lunes, 29 de julio de 2013

Restaurante Entreolivos - Madrid.


"Nos encontraras al final del camino,
entre olivos y velas,
junto a la casa de José Castillejo"

Sardinas en escabeche sobre ensaladilla.
Pues siguiendo con los ya que, ya que estábamos en Madrid, hay que aprovechar las comidas y las cenas para ir a sitios que sean distintos a lo que estamos acostumbrados. Y cenar en medio de un olivar en pleno centro de Madrid, es ya un motivo más que suficiente para ir a este restaurante. Unos cinco minutos o menos andando desde La Castellana a la altura de Alberto Alcocer y llegamos a la sede de la Fundación Olivar de Castillejo, un oasis ecológico donde sobreviven olivos centenarios junto a madroños, almendros y matorrales mediterráneos. En la finca, está la centenaria casa de José Castillejo y alrededor de esta, junto a la balsa, montan las mesas del restaurante Entreolivos. Llegamos un poco antes de la hora y mientras tomábamos una cerveza en la barra improvisada del jardín, pudimos escuchar el final del concierto benéfico organizado por la fundación.
Acabado el concierto nos sentaron en una mesa situada bajo un olivo del que colgaban tarros de cristal iluminados por unas velas en su interior. Estas velas y la tenue luz de la mesa, creaba un ambiente íntimo, incluso romántico.
Y hasta ahí. Lo mejor de este restaurante es el ambiente y la decoración. La carta es un poco corta, pues al
no tener cocina y ser un catering no podemos pedirle lo mismo que a otros. Son solamente diez los platos que se pueden pedir y no demasiado sofisticados. Aún así, la mayor parte de las cosas que pedimos, nos gustaron bastante. Empezamos pidiendo un par de platos como entrada para compartir. Aquí creo que acertamos. El primero fue unas sardinas en escabeche sobre un mortero de ensaladilla. Estaban bastante buenas. Las sardinas venían sin espinas y con unas huevas. Una versión evolucionada de la murciana marinera. El otro entrante fue un plato de hummus. Lo trajeron con unos nachos y unos crudités de zanahoria, apio y calabacín.
 Mousse de chocolate blanco y corazón de fresa.
Pedimos otros dos platos como principales. Estos nos parecieron más flojos. El primero fue un atún marinado en soja sobre tabulé. Creo que todos coincidimos en que el atún estaba un poco seco. El otro de los platos fueron unos dados de pollo tikka masala con arroz perfumado, pasas y pistachos. Puede que sea por el poco tiempo que había pasado desde nuestra visita al hindú Paras, pero este plato me pareció muy flojo, muy catering. Además de estos platos, en la carta había jamón ibérico o un atrayente Caprese de mozzarella, tartar de escalivada  y fresas liofilizadas. Este se quedó en la recamara, pero luego nos hablaron maravillas de él. Todo lo regamos con un Montesierra, un vino blanco macabeo-chardonnay Somontano de la Bodega Pirineos. Trajeron el vaso en cubitera para mantenerlo fresco, pero no trajeron ninguna copa de vino. Cuando pedí copas para el vino, el camarero trajo unos vasos bajos, los mismos que estábamos usando para el agua. Esta claro que en Entre Olivos no cuidan mucho la bodega. No obstante, de blancos solamente tenían dos referencias. 
Dados de pollo tikka masala.
En los postres mejoró la situación y a un precio más normal de lo que estábamos viendo últimamente. Aunque actuaron con la nocturnidad que no evitaban las velas y a la hora de traer la cuenta cobraron más de lo que venía en la carta. De las cuatro opciones que tienen en la carta, perdimos dos. La variación de Tiramisú, que simplemente es servido en un vaso, y el que más nos gustó, el mousse de chocolate blanco y corazón de fresa. Solamente quedaba pedir el café, porque está claro que eso de ofrecer un chupito al final de la comida, por aquí ya no se "estila". El precio por comensal fue de unos 25 euros, que es lo que cuesta cenar entre olivos en pleno centro de Madrid.
El restaurante Entreolivos esté en la calle Menéndez Pidal número 3 Bis de Madrid, y el número de teléfono para reservar es el 682803747. 
Atún marinado en soja sobre tabulé.


viernes, 26 de julio de 2013

Restaurante Loft 39 - Madrid.


Crema de Calabacín.
Una cosa que me gusta es ir a Madrid. Por lo que cualquier excusa es buena para hacer una escapada a la capital y empezar con los ya que.... En esta ocasión el motivo del viaje era visitar la exposición de más de 200 obras que, sobre Salvador Dalí, se exhibe en el Museo Reina Sofía. Y, ya que vamos. ¿Por qué no ir al concierto de Rufus Wainwright en el Teatro Real? Y ya que estamos aqui. ¿Por qué no cenar a un sitio al que merezca la pena hacer una entrada en el blog? Pues eso hicimos. Tras visitar la exposición de Dalí, fuimos dando un paseo hasta el Teatro Real, donde pudimos asistir a la celebración del 40 aniversario del artista. Después habíamos reservado para cenar en la terraza del Restaurante Loft 39, pero el concierto se alargó un poco más de lo esperado, llegando al restaurante tarde para cenar en terraza, pues, por respeto a los vecinos, la cierran a media noche.
El restaurante está situado en el número 39 de la calle Velázquez. Entramos y nos
Pez Mantequilla sobre cebolla caramelizada y trufa.
encontramos un pequeño hall de paredes de piedra, dominado por la atenta mirada de los ojos claros de una niña representada en cuatro cuadros, que nos acompañan mientras ascendemos las escaleras hasta el piso superior, donde se encuentra el restaurante. Un distribuidor separa la zona de terraza a la izquierda, de la zona de barra, y esta, de la zona de los salones que respetan, o parecen respetar los tabiques de lo que antaño debió de ser una vivienda. Nuestra mesa está en un salón de aire retro, de tonos ocres, decorado con muy buen gusto por el interiorista Pascua  Ortega, como todo el restaurante. De la sala, destacan unas lámparas circulares, que arrancando desde la pared, iluminan cenitalmente cada una de las mesas del comedor y la biblioteca que cubre la pared.  
Habas con chistorra, puntillas y chipirón.
Enseguida nos traen la carta, que no es demasiado extensa, y nos toman nota de las bebidas. En la carta hay una mención especial a su pincho de steak tartar envuelto en un periódico de tinta y papel comestible. Tapa ideada por su cocinero Daniel Méndez Sancho y que fue ganadora del VII concurso nacional de pinchos y tapas de Valladolid en el año 2011. Eso había que probarlo, sí o sí. Los otros dos entrantes que pedimos fueron unos buñuelos crujientes de trufa y unas habas salteadas con chistorra, puntillas de huevo y patitas de chipirón, a pesar de no ser temporada de habas. Antes, el aperitivo de la casa, que era una crema de calabacín servida en vaso de chupito. Una detalle de bajo coste que hace quedar bien a la casa. La tapa estrella superaba con creces lo esperado. La sirven sobre un cristal que cubría un fardo de periódicos. El pincho era un trampantojo casi perfecto. Además de la apariencia, el sabor también estaba a gran altura. El periódico es una pasta filo al horno relleno del steak intercalado con un helado de mostaza y miel. Ganó el concurso con el título de "Buenas noticias de nuestra tierra". Las habas y los buñuelos no se acercaban al nivel del steak tartar, quizás, en temporada de habas la cosa cambie. Los buñuelos, de fuerte sabor a trufa, no estaban crujientes como anunciaba la carta.
Tras los entrantes, no tardaron  en traer los principales. Habíamos pedido los
Oro parece...Avellana es.
Linguinni con pesto rojo, pulpitos y verduras que estaban bueno. Y el pez mantequilla que venía sobre una crema de cebolla caramelizada y trufa, acompañado de unos espárragos trigueros laminados crudos. -¡Deliciosos! Otras opciones hubieran sido tartar de atún o steak tartar, aunque en cierto modo, sería repetir después de la tapa, hamburguesa, solomillo y cosas más convencionales o algún pescado. Creo que acertamos plenamente con el pez mantequilla y  la dulce crema de cebolla caremelizada. Todo esto lo regamos con un vino blanco Somontano. Un
Gewürztraminer Viñas del Vero bastante fresquito y afrutado.
Tarta de queso con corazón líquido de galleta.
Las opciones de postres tampoco eran muchas, y su precio era un poco elevado para lo que estamos acostumbrados. Pedimos una tarta de queso con corazón de galleta. Un nombre demasiado largo para una tarta de queso, aunque su sabor sí que justificara tan poético nombre. A la altura de la tarta de queso estaba el otro postre que también pedimos, Oro parece…avellana es. Un peculiar Ferrero Rocher casero  bastante original. En líneas generales la cena había estado bastante bien, a falta de cafés y la cuenta. Muy recomendable para ir, tanto gastronómica, como estéticamente. 
La cuenta, teniendo en cuenta que estábamos en un restaurante de moda, en pleno barrio de Salamanca, estaba dentro de lo esperado. Es en las bebidas y los postres donde marcan las diferencias, aunque en esta ocasión la reserva era a través de El Tenedor, con lo que tuvimos un descuento importante en la cuenta, saliendo a unos 35 euros por comensal, que no es nada disparatado. La opción de alargar la sobremesa y tomar una copa la descartamos al llevar muchas horas danzando de aquí para allá. Ya vamos teniendo una edad y el cuerpo de vez en cuando solicita un armisticio.
El restaurante Loft 39, está situado en la calle Velázquez número 39 de Madrid, y el teléfono de reserva es el 914324386, aunque es recomendable reservar a través de la web de El Tenedor para salir beneficiados económicamente, siempre y cuando se cumplan las condiciones que ponen los restaurantes.


domingo, 21 de julio de 2013

Restaurante Paras - Los Belones (Cartagena).


Después de algún tiempo saliendo a restaurantes en los que nada tuve que ver en la elección, que no quiere decir que comiera mal, se me ha concedido el privilegio de ser yo quien eligiera esta vez. Los motivos por los que elegí el restaurante hindú Paras  creo que son bastante comprensibles. Allí realizan una comida más o menos elaborada, distinta a la tradicional, no está demasiado lejos, equidistante para los que íbamos a cenar, un precio asequible, una fama que le precedía y tengo que confesar, aunque fuera de aquí lo negaré, que para fastidiar a alguno de los que venía.
Llegamos al diminuto restaurante de la calle Mayor de Los Belones con una reserva previa, pero un error no sabemos de quien, hizo que nuestra reserva apareciera para el día siguiente. Por suerte, y, sobre todo, por la crisis, se pudo subsanar. En tiempos pretéritos, de más pujanza económica, conseguir mesa para ocho, a bocajarro, un viernes por la noche, era misión imposible 5. La crisis y la competencia han hecho cambiar mucho las cosas y en ocasiones favorablemente. El restaurante tiene capacidad para unos cuarenta comensales más alguno más que puedan colocar en la pequeña terraza que ocupa la acera de la carretera. La decoración de sus blancas paredes no es nada exuberante, pues apenas unas fotografías de temas indios y de especias, y algún que otro complemento oriental como lámparas o espejos, es toda la concesión que hacen a este país. La claridad de las paredes contrasta de manera cercana a la elegancia con los tonos marrones del suelo y las sillas. Lástima que los escaparates al exterior y el cartel de la entrada lo acerquen más al típico kebab. Aquí lo realmente hindú es la comida. En las mesas, unos cristales sobre los que sirven la comida, protegen los manteles de tonos naranjas y fucsias. Las servilletas eran de papel de tonos naranjas, a juego con el mantel y la barra.
Pollo Tikka Masala.
Una camarera, no muy hindú, a la postre nos enteraríamos que era de Madrid, nos tomó nota de las bebidas. En nuestro rápido viaje a oriente hicimos un guiño a  lo autóctono y nos pedimos unas  Cobra. Cervezas típicas indias “made in UK”. Con las bebidas en la mesa y la carta, a la que no parábamos de dar vueltas buscando platos que nos sonaran de entre las más de doscientas referencias que había. Decidimos dejarnos aconsejar por el camarero, quien a diferencia de la primera camarera que nos atendió, sí que tenía rasgos asiáticos. Asesorados por él, pedimos unos entrantes y varios principales, todo al centro. Las opciones, a pesar de la cantidad de platos, no parecían tantas. Tipo de carne y tipo de salsa. Lo más importante es acertar el tipo de salsa y el grado de picante. Según nos vino a decir, no hay límite en el picante. Al gusto del cliente.  - ¡Hasta el infinito o más allá!
Gambas Dhansak.
Empezamos con un variado de entrantes para poder probar más cosas. Para cada dos comensales trajeron un Onion Banjee, unas especiadas cebollas frescas rebozadas con harina de garbanzos, una Samosa vegetal, un Vegetal Pakora, un rebozado parecido al de cebollas, pero con más variedad vegetal y distintas especias y un Four Papadoms, unas mini tortas de lentejas ligeramente picantes. Este plato venía acompañado de tres salsas de la casa, una de menta bastante suave, una de mango y la que más gustó, cebolla con tamarindo.  
Los platos principales también los pedimos al centro. No tenemos la oportunidad de ir muy a menudo a un restaurante indio y cuando lo hacemos, queremos probar el mayor número de platos posibles. El primero que pedimos, como no podía ser de otra manera, fue un pollo Tikka Masala, bastante suave y quizás un poco escaso. Para no repetir carne, pedimos también cordero. Asesorados por el maître, nos fuimos a lo más convencional, el cordero Bhuna, también con curry, jengibre, pimiento y otras especias. De todos los que pedimos, este era el que quizás estaba un poco más fuerte. Pero como habíamos decidido ser conservadores, el picor se podía soportar con tragas de la fresca Cobra. El último de los entrantes, para el que también cambiamos de tercio, fue el Prawn Dhansak. Un plato de origen persa en el que guisan unas lentejas nada parecidas a las nuestras, con piña y unas gambas, que también parecían orientales. Todos los platos nos gustaron, aunque quizás las cantidades son escasas, a no ser que, como hace todo el mundo, se pida arroz para mezclar con las salsas. Esta mezcla, sin duda alguna, es lo mejor de la comida. El arroz elegido fue el Pilau, que permitía disfrutar al máximo de las salsas.
Arroz Pilau.
Otra de las agradables sorpresas de la velada fueron los panes. Unos panes indios, ácimos, llamados Nan, que servían o bien solos, o bien aromatizados  por ajo, por queso o mantequilla o acompañados de coco, almendras o incluso carne. En nuestro afán catador, pedimos tres variantes distintas. El primero de ellos fue el Nan con ajo y queso fresco, que recordaba al pan de ajo de las pizzerías. El segundo fue el suave Paratha con mantequilla que combinaba muy bien con el arroz y las salsas. Y el último, un dulce y delicioso Peshwari Nan de coco, pasas que bien podría pasar por un postre.
Uno de los comenasales, rompió la disciplina de grupo y pidió una copa de vino. Se la sirvieron a una temperatura demasiado elevada y la copa casi a rebosar. Una asignatura pendiente, al igual que los postres. Pedimos una crema de mango por recomendación de la camarera, y a ciencia cierta que el postre nos gustó menos que el Peshwari Nan.
 Para terminar, y siguiendo la buena costumbre de pagar por lo consumido, pedimos los cafés y la cuenta. Quizás debimos pedir un té, que pega más, pero el acercamiento que tuvimos simplemente fue una ronda de asiáticos, que aunque un poco fuerte, estaba bueno. A la hora de pagar, tocamos a 23 euros por cabeza. El exceso de bebidas subió un poco la cuenta, pero es casi imposible comer picante y no llevarnos el vaso a la boca de manera autómata. O bien por prisa nuestra, o bien por falta de interés o costumbre, la casa no ofreció los, ya, típicos digestivos de después de la comida.  Independientemente de esto, el servicio fue bastante correcto y muy rápido. Muy recomendable para quienes gusten de las comidas exóticas o muy especiadas.

Restaurante Paras.
C/ Mayor, 38. Los Belones (Cartagena)

Teléfono 968137450 - 639946996.


viernes, 12 de julio de 2013

Atascaburras - Ajo Arriero.


Hace mucho, mucho tiempo que no subía una entrada de recetas en el blog. Y para romper esta tendencia, no lo voy a hacer con un plato típico de verano como puede ser un gazpacho o cualquier otro tipo de sopa fría. Lo voy a hacer con esta receta típica de estaciones más frías. El origen de este tradicional plato manchego, como tantos otros platos de nuestra gastronomía tradicional, está, según cuenta la tradición, en la trashumancia de los pastores, en este caso manchegos, y los escasos recursos que tenían en la sierra. Para este plato se usa indistintamente el nombre de “ajo arriero” o “atascaburras”, aunque hay otras zonas como Aragón y Navarra, en las que el “ajo arriero” es un plato totalmente distinto. ¿Por qué atascaburras? Hay, como casi siempre, distintas versiones. Una de ellas es porque “harta hasta a las burras”, la segunda porque cuando un burro se queda atascado en el barro, al meter y sacar las patas, produce un sonido muy parecido al que se produce al mezclar los ingredientes en el mortero. Quedaos con la que más os guste. ¿Porque hacer esta receta de invierno en verano? Porque no se me ocurrió otra cosa que hacer con el bacalao que tenía y si acabo de tomarme un gazpacho manchego en las jornadas gastronómicas de Los Churrascos en julio, ¿Por qué no un atascaburras?

Los Ingredientes.

½ Kg. de bacalao (desalado).
½ Kg. de patatas.
2 Huevos cocidos.
1 Yema de huevo.
Pan rallado.
Aceite de oliva.
4 Dientes de ajo.
Sal.
Perejil.
Nueces.

La Faena.



Lo primero que hay que hacer para elaborar este plato tradicional, es desalar el bacalao, dejándolo en remojo desde un día antes y cambiando el agua al menos 3 veces. En esta ocasión, por urgencia, he utilizado bacalao congelado que no es lo mismo pero es igual. Pasamos a cocer en al mismo tiempo las patatas entrecortadas, es decir, cortando un lado y desgarrando el resto, y el bacalao. Una vez ya cocidas las patatas, las machacamos con un tenedor junto con un poco del caldo de la cocción. Se pueden hacer con minipimer, pero buscamos un puré irregular, que es lo tradicional. Por otro lado, vamos cociendo los huevos.
Mientras se hacen las patatas y el bacalao, en un mortero se machacan los ajos. He utilizado un mortero grande para hacer todo el plato al estilo tradicional. A los ajos se le añade la yema de un huevo y se mezcla bien con una cuchara de madera. A esa mezcla poco a poco se le va añadiendo dos cucharadas de pan rallado y el puré de las patatas sin dejar de mover todo con la cuchara. Dejamos reposar esta mezcla unos minutos que aprovechamos para picar uno de los huevos y por otro lado desmigar el bacalao.
Ya solamente queda añadir poco a poco, mientras seguimos dándole a la cuchara, el aceite, al gusto, el huevo picado y el bacalao desmigado. Removemos para homogeneizar la pasta, probamos y corregimos de sal si necesitara. Hay ocasiones que con la sal del bacalao desalado es suficiente. Para adornar el plato utilizaremos el perejil picado, el huevo duro y las nueces.

Como decía al principio, es un plato de invierno, pero al servirse frío se amolda perfectamente a cualquier estación del año. 

martes, 9 de julio de 2013

IX Jornadas Gastronómicas Cante de las Minas - Los Churracos.


Este año se celebra el 53 Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión y en torno a él, algunos de los restaurantes de la zona, como pueden ser El Vinagrero de La Unión o Los Churrascos en El Algar, organizan unas jornadas gastronómicas cuya temática principal gira en torno a este arte.
El restaurante “José María Los Churrascos” celebra este 2013, sus IX jornadas gastronómicas Cante de las Minas. Un maridaje perfecto entre flamenco y gastronomía. Para esta ocasión ha contado con el “Mesón Pincelín” de Almansa y sus cocineras Maria José Moreno y Encarna Tornero, en un hermanamiento con la cocina manchega, que toma el relevo del homenaje que, el año pasado, se hizo a la cocina mediterránea con la presencia en sus cocinas de los cocineros Pedro Salcedo, del restaurante “Juanito” de Baza, y del chef Sergi Millet, de”Mas Rabell” de Villafranca del Penedés.
El menú Pincelín, propuesto para estas jornadas se podrá degustar desde el martes 9 de julio hasta el día 12. Durante el fin de semana, será el cocinero japonés Katsuma Kasajima se pondrá al frente de los fogones, elaborando un menú japonés que da un toque internacional a las jornadas, con sus nigiris, makis y shashimis, de la misma forma que lo hace el festival del Cante. Ambos menús estarán acompañados  de los vinos Castillo de Almansa, de Bodegas Piqueras que han traído un blanco verdejo-souvignon blanc y para acompañar a las manitas y sobre todo al gazpacho, un crianza coupage de Monastrell, Tempranillo y Cabernet S.
En la presentación de las jornadas, pudimos probar un mix de los dos menús, que arrancaron con los tradicionales torreznos de Almansa “por Bulerías”. Crujientes por fuera y tiernos en la cara interior. Acompañaban de maravilla a la fresca cerveza del aperitivo. Pasado el aperitivo, los primeros entrantes vinieron de la mano de Katsuma Kasajima con unos Nigiri de Salmón y Maki de Atún, acompañados de salsa de soja y wasabe. Solamente faltaban los palillos.- Yo, que personalmente no soy muy entendido, o nada, en el tema Shusi, solo puedo decir que me gustaron, sin entrar en valoraciones técnicas. -Terminó su propuesta con una ensalada de alga Wakame y pollo donde destaca la fantástica vinagreta que usa de aliño.
Gazpacho Manchego.
Bacalao con pisto.
Con solamente dos pinceladas internacionales, se da paso a la hermanada cocina manchega,  tan cercana y en algunas ocasiones tan desconocida. Empezamos por Serranas con unas croquetas de jamón, potentes de sabor y de sal. -Cuando hablaba de desconocida, no me refería a las croquetas, obviamente. – Por Farrucas trajeron un tierno bacalao acompañado de pisto manchego. La peculiaridad de “su pisto” está en la ausencia de pimientos, solo cebolla y tomate. Llega la hora de las Tarantas y el nivel del menú sube un escalón con unas tiernas y maravillosamente preparadas manitas rellenas con foie. A pesar del alto nivel  gastronómico del menú, lo mejor estaba por llegar, pues no en vano, el “Mesón Pincelín” tiene fama por sus gazpachos manchegos que llegaron “por caracoles”. Servido sobre la torta de masa neutra trajeron el gazpacho que bien podía ser de palomo o perdiz, de conejo o liebre pero siempre con sus caracoles serranos y sus setas. Aquí no faltaba ni la cuchara de madera, que trajeron desde Almansa para saborear mejor este manjar. Mientras lo degustaba, me acordé de las teorías de mi amigo Anselmo y la incorrección de  llamar a este Gazpacho, Manchego. Brevemente diré que el fundamento de su teoría se basa en que en la mayor parte de La Mancha, no conocen este plato, mientras que en la zona norte de Murcia (Jumilla y Yecla) y una amplia zona de Alicante (Villena, Monóvar o Pinoso) lo hacen y buenos. Él propone llamarlo Gazpacho del Marquesado de Villena, pero es harina de otro costal.
Fukuwatashi.
Al finalizar el gazpacho y antes de que trajeran el Fukuwatashi , un hojaldre crujiente con crema de vainilla muy parecido a los “Miguelitos” de La Roda, vi, con envidia, como una chica de la mesa de al lado se comía la torta del gazpacho, con miel y posiblemente con algo más. Luego nos enteramos que era Belén Blanco, hija de la cocinera, gran bailaora y conocedora de cómo se debe comer el gazpacho. Tras el postre y el café, que por cierto a nuestra mesa nunca llegó, los anfitriones habían preparado una mini gala flamenca a cargo del cantaor Agustín Garnés y del guitarrista Pablo Aldecoa de la Escuela de Arte Flamenco del Cante de las Minas. Mientras disfrutábamos del cante, Belén Blanco se lanzó, cual espontánea, al ruedo y con la fuerza que sin duda alguna, le había dado la torta ácima con la miel, puso la guinda al espectáculo.
Fue un día inolvidable, en el que pudimos entrar hasta la cocina para ver y fotografiar, cómo los cocineros iban fraguando los menús. Allí tanto Antonio Alcaraz, Katsuma Kasajima, como María José Moreno contestaron cortésmente a nuestras preguntas e incluso posaron con sus platos y una sonrisa mientras alterábamos su trabajo.
Por todo esto quiero agradecer al Grupo Los Churrascos, con todo su equipo que nos atendieron maravillosamente desde el momento en que llegamos, por el trato recibido, a Gastrólogos, como no, por contar y confiar en nosotros para difundir este tipo de jornadas y a los blogueros allí presentes con quienes, una vez más, pasé un rato muy agradable.
José María Los Churrascos está en la avenida Filipinas número 13 de El Algar (Cartagena) y para reservar cualquiera de estos menús, que tienen un precio por persona de 39,90 euros, hay que llamar al teléfono 968136028.





viernes, 5 de julio de 2013

Del Gallo Blues: Café, Music, & Restaurant - Murcia.


Foie Macerado.
Rompiendo un poco mi dinámica habitual de salir por el centro y generalmente a cenar, esta vez fuimos a comer a este moderno restaurante situado a escasos kilómetros del centro, en el pretenciosamente llamado distrito financiero de Murcia. El concepto de este cosmopolita local es ofrecer servicio desde primera hora de la mañana con los desayunos hasta las copas de después de cenar pasando por todas y cada una de las comidas del día, acompañándolas de música (en muchas ocasiones en directo o a cargo de un dj), con lo que logran crear un ambiente de lo más "cool". La vestimenta de los empleados, como si fueran camareros de discoteca,  también ayuda y atrae a gente que busca este tipo de locales que no es que los haya en exceso.
Solomillo Night.
Entramos al restaurante dominado por una larga barra blanca coronada por tres grandes pantallas, a cuyo frente está el amplio comedor de dos ambientes diferenciados, iluminado de manera natural por unos grandes ventanales al exterior. Pedimos mesa para 12 y a pesar de ir sin reserva previa, de estar prácticamente lleno de trabajadores de las oficinas de la zona y de que un desganado encargado nos dijera que nos deberíamos dividir en dos mesas. Una simpática y eficaz maître hizo un par de apaños para que en el tiempo que nos tomamos una cerveza en la barra, ya tuviéramos montada una mesa con manteles de papel, doce servicios y tres tapas de ensaladilla rusa con sus picos a modo de aperitivo.
Desde que llegamos, en ningún momento nos faltó que beber, y con la que estaba cayendo fuera, era de agradecer. La carta, de color negro, letras blanca y comida multicultural, trae una leyenda explicativa sobre lo platos, más o menos picantes, celiacos, para vegetarianos o light. La ambición gastronómica es asombrosa ya que podemos degustar platos de procedencia tan variada como norteafricana, hindú, japonesa o mediterránea dejándome otras en el tintero.
Lomo asado con fideos Thai.
Los camareros de trato correcto y gran eficacia trajeron las bebidas y tomaron nota. Cuando nos vinimos a dar cuenta, ya estaban trayendo los primeros entrantes.  Empezamos con un variado de croquetas, mitad de ibérico con parmesano, de gran cremosidad, mitad de chipirones en su tinta, de gran potencia. El segundo de los entrantes fue foie macerado. El foie lo sirven rallado formando una montaña, acompañado de una mermelada de violetas y unas escamas de sal en un plato cuadrado tan grande que minimiza la cantidad servida. En otro plato trajeron pan recién tostado donde mezclar la mermelada con el foie y sazonar al gusto. Lástima la cantidad de pan que era escasa y el precio que es excesivamente elevado.
De principal pedí una hamburguesa Big Burguer de ternera de Kobe (según anunciaban) que me habían recomendado como algo excepcional. Mi opción B y C eran el Tataki de atún rojo, recomendado por la casa, y el Tikka Masala. A pesar del buen tamaño de la hamburguesa, creo que me equivoqué. Esperaba más de este plato que venía acompañado de unas patatas que sí que estaban deliciosas. Mis papilas gustativas demostraron una vez más que no disciernen entre Kobe, Angus, gallega u cualquier otra procedencia de la carne y menos si llevan pepinillos y kétchup que distorsionen el sabor. Con la hamburguesa cambié la cerveza por el vino, un Juan Gil de precio nada elevado.
Tarta de queso.
El solomillo night venía con foie y una salsa de trufa deliciosa. Dan la opción de pedir solamente media ración. Además de todo esto, se puede tomar sushi, arroces, pastas, pescados, curry, una amplia variedad de bocadillitos y entre semana plato del día que era lomo asado con fideos Thai. Todo esto hace que sea muy difícil salir insatisfecho de Del Gallo Blues.
En el postre la opción se redujo bastante al no tener mucho tiempo. La opción que elegimos fue la tarta de queso servida en copa de Martini con un ligero sabor a cítrico y excesiva mermelada. Ideal para los muy golosos como yo, pero algo empalagoso para quienes no comparten aquello de que "nunca sobra azúcar". Otras opciones, también muy apetecibles, conllevaban un tiempo en su elaboración, del cual no disponíamos.
Terminamos con el café y pidiendo la cuenta que tocamos a cerca de treinta euros. Un precio ligeramente elevado ya que la mayoría pedimos hamburguesas y el plato del día. Este precio se justifica por el buen ambiente creado que hace que a pesar de llevar ya unos años funcionando, no haya pasado de moda. Oferta y demanda pura y dura. 
Del Gallo Blues es uno de los locales que posee el grupo Drinks&Eats y está situado en la calle central número 10 de Espinardo y podemos reservar en el teléfono 968858118.

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miércoles, 3 de julio de 2013

Desde Murcia con Sabor - "Dale la vuelta"






Esto de las vacaciones y tener un poco de tiempo libre, me está permitiendo asistir a jornadas y presentaciones a las que por motivos laborales no puedo asistir el resto del año. E incluso he llegado a hacer doblete. Tras asistir en el Centro de Cualificación Turística de Murcia a la jornada “Periodismo gastronómico y turismo” donde, a parte de constatar el poco afecto que algunos periodistas sienten por los blogueros, a quienes, por alguna extraña razón ven como competencia, nada más lejos de la realidad, también se le dio un más que merecido homenaje al veterano periodista gastronómico Ismael Galiana. A esta jornada asistieron como contertulios entre otros, José Carlos Capel, crítico gastronómico del diario El País y "alma mater" del blog Gastronotas de Capel, y Julia Pérez Lozano también critica de Unidad Editorial y Editora de gastronomía de la revista Traveler.
Tras la jornada, asistí a la presentación en una de las tiendas de La Colegiala a su propuesta para este verano, que consiste en un viaje gustativo por todo el mundo en forma de cinco platos fríos y de gran calidad, ideados por el cocinero Antonio J. Gras. No solamente busca sabor, sino que cuida las cocciones de cada uno de los ingredientes, consiguiendo elaborar unos platos saludables, de presencia bastante apetecible, y por qué no, divertidos.
La idea de los creadores de “Desde Murcia con sabor: El mundo” es ofertar cada
día, uno de estos platos complejos de ingredientes y sabores, para que el consumidor llegue a casa, abra el recipiente y simplemente tenga que darle la vuelta sobre un plato, admirar y a comer. Rompe el hielo el Cuscús mediterráneo acompañado de productos kilómetro 0 y sabores muy nuestros como puede ser el comino, la albahaca, la oliva,  el tomate o el queso. Del Mare Nostrum a Japón con un maki de ternera acompañado de una mahonesa de wasabi. Volvemos a dar un salto con el tercero de sus platos. Un homenaje a la cocina internacional que ha generalizado el uso de las ensaladas de arroz, dándole su toque particular cociendo el arroz en un fondo de gambas y posteriormente combinado con lentejas y frutas de temporada maceradas.
Si con estos platos aun no nos han entrado ganas de tomar el primer avión que salga con destino incierto, quedan dos platos más para despertar ese deseo. El primero consiste en unos tallarines Thai hervidos en leche de coco, con boquerones y verduras frescas que me encantaron. Cierra esta tournée  internacional una causa limeña de bacalao con pimientos y queso que, por desgracia, no llegué a probar.
La idea de ofertar un plato cada día, limita a los delicados paladares, pero a su vez garantiza un producto fresco hecho para consumir en el día y que nos pueda sacar de un apuro con buena nota.