domingo, 11 de agosto de 2013

Luigi (La Manga Club) - Los Belones.



Vitello Tonnato.
Este verano está discurriendo de la misma manera que los últimos diez años que llevo veraneando en La Manga. Mucho baño, algún paseo que rompe la inactividad, novelas y novelas de escasa trascendencia, un par de salidas a la semana y algún que otro viaje al otro lado del charco, o sea, del Mar Menor, a la zona de Los Alcázares y Santiago de La Ribera. Día a día voy haciendo muescas en mis quehaceres estivales y a falta de poco más de una quincena de agosto se me va completando el calendario y como cada año, me dejo muchas cosas en la fila del debe. El pasado viernes pude tachar de la lista una más; ir a cenar a La Manga Club, pues aunque ya habíamos estado tomando una copa en el nuevo y muy promocionado “& Ampersand”, no habíamos cenado en esta urbanización. Y tenía ganas de ir porque llevábamos ya unos tres veranos “castigando” a los distintos restaurantes de allí con nuestra ausencia debido al mal servicio recibido en las últimas ocasiones que habíamos ido. El motivo seguramente estaba en que el club de golf y la urbanización ha ido cambiando de manos con un futuro relativamente incierto. Parece ser que en últimamente la cosa se ha estabilizado y va con buen viento y rumbo firme. Ha sido leyendo el blog The Murcia List y su entrada del italiano Luigi, la que me ha terminado de convencer para levantar el veto que le teníamos puesto y volver. Y a que mejor sitio que al propio Luigi del que tan bien habla TML en su blog.
Pappardelle con ternera, setas y pimienta.
Situado en las Lomas Village, nada más salir del coche entramos en un oasis de tranquilidad a pocos kilómetros de la masificada costa. Un agradable paseo entre las villas nos lleva al restaurante Luigi al que llegamos con puntualidad británica. Hemos reservado con un día de antelación y nuestra mesa nos está esperando ya preparada. Delante nuestra hay una familia británica que llegan sin reserva y el maître les cita en unos treinta-cuarenta minutos. Nuestra mesa está al fondo, bajo una pantalla gigante en la que proyecta películas clásicas italianas. Cuando entramos está Roberto Bellini. Paredes blancas y grandes ventanales al exterior decorados con pequeñas luces blancas le dan un toque romántico al local. La decoración es a base de alimentos mediterráneos, aceites, acetos, botes con pasta y los manteles, por supuesto, de cuadros, pequeños cuadros blancos y negros. Sobre la mesa nos espera una elegante pero solitaria botella de aceite, solamente falta la botella de Chianti con una vela roja para sentirnos en la propia Toscana.
Nosotros hemos llegado muy puntuales, cosa que no podemos decir de nuestros acompañantes, por lo que mientras esperamos pedimos unas bebidas. Pido una clara de gaseosa, pero no tienen Casera, por lo que mi alternativa es mezclar con soda. No lo volveré a hacer. La Coca-cola la traen ya servida en el vaso. Los camareros que han traído las bebidas no han tenido el detalle de acompañarlas con nada. Ni si quiera unas olivas tan clásicas en la cocina italiana.  Mientras esperamos y me arrepiento de haber pedido ese mejunje, puedo ver el resto de los comensales de la sala. La pantalla está a mi espalda. La mayoría de los clientes son extranjeros.
Cuando llegan nuestros acompañantes ya me sé la carta de memoria. No es demasiado amplia, pero con lo que veo, echo pocas cosas en falta. Después de un rápido consenso, descartamos las focaccias, las bruschettas y el carpaccio y nos vamos al vitello tonnato, unas láminas de ternera lechal asada a modo de roast beef, que venían acompañadas de alcaparras y una suave crema de anchoas.  También pedimos una muy completa ensalada de la casa con atún, pimiento, maíz, espárragos, huevo duro, alcachofa, aceitunas negras…
Tortellini al funghi porcini.
Hasta aquí todo correcto. El salto de calidad lo dieron los platos principales. Todos los que pedimos eran de pasta fresca, nadie se decantó por las pizas. Aconsejado por la camarera, yo dudaba entre los tortellini al funghi porcini y el panciotti con vieiras y gambas, pedí los panciotti. La camarera me dijo que merecía la pena, y lo cierto es que tenía toda la razón. Es un plato, con un intenso sabor a mar, de los que hay que probar sí o sí. Tanto los que pidieron los pappardelle con ternera, setas y salsa de pimienta negra, los tortellini al funghi porcini rellenos de setas y bañados en un caldo de jamón con tomates secos , como la lasaña con una boloñesa donde la carne dominaba al tomate, también dijeron que les parecía bastante buena su elección. En la bodega tienen bastantes referencias, tanto de vinos españoles como italianos, pero el elevado coste de cada botella hace que no merezca la pena comer con vino. Está claro que estos precios están orientados al consumidor británico.
Panna Cota.
Al llegar a los postres, probamos un par, la tarta de chocolate y la panna cota con galleta. La tarta era redonda y baja, más parecido a un brownie, venía acompañado de dos bolas de helado de vainilla bañadas de chocolate líquido. La panna cota, simplemente con frutas del bosque y una mermelada de fresa. Deliciosos ambos. Cafés y la cuenta. Esta fue lo peor de todo, pues si bien es cierto que comimos francamente bien y, el servicio y la atención de este fue muy agradable, pagar 30 euros por cabeza es un poco alto para ser un restaurante en el que comimos pasta. Tras pagar, hicimos una pequeña y agradable sobremesa sin los ya típicos licores que en ningún momento ofrecieron. Terminamos la velada en el Lounge Bar del Hotel Príncipe Felipe donde los que no conducían se pudieron tomar una copa, mientras escuchábamos música en directo. Y que mejor manera de terminar una noche italiana que con un Bellini veneciano.
El restaurante Luigi, es uno de los mejores italianos a los que he ido últimamente. Muy recomendable aunque no se debe abusar de él, como de casi ninguno. Esté ubicado en Las Lomas Village de La Manga Club, y para reservar hay que llamar al teléfono 968331260.

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