jueves, 30 de mayo de 2013

Molino de Abajo - Bullas




Fandango.
Ultimamente le estamos cogiendo gusto a esto de las excursiones con final o intermedio gastronómico. Y más si hace acto de presencia un organizador competente que te da todo tan bien preparado que no tenemos nada más que disfrutar de las excursiones y de la buena comida en restaurantes donde ya ha pactado la comida a un precio más que razonable. Después de Jumilla donde nos llevaron a Viña Elena y disfrutamos, entre otras cosas del gazpacho jumillano en De Loreto y de la excursión a La Unión, a la mina Agrupa Vicenta y posterior caldero en Casa Cegarra de Portmán. Esta vez el destino es Bullas, donde no solamente hay vino. Organizaron una ruta hasta el Molino de Arriba, allí disfrutamos de una espectacular cascada del río Mula, el Salto del Usero, que a su paso ha labrado la roca caliza dejando un maravilloso paisaje de marmitas y pozas. Desde allí fuimos dando un bonito paseo entre sauces, alamedas y huertos, mientras hacíamos hambre hasta llegar, tras pasar por el Molino de Enmedio, al Molino de Abajo, donde hicimos parada y fonda.
Fritada de Pulpo.
El Molino de Abajo, es uno de los antiguos molinos hidráulicos que hay en el Río Mula a su paso por la localidad, que ha sido rehabilitado y convertido en una Hospedería Rural. Un auténtico museo donde aún conservan la tolva, las piedras solera y volandera o algunas de las herramientas y aperos vinculados al trabajo en el molino. Tras atravesar gran parte del establecimiento de estilo rustico, y debido a nuestro número y condición (muchos y con niños), nos ubican en un largo comedor iluminado de manera natural por unos grandes ventanales que dan al cauce del río, la misma sala en la que conservan la maquinaria del antiguo molino. La partición de las mesas es por edades. Los más pequeños más cerca de la puerta, para terminar y salir corriendo a la zona de ocio. La de los mayores junto al molino para comentar el ingenio tecnológico del pasado mientras saciamos nuestra sed y degustamos unas ricas viandas.
Enseguida el camarero, consciente de nuestra larga caminata, sin preguntar si quiera, deja sobre la mesa unos frescos tercios de cerveza que aunque son bienvenidos, saben a poco. Los que se han dado prisa en ir al baño a asearse antes de comer, se quedan sin la primera tanda, aunque para la segunda no hubo que esperar mucho. Con la llegada del camarero con una nueva ronda de cervezas, pedimos el plato de los chicos. Plato combinado para todos, donde cada uno pudo pedir la combinación que quiso de lomo, huevos fritos, patatas o algún embutido. Para los adultos siguió trayendo bebidas al tener el menú cerrado de antemano.
El menú concertado empezaba con unos aperitivos de lo más tradicionales, olivas machacadas, almendras de las que van con piel, patatas fritas y un plato de jamón y queso, que como primer golpe y para reponer fuerzas, fueron más que bien. El jamón y el queso eran de lo más normalillo, pero en un sitio así y a este precio, olería mal si el jamón es de calidad o el queso de autor. Tras el jamón y el queso, un plato de rico fandango  de bacalao (atascaburras al estilo bullense) aliñado con pimentón y aceite. Quizás poco espeso, pero muy sabroso. No aprecié mucha diferencia con el atascaburras tradicional. Quizás en la cantidad de huevo duro, o quizás en nada. A continuación sirvieron una fritada de pulpo. El sabor del pulpo brillaba por su ausencia, no es que no hubiera trozos, sino de sabor queda anulado, el fuerte sabor del tomate enmascaraba cualquier indicio que pudiera haber del pulpo. El último de los entrantes fue unas cuñas de queso fresco a la plancha acompañadas de unos tomates partidos. -Aqui no hemos venido a degustar alta cocina, pero estabamos disfrutando como hacía tiempo que no lo hacíamos.
Milhoja.
Unos aperitivos, tres entrantes y ahora el plato fuerte, un asado de cordero. Este era el menú que nos habían preparado en el Molino de Abajo. Trajeron en unas llandas unos codillos de cordero asados, uno por comensal, sobre un lecho de patatas y con abundante caldo donde se habían ido cociendo junto a las patatas, unos trozos de tomate y unas cebollas que aromatizaban e invitaba al mojete. Y seguro que lo íbamos a hacer, que con la caminata que nos habíamos pegado, nos lo habíamos merecido. Aunque, para mi gusto, las patatas estaban un poco enteras. Puede que los trozos estuvieran cortados demasiado grandes o puede que mi gusto sea . El sabor del asado era extraordinario. Dí buena cuenta del que me correspondia y además, como carroñeros caímos sobre una pieza que alguien no pudo comerse. Como preveía, tras el cordero y las patatas, fuimos a por el pan. Como ya habíamos saciamos nuestra sed con la cerveza, pasamos al vino para que hiciera digno acompañamiento al cordero. -¡Y a fe que lo hizo! Como estábamos en tierra vitivinícola, no debíamos hacerle un feo a la comarca, y nos homenajeamos con el autóctono Las Reñas, un monastrell de 2012.
Orgullosos por la ruta realizada, contentos por lo comido y felices por la buena conversación y mejor compañía, casi sin darnos cuenta llegamos a los postres. Nos sirvieron unas milhojas rellenas de crema pastelera y nata. Y bañadas, como no podía ser de otra manera, de chocolate caliente. Un postre facil a la par que resultón.
Como decía antes, es cierto que se trata de un menú que podríamos catalogar como anti-delicatesen, y es que no solo de foie vive el hombre. A pesar de esto, que cobren 20 euros por menú, 6 por los platos combinados de los niños, refrescos y café a parte, es un precio más que atractivo para ir a Bullas y disfrutar de sus paisajes y su gastronomía. Una buena opción fue este restaurante, el Molino de Abajo, situado en el paraje que lleva su nombre, en Bullas y los teléfonos para reservar tanto restaurante como la hospedería y las casas de madera son el 968 43 13 83 - 629 67 27 84 - 639 95 95 09.
Tras la comida, lo duro no fue pagar la dolorosa, sino la caminata que nos quedaba por delante hasta llegar a los coches para volver a casa. 

jueves, 23 de mayo de 2013

Barra de Barras - Homenaje al Maestro Raimundo - Rincón de Pepe (Murcia).



Guiso de Trigo.
Este fin de semana se cierra la trilogía de Barra de Barras que se ha venido celebrando en El Rincón de Pepe con un más que merecido homenaje al más internacional de los cocineros que ha habido en nuestra tierra, Don Raimundo González Frutos. Tras los menús propuestos por Miquel Ruiz y Senén González para estas jornadas, en esta ocasión el homenaje consiste en la reinterpretación de alguno de los geniales platos que durante años han ido saliendo de la cocina de El Rincón de Pepe. Para ello, como si de Euristeo se tratara, los "Gastrologos" Antonio Jesús Gras y Roberto Fuentes, han propuesto a cinco importantes cocineros y a un extraordinario repostero ésta nada fácil tarea que han sabido resolver con una maestría acorde con los platos que reinterpretaban. El menú fue presentado con la presencia del propio homenajeado, quien como no podía ser de otro modo, acaparó la atención de todos y amenizó la velada con sus innumerables anécdotas de cocinero con algunos años de experiencia al servicio de la cocina. Cuando habla de quienes ha dado de comer, lo hace más como si de amigos se tratara que de clientes. Y, a pesar de decir por activa y por pasiva que no se merecía tal homenaje, cada anécdota que salía de su boca, justificaba todo este proyecto y lo empequeñecía.
Alcachofas a la Manzanilla.
El menú elaborado para la ocasión consistía en siete "tapas", aunque el termino se les queda corto, más dos tapas dulces. Empezamos la cena con la interpretación del guiso de trigo. Una receta coral que presentan en un chupito aromatizado por hierba buena y decorado con cereales inflados que dan textura a la crema. Apenas tuvimos oportunidad de comentar este plato, nuestra atención estaba centrada en el homenajeado, que seguía con su retahíla de interesantísimas anécdotas que lo mismo hablaban de personajes de la talla de Ramón Gaya, como que saltaban a un desconocido cliente valenciano. La vida que ha llevado entre fogones, le permite hablar de "Manolete" o de Hemingway, como nosotros podemos hablar del vecino del quinto.
La segunda tapa es la visión que Ginés Nicolás, jefe de cocina del Rincón, tiene de las alcachofas a la manzanilla con piñones y gambas servido en timbal. Aquí entran en juego las nuevas tecnologías que infusionan al vacío logrando conservar mejor los sabores. El timbal viene cubierto por un carpaccio de gamba. Todas estas tapas y las restantes maridan con un vino monastrell alicantino, Laderas del Sequé de 2012. Jesús Ortega, del Restaurante El Sordo de Ricote, toma el relevo y ofrece un sorprendente y limitado plato, ya que por sus características solamente se puede realizar durante un par de semanas a lo largo del año. Semanas que coinciden entre el final de la temporada de las habitas con la llegada de las almendras tiernas y gelatinosas. Si a estos dos ingredientes le sumamos unos taquitos de jamón y un huevo de codorniz poché aromatizado con el finísimo aceite de la casa. ¿Que más se puede pedir?
Caldero.
Pues el plato típico, por antonomasia de nuestra cocina. El Caldero. La encargada de elaborar la tapa es Estrella Carrillo del Restaurante Santa Ana de Los Ramos y la innovación a su suave caldero de ñora y potente de azafrán es un crujiente de hoja de limonero, al estilo del paparajote, que aunque suene raro, es una autentico descubrimiento. -¡Brillante! Como no hay quinto malo, al llegar a la tapa con este número, Cayetano Gómez, único ausente en la cita al encontrarse de viaje, sorprende a propios y extraños con unas berenjenas a la crema, complejas tanto por los sabores como por las texturas. Mezcla un yogur de queso de cabra con el dulce miso para lograr la crema que empapa la berenjena cubriendo todo con una espuma de bechamel. Un imprescindible y va a dar mucho que hablar. Brillante de nuevo.
Habitas a la murciana.
Llegados a este punto, no hay banquete que se precie de tal sin su carne y su pescado. Y aquí lo hay. El pescado a cargo de José María Alcaraz del Restaurante Los Churrascos de El Algar, es un lomo de dorada al vino blanco acompañado de espinacas fritas. Quizás sea la tapa que menos me gustó. Para terminar con los salados, el mítico nido de ternera al vino, a cargo de José Nicolás quien hizo doblete para homenajear al que en otra hora ocupaba su puesto al frente de la cocina del Rincón.
Las dos tapas dulces vinieron de la mano de Juan Antonio Serrano, de la confitería Serrano de Santomera, quien, por no ser temporada, no pudo elaborar el sorbete de higos chumbos y nos tuvimos que contentar con un delicioso y refrescante puré de fresón. Y para finalizar, como guinda a todo esto, el plato que no podía faltar, la leche frita flambeada con una puesta en escena propia del siglo XIX pero que respeta la esencia de la original.
En resumen, estamos ante la oportunidad de disfrutar por penúltima vez de los platos del que en otra época no muy lejana, fue un primera espada, no ya solo de la cocina murciana, sino a nivel nacional. Una oportunidad de disfrutar de nuestra cocina en su máxima expresión de la mano de grandes cocineros locales a un precio bastante atractivo.
 El Rincón de Pepe está en el número 34 de la calle Apóstoles de Murcia, y podemos reservar mesa para degustar el menú en el teléfono 968212239.

Berenjenas a la crema.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Restaurante Elías - Xinorlet (Alicante)



Anchoas.
Después de criticar las grandilocuentes listas de los mejores arroces del levante, de la zona mediterránea o incluso de toda España, para celebrar el día de la madre no se nos ocurre otra cosa que coger el coche e irnos a celebrarlos a uno de esos afamados restaurantes que pueden presumir de estar en muchas de esas listas que valoran los mejores arroces de este nuestro país. Con el agravante que está a cierta distancia y la carretera no es demasiado buena. Muy cerca de la localidad alicantina de Pinoso (El Pinos), en Xinorlet, una pedanía de Monovar, está el Restaurante Elías. Las referencias de su arroz, no solamente venían de revistas y web especializadas, sino que el boca a boca también había hecho su papel.
La llegada no fue nada difícil, por todo el pueblo hay carteles que indican el camino a seguir. En la moderna fachada de grandes ventanales de cristales de espejo, solamente hay un pequeña placa de metal oxidada, junto a la puerta, que indica que nos encontramos en nuestro destino. Entramos al recibidor y ya podemos vivir el ambiente arrocero que se respira en Elias. Junto a la barra de madera, hay, acristalada, una sala donde podemos ver como los maestros arroceros trabajan utilizando leña como única fuente de calor, como si del nido de un maternal se tratase.

Fritura de la huerta.
La mesa está en un comedor privado, el salón grana, iluminado por dos de los ventanales de la fachada. La estancia es de tonos grises y de una de las paredes cuelga una antigua puerta de aparador hecha espejo. Mientras esperamos a que estemos todos, nos tomamos una cerveza acompañada del aperitivo de la casa. Dos platos de almendras marcona fritas, una botella de aceite Masia El Altet, que no llegamos a abrir y un par de morteros que contenían uno, una salsa de tomate medio confitado y alioli en el otro a las que nos entregamos con pasión y con pan tostado a leña.

Ensalada de Merluza.
Teníamos encargado un arroz de conejo y caracoles, pero no era cuestión de llegar, comernos los aperitivos y pasar directos al arroz. Además siendo esta zona de gazpachos, no podemos dejar de degustarlos y comparar con los que recientemente hemos probado en La Zorrera o en De Loreto. Como entrantes pedimos algo para todos los públicos. El primero de ellos fue una ensalada de merluza. Muy desmigada, mezclada con una mahonesa a modo de ensaladilla rusa y decorada por huevo duro rallado, perejil y cebollinos. Un entrante bueno, pero excesivamente caro. Su sabor era bastante suave y lo conpensamos con el segundo de los entrantes, unas anchoas del cantábrico, de buen calibre, sobre una tosta de pan con tomate restregado. El último de los entrantes fue el llamado fritura de la huerta que no era otra cosa que un variado de verduras en tempura, bastante bien logradas pero si cabe más cara aún que la merluza.
Antes del arroz trajeron el gazpacho manchego, servido sobre una torta cenceña (de pan ácimo). La carne que utilizan es conejo y pichón a la que añaden caracoles y setas. En el plato había cierto sabor a quemado que ensombrecía los sabores, aunque no pudo con el de las setas.
Gazpacho Manchego.
Por último el famoso arroz de conejo y caracoles al estilo Pinoso, donde el arroz se degusta directamente de la paella sobre la mesa. Aquí la puesta en escena es muy importante y cuidan mucho los detalles. El primero de ellos es el cubierto a utilizar, un tenedor especial de arroz. Una especie de híbrido entre cuchara y tenedor, la pala es algo más cóncava que la de los tenedores comunes para recoger mejor la comida y al mismo tiempo dispone de púas para pinchar la carne que podemos encontrar. El segundo de los detalles está en la paella, viene protegida por un  molde de acero que evita que nos manchemos de hollín y con unas patas de altura justa para dejar espacio para un plato bajo ella. El tercero de los detalles, es la disposición de los tropezones, que quedan repartidos de manera homogénea dando un bonito efecto visual . Para acompañar el arroz, pedimos un vino de la tierra, Toscar de 2010, de Salvador Poveda y de variedad monastrell. En cuanto al arroz no se si llegará a ser uno de los mejores que he probadosi puedo nunca, mi memoria gustativa no me da para tanto, aunque puedo asegurar que estaba delicioso. De sabor suave frente a otros mucho más especiados y potentes. Lo extraordinario de este arroz es, sobre todo, su textura. La capa de arroz es muy fina y practicamente todos los granos están en contacto con el metal. Una vez consumido el caldo, se carameliza sin llegar al punto de "socarrat", concentrando en cada grano el sabor de los caracoles con un ligero toque a leña. Ni que decir tiene que fueron poquísimos los granos que dejamos.
Creps de manzana.
No quedaba mucho espacio para los postres. Aún así, no estabamos en un sitio al que podamos venir muy amenudo. No tomar postre no era una opción. Por ser de costumbres fijas, pedí leche frita con helado de turrón. Según la leí, aquí sí flambean la leche frita, cosa que cada día es más dificil encontrar y eso es de agradecer. Pero mi listón de leche frita está demasiado alto, aquí si funciona esa memoria gustativa que tantas otras veces me falla. Otros postres que probamos tuvieron más éxito, como el Creps de manzana con helado de vainilla, especialidad de la casa, la crema catalana o el volcán de chocolate caliente. Este último tuvimos que pedirlo con tiempo, pues su preparación lleva doce minutos.
Crema Catalana.
Para terminar unos cafés y la cuenta mientras alargábamos la sobremesa comentando y comparando arroces. Desagradablemente la cuenta fue bastante mayor de lo esperado. El motivo está en la forma de cobrar los platos. Pedimos varios platos al centro y en lugar de cobrar los platos, cobraron por comensal. Creo que es un disparate cobrar por cabeza, teniendo en cuenta que había al menos tres cabezas menores de diez años. Aún así, viendo el tamaño de los platos, me cuesta imaginar como es la ensalada de merluza o la fritura para una sola persona. Si alguna vez tienen la oportunidad de ir a Elias, recuerden que a la hora de pedir los entrantes, digan para cuantas personas quieren cada plato. De lo contrario se pueden llevar la misma sorpresa que nosotros.
Desde aquí no puedo discutir la merecida fama del arroz del Restaurante Elias, pero ir a comer un arroz con conejo y caracoles por muy bueno que esté, sin haber abusado de vinos caros, marisco ni nada por el estilo y pagar cerca de 40 euros por cabeza, me hace pensar que están en una realidad muy distinta a la del mercado. La próxima vez, si es que la hay, haré caso a mi instinto y pediré gazpacho, arroz y la cuenta. Por cierto, el Restaurante Elías está en la calle Rosales 7 de Xinorlet, y su número de teléfono es el 966979517.

Leche frita.


jueves, 16 de mayo de 2013

Bantamba - Murcia.

Yassa.

Empanadilla Senegalesa.
En Murcia tenemos gran variedad temática de restaurantes. Tenemos italianos, asiáticos, chinos, mexicanos, japonés, tradicionales, vegetarianos y así podríamos seguir un buen rato. Recientemente ha abierto sus puertas un restaurante Senegalés que se suma a la variada oferta gastronómica de la ciudad. Y para alguien como yo, eso es toda una provocación. Si hay un nuevo restaurante, hay que intentar ir. Sí además es exótico, ya estoy reservando para ir el primer fin de semana. Cuando llegamos a Bantamba, que así se llama el local, estaba lleno pero sin agobios, no tuvimos problema en encontrar mesa, pues habíamos reservado. En los locales con solera, estar lleno es buena señal. En los nuevos, solamente indica que ha funcionado bien el boca a boca o la difusión por las redes sociales. Es un restaurante con grandes ventanales al exterior, donde la decoración de cañizo pretende evocar a un poblado africano, así como el par de cebras que tienen pintado en una de sus paredes. Eso, el suelo de azulejo geométrico, algún dibujo tribal colgado en las blancas paredes y otros detalles que se me escapan, son algunas de las referencias al continente negro. Si vais, no podéis dejar de ir al eclectico e indescriptible baño. Nos acompañan a la mesa de manteles de papel y con una variada tipología de sillas. Allí, nos hacen entrega de unas cuartillas de color naranja donde viene fotocopiada la carta. -¡Realmente es escasa! Cuatro tapas, aunque no tienen una de ellas, tres platos principales, dos ensaladas y dos postres. Viéndolo de manera positiva, al tener una carta tan escueta, podemos probarlo casi todo y ser más objetivos en nuestra valoración.
Sotutou.
Cuando, después de un tiempo más largo de lo habitual, nos toman notas de las bebidas, con el fin de ir ganando tiempo mientras esperamos al resto, pedimos unas empanadillas senegalesas. Aunque no hay mucho donde elegir,  optamos por probar toda la carta excepto las ensaladas. Con las bebidas, traen las empanadillas senegalesas, son de masa ligeramente fermentada, similar a la de ciertas pizzas y venían rellenas de carne sin más, lo que las hacían un poco duras de tragar. Iban decoradas con dos tipos de salsas. A mí me tocaron las que traían una salsa de tomate que restregada por la empanadilla, la mejoraban notablemente. La siguiente tapa se llamaba Sotutou. Una tosta con salsa de cebolla y encima pusieron una gamba seca africana sin pelar, con cabeza y bigotes. Como no estamos acostumbrados a tanto exotismo, hubo quien quitó la cabeza de la gamba, hubo quien la peló entera, quien quitó toda la gamba y quien directamente se lo dejó. A la tosta con salsa de cebolla con pimientos y setas, no le aportaba nada la gamba seca. Creo que el animal fue sacrificado en balde. El siguiente de los entrantes y último tenía el nombre de Aloco. Era banana frita, aunque más bien parecía plátano con una salsa ultrapicante. La camarera nos advirtió y dijo que a malas penas iba a poner un poco de salsa. Y que razón tenía.
Firir.
Tras probar todos y cada uno de los entrantes de la casa, trajeron todos los principales al mismo tiempo, Maffe, Firir y Yassa. El plato denominado Yassa consistía en un trozo de carne de pollo sobre una cama de arroz blanco acompañado de una salsa de cebolla caramelizada y olivas. La salsa dulzona era lo mejor del plato y el pollo, pues pollo era. El Firir era un trozo de pescado frito, acompañado de patatón y una ensalada marinada. Nunca sabremos de que pescado se trataba, solamente que tenía miles de espinas. Entre cinco personas fuimos incapaces de terminar con ese plato y no fue por tema de cantidad. ¡Decepcionante! El último de los principales, fue el llamado Maffe. Sobre un lecho de arroz blanco, un trozo de ternera regado con una salsa de cacahuetes y acompañado de zanahoria, yuca y repollo. La salsa de cacahuete, aunque escasa para tanto arroz, estaba rica. Pero hacía tiempo que no me servía ni comia un trozo de ternera de tan mala calidad. Había más nervio que carne. La experiencia estaba siendo todo un poco desastre. Yo había sido quien había propuesto cenar en Bantamba y además de no estar cenando como se merece un viernes después de toda la semana de trabajo, estaba recibiendo los reproches de algún que otro comensal insatisfecho. A ver si los postres levantaban aquello.

Aloco.
En la carta solamente había dos postres, y pedimos ambos. Un Cous-cous con leche y un Pastel de frutas con cacahuete. Creo que el Cous-cous habría sido suficiente. Original versión del arroz con leche, tanto por sabor como por textura. Aunque, que nadie espere encontrar aroma a canela y limón en este postre. Bien como novedad, pero me quedo con nuestro arroz con leche de toda la vida. -Abusando de arroz toda la cena y ahora que pueden, meten sémola.- El otro postre era una empanadilla de frutas con cacahuete. Pedimos dos por si era insuficiente y sobró una y media. Creo que lo pusieron en los postres por llenar hueco pues era mucho más dulce la salsa del pollo que este pastel. Como decía, dejamos una de las empanadillas sin probar. La camarera ni se molestó en preguntar si no nos había gustado. Aunque la verdad, solamente con ver que nos la dejábamos, estaba claro que no nos gustó lo más mínimo. Es más, estaba bastante mala, que si Chicote puede decirlo, del rey para abajo, todos iguales.
Maffe.
Para terminar la cafés y la cuenta. Los cafés eran de los nuestros, solos, cortados y Belmontes de los de toda la vida. Los licores, que venían por cuenta de la casa, sí que eran originales y alguno de sabor desagradable, aunque según decía la camarera, tenían poder vigorizante. Cuando trajeron la cuenta, en la que estaba la empanadilla intacta, esta no fue demasiado alta aunque tenía un algo de truco. Los precios por plato eran de 5 euros, aunque la camarera nos dijo que traería unos platos especiales, que no venían en la carta pero que podríamos compartir mejor. Es cierto que aceptamos, aunque el truco estaba en que mientras el plato era más grande, y había más cantidad de guarnición, el trozo de carne o pescado, era mínimo. No quiero imaginar cómo sería el trozo de pescado del Firir en el plato más pequeño o en la ración. Como iba diciendo, la cuenta fue de unos 15 euros por cabeza, donde la mayor parte fue en bebidas. Por cierto, no tienen vino de Senegal, aunque casi tampoco de España. Tienen una única y casi desconocida referencia de tinto para ayudar a bajar esas empanadillas.
Cous-cous con leche.
Creo y espero que cambien mucho, tanto en la variedad como en el servicio que ofrecen en Bantamba. No obstante, me he metido en su web y he visto que han cambiado la cartilla naranja del menú por una amarilla con un menú distinto que deseo que mejore y mucho el anterior. Los que vayais, podréis probar platos como el Sipág o el Thiebou Dien. 
Para finalizar quiero dedicar esta entrada a mis examigo el Sr. JP a quien convencí para ir a probar este exótico restaurante de la calle Fuensanta número 5 de Murcia, y desde entonces ha dejado de hablarme e incluso me mira mal. Espero no tener que ir al programa de J.J. Vázquez para lograr la reconciliación. También tengo que decir, que esta entrada solamente es mi opinión. Que no es más valida que ninguna otra, aunque también es cierto que de los nueve comensales que fuimos, creo que fui yo el que más contento con la cena salió de allí. Por cierto, para reservar o encargar para casa, podéis llamar al 868910839.

domingo, 12 de mayo de 2013

MiBarra - Murcia.


Chipirones con Habitas
Si queremos comer en la ciudad de Murcia un buen arroz, yo no sabría donde ir. La oferta es mucha y buena. Tanto en el centro como en el extrarradio, hay innumerables sitios donde comer un buen arroz con conejo y serranas,  de verduras o de magra. Pero y si lo que queremos es tomar un arroz a banda, la situación se complica bastante. Esto no lo digo como crítica, sino desde el más absoluto de los desconocimientos. Hay sitios que tienen fama de hacer buenos arroces marineros, restaurantes de costa que han abierto sus puertas en Murcia, aunque las veces que he ido, nunca ha marcado la diferencia con lo que ya había. Y para rizar el rizo.¿Alguien me podría decir un lugar donde tomar un buen arroz caldoso en Murcia que no sea en su casa? - ¡Misión imposible!

Pues como si fuéramos Henry Stanley buscando al doctor David Livingstone, nos lanzamos a las calles buscando ese arroz que marcara la diferencia con lo existente. Llegamos a MiBarra, un restaurante de aires marineros donde las buenas lenguas nos habían dicho que allí podríamos comer ese arroz que veníamos buscando. Llegamos un sábado al medio día. Y a pesar de no haber reservado, no tuvimos problema. Es más, pudimos elegir la mesa que quisimos en el semidesértico comedor. Elegimos una mesa redonda esquinada junto a la gigantesca fotografía que preside la sala, donde una anónima pareja de veraneantes se remoja en las aguas del Mar Menor. Mientras él pesca, ella se da un baño de lodos. El restaurante, fiel a su nombre, tiene una espléndida barra con grandes ventanales para poder atender tanto a los que se sienten en el interior como los que quieran tomar algo desde fuera. La sala que nos sentamos, que poco a poco ha ido llenándose, predominan las maderas tropicales y unos grandes ventanales al exterior, que aunque restan un poco de intimidad, dan luminosidad a la sala.
Al instante de tomar asiento, ya nos han tomado nota de las bebidas y ofrecido su fresco marisco antes de ver la carta. Pedimos las bebidas y rechazamos las cigalas, los bivalvos y otras delicatesen al no querer que se subiera mucho la cuenta. Al final optamos por pedir unos huevos rotos con patatas y trufa. Que supongo que estarían muy buenos, aunque solamente lo supongo porque en lugar de este entrante, nos trajeron unos huevos rotos con patatas y jamón que rompió el camarero delante nuestro. Estaban buenos y el huevo cuajado en su punto y decorado con sal negra, pero no era lo que habíamos pedido. Dijeron de cambiarlos por los de trufa, pero en el fondo no nos importaba tanto como para hacerles tener que cocinar unos nuevos y esperar. El segundo de los entrantes fueron unos chipirones con habitas baby. Creo que deliciosos es el adjetivo que les viene como anillo al dedo.
Mousse de Higos.
Ya habíamos terminado con las cervezas y pedimos un vino tinto. En la carta tenían el afamado Honoro Vera, un garnacha antes conocido como Garnacha de Fuego y ahora muy famoso por ser protagonista en una de las cenas posteriores a la entrega de los premios Oscars. Pues ese fue el que pedimos con un buen resultado. Terminando con los chipirones vino el maître a informarnos que se habían equivocado en la comanda y que en lugar de pedir arroz para cuatro, lo habían pedido solamente para dos. Mucha puesta en escena y todo muy elegante con los detalles cuidados, pero pedimos poco y se equivocaron en bastante. Como contrapartida nos ofreció marchar una carne al centro, cosa que por el momento rechazamos.
Llegado el momento de tomar el esperado arroz, por el despiste del maître tocamos a menos, pero creo
que fue suficiente. El arroz para cuatro hubiera sido demasiado. No hay mal que por bien no venga. La valoración el arroz, notable. Si no estuviera viendo el letrero de El Corte Inglés, diría que estábamos en cualquiera de los restaurantes del Mar Menor. Ahora nos queda encontrar donde comer ese buen arroz caldoso.
Tarta de Chocolate.
El poco espacio que nos quedaba, lo ocupamos con unos postres. Yo pedí recomentación y me sugirieron la Mousse de Higos. No estaba mal, pero quizás mi subconsciente esperaba más y se sentía un poco decepcionado. Sonaba mejor que sabía. También probamos el sorbete de limón, la milhojas de crema y chocolate caliente y la tarta de chocolate y todos satisfactorios.Para cerrar cafés, asiático por supuesto, e infusiones. Al llegar la cuenta no fue demasiado elevada. Tocamos a 25 euros por cabeza. Teniendo en cuenta que la ración de arroz era a 13 euros, en condiciones normales nos hubiera subido a 30.
El restaurante MiBarra es una muy buena opción para tomar, sin salir de Murcia, esos arroces imprescindibles en la costa. Y está en la calle Entrejardines número 4, de Murcia, en la espalda de El Corte Inglés, y el teléfono para reservar es el 968282321.

Huevos rotos con Jamón.

domingo, 5 de mayo de 2013

Casa Cegarra - Portman (La Unión).




Caldero.
Nunca he sido partidario de las verdades categóricas, y menos en lo referente al tema gastronómico. Decir, y todos lo hemos dicho en alguna ocasión, que esta paella, esta hamburguesa o esta tarta de queso, son la mejor del mundo, o en este restaurante es donde mejor hacen las fabes, es ser un poco cuando menos, pretencioso. Teniendo en cuenta que partimos de un error inicial como es no haber probado todos los  arroces, fabes o hamburguesas o tartas competidoras en dicho concurso. Lo correcto sería decir la mejor que he probado, y aún así no sería del todo objetivo. Habría que tener, para ser objetivos, muchos factores, como el estado de ánimo, que impiden saber a ciencia cierta si realmente es o no el mejor.
Pues bien, todo esto para decir que fuimos a Casa Cegarra en Portman, uno de los restaurantes que tienen el honor de ser reconocidos como uno de los que mejor hacen el caldero de toda la zona del Mar Menor y alrededores. Llegamos al restaurante después de una muy interesante excursión que nos subió en tren a la mina Agrupa Vicenta en la carretera del 33 de La Unión y una pequeña parada en el antiguo puerto deportivo de Portman, donde pudimos ver, mientras los más pequeños reponían fuerzas, uno de los mayores y más vergonzosos desastres ecológico de Europa por la acumulación de estériles de las minas, además del único club náutico de España que no tiene puerto. Éramos un grupo muy numeroso, por lo que el buen organizador pactó un menú cerrado donde no podía faltar el afamado caldero y otros de los platos típicos de la zona. Nos sentaron en la terraza, en una mesa corrida de mantel y servilletas de papel. No siempre los mejores platos se comen en la mejores vajillas.
Michirones.
Empezamos el menú con una ensalada de la casa bastante completa. Tomate, lechuga, cebolla, olivas, maíz, alcaparras, brotes de soja, espárragos y algún otro ingrediente que seguramente haya olvidado. Con la ensalada trajeron las bebidas, refrescos, cerveza, vino de la casa en jarra de barro y su particular "Belmonte" bien fresquito y servido en porrón. Aquí el "Belmonte" no es el típico café, es un combinado secreto de la casa que cuando el sol pega con fuerza, entra que da gusto. La carta de vinos es bastante limitada. El día era casi perfecto. La visita fue un cálido día del mes de abril en el que el cielo estaba ligeramente nublado, lo que permitía disfrutar en la techada terraza sin el agobiante calor de los meses estivales. Todas las veces que he ido a Casa Cegarra he comido en la terraza, y casi que es de agradecer. En el exterior del local hay unas pistas deportivas donde los más pequeños pudieron ir a jugar después de la comida.
Caracoles.
Tras la ensalada, unos calamares a la andaluza. Aquí hay poco que decir. La materia prima era buena y fresca, el rebozado no era excesivo y había limón. ¿Que más se puede pedir?  Ya solo faltaba el arroz.
Lo primero que nos llamó la atención del caldero es que no lo hacen en el recipiente tradicional, el caldero. El arroz lo trajeron, para que se posara y lo fotografiáramos, en un paella. No se lo que opinarán los puristas y ortodoxos de esto. Yo no tengo una opinión formada al respecto. El grano estaba cocido en su punto, al menos en mi opinión. Hay gente que considera esto al dente, con un poco de corazón. Pero mejor así a que se pase.Y el sabor, para ser caldero, bastante suave. Cosa que también es de agradecer. Hay veces en las que se queman las ñoras y dejan un sabor poco agradable. A la hora de tomar calderos, se dividen en los que necesitan ajo o se defienden por si solos. El de Casa Cegarra es de los que no necesitas el alioli porque no hay nada que enmascarar. Como no traían el pescado,  tuvimos que pedirlo. Hay lugares donde lo traen con el arroz, otros que lo sirven después y otros en los que simplemente no lo sirven. No les dimos la oportunidad de comprobarlo. Aquí el pescado no era solamente mujol, utilizan otros pescados de morralla.
Leche Asada.
Aunque el calorcico pedía helado, y la mayoría de los que allí estábamos caímos en la tentación, no se debe pasar por Casa Cegarra sin probar su leche asada. Y como guinda, ya que estamos en tierra de asiáticos, una buena forma de terminar la comida es con uno bueno que nos cargue de fuerzas para, a continuación, dar un agradable paseo hasta el faro de la localidad o incluso aventurarnos en una caminata más osada a los montes de los alrededores, dependiendo del tiempo y las ganas que tengamos.

En otras ocasiones en las que hemos venido a Casa Cegarra, hemos probado otras tapas que también podrían estar entre las listas de "los mejores de", como los caracoles, los michirones y la magra con tomate. Sobre todo los caracoles que podrían competir de igual a igual con los de La Cabaña de Saura de El Algar o Icue de La Manga. Las patatas bravas no me lo parecieron tanto.
Casa Cegarra está en el Paseo de Colón número 1 de Portman, La Unión y su teléfono es el 968548057.  Si se quiere probar el Caldero, es muy aconsejable encargarlo, ya que podríamos llegar allí y quedarnos con un premio menor. En cuanto al precio salimos entorno a los 25 euros que a estas alturas ya no se si es mucho o poco.


Asiático.