lunes, 29 de julio de 2013

Restaurante Entreolivos - Madrid.


"Nos encontraras al final del camino,
entre olivos y velas,
junto a la casa de José Castillejo"

Sardinas en escabeche sobre ensaladilla.
Pues siguiendo con los ya que, ya que estábamos en Madrid, hay que aprovechar las comidas y las cenas para ir a sitios que sean distintos a lo que estamos acostumbrados. Y cenar en medio de un olivar en pleno centro de Madrid, es ya un motivo más que suficiente para ir a este restaurante. Unos cinco minutos o menos andando desde La Castellana a la altura de Alberto Alcocer y llegamos a la sede de la Fundación Olivar de Castillejo, un oasis ecológico donde sobreviven olivos centenarios junto a madroños, almendros y matorrales mediterráneos. En la finca, está la centenaria casa de José Castillejo y alrededor de esta, junto a la balsa, montan las mesas del restaurante Entreolivos. Llegamos un poco antes de la hora y mientras tomábamos una cerveza en la barra improvisada del jardín, pudimos escuchar el final del concierto benéfico organizado por la fundación.
Acabado el concierto nos sentaron en una mesa situada bajo un olivo del que colgaban tarros de cristal iluminados por unas velas en su interior. Estas velas y la tenue luz de la mesa, creaba un ambiente íntimo, incluso romántico.
Y hasta ahí. Lo mejor de este restaurante es el ambiente y la decoración. La carta es un poco corta, pues al
no tener cocina y ser un catering no podemos pedirle lo mismo que a otros. Son solamente diez los platos que se pueden pedir y no demasiado sofisticados. Aún así, la mayor parte de las cosas que pedimos, nos gustaron bastante. Empezamos pidiendo un par de platos como entrada para compartir. Aquí creo que acertamos. El primero fue unas sardinas en escabeche sobre un mortero de ensaladilla. Estaban bastante buenas. Las sardinas venían sin espinas y con unas huevas. Una versión evolucionada de la murciana marinera. El otro entrante fue un plato de hummus. Lo trajeron con unos nachos y unos crudités de zanahoria, apio y calabacín.
 Mousse de chocolate blanco y corazón de fresa.
Pedimos otros dos platos como principales. Estos nos parecieron más flojos. El primero fue un atún marinado en soja sobre tabulé. Creo que todos coincidimos en que el atún estaba un poco seco. El otro de los platos fueron unos dados de pollo tikka masala con arroz perfumado, pasas y pistachos. Puede que sea por el poco tiempo que había pasado desde nuestra visita al hindú Paras, pero este plato me pareció muy flojo, muy catering. Además de estos platos, en la carta había jamón ibérico o un atrayente Caprese de mozzarella, tartar de escalivada  y fresas liofilizadas. Este se quedó en la recamara, pero luego nos hablaron maravillas de él. Todo lo regamos con un Montesierra, un vino blanco macabeo-chardonnay Somontano de la Bodega Pirineos. Trajeron el vaso en cubitera para mantenerlo fresco, pero no trajeron ninguna copa de vino. Cuando pedí copas para el vino, el camarero trajo unos vasos bajos, los mismos que estábamos usando para el agua. Esta claro que en Entre Olivos no cuidan mucho la bodega. No obstante, de blancos solamente tenían dos referencias. 
Dados de pollo tikka masala.
En los postres mejoró la situación y a un precio más normal de lo que estábamos viendo últimamente. Aunque actuaron con la nocturnidad que no evitaban las velas y a la hora de traer la cuenta cobraron más de lo que venía en la carta. De las cuatro opciones que tienen en la carta, perdimos dos. La variación de Tiramisú, que simplemente es servido en un vaso, y el que más nos gustó, el mousse de chocolate blanco y corazón de fresa. Solamente quedaba pedir el café, porque está claro que eso de ofrecer un chupito al final de la comida, por aquí ya no se "estila". El precio por comensal fue de unos 25 euros, que es lo que cuesta cenar entre olivos en pleno centro de Madrid.
El restaurante Entreolivos esté en la calle Menéndez Pidal número 3 Bis de Madrid, y el número de teléfono para reservar es el 682803747. 
Atún marinado en soja sobre tabulé.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Coincido con la opinión. Fuimos a cenar hace un mes y el entorno es precioso pero la carta y el servicio no lo son tanto. No tienen copas para el vino, sòlo vasos de chiquito. Pedí un vaso de agua y me dijeron que solo botella (3 euros por 250 ml). Me quejé en vano. En definitiva, bonito continente sin contenido.

Medardo Perez dijo...

Acepto la opinión del comensal anterior. El sitio: espectacular. La carta: aceptable. El servicio es patético: hace tiempo que no encontraba un restaurante (incluidos bares de carretera) donde el servicio fuera tan penoso y poco profesional (antipáticos, auto-suficientes...poco interés por el negocio y por hacer clientes).
Si esto no cambia radicalmente, no es un sitio al que regresar. Lo siento (de verdad).