lunes, 30 de septiembre de 2013

Restaurante Guerra y Paz. - Murcia



"Todas las familias felices se parecen entre sí; las infelices son desgraciadas en su propia manera." L.Tolstoi.


Huevo con crema de trigueros y trufa.
Es viernes noche y salimos. Esto se está convirtiendo en una rutina, vicio o una necesidad, aunque nada preocupante. Mi propuesta inicial es volver a Ginkgo Biloba para poder rectificar mi mala entrada de hace un tiempo, aunque como en este blog se impone la democracia o más bien el matriarcado, terminamos yendo a morir al nuevo Restaurante Guerra y Paz que un tolstoniano ha abierto en la calle San Lorenzo. En el local de donde estuviera el restaurante El Reloj de Cuco, de quien parece que han heredado algo más que el local. Otra tercera opción era ir a Foodie, otro de los nuevos gastrobares que ha dado un nuevo giro a su cocina. Aunque la decisión está tomada, estos los dejaremos para otra ocasión.
Llegamos a una calle San Lorenzo llena de gente por la celebración de la apertura de una galería de arte contemporáneo, Espacio Pático. Y es que no solamente se abren restaurantes. Cuando entramos en Guerra y Paz, la primera impresión nos gusta. Es un local moderno decorado con gusto. Cuando reservamos nos dijeron que el salón estaba lleno, que tendríamos que cenar arriba, aunque al llegar y decir que teníamos reserva, nos mandaron directamente al sótano, en un salón infinitamente más agradable e íntimo que la parte superior , con restos de la antigua muralla árabe de la ciudad. Al bajar las escaleras, a la izquierda hay un cristal a través del cual podemos ver que se está cociendo en la cocina.
Ravioli de Toro y Setas.
Como esto va de rutinas, nada más sentarnos, tomaron nota de las bebidas y enseguida, aunque no en el mismo viaje, trajeron las cartas. Es curioso que en la época de sofisticación de los refrescos no tengan ni cola zero, ni gaseosa. -¡Pues si no hay Casera, nos vamos! La carta hace un guiño al nombre de la novela, nombrando los entrantes como infantería, a las ensaladas, aliados y artillería a los platos para compartir. Como sugerencia y siguiendo con la temática les diría que pusieran en la carta platos como “Soldaditos de Pavía”, “Caballitos”, “Reclutas”, “Bombas” o incluso “Matrimonios”, que no hay cosa más bélica que estos. Me gusta la carta. De un solo vistazo podemos ver cualquiera de los platos que podemos pedir. Puede que los que sean cortos de vista no piensen lo mismo. Además de estas opciones de cocina, ofertan una serie de delicatessen como quesos de autor, conservas o salazones que no llegamos a probar.
Volviendo a la carta veo un bendito problema, la gran cantidad de platos atractivos que se oferta. Imposible probar todos en una primera visita. Ni si quiera compartiendo que es lo que vamos a hacer. Rompemos el hielo con un salmorejo de ciruela, pan de anís y boquerón. El salmorejo, servido en vaso de chupito,  estaba riquísimo, pero no encontramos el sabor a ciruela por ningún lado, cosa que comentamos al camarero quien nos despachó con un simple: - ¡Pues sí que lleva! La combinación de la crema de tomate con el boquerón sobre una tosta de pan de anís es sorprendente y muy recomendable. Siguiendo con el cuerpo de infantería que desfiló por nuestra mesa, hicimos frente a un ravioli de toro y setas. Una buena combinación ensombrecida por la demasiado suave cocción de la carne. Todo esto estaba siendo regado por Raíz de Guzmán. Un tempranillo de Ribera con apenas 6 meses de crianza. El tercero de los entrantes fue el más conflictivo por su complejidad. Se trataba de un huevo cocido a baja temperatura sobre una crema de espárragos trigueros, trufa y migas. El origen de la discusión estriba en si gusta o no. Les pareció muy bueno a quienes les encantan los trigueros y es que el plato tiene un fuerte sabor a trigueros aromatizado con trufa. Personalmente no entiendo el huevo en este plato, ya que su presencia pasa totalmente desapercibido.
Metidos en el conflicto de los huevos, y como la situación se iba torciendo no quedó más remedio que llamar a nuestros “aliados”. Dos platos de tomate partido con bonito que nos ayudaron a resistir el último ataque de la infantería, los montaditos de Buey o de Solomillo Duroc, raza porcina procedente de EE.UU. Pedimos de los dos. Acompañando uno de los de Buey de mayonesa de trufa, un Duroc solo y el resto con queso Stilton procedente de la Lechera de Burdeos. Los montaditos venían servidos con un crujiente pan integral. Al que pidió mayonesa de trufa le trajeron uno de queso, pero el servicio estaba siendo tan lento que no le mereció la pena pedir el cambio. La carne deliciosa pero la cantidad de queso irrisoria. Cobrar un euro por manchar el pan en queso me parece demasiado. Es más, no entiendo el racismo contra el Duroc ya que por hacer la misma operación, la de echar unas gotas de salsa de Stilton, en el buey cobran un euro más que el montadito simple, pero si es con el cerdo cobran euro y medio. Secretos de los profesionales. Muy rico pero excesivamente caro para ser un mini montadito.
Natillas de Turrón.
Llegados a este punto, pedimos el armisticio sin esperar el ataque de la artillería. Firmamos la paz con un flan de frutos rojos y helado de albahaca, y unas natillas de galleta y turrón. A mí me gustaron más las natillas. Café de Salzillo Tea & Coffee para terminar la sobremesa y la cuenta. Cuando llegó esta, fue con diferencia lo que menos nos gustó de la noche. Un precio más acorde con el ambiente en el que estábamos, de mesas de mantel de algodón y agradable ambiente, que con lo comido. O al menos con parte de lo consumido. La próxima vez habrá que mirar mejor lo que pedimos. El servicio de trato amable, aunque un poco lento cuidaba los detalles con esmero. Digo la próxima vez pues nos dejamos sin probar platos como canelón de cordero, calabaza, miel y menta, su tataki de atún o las milhoja de foie entre otros.
Guerra y Paz acaba de abrir sus puertas en la Calle San Lorenzo número 7 de Murcia y el teléfono para reservar es el 968902004. Es un restaurante que para llevar abierto solamente unas semanas, en ningún momento nos lo pareció y eso ya es mucho. Por cierto, aunque anunciaban que tenían ediciones de bolsillo de la novela de Tolstoi, yo no vi ninguna.  

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Que tristeza es tener un blog para comentar e intentar hacerlo con tanta pobreza en la escritura y falta de calidad en la crítica. Por más que leo y vuelvo a leer su artículo , no acabo de entenderle.
Creo que debería leer, leer mucho, dicen que es muy bueno para poder expresarse luego con claridad y que la gente le entienda, sobre todo si se dedica a intentar dar su opinión sobre algo.
El criterio siempre es discutible y en ello no le discuto su razón, aunque a la vista está que le sigue muy poca gente. Pero lo que sí es discutible, es su triste manera de escribir y de comunicar.

Oreikiko dijo...

Me ha dejado sin palabras y creo que tiene razón en todo lo que dice, aunque celebro que con mi mal verbo, al menos alguien tan letrado como usted haya captado la esencia del texto.
En relación a lo discutible en mi manera de escribir y comunicar, creo que no hay discusión posible. Lo se, dios no me ha llamado por el camino de las letras pero creo que mi criterio es tan valido como su anónima opinión.

Anónimo dijo...

No lo he dejado sin palabras, es usted el que las destroza.
En "Lo se" sé se acentúa,"mi criterio es tan valido" válido también lleva tilde, y Dios debe ser escrito con mayúscula, no es que no lo haya llamado por el camino de las letras, es que usted se aparta.

Oreikiko dijo...

Muy bueno. Y otra vez tiene usted razón. Decir que fueron las prisas y mi confianza en el auto-corrector, no es excusa. Imperdonable por mi parte.
No entiendo, con lo quisquilloso que es con las letras, lo tolerante que se muestra con el mal servicio. Estoy convencido que usted sería mucho mas duro que yo si no tuviera un interés de trasfondo.