viernes, 1 de noviembre de 2013

Restaurante Mar de Sal. - San Pedro del Pinatar.



Esta vez no es viernes, sino un domingo de octubre, soleado y cuasi veraniego. Hemos quedado para comer, aunque realmente es simplemente una excusa. La comida hoy es algo secundario o terciario incluso. Lo realmente importante es pasar un buen día en familia y con amigos. Después de una preciosa caminata por las Salinas de San Pedro entre molinos, golas y saladares, jugando en las montañas de sal virgen los más pequeños, tomando artísticas fotografías o disfrutando de los flamencos en su hábitat natural los mayores, llegamos al restaurante Mar de Sal deseosos de una fresquita cerveza que sacie nuestra desértica sed.

Situado entre el puerto deportivo de San Pedro del Pinatar y la playa de La Llana, no es la cerveza la primera alegría que nos llevamos, sino ver que en la terraza del restaurante, a la vista de las mesas, pero lo suficientemente alejados de estas para no molestar a otros comensales, hay unos columpios y un pequeño hinchable donde los pequeños pueden jugar mientras los mayores alargamos la sobremesa. Del restaurante a parte de la terraza, poco más puedo decir al no movernos de allí. Es un chalet trasformado en restaurante y con una buena parcela que le da juego para la celebración de eventos de distinta índole.

Para los niños tiene unos menús bastante interesantes por diez euros con los que no iban a pasar hambre. De entrantes pueden elegir entre nuggets de pollo o unas Delicias de Mar (croquetas). De principal o pizza o escalope de pollo con patatas. Vale que no sea muy variado, pero un día es un día. De postre helado puesto que el día acompaña. Los mayores tenemos encargado un caldero, pero como la caminata nos ha abierto el apetito y mientras esperamos a que lleguen los que se han saltado el paseo, pedimos unos entrantes para ir haciendo tiempo y boca.
Con la primera cerveza, esa que dura cero coma y que está tan refrescante, nos traen unas patatas y unas aceitunas que duran menos incluso que la cerveza. El causante ha sido el batallón de infantes que no sé cómo lo hacen, pero en el momento que aparece por la mesa aperitivos como almendras, aceitunas o patatas, lo huelen y caen sobre ellos como moscas dando buena cuenta de ellos. Como justa venganza, nos apropiamos de algunas de las croquetas que los más pequeños han decidido no comer. No les vamos a dar la oportunidad de que cambien de opinión.
Ya con la tranquilidad de haber alimentado a la prole y saber que están plácidamente jugando, llegan los últimos comensales que faltaban. Empezamos con una sepia a la plancha. - Sepia, caldero, calor. - ¿Con que mejor acompañarlos que con un fresquito albariño? Tras la cerveza, el elegido es Troupe, "elixir de intensos toques afrutados e irresistible color y aroma". No es cuestión de abusar, que luego viene el caldero, así que, unos huevos rotos con lascas de jamón ibérico y ¡a por el arroz! Decorados con sal negra, seguramente de las propias salinas, para mi gusto estaba demasiado cuajada la yema del huevo.
El arroz no se hizo esperar. Antes de servir, al ir a pasar un largo y entretenido rato juntos, vinieron las
presentaciones. Como mandan los cánones. Tanto el arroz dentro del caldero como un par de bandejas de barro que traían el pescado eran exhibidas para deleite de las cámaras fotográficas. A lo hora de emplatar, lo sirvieron junto al pescado y con un poco de ajo, siguiendo la tradición. En cuanto a la cocción, estaba perfecto. Las lenguas viperinas aseguraban que era arroz brillante. De sabor un poco flojo. No encontrábamos el gusto a ñora por ningún lado. Aun así, no nos conformamos con nuestro plato, sino que también dimos buena cuenta del que había sobrado, que no era poco.
Aún quedaba sitio para algún postre. Y menos mal.
Hay veces en los que nos cebamos con el arroz y no hay cabida para nada más. Esta vez sí lo hubo y gracias, porque los postres fueron lo mejor de la comida, junto a la primera cerveza.Estaban bastante buenos y azucarados. El problema es que ninguno me llamaba más la atención que los demás, o dicho de otra forma, dudaba entre varios, y no me gusta tener que decidir. Los finalistas, todos caseros, eran una mouse de turrón y una diferente tarta de queso, servida en vaso. Al final pedí la mouse bañada, por si no tenía suficiente azúcar, por sirope de caramelo, aunque también probé la tarta de queso. Ambas fueron un acierto, como también lo hubiera sido las natillas que se quedaron en tercer lugar.
Tras los cafés y unos licores, liquidamos la cuenta que rondó los 25 euros por adulto gracias a que íbamos con un descuento en el arroz del 50%. Al salir, los remordimientos empezaron a hacer mella en algunas conciencias, y como el día invitaba, nos fuimos a dar otro paseo, esta vez por la zona de Los Molinos, donde además de algún que otro flamenco, vimos algún turista dándose los lodos. Dejamos la playa de La Llana que está junto al restaurante para nuestra siguiente visita. El restaurante Mar de Sal está en Las Salinas de San Pedro del Pinatar, frente al puerto deportivo y la playa de La Llana. Para reservar hay que llamar a uno de los teléfonos 968183666 o 650164592. Abren todos los días, aunque cenas solamente sirven los viernes y sábados. Muy recomendable y aunque ellos digan que "lo importante no es el lugar, sino la compañía", en esta ocasión el lugar sí que es un plus.


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