jueves, 30 de mayo de 2013

Molino de Abajo - Bullas




Fandango.
Ultimamente le estamos cogiendo gusto a esto de las excursiones con final o intermedio gastronómico. Y más si hace acto de presencia un organizador competente que te da todo tan bien preparado que no tenemos nada más que disfrutar de las excursiones y de la buena comida en restaurantes donde ya ha pactado la comida a un precio más que razonable. Después de Jumilla donde nos llevaron a Viña Elena y disfrutamos, entre otras cosas del gazpacho jumillano en De Loreto y de la excursión a La Unión, a la mina Agrupa Vicenta y posterior caldero en Casa Cegarra de Portmán. Esta vez el destino es Bullas, donde no solamente hay vino. Organizaron una ruta hasta el Molino de Arriba, allí disfrutamos de una espectacular cascada del río Mula, el Salto del Usero, que a su paso ha labrado la roca caliza dejando un maravilloso paisaje de marmitas y pozas. Desde allí fuimos dando un bonito paseo entre sauces, alamedas y huertos, mientras hacíamos hambre hasta llegar, tras pasar por el Molino de Enmedio, al Molino de Abajo, donde hicimos parada y fonda.
Fritada de Pulpo.
El Molino de Abajo, es uno de los antiguos molinos hidráulicos que hay en el Río Mula a su paso por la localidad, que ha sido rehabilitado y convertido en una Hospedería Rural. Un auténtico museo donde aún conservan la tolva, las piedras solera y volandera o algunas de las herramientas y aperos vinculados al trabajo en el molino. Tras atravesar gran parte del establecimiento de estilo rustico, y debido a nuestro número y condición (muchos y con niños), nos ubican en un largo comedor iluminado de manera natural por unos grandes ventanales que dan al cauce del río, la misma sala en la que conservan la maquinaria del antiguo molino. La partición de las mesas es por edades. Los más pequeños más cerca de la puerta, para terminar y salir corriendo a la zona de ocio. La de los mayores junto al molino para comentar el ingenio tecnológico del pasado mientras saciamos nuestra sed y degustamos unas ricas viandas.
Enseguida el camarero, consciente de nuestra larga caminata, sin preguntar si quiera, deja sobre la mesa unos frescos tercios de cerveza que aunque son bienvenidos, saben a poco. Los que se han dado prisa en ir al baño a asearse antes de comer, se quedan sin la primera tanda, aunque para la segunda no hubo que esperar mucho. Con la llegada del camarero con una nueva ronda de cervezas, pedimos el plato de los chicos. Plato combinado para todos, donde cada uno pudo pedir la combinación que quiso de lomo, huevos fritos, patatas o algún embutido. Para los adultos siguió trayendo bebidas al tener el menú cerrado de antemano.
El menú concertado empezaba con unos aperitivos de lo más tradicionales, olivas machacadas, almendras de las que van con piel, patatas fritas y un plato de jamón y queso, que como primer golpe y para reponer fuerzas, fueron más que bien. El jamón y el queso eran de lo más normalillo, pero en un sitio así y a este precio, olería mal si el jamón es de calidad o el queso de autor. Tras el jamón y el queso, un plato de rico fandango  de bacalao (atascaburras al estilo bullense) aliñado con pimentón y aceite. Quizás poco espeso, pero muy sabroso. No aprecié mucha diferencia con el atascaburras tradicional. Quizás en la cantidad de huevo duro, o quizás en nada. A continuación sirvieron una fritada de pulpo. El sabor del pulpo brillaba por su ausencia, no es que no hubiera trozos, sino de sabor queda anulado, el fuerte sabor del tomate enmascaraba cualquier indicio que pudiera haber del pulpo. El último de los entrantes fue unas cuñas de queso fresco a la plancha acompañadas de unos tomates partidos. -Aqui no hemos venido a degustar alta cocina, pero estabamos disfrutando como hacía tiempo que no lo hacíamos.
Milhoja.
Unos aperitivos, tres entrantes y ahora el plato fuerte, un asado de cordero. Este era el menú que nos habían preparado en el Molino de Abajo. Trajeron en unas llandas unos codillos de cordero asados, uno por comensal, sobre un lecho de patatas y con abundante caldo donde se habían ido cociendo junto a las patatas, unos trozos de tomate y unas cebollas que aromatizaban e invitaba al mojete. Y seguro que lo íbamos a hacer, que con la caminata que nos habíamos pegado, nos lo habíamos merecido. Aunque, para mi gusto, las patatas estaban un poco enteras. Puede que los trozos estuvieran cortados demasiado grandes o puede que mi gusto sea . El sabor del asado era extraordinario. Dí buena cuenta del que me correspondia y además, como carroñeros caímos sobre una pieza que alguien no pudo comerse. Como preveía, tras el cordero y las patatas, fuimos a por el pan. Como ya habíamos saciamos nuestra sed con la cerveza, pasamos al vino para que hiciera digno acompañamiento al cordero. -¡Y a fe que lo hizo! Como estábamos en tierra vitivinícola, no debíamos hacerle un feo a la comarca, y nos homenajeamos con el autóctono Las Reñas, un monastrell de 2012.
Orgullosos por la ruta realizada, contentos por lo comido y felices por la buena conversación y mejor compañía, casi sin darnos cuenta llegamos a los postres. Nos sirvieron unas milhojas rellenas de crema pastelera y nata. Y bañadas, como no podía ser de otra manera, de chocolate caliente. Un postre facil a la par que resultón.
Como decía antes, es cierto que se trata de un menú que podríamos catalogar como anti-delicatesen, y es que no solo de foie vive el hombre. A pesar de esto, que cobren 20 euros por menú, 6 por los platos combinados de los niños, refrescos y café a parte, es un precio más que atractivo para ir a Bullas y disfrutar de sus paisajes y su gastronomía. Una buena opción fue este restaurante, el Molino de Abajo, situado en el paraje que lleva su nombre, en Bullas y los teléfonos para reservar tanto restaurante como la hospedería y las casas de madera son el 968 43 13 83 - 629 67 27 84 - 639 95 95 09.
Tras la comida, lo duro no fue pagar la dolorosa, sino la caminata que nos quedaba por delante hasta llegar a los coches para volver a casa. 

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