jueves, 24 de octubre de 2013

Restaurante Quesería El Balcón de San Juan - Murcia.


Provoleta.
Hay restaurantes en los que se cocina, bien, mal o regular, pero allí se cocina. De una forma más o menos creativa se preparan los ingredientes siguiendo unos rituales, en algunas ocasiones ancestrales, que dan como resultado unas verdaderas delicias para nuestros sentidos. En la mayoría de estos procesos interviene la aplicación de calor, cocción, que consigue modificar el sabor, textura y color de los alimentos a la vez que los hace más digestivos. Sin olvidar que algunos sibaritas lo consideramos todo un arte, llegando a aupar a los grandes cocineros a verdaderos profetas de algo cada vez más parecido a una religión.
Por otro lado hay establecimientos, que no dejan de ser restaurantes, en los que la cocina no tiene excesivo protagonismo y se dedican a servir comida. El caso del Balcón de San Juan es más parecido a este segundo tipo de locales. La creación culinaria ha dado paso al servicio de platos donde la materia prima, o semielaborada es servida de manera casi intacta. Y es que, si un dulce hecho a base de chirimoya, no puede mejorar a la chirimoya. ¿Para qué perder el tiempo?
Ensalada "Pecado".
Cuando llegamos al Balcón de San Juan, a pesar de llevar reserva, tuvimos que esperar un rato. Es cierto que ya estábamos avisados, así que, mientras hacíamos tiempo, nos tomamos una copa de vino bajo su balcón. El restaurante es pequeño, en el interior apenas tiene cinco o seis mesas, más una coqueta que da al exterior, a la plaza de San Juan, en el llamado "balcón". Se accede al moderno local de tonos rojos y blancos, sillas wengué y manteles rojos, subiendo unos escalones protegidos por una mano de Fátima. Nuestra mesa, que era para nueve comensales, estaba fuera. Fue cuanto menos sorprendente que tras esperar una media hora a que se desocuparan las mesas, sacaron de dentro un tablero, dos caballetes y montaron nuestra mesa. Muy eficaces, pero si lo hubieran hecho media hora antes creo que no hubiera pasado nada.
Al ver la carta nos damos cuenta trabajan una cocina muy sencilla. Aquí los platos estrella son las tablas de patés, las de quesos, queso fundido, queso rebozado y sin olvidar las ensaladas, que también tienen muy buena pinta. Empezamos pidiendo unas sartenes de chorizo y unas provoletas. Entiendo que lo hicieron por servir lo más rápido posible, pero tanto al queso provolone como a los chorizos no les hubiera venido nada mal estar más tiempo al fuego. La provoleta es un queso asado que se debe servir fundido. Si no le das el calor suficiente para fundirlo, dejas el plato a medio. Lo sirvieron acompañado de tomate rallado y un poco de eneldo. Por su parte, los chorizos no tomaron color y lo que es peor, no llegaron a soltar esa grasa que tanto gusta sopar y tanto colesterol nos aporta. Las sartenes de los chorizos estaban casi inmaculadas, no teníamos donde sopar. Además habrían rematado la faena si a la vez que se dan prisa con los entrantes, lo hubieran hecho también con los cubiertos ya que dejaron los platos pero no teníamos con que comerlos.
Probamos también sus ensaladas, que como he dicho, parecían interesantes. La ensalada Pecado, con endivias, roquefort, nueces y lechugas variadas estaba más suave de lo esperado. La de queso de cabra a la plancha y semillas muy completa y la de jamón y piña que creo que fue, junto a los chorizos, el único plato que no llevaba queso. Para finalizar la cena pedimos unas hamburguesas. Probamos la de roquefort, la de queso de cabra y la de pimienta verde. Que nadie espere encontrar aquí hamburguesas de carne de buey de Kobe o de Angus. Hamburguesas normales, alguien comentó que parecían compradas así en algún supermercado de la zona, acompañadas de  las distintas salsas. En la de pimienta verde, la cantidad de pimienta verde que ponen es algo más que excesiva. Se hace tan difícil de comer, que tenemos que quitar casi toda la salsa. No es agradable comer una hamburguesa masticando las pimientas. Esa salsa bañando un solomillo es otra cosa, podemos tomarlas o no. En la hamburguesa eran inevitable. Las trajeron servidas en el pan de semillas de sésamo tan característico de las hamburguesas de franquicia y sin ningún tipo de acompañamiento, totalmente viudas. A pesar de todo esto, nos gustan, y más si las regamos con La Malkerida, 100% bobal.
Coulant de chocolate.
Los postres estuvieron a la altura, o incluso mejoraron la cena. Pedimos un coulant de chocolate que venía acompañado de helado de vainilla y decorado con el omnipresente sirope de caramelo. Me atrevería a apostar a que no ha sido cocinado en varios kilómetros a la redonda. A pesar de todo, logra calmar mi ansia de azucar. El otro postre es más difícil de clasificar. Casi mejor decir los ingredientes y que cada cual lo defina a su gusto. Era una mouse de queso servida con trozos de turrón semifrío, de piña y bañado por sirope de caramelo. Una delicia para los más golosos.
Terminamos con unos cafés y unos chupitos mientras esperábamos la cuenta. No fue nada caro, salimos por unos veinte euros por cabeza.
Sintetizando un poco, el servicio quizás era escaso para todas las mesas que tenían en la terraza. Un solo camarero, ayudado puntualmente por su compañero tenía que desdoblarse para atender a los clientes. La cadencia en el servicio de los platos no fue demasiado lenta, pero si se notó en otros detalles como podía ser el tiempo en reponer el pan o las bebidas. Un detalle que no gustó fue que trajeran los refrescos ya servidos de dentro. Claro que para los tiempos que corren, los ajustes son muy necesarios si se quiere ser competitivo, que el mercado, aunque algunos no lo vean, está muy difícil.
El Balcón de San Juan está en la Plaza de San Juan número 5 y si queremos reservar, tenemos que llamar al número de teléfono 618086873, aunque si es a la hora de comer hay que tener en cuenta que solamente abren a mediodía a partir de los viernes.


jueves, 10 de octubre de 2013

Ginkgo Biloba Vinos & Tapas - Murcia.


Tosta de foie con pistachos.

Por fin es viernes. Hoy toca salida otra vez, cosa que ya se ha convertido en costumbre, y afortunadamente no solo nuestra, las calles están a rebosar de gente con ganas de disfrutar del fin de semana que acaba de empezar. Esta vez volvemos a Ginkgo Biloba después de más de un año para subsanar un más que posible error de criterio. Hace meses una lectora me lo aconsejó  y creo que de manera muy acertada. Llegamos a la tapería de la calle Sancho sin reserva ya que en su política está la no admisión de reservas. Cosa que como dije en su día es comprensible por las reducidas dimensiones del local. Para ser sincero, teníamos un plan "b" pues estaba casi seguro que no encontraríamos mesa para 6. Al final hubo suerte porque las buenas temperaturas nocturnas de octubre les permite mantener la terraza abierta con lo que pueden doblar la clientela. Nos sentaron en una mesa de dentro que acababan de despreciar tres jóvenes fumadoras que preferían el vicio a la comodidad del aire acondicionado. ¡Qué casualidad! En la mesa continua estaba sentado el ilustre escritor Jerónimo Tristante. Pensé acercarme a él para ver si se me pegaba algo de su buen hacer literario y así combatir las críticas literarias que últimamente estoy recibiendo por parte de un anónimo lector.
Enseguida el camarero trajo la breve aunque variada carta en formato cuartilla plastificada a la vez
Lasaña vegetal.
que nos tomaba nota de las bebidas. Yo pedí directamente vino, Joven de Silos. Creo que deberían, ya que tienen, según dijo el camarero, unas veinte referencias de vino, hacer una carta para facilitar a los clientes la elección. La carta es muy interesante aunque un poco difícil de interpretar, por lo que tuvimos que necesitar varias ocasiones ayuda, que todo sea dicho fue muy útil. Platos con nombres como pollo Ginkgo, lasaña de la casa o crujiente de verduras pueden encerrar detrás de sus nombres un amplio espectro de posibilidades. En camarero nos explicó todas las dudas que tuvimos e incluso recomendó de manera muy acertada las cantidades que deberíamos pedir.
Con las bebidas y habiendo sido advertidos de que algunos platos tardarían un poco, trajeron un plato de encurtidos para pasar el tiempo. Estábamos cómodos, a buena temperatura gracias al aire acondicionado y en buena compañía. Esta vez no teníamos nada de prisa. Desde nuestra visita anterior, el aspecto del local apenas ha cambiado. Sillas color pistacho a juego con la paredes, grandes cristaleras a la plaza y una iluminación demasiado tenue que para los que no gozamos de buena vista dificulta la lectura de la carta.
Canelón de cordero.
De la decoración del local ya hablé en mi primera visita, así que vamos a pasar a las tapas que probamos sin más demora. Como decía, la carta era muy interesante, y a pesar que compartimos la mayoría de las tapas, hubo muchas que nos quedamos con ganas de probar. Tapas como el ossobuco y polenta, tosta de pesto, mozzarella y jamón, o verdura romescu y torta del Casar. Pero bueno, centrémonos en lo que sí probamos y no en la que pudo haber sido, pero no fue. Rompimos el hielo con la Lasaña de la casa. Una lasaña de verdura, donde predomina la berenjena. La sirven coronada de una manera muy acertada por un poco de sobrasada creando un contraste acertadísimo. Muy recomendable. Después, con Italia como nexo de unión, pedimos unos raviolis de foie que habían cambiado ligeramente. También cumplía con las expectativas de manera sobrada.
Con la siguiente tapa la cosa, para algunos, se torció. Fue una tosta de foie, pistacho y cebolla caramelizada. Era exactamente lo mismo que pedimos en nuestra anterior visita con un pequeño matiz, ahora hay tosta donde antes era tartaleta. Es una tapa simple donde el sabor y textura del foie es lo que predomina. También he de decir que ha mejorado mucho con el cambio de la tartaleta industrial por una rebanada de pan de cristal. Muy interesante para los amantes del foie. La última tapa que probamos fueron unos novedosos canelones de cordero. No se que me gustó más si el canelón, o la salsa que lo bañaba. ¡Deliciosa! Estaba tan buena que nos pareció que llevaba demasiada poca. Fue una gran tapa que puso fin a lo salado para dar paso a los postres. Ahí flojea un poco la cosa al tener solamente cuatro opciones. El canutillo de Idiazabal, entre otros, ha sido retirado de la carta. Elegimos probar la tarta de zanahoria y chocolate blanco, y repetimos con la torrija caramelizada. Definitivamente me quedo con la torrija. El coulant y la crema de Maracuyá con galletas Oreo lo dejamos para otra ocasión.
Al pedir los cafés y la cuenta, nos obsequiaron con unos chupitos que degustamos mientras esperábamos cumplir con nuestra obligación. Esta no fue nada desorbitada, más bien todo lo contrario. Menos de veinte euros por cabeza, y aunque es cierto que prácticamente todo fueron tapas para compartir, tienen unos precios muy de acuerdo con el coste del producto y la situación. Es llamativo que los precios apenas hayan subido unos céntimos en todos estos meses.
Reflexionando desde la crítica anterior a esta, habiendo cambiado muchos las circunstancias, no se si estaba equivocado desde el minuto cero, que una mala noche la tiene cualquiera o que han evolucionado de manera muy positiva, pero creo que Ginkgo Biloba en relación calidad precio es de lo mejor que podemos encontrar hoy día en las calles de Murcia. Ginkgo Biloba está en la calle Sancho número 5 y el teléfono de contacto es 637268188, aunque solamente hacen reservas para más de 7 comensales.
Tarta de zanahoria con chocolate blanco.