lunes, 4 de noviembre de 2013

Restaurante La Torre de las Flores - Murcia.


Hay veces en las que la simple dinámica de la vida nos va llevando por caminos por los que a priori nunca transitaríamos. Esto no quiere decir que estemos yendo por la senda errónea, sino que son nuestros propios pasos quienes de manera autómata nos han traído directamente al lugar en el que nos encontramos en la actualidad. Es por esto, por lo que, a veces, no viene nada mal detenerse y mirar hacia atrás y a nuestro alrededor para ser conscientes del lugar en el que nos encontramos en estos momentos. Cuando estamos a punto de cumplir tres años con Chef&Chof, un blog que nos ha dado alegrías, aunque también algún pequeño disgusto, aprovechamos para hacer una breve retrospectiva, que además de servirnos para darnos cuenta lo lejos que queda el inicio, y, tristemente, de los buenos y no tan buenos restaurantes que han quedado por el camino,  ha servido para intentar, si no virar 180 grados, si variar puntualmente el rumbo para dar cabida a otro tipo de restaurantes, donde el factor primordial de su cocina es la calidad de la materia prima y del servicio a cambio, claro está, de un precio superior. Generalmente los conocerás por su mantel de hilo, el atuendo de sus camareros y los expositores donde exhiben con orgullo la frescura de oferta.
En esta ocasión nos hemos acercado a comer a la Plaza de Santa Catalina de Murcia. Por allí, de tapeo lo que quieras, en cambio si lo que buscamos es comer sobre mantel y con un servicio que no busque la rotación de las mesas, sino que el comensal disfrute tranquilamente de su comida no hay mucho donde elegir. Nos sentamos en la terraza del Restaurante La Torre de las Flores, la oferta del Mesón La Torre de Puente Tocinos en el centro de Murcia. Imprescindible reservar mesa si queremos ir en fin de semana, aunque la alternativa de la barra o en los toneles no es mala, si queremos tapear. A no ser que haga un frío gélido o caigan chuzos de punta, hay que comer en la terraza disfrutando a la vez que se es parte del ambiente eternamente festivo que se respira en las plazas de Santa Catalina y de Las Flores.
Nos sentamos y pedimos los aperitivos mientras echamos un vistazo a lo que vamos a pedir. Este es uno de esos restaurantes, que aunque parezca increíble, cuando alguien pide un Campari, no solamente saben lo que es, sino que además lo tienen. Así que, con el Campari de los más clásicos y con las cañas de los más tradicionales, los modernos hoy no han venido, pedimos unos aperitivos. Y puestos a ser clásicos y tradicionales, cumplimos con la sacrosanta tradición de pedir los aperitivos murcianos por antonomasia, marineras, bicicletas, matrimonios y caballitos. Mientras que la anchoa de las marineras vienen partidas en tres para facilitar el consumo de los más inexpertos, los caballitos los han convertido en una brocheta de tres gambas rebozadas, acompañados del omnipresente limón. Terminamos los entrantes con un plato de marconas fritas y parmesano, unas deliciosas coquinas y otro de jamón ibérico, que junto al pan tostado que sirvieron, aliñado con aceite, estaba sublime.
Con los principales, también pedimos una botella de Melior, para acompañarlos. Tomamos tanto
carne como pescado. El solomillo al foie estaba como debía estar, pues quien lo iba a consumir, solicitó que lo pasaran de más. Incomprensible a mi entender, pero para gustos los colores y sobre todo, quien paga manda. Los pescados fueron una merluza a la plancha, y yo pedí un rodaballo, pero a los cinco minutos se acercó el camarero a informar que ya no les quedaban. Junto a la mala noticia me dio una solución. Podía, sin encargo, traerme un plato de arroz a banda. -¡Magnifico! Siento decir que eché de menos el limón. Solamente acompaño el arroz con limón o ajo cuando no es del todo de mi agrado, y este no lo fue.
En el postre tampoco acerté, pedí una milhoja con crema, nata y bañada de chocolate caliente. Para mi gusto, la crema pastelera me pareció demasiado industrial, y es lo que más me gusta de este postre. Sin embargo, la tarta de queso triunfó. Rematamos la faena con un café solo, solo. Últimamente no solamente no pido asiáticos, sino que me he quitado azúcar y sacarina. También hay que buscarle el lado amargo a la vida.

Con la cuenta unos licores, de hierbas, café... El precio no era demasiado elevado para lo que pedimos, aunque si nos fijamos bien en la cuenta podemos ver que mientras que hay productos que por su calidad son caros, otros no lo son para nada. El precio del vino, de los postres o de los cafés no es nada disparatado. En cuanto al servicio solamente podemos decir cosas buenas. Rapidez, amabilidad, eficacia. Un camarero llegó a ejercer hasta de guardia de seguridad cuando un molesto beodo importunaba a los comensales de una de las mesas, se puso de pantalla entre uno y los otros. Muy recomendable, y aunque no es el tipo de cocina buscamos cuando salimos a comer, ¿a quién no le gusta disfrutar de los platos de buena materia prima? La Torre de Las Flores está en la Plaza de Santa Catalina número 1 y podemos reservar llamando al número de teléfono 968967290.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

hiervas?? Mejor Hierbas, no???

Oreikiko dijo...

Cierto, error casi imperdonable. Voy a llamar a la asesoría a ver si podemos despedir al auto corrector este que subraya lo que le viene en gana. Gracias.

El Rincón de las Especias dijo...

Ciertamente, a veces simplemente apetece disfrutar de una exquisita materia prima que no necesita disparatados "tratamientos" para hacerla saber ni parecer mejor. Enhorabuena por esta deliciosa reseña :)