusta sopar y tanto colesterol nos aporta. Las sartenes de los chorizos estaban casi inmaculadas, no teníamos donde sopar. Además habrían rematado la faena si a la vez que se dan prisa con los entrantes, lo hubieran hecho también con los cubiertos ya que dejaron los platos pero no teníamos con que comerlos.
Probamos también sus ensaladas, que como he dicho, parecían interesantes. La ensalada Pecado, con endivias, roquefort, nueces y lechugas variadas estaba más suave de lo esperado. La de queso de cabra a la plancha y semillas muy completa y la de jamón y piña que creo que fue, junto a los chorizos, el único plato que no llevaba queso. Para finalizar la cena pedimos unas hamburguesas. Probamos la de roquefort, la de queso de cabra y la de pimienta verde. Que nadie espere encontrar aquí hamburguesas de carne de buey de Kobe o de Angus. Hamburguesas normales, alguien comentó que parecían compradas así en algún supermercado de la zona, acompañadas de  las distintas salsas. En la de pimienta verde, la cantidad de pimienta verde que ponen es algo más que excesiva. Se hace tan difícil de comer, que tenemos que quitar casi toda la salsa. No es agradable comer una hamburguesa masticando las pimientas. Esa salsa bañando un solomillo es otra cosa, podemos tomarlas o no. En la hamburguesa eran inevitable. Las trajeron servidas en el pan de semillas de sésamo tan característico de las hamburguesas de franquicia y sin ningún tipo de acompañamiento, totalmente viudas. A pesar de todo esto, nos gustan, y más si las regamos con La Malkerida, 100% bobal.
Coulant de chocolate.
Los postres estuvieron a la altura, o incluso mejoraron la cena. Pedimos un coulant de chocolate que venía acompañado de helado de vainilla y decorado con el omnipresente sirope de caramelo. Me atrevería a apostar a que no ha sido cocinado en varios kilómetros a la redonda. A pesar de todo, logra calmar mi ansia de azucar. El otro postre es más difícil de clasificar. Casi mejor decir los ingredientes y que cada cual lo defina a su gusto. Era una mouse de queso servida con trozos de turrón semifrío, de piña y bañado por sirope de caramelo. Una delicia para los más golosos.
Terminamos con unos cafés y unos chupitos mientras esperábamos la cuenta. No fue nada caro, salimos por unos veinte euros por cabeza.
Sintetizando un poco, el servicio quizás era escaso para todas las mesas que tenían en la terraza. Un solo camarero, ayudado puntualmente por su compañero tenía que desdoblarse para atender a los clientes. La cadencia en el servicio de los platos no fue demasiado lenta, pero si se notó en otros detalles como podía ser el tiempo en reponer el pan o las bebidas. Un detalle que no gustó fue que trajeran los refrescos ya servidos de dentro. Claro que para los tiempos que corren, los ajustes son muy necesarios si se quiere ser competitivo, que el mercado, aunque algunos no lo vean, está muy difícil.
El Balcón de San Juan está en la Plaza de San Juan número 5 y si queremos reservar, tenemos que llamar al número de teléfono 618086873, aunque si es a la hora de comer hay que tener en cuenta que solamente abren a mediodía a partir de los viernes.


jueves, 10 de octubre de 2013

Ginkgo Biloba Vinos & Tapas - Murcia.


Tosta de foie con pistachos.

Por fin es viernes. Hoy toca salida otra vez, cosa que ya se ha convertido en costumbre, y afortunadamente no solo nuestra, las calles están a rebosar de gente con ganas de disfrutar del fin de semana que acaba de empezar. Esta vez volvemos a Ginkgo Biloba después de más de un año para subsanar un más que posible error de criterio. Hace meses una lectora me lo aconsejó  y creo que de manera muy acertada. Llegamos a la tapería de la calle Sancho sin reserva ya que en su política está la no admisión de reservas. Cosa que como dije en su día es comprensible por las reducidas dimensiones del local. Para ser sincero, teníamos un plan "b" pues estaba casi seguro que no encontraríamos mesa para 6. Al final hubo suerte porque las buenas temperaturas nocturnas de octubre les permite mantener la terraza abierta con lo que pueden doblar la clientela. Nos sentaron en una mesa de dentro que acababan de despreciar tres jóvenes fumadoras que preferían el vicio a la comodidad del aire acondicionado. ¡Qué casualidad! En la mesa continua estaba sentado el ilustre escritor Jerónimo Tristante. Pensé acercarme a él para ver si se me pegaba algo de su buen hacer literario y así combatir las críticas literarias que últimamente estoy recibiendo por parte de un anónimo lector.
Enseguida el camarero trajo la breve aunque variada carta en formato cuartilla plastificada a la vez
Lasaña vegetal.
que nos tomaba nota de las bebidas. Yo pedí directamente vino, Joven de Silos. Creo que deberían, ya que tienen, según dijo el camarero, unas veinte referencias de vino, hacer una carta para facilitar a los clientes la elección. La carta es muy interesante aunque un poco difícil de interpretar, por lo que tuvimos que necesitar varias ocasiones ayuda, que todo sea dicho fue muy útil. Platos con nombres como pollo Ginkgo, lasaña de la casa o crujiente de verduras pueden encerrar detrás de sus nombres un amplio espectro de posibilidades. En camarero nos explicó todas las dudas que tuvimos e incluso recomendó de manera muy acertada las cantidades que deberíamos pedir.
Con las bebidas y habiendo sido advertidos de que algunos platos tardarían un poco, trajeron un plato de encurtidos para pasar el tiempo. Estábamos cómodos, a buena temperatura gracias al aire acondicionado y en buena compañía. Esta vez no teníamos nada de prisa. Desde nuestra visita anterior, el aspecto del local apenas ha cambiado. Sillas color pistacho a juego con la paredes, grandes cristaleras a la plaza y una iluminación demasiado tenue que para los que no gozamos de buena vista dificulta la lectura de la carta.
Canelón de cordero.
De la decoración del local ya hablé en mi primera visita, así que vamos a pasar a las tapas que probamos sin más demora. Como decía, la carta era muy interesante, y a pesar que compartimos la mayoría de las tapas, hubo muchas que nos quedamos con ganas de probar. Tapas como el ossobuco y polenta, tosta de pesto, mozzarella y jamón, o verdura romescu y torta del Casar. Pero bueno, centrémonos en lo que sí probamos y no en la que pudo haber sido, pero no fue. Rompimos el hielo con la Lasaña de la casa. Una lasaña de verdura, donde predomina la berenjena. La sirven coronada de una manera muy acertada por un poco de sobrasada creando un contraste acertadísimo. Muy recomendable. Después, con Italia como nexo de unión, pedimos unos raviolis de foie que habían cambiado ligeramente. También cumplía con las expectativas de manera sobrada.
Con la siguiente tapa la cosa, para algunos, se torció. Fue una tosta de foie, pistacho y cebolla caramelizada. Era exactamente lo mismo que pedimos en nuestra anterior visita con un pequeño matiz, ahora hay tosta donde antes era tartaleta. Es una tapa simple donde el sabor y textura del foie es lo que predomina. También he de decir que ha mejorado mucho con el cambio de la tartaleta industrial por una rebanada de pan de cristal. Muy interesante para los amantes del foie. La última tapa que probamos fueron unos novedosos canelones de cordero. No se que me gustó más si el canelón, o la salsa que lo bañaba. ¡Deliciosa! Estaba tan buena que nos pareció que llevaba demasiada poca. Fue una gran tapa que puso fin a lo salado para dar paso a los postres. Ahí flojea un poco la cosa al tener solamente cuatro opciones. El canutillo de Idiazabal, entre otros, ha sido retirado de la carta. Elegimos probar la tarta de zanahoria y chocolate blanco, y repetimos con la torrija caramelizada. Definitivamente me quedo con la torrija. El coulant y la crema de Maracuyá con galletas Oreo lo dejamos para otra ocasión.
Al pedir los cafés y la cuenta, nos obsequiaron con unos chupitos que degustamos mientras esperábamos cumplir con nuestra obligación. Esta no fue nada desorbitada, más bien todo lo contrario. Menos de veinte euros por cabeza, y aunque es cierto que prácticamente todo fueron tapas para compartir, tienen unos precios muy de acuerdo con el coste del producto y la situación. Es llamativo que los precios apenas hayan subido unos céntimos en todos estos meses.
Reflexionando desde la crítica anterior a esta, habiendo cambiado muchos las circunstancias, no se si estaba equivocado desde el minuto cero, que una mala noche la tiene cualquiera o que han evolucionado de manera muy positiva, pero creo que Ginkgo Biloba en relación calidad precio es de lo mejor que podemos encontrar hoy día en las calles de Murcia. Ginkgo Biloba está en la calle Sancho número 5 y el teléfono de contacto es 637268188, aunque solamente hacen reservas para más de 7 comensales.
Tarta de zanahoria con chocolate blanco.