jueves, 29 de agosto de 2013

El Palmero - Cabo de Palos (Cartagena).


Ensalada de rulo de cabra.
Hay ocasiones, y más en verano, en las que elegir el restaurante al que ir, se puede convertir en una verdadera lotería. Está claro que siempre tenemos la opción de los clásicos, donde fallar es altamente improbable. Pero cuando intentamos salirnos de lo de siempre, cada día tengo más claro que hay que ir con mucha paciencia y algo más. Muchos de estos restaurantes se han abierto de una manera acelerada para llegar a la corta temporada de verano, con un personal que no suele ser profesional de la hostelería y sin una intención de continuidad en el tiempo, con lo que buscan un rápido beneficio sin importar la satisfacción del cliente. Además las referencias boca a boca no siempre son válidas al no ser igual un martes de julio que un viernes de agosto con miles de veraneantes peregrinando a los distintos locales de moda de la costa.
Dicho esto de manera general, uno de esos fines de semana de agosto nos fuimos a cenar a uno de estos restaurantes de temporada. El Palmero de Cabo de Palos, antigua discoteca que vivió pretéritos momentos de gloria hace décadas y que busca una nueva oportunidad reconvertido en restaurante donde las brasas toman especial importancia. Llegar hasta allí, no es tan fácil como parece, pues aunque la construcción se ve desde mucha distancia, no hay claras indicaciones que faciliten el acceso. A través de una pista de tierra y guiados por el dromedario, llegamos a este restaurante con forma de mezquita en mitad de un oasis, que perfectamente encajaría dentro de un parque temático. Bonito visualmente y sería original si no lo lleváramos viendo toda la vida en la entrada a La Manga. Con la puerta principal clausurada, se accede por una puerta lateral custodiada por un pirata de pata de palo y garfio. Al menos no está tuerto. No hay recepción por lo que llegamos a la barra donde un desorientado camarero revisa todas las notas de las mesas para saber cuál es la nuestra. En el pequeño escenario, hay un cartel anunciando que a las 23:00 tocará en directo Materia Primo, un grupo de flamenco fusión. Todas las mesas están en una terraza al aire libre, con una tenue iluminación y ambiente muy agradable.
Cuando hemos conseguido averiguar cuál es nuestra mesa, en ella hay una carta con soporte de madera donde destacan las ensaladas y la carne a la brasa. Sospecho que eso es lo que vamos a cenar. Pasada casi media hora, y con apenas tres mesas ocupadas se acerca el camarero, varias veces antes nos había dicho que enseguida estaría con nosotros, y toma nota de la comanda. Lo dicho, ensalada y carne a la brasa es lo que pedimos. Mi sorpresa es mayúscula cuando en cero coma, nos traen las ensaladas que habíamos pedido. Cierto es que ya las tenían hechas, pero no menos cierto es que pedimos una botella de vino en la que solamente la tenían que traer y descorchar y nunca llegó a su destino. Las ensaladas que pedimos fueron la campera con champiñones, huevo, bacon, tomates cherry, piñones y semillas de calabaza, y la ensalada de rulo de cabra con miel que junto a la lechuga también traía semillas de calabaza y piñones. El queso venía un poco perjudicado, más que cortarlo y servirlo, le dieron una paliza antes de emplatarlo. A pesar del aspecto del queso, ambas ensaladas estaban muy buenas. El truco de matar a los comensales de hambre antes de servir es un clásico que siempre funciona. Llevábamos más de media hora tirando del cubo de quintos acompañados de pan y aceite, que también estaba muy bueno.
Terminadas las ensaladas, la carne se hizo esperar más de lo deseable. Siempre he criticado a restaurantes como Foster Hollywood su presteza en servir. Antes de poder pinchar la ensalada, ya te han traído la hamburguesa. Pero de ahí a hacer la digestión entre plato y plato... Habíamos pedido parrillas especiales de pollo y de chuletas de cordero. Otras opciones eran cerdo (chuletas de lomo) y ternera. Al preguntar que parte de ternera y no tener muy claro ellos mismos la que servían, optamos por terminar la comanda con un entrecot y una de sus hamburguesas gigantes. En la carta ofertaban pescado del día, pero sinceramente, no nos atrevimos a pedirlo. Las parrillas especiales se anunciaban acompañadas de una patata asada y de verduras de temporada. Las verduras serían de la temporada siguiente, porque en el plato solamente había una patata envuelta en papel de aluminio y un poco de salsa de tomate.  Cuando reclamamos al camarero nuestra verdura, nos dijo que como se les había pasado, aunque yo dudo que ni si quiera hubiera, nos invitaría a unos chupitos. -¿Qué cara nos habrá visto? Todo estaba bastante soso, pero se subsanable con los cuencos de sal Maldom que trajeron junto a los platos, para que cada cual sazonara a su gusto. El entrecot lo trajeron junto a la hamburguesa gigante, que venía coronada por un huevo frito y aunque podíamos elegir la salsa, no hubo más opción que su inseparable kétchup, aunque nos tuvimos que levantar a pedirlo, pues se ve que estaba con el vino, y aun así, solamente conseguimos dos sobres.
Llegados a los postres y descartando las opciones frutas y helado, solamente nos quedaba una mousse de chocolate casero que era más tarta que mousse. Hizo su papel y nos quitó el mono de dulce. Ya solamente rematar la cena con unos asiáticos que tardaron en llegar, pero fue un tiempo que pasó de una manera amena entretenidos por Materia Primo que ya estaba en el escenario versionando a Kiko Veneno, animados por un grupo bastante numeroso de conocidos incondicionales. Con los chupitos a cuenta de las verduras, vino la cuenta. Esta vez no fue nada dolorosa aunque para no variar, se habían equivocado a su favor.
¿Recomendable? No sabría qué decir, siendo muy positivo el ambiente y el precio, la comida normal y el servicio desesperante, no hay garantía de continuidad después del verano y el año que viene pues Dios dirá. El restaurante El Palmero está en Las Triolas 10 de Cabo de Palos, Cartagena y los teléfonos para reservan son el 968145105 y 968564905.

Mousse Casero de Chocolate.



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