martes, 19 de noviembre de 2013

Jornadas Riojaemoción - Los Churrascos.



Alcachofa rellena de morcilla y foie.
Un año más, y ya son seis, el grupo Los Churrascos organiza junto a las bodegas Altanza las jornadas gastronómicas “Riojaemoción”. Y si bien es cierto que siempre han de ser bienvenidas, o al menos, abrirle bien los oídos a todas aquellas jornadas, cursos, seminarios o ponencias que nos enriquezcan gastronómicamente. Nuestra experiencia nos dice que desde Los Churrascos no dan puntada sin hilo, y cuando se lanzan a organizar unas jornadas gastronómicas de esta índole, o lo hacen bien o no lo hacen. Aún perdura en la memoria las jornadas organizadas con motivo del certamen flamenco del Cante de Las Minas de la Unión y el gazpacho manchego que ofrecieron importado directamente del Mesón de Pincelín de Almansa.
El motivo de estas jornadas es el acercamiento a la cocina y productos riojanos, que no son pocos entre D.O., I.G.P., Marcas de Garantía, etc. Maridado con caldos de las Bodegas Altanza, el menú degustación combina tradición con vanguardia, productos autóctonos con foráneos cuidando siempre la calidad, muy del estilo de José María Alcaraz, cocinero y alma mater de Los Churrascos.
Tosta de queso con mermelada de calabaza.
Tras el aperitivo de la casa, rompe el hielo el blanco Lealtanza, un coupage de sauvignon blanc y viura,  sin crianza y con claros matices a cítricos y frutas tropicales, que combina perfectamente con pescados. Y es con un pescado, con un tataki de salmón con guacamole y soja con lo que nos consiguen sorprender muy gratamente. Esta gente de Los Churrascos empieza fuerte. ¿Sabrán o podrán mantener este nivel? El siguiente plato, un poco más suave, consiste en una tosta de queso artesano La Casota acompañado de una dulce y rica mermelada de calabaza. Algo así como una reinvención del tradicional queso con carne de membrillo.
Caparrones con sus sacramentos.
El segundo de los vinos es un tempranillo con crianza de 12 meses en barrica, Edulis. Poco evolucionado que lo mismo combina con productos de huerta que con embutidos de más empaque. La alcachofa rellena de foie con morcilla de arroz y arroz inflado es un plato que le viene como anillo al dedo. Un plato que consigue mantener el alto listón iniciado por el salmón. La tercera estación ya son palabras mayores. Un vino con más cuerpo para platos de más porte. El Lealtanza Club Reserva lo maridan con unos embutidos riojanos picantes a la barbacoa y con un buen guiso de caparrones de Anguiano con sus sacramentos. Un menú bastante trabajado y abundante que no ha hecho más que empezar. El último de los vinos, Hacienda de Valvares, es un tempranillo del terruño, con una crianza de 18 meses que  armoniza
Solomillo a la anchoa.
maravillosamente con el plato principal, una creación de tierra y mar, el solomillo a la anchoa acompañado de pochas frescas. Ambos dan un resultado contundente y complejo que cierra, con permiso del postre un menú muy calórico para estos fríos que se nos han echado encima.
La oferta se cierra con una copa de cítricos con crispy de frambuesa. Un postre que con la primera cucharada no decía gran cosa, pero que tras darle una segunda oportunidad y terminar repelando  la copa, me quedé con ganas de repetir.
Tras un café de Il Trovatore y pagar la cuenta, que son 34,90 euros, uno se queda con la grata sensación de haber comido bien y con muy buena relación calidad-precio.

Las VI Jornadas de Bodegas Altanza “Riojaemoción”, se pueden disfrutar desde el lunes 18 al 24 de noviembre en los restaurantes que el grupo Los Churrascos tiene tanto en El Algar (Cartagena) como en Murcia (Hotel Arco de San Juan). Para reservar reservas@loschurrascos.com o llamando a los teléfonos 968221200 para Murcia o 968126028 en El Algar.

sábado, 9 de noviembre de 2013

¿Acaso el cliente siempre tiene la razón?



Hago esta pregunta en voz alta, a raíz de un altercado que sucedió en un céntrico y conocido restaurante, siendo nosotros una de las partes beligerantes, y para ser sincero, tras la discusión, o mejor dicho intercambio de criterios, con los camareros y la encargada del local, aún no sé quién llevaba la razón. El conflicto surgió a la hora de pedir el vino. Esto estoy totalmente seguro que pedí a una camarera, como siempre suelo hacer, una referencia “low cost”. No está la cosa como para tirar la casa por la ventana. El criterio tan simple que seguimos, y perdonen los talibanes de la enología, es elegir dentro de los más económicos, nunca el más barato, alguno cuyo nombre nos suene y que no hayamos probado. Algo imperdonable, lo sé, pero así somos nosotros. El vino que pedimos fue Laderas del Sequé. Un tinto joven con crianza que entraba dentro de estos parámetros en los que nos solemos mover. No pasó mucho tiempo cuando se acercó un camarero distinto a la señorita a la que habíamos pedido el vino, con una botella de vino El Sequé, en este momento, aunque aún no somos conscientes de ello, se produce el error del que aún no sé quién es el responsable, y que trajo una desagradable consecuencia, al menos para mí. 
De manera muy ceremoniosa y protocolaria, el camarero nos mostró la botella y nos advirtió que era la última de las botellas que le quedaba, por si teníamos la intención de pedir otra. Por el número de comensales y por nuestra afición a beber con moderación, le dijimos que no importaba, que seguramente solo tomaríamos una botella. Siguiendo una estudiada ceremonia, el camarero descorchó la botella, dio a catar y tras el visto bueno procedió a servir el resto de las copas dejando botella y corcho sobre la mesa.
La cena discurrió con una grata normalidad, pues tanto la conversación, el servicio como los platos que iban trayendo ayudaban a activar las endorfinas creando una sensación placentera que se quebró a la hora de pedir la cuenta, y no por lo elevada de esta. Al revisarla antes de pagar, me llamó la atención el precio de la botella que habíamos bebido y disfrutado. Se acercaba al doble de lo que marcaba en la carta. Al informar al camarero, nos trajo la carta con la referencia cobrada. Y es aquí donde estriba la duda de quién es el que lleva la razón. Si no son las dos partes quienes tengan razón. ¿Quién debe pagar el pato? Mientras que yo pedí Laderas del Sequé, la camarera entendió simplemente El Sequé. Ahora entiendo lo del ceremonial del servicio y advertir que solamente le quedaba una botella. Seguramente con el otro vino no hubiera habido tanta parafernalia. Una pequeña diferencia que trajo cola. La camarera que tomo nota aseguraba que yo había pedido solamente Sequé. Estoy seguro que alguien más entendido nada más ver la botella habría corregido al camarero del equívoco. En esto llegó la encargada e hizo una simple pregunta. ¿Le han enseñado la botella antes del descorche?
Efectivamente, el camarero, en uno de los paso del ceremonial había enseñado la botella y en ella ponía El Sequé. Como argumento diré que, no me estudié la carta para saber que tenían las dos referencias y además, desde mi lego conocimiento, la etiqueta me sonaba aunque mientras hago este articulo y busco información veo que en nada se parecen la una a la otra. Pero eso lo sé ahora. Mi único argumento, y estaba totalmente convencido de tener toda la razón, era que nosotros habíamos pedido LdS y ese era el que deberíamos pagar teniendo en cuenta siempre la buena fé.
Al final, después de deliberar entre la encargada y los camareros, tomaron la decisión de cobrar el que habíamos pedido y no el que habíamos bebido. ¿Fue esta la decisión correcta? Yo en ese momento pensaba que sí, más, he estado reflexionando sobre el suceso y cuanto más lo pienso más dudas me surgen, porque si bien es cierto que pedí LdS, no lo es menos que disfrutamos de un vino superior, que nos habían enseñado, aunque no fuimos conscientes de ello hasta la hora de pagar. La diferencia apenas estaba en unos 12 euros, pero creo que en este caso el dinero carece de importancia. Lo que me molestó es que en un primer momento dudaran de mi palabra, que pensaran que les estaba intentando engañar, pero analizando el asunto en frío me surgen dudas. ¿Porque decidieron darme la razón?

De manera salomónica, dejamos una propina superior a la que íbamos a dejar. Aproximadamente el 50% de la diferencia de las botellas. Pero el mal sabor de boca que me dejó el incidente tras una maravillosa cena y lo que es peor, la desazón ante lo que ignoro qué postura era la moralmente correcta, me ha hecho plantearme y plantearos esta duda. ¿Tiene siempre la razón aquel que paga? Y si no es así, ¿dónde está el límite? Ni que decir tiene que el vino, como casi todos los vinos estaba delicioso.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Restaurante La Torre de las Flores - Murcia.


Hay veces en las que la simple dinámica de la vida nos va llevando por caminos por los que a priori nunca transitaríamos. Esto no quiere decir que estemos yendo por la senda errónea, sino que son nuestros propios pasos quienes de manera autómata nos han traído directamente al lugar en el que nos encontramos en la actualidad. Es por esto, por lo que, a veces, no viene nada mal detenerse y mirar hacia atrás y a nuestro alrededor para ser conscientes del lugar en el que nos encontramos en estos momentos. Cuando estamos a punto de cumplir tres años con Chef&Chof, un blog que nos ha dado alegrías, aunque también algún pequeño disgusto, aprovechamos para hacer una breve retrospectiva, que además de servirnos para darnos cuenta lo lejos que queda el inicio, y, tristemente, de los buenos y no tan buenos restaurantes que han quedado por el camino,  ha servido para intentar, si no virar 180 grados, si variar puntualmente el rumbo para dar cabida a otro tipo de restaurantes, donde el factor primordial de su cocina es la calidad de la materia prima y del servicio a cambio, claro está, de un precio superior. Generalmente los conocerás por su mantel de hilo, el atuendo de sus camareros y los expositores donde exhiben con orgullo la frescura de oferta.
En esta ocasión nos hemos acercado a comer a la Plaza de Santa Catalina de Murcia. Por allí, de tapeo lo que quieras, en cambio si lo que buscamos es comer sobre mantel y con un servicio que no busque la rotación de las mesas, sino que el comensal disfrute tranquilamente de su comida no hay mucho donde elegir. Nos sentamos en la terraza del Restaurante La Torre de las Flores, la oferta del Mesón La Torre de Puente Tocinos en el centro de Murcia. Imprescindible reservar mesa si queremos ir en fin de semana, aunque la alternativa de la barra o en los toneles no es mala, si queremos tapear. A no ser que haga un frío gélido o caigan chuzos de punta, hay que comer en la terraza disfrutando a la vez que se es parte del ambiente eternamente festivo que se respira en las plazas de Santa Catalina y de Las Flores.
Nos sentamos y pedimos los aperitivos mientras echamos un vistazo a lo que vamos a pedir. Este es uno de esos restaurantes, que aunque parezca increíble, cuando alguien pide un Campari, no solamente saben lo que es, sino que además lo tienen. Así que, con el Campari de los más clásicos y con las cañas de los más tradicionales, los modernos hoy no han venido, pedimos unos aperitivos. Y puestos a ser clásicos y tradicionales, cumplimos con la sacrosanta tradición de pedir los aperitivos murcianos por antonomasia, marineras, bicicletas, matrimonios y caballitos. Mientras que la anchoa de las marineras vienen partidas en tres para facilitar el consumo de los más inexpertos, los caballitos los han convertido en una brocheta de tres gambas rebozadas, acompañados del omnipresente limón. Terminamos los entrantes con un plato de marconas fritas y parmesano, unas deliciosas coquinas y otro de jamón ibérico, que junto al pan tostado que sirvieron, aliñado con aceite, estaba sublime.
Con los principales, también pedimos una botella de Melior, para acompañarlos. Tomamos tanto
carne como pescado. El solomillo al foie estaba como debía estar, pues quien lo iba a consumir, solicitó que lo pasaran de más. Incomprensible a mi entender, pero para gustos los colores y sobre todo, quien paga manda. Los pescados fueron una merluza a la plancha, y yo pedí un rodaballo, pero a los cinco minutos se acercó el camarero a informar que ya no les quedaban. Junto a la mala noticia me dio una solución. Podía, sin encargo, traerme un plato de arroz a banda. -¡Magnifico! Siento decir que eché de menos el limón. Solamente acompaño el arroz con limón o ajo cuando no es del todo de mi agrado, y este no lo fue.
En el postre tampoco acerté, pedí una milhoja con crema, nata y bañada de chocolate caliente. Para mi gusto, la crema pastelera me pareció demasiado industrial, y es lo que más me gusta de este postre. Sin embargo, la tarta de queso triunfó. Rematamos la faena con un café solo, solo. Últimamente no solamente no pido asiáticos, sino que me he quitado azúcar y sacarina. También hay que buscarle el lado amargo a la vida.

Con la cuenta unos licores, de hierbas, café... El precio no era demasiado elevado para lo que pedimos, aunque si nos fijamos bien en la cuenta podemos ver que mientras que hay productos que por su calidad son caros, otros no lo son para nada. El precio del vino, de los postres o de los cafés no es nada disparatado. En cuanto al servicio solamente podemos decir cosas buenas. Rapidez, amabilidad, eficacia. Un camarero llegó a ejercer hasta de guardia de seguridad cuando un molesto beodo importunaba a los comensales de una de las mesas, se puso de pantalla entre uno y los otros. Muy recomendable, y aunque no es el tipo de cocina buscamos cuando salimos a comer, ¿a quién no le gusta disfrutar de los platos de buena materia prima? La Torre de Las Flores está en la Plaza de Santa Catalina número 1 y podemos reservar llamando al número de teléfono 968967290.


viernes, 1 de noviembre de 2013

Restaurante Mar de Sal. - San Pedro del Pinatar.



Esta vez no es viernes, sino un domingo de octubre, soleado y cuasi veraniego. Hemos quedado para comer, aunque realmente es simplemente una excusa. La comida hoy es algo secundario o terciario incluso. Lo realmente importante es pasar un buen día en familia y con amigos. Después de una preciosa caminata por las Salinas de San Pedro entre molinos, golas y saladares, jugando en las montañas de sal virgen los más pequeños, tomando artísticas fotografías o disfrutando de los flamencos en su hábitat natural los mayores, llegamos al restaurante Mar de Sal deseosos de una fresquita cerveza que sacie nuestra desértica sed.

Situado entre el puerto deportivo de San Pedro del Pinatar y la playa de La Llana, no es la cerveza la primera alegría que nos llevamos, sino ver que en la terraza del restaurante, a la vista de las mesas, pero lo suficientemente alejados de estas para no molestar a otros comensales, hay unos columpios y un pequeño hinchable donde los pequeños pueden jugar mientras los mayores alargamos la sobremesa. Del restaurante a parte de la terraza, poco más puedo decir al no movernos de allí. Es un chalet trasformado en restaurante y con una buena parcela que le da juego para la celebración de eventos de distinta índole.

Para los niños tiene unos menús bastante interesantes por diez euros con los que no iban a pasar hambre. De entrantes pueden elegir entre nuggets de pollo o unas Delicias de Mar (croquetas). De principal o pizza o escalope de pollo con patatas. Vale que no sea muy variado, pero un día es un día. De postre helado puesto que el día acompaña. Los mayores tenemos encargado un caldero, pero como la caminata nos ha abierto el apetito y mientras esperamos a que lleguen los que se han saltado el paseo, pedimos unos entrantes para ir haciendo tiempo y boca.
Con la primera cerveza, esa que dura cero coma y que está tan refrescante, nos traen unas patatas y unas aceitunas que duran menos incluso que la cerveza. El causante ha sido el batallón de infantes que no sé cómo lo hacen, pero en el momento que aparece por la mesa aperitivos como almendras, aceitunas o patatas, lo huelen y caen sobre ellos como moscas dando buena cuenta de ellos. Como justa venganza, nos apropiamos de algunas de las croquetas que los más pequeños han decidido no comer. No les vamos a dar la oportunidad de que cambien de opinión.
Ya con la tranquilidad de haber alimentado a la prole y saber que están plácidamente jugando, llegan los últimos comensales que faltaban. Empezamos con una sepia a la plancha. - Sepia, caldero, calor. - ¿Con que mejor acompañarlos que con un fresquito albariño? Tras la cerveza, el elegido es Troupe, "elixir de intensos toques afrutados e irresistible color y aroma". No es cuestión de abusar, que luego viene el caldero, así que, unos huevos rotos con lascas de jamón ibérico y ¡a por el arroz! Decorados con sal negra, seguramente de las propias salinas, para mi gusto estaba demasiado cuajada la yema del huevo.
El arroz no se hizo esperar. Antes de servir, al ir a pasar un largo y entretenido rato juntos, vinieron las
presentaciones. Como mandan los cánones. Tanto el arroz dentro del caldero como un par de bandejas de barro que traían el pescado eran exhibidas para deleite de las cámaras fotográficas. A lo hora de emplatar, lo sirvieron junto al pescado y con un poco de ajo, siguiendo la tradición. En cuanto a la cocción, estaba perfecto. Las lenguas viperinas aseguraban que era arroz brillante. De sabor un poco flojo. No encontrábamos el gusto a ñora por ningún lado. Aun así, no nos conformamos con nuestro plato, sino que también dimos buena cuenta del que había sobrado, que no era poco.
Aún quedaba sitio para algún postre. Y menos mal.
Hay veces en los que nos cebamos con el arroz y no hay cabida para nada más. Esta vez sí lo hubo y gracias, porque los postres fueron lo mejor de la comida, junto a la primera cerveza.Estaban bastante buenos y azucarados. El problema es que ninguno me llamaba más la atención que los demás, o dicho de otra forma, dudaba entre varios, y no me gusta tener que decidir. Los finalistas, todos caseros, eran una mouse de turrón y una diferente tarta de queso, servida en vaso. Al final pedí la mouse bañada, por si no tenía suficiente azúcar, por sirope de caramelo, aunque también probé la tarta de queso. Ambas fueron un acierto, como también lo hubiera sido las natillas que se quedaron en tercer lugar.
Tras los cafés y unos licores, liquidamos la cuenta que rondó los 25 euros por adulto gracias a que íbamos con un descuento en el arroz del 50%. Al salir, los remordimientos empezaron a hacer mella en algunas conciencias, y como el día invitaba, nos fuimos a dar otro paseo, esta vez por la zona de Los Molinos, donde además de algún que otro flamenco, vimos algún turista dándose los lodos. Dejamos la playa de La Llana que está junto al restaurante para nuestra siguiente visita. El restaurante Mar de Sal está en Las Salinas de San Pedro del Pinatar, frente al puerto deportivo y la playa de La Llana. Para reservar hay que llamar a uno de los teléfonos 968183666 o 650164592. Abren todos los días, aunque cenas solamente sirven los viernes y sábados. Muy recomendable y aunque ellos digan que "lo importante no es el lugar, sino la compañía", en esta ocasión el lugar sí que es un plus.