martes, 30 de diciembre de 2014

Restaurante Los Pardillos - Murcia.


Por ser Navidad y porque seguramente esta haya sido, salvando el aperitivo de San Silvestre, nuestra última salida del 2014, la ocasión se merece algo diferente. Tenemos la oportunidad de cerrar este año con uno de esos restaurantes que teníamos metido, desde hace demasiado tiempo, en la lista de visitas pendientes y que por fin podemos tachar, sacándonos esa pequeña espinita que se nos había enquistado. Los Pardillos es uno de esos restaurantes discretos, que con su elegancia y buen hacer en los fogones, contribuyen a mejorar la necesitada y autocomplaciente oferta gastronómica de Murcia. La decoración, moderna y minimalista, no sé bien si subacuática o espacial, logra crear junto a los juegos de luces y una acústica intimista, un agradable ambiente que consigue aislar al comensal y darle la oportunidad de disfrutar del momento liberándolo de distracciones ajenas. Una destacada y cuidada cava de vinos y el imponente salón, con una programada capacidad para unas cuarenta personas, enfrentado a una barra metálica, es prácticamente diáfano, dejando un  rincón con pared corredera para crear un pequeño reservado.  
Bacalao con vinagreta de pasas y piñones.
Llegamos a medio día y estaban la mitad de las mesas ocupadas, aunque parecía que estábamos solos. Dejamos los abrigos en el guardarropa, y con las cervezas trajeron unos patés como aperitivo de la casa mientras decidíamos la comanda. La oferta de entrantes es bastante interesante, croquetas de boletus y trufas, bocadito de tigre con salsa de chile y panko, pincho de anchoa con queso y membrillo, crunchy de gambón con ajo y perejil, o plátano macho con  una mousse de arraitxiki y salsa de soja, naranja y miel. El arraitxiki, para aquellos que no lo sabíamos, es un pescado de roca del Cantábrico y con él, hace una mousse que envuelve con un plátano frito. Nosotros pedimos los crujientes de morcilla con confitura de tomate. Unos rollitos de pasta brik que envuelven la morcilla. No es la primera vez que probamos la combinación confitura de tomate con morcilla, aunque si sea esta más sutil de las que hayamos probado antes. El segundo de los entrantes que pedimos, y aunque la ensalada de pera, anacardos y vinagreta de mango sonaba muy bien, fue la coca de bacalao y pimientos que también es muy recomendable. Puede que no fuera mucho lo pedido, pero la saturación de estos días así lo aconsejaba.

Pluma ahumada con crema de berenjena
Tanto las carnes, timbal de rabo de toro con crocanti de almendra caramelizada y puré de patata roja o codornices estofadas con chocolate, como los pescados, merluza de pincho o bacalao con una deliciosa vinagreta de pasas y piñones, tenían muy buena pinta, aunque como principal, yo tenía clarísimo que iba a pedir el crujiente de cochinillo con salsa de naranja y miel. La ración, para mi gusto, es bastante escasa,” poco marrano hay ahí”. Y  peor fue cuando lo probé. Deliciosos matices a campo, tomillo y miel endulzada por la naranja. Hubiera dado buena cuenta de un par de raciones de ese calibre, regadas con un excesivamente subido de precio Venta las Vacas de 2012, de la D.O. Ribera de Duero.
Arroz con leche.
Llegamos a los postres y la elección no es mucho más fácil que las anteriores. Fuera de carta nos anuncia el camarero que hay suflé de melocotón y la carta que hay leche frita flambeada. Mi corazón pide uno y mi cabeza el otro. Mi estómago los dos y mi conciencia ninguno, por lo que tomo la solución fácil de ponerme en manos del camarero y que sean ellos los que decidan que ya probaré yo el otro en mi próxima visita. Y aunque hacer ahora la comparación es imposible, el suflé de melocotón está a la altura de lo esperado. También tomamos, y nos pareció muy interesante,  el arroz con leche con sabayón al cava que nos recordó ligeramente al que tomamos en el Restaurante Triciclo de Madrid, cubierto por una capa de azúcar quemada, queda a medio camino entre una creme bruleé y el tradicional arroz con leche. El más flojo de los postres, a nuestro parecer, fue los canutillos con nata de fruta de la pasión. Así cerramos nuestra última salida del año con unos asiáticos estratificados por densidades y un moscatel semidulce y unos turrones navideños por cortesía de la casa. El preció rondó los 45 euros, un precio quizás un poco elevado para lo que estamos acostumbrados, pero en clara sintonía con el ambiente, el servicio serio, profesional, casi impecable y la calidad de la cocina de producto y el continuo contraste de sabores que realiza su cocinero Antonio Rabadán. Una buena guinda de cierre para un año que podemos calificar de bueno, al menos en cuanto a lo que se refiere a la cuestión gastronómica.  


Restaurante Los Pardillos.
C/ Periodista Antonio Herrero 1 - Murcia
Teléfono 968241920.


sábado, 20 de diciembre de 2014

La Mafia se sienta a la mesa - Murcia.

Caramelos de morcilla.
En temas de pizzas y pasta parece que ya está todo inventado, o casi. Siempre hay alguien que da una nueva vuelta de tuerca y las reinventa, o al menos hace, o nos vende que lo ha hecho. Para los amantes de lo convencional, ¿Cómo debe ser un buen restaurante italiano? Si es que se puede hablar de las pizzerías como italianos ¿El que tienen manteles a cuadros rojos y blancos y utilizan viejas botellas de Chianti como candelabros? ¿Los que escriben sus cartas en italiano utilizando antipasti o insalate? ¿O los que rotulan Ristorante-Trattoria? Este tipo de restaurantes abundan en nuestras ciudades y hay a quienes gustan tanto que  incluso se atreven a hacer los tan aburridos rankings. Listas de top en pizzas, en pastas o incluso de tiramisús. Aunque pocos de estos  son las que ofrecen las tan romanas Saltimboccas. Y aunque la cocina italiana es mucho más que esto, la realidad es que la gran mayoría de los que frecuentamos este tipo de restaurantes, lo hacemos buscando sus pizas o por sus pastas en un ambiente familiar o íntimo. ¿Quién no ha tenido su primera cena romántica en torno a una margarita?
Recientemente ha abierto sus puertas, coincidiendo con el cierre del veterano en este palo, SanDoménico, un nuevo local de este tipo en Murcia, La Mafia se sienta a la mesa. Un restaurante franquicia que nos ofrece esta tradicional cocina italiana en un entorno muy logrado. Un establecimiento de dos plantas, cuya decoración está muy cuidada con motivos gastro-mafiosos a juego con el uniforme de los camareros, o viceversa. Y es que los detalles cuentan, aunque haya quien piense que solamente se va a los restaurantes a comer. Eso en ocasiones es incluso terciario. Si los Tattaglia o los Corleone pasaran por aquí, se sentirían como en casa. Aquí se respira a Mario Puzzo, a Lucky Luciano o al mismísimo Al Capone. Nos es más fácil entender a los amici di l´amici  entorno a una mesa repleta de pasta. Y esto, es lo que aporta, que no es poco, esta franquicia, porque como decía antes, poco nuevo bajo el sol. Gracias a Dios.

Los entrantes que pedimos fueron atípicos para ser un italiano, y es que ofrecen una cocina más mediterránea, para los miembros de la familia menos afines al estilo. Empezamos con unos caramelos de morcilla, piquillo y PX con salsa mandorle y foie. La salsa mandorle no es otra cosa que una salsa fría de almendras. Seguimos con unos huevos rotos con jamón ibérico y provolone, más propio de restaurantes que salen en crónicas carnívoras que de un restaurante de dieta mediterránea. Un plato llena buches, totalmente antagónico al anterior y que se está convirtiendo en un imprescindible para la mayoría de restaurantes. Digamos que los huevos rotos  son el aguacate con gambas, o las berenjenas a la crema del siglo XXI.

Tras estos entrantes pasamos al plato principal. Yo elegí pasta, aunque tuve la oportunidad de probar otros platos, tanto pizas como otros tipos de pasta, arroces y salsas. La oferta de pastas es muy variada, racotini, rigatoni, linguini, spaguetti, tagliolini, sacoti… y las salsas: boletus, tartufata, funghi, carbonara, arrabbiata o Don Cuccio nombre del primer jefe mafioso siciliano encarcelado por Mussolini con el que se abría la caza de la mafia. Curiosamente unos meses antes, Don Cuccio había cocinado para el Duce un fastuoso ágape con salchichón de burro, , jamón de mulo, calabaza agridulce o cordero al ragù e arrosto. Por cierto, los principales ingredientes de esta salsa son; nata, espinacas, bacón, tomate, champiñones, pollo y parmesano. Otra buena opción son las pizzas, marinera, fruti di mare, bresaloa o de cebolla caramelizada. Todas las que tuve la oportunidad de probar me parecieron bastante ricas. Quizás son los risottos donde más flojean, al menos la noche de autos. El risotto de tartufata Ibérico con huevo frito y jamón que sonaba mejor que estaba, y el risotto de gambones con crema de azafrán que directamente tuvimos que devolver. Los vinos, aceptable oferta, tanto españoles como italianos pero como todo en general, ligeramente subidos de precio. Optamos por un coupage Garnacha Syrah de la D.O. Cariñena,

De los postres, ni tarta de la abuela, ni cheese cake ni tiramisú, tomamos un crepe negro, el brownie con helado de vainilla o el plum cake, pero me quedo con el mousse de chocolate blanco con gominola. Terminamos con cafés y unos licores que nos ofrecieron los camareros, que además de hacer un buen trabajo, continuamente se interesaban como iba la cena. Ambiente, buena situación, mucho personal, buena comida (menos esos risottos poco mantecados). Algún pero tiene que tener, ¿no? El talón de Aquiles está en los precios, que son un poco elevados para el tipo de comida que dan, siendo las raciones generosas, más caro de lo que estamos acostumbrados. Y es que, una vez más, nadie da duros a cuatro pesetas. Aunque para compensar, ofertan una tarjeta de fidelidad con la que nos descuentan el 5% del total de la consumición para la próxima visita. Una opción gastronómica de una cadena de franquicias, que con su nombre ha llegado a herir susceptibilidades en el país transalpino, al ser considerado un "homenaje" a una sociedad criminal.

Mousse de chocolate blanco con gominola

Restaurante La Mafia se sienta a la mesa.
Pl. Santa Isabel 3 - Murcia
Teléfono 968935500.


domingo, 23 de noviembre de 2014

La Santa Mesa - Murcia.



Cuando por un mismo local han pasado innumerables negocios de hostelería, la primera duda que me surge es que cual será el motivo para que ningún restaurante acabe triunfando allí. ¿Desorbitado alquiler mensual? ¿Mala gestión? ¿Cocina infumable? ¿Desavenencias entre los socios? ¿Quizá sea mal de ojo, velas negras o poltergueist de por medio? Fuera lo que fuese, en el bajo donde está ubicado este nuevo negocio, ya hemos conocido y probado al menos cuatro ofertas gastronómicas diferentes. Desde el primer restaurante de cocina cubana que abrió sus puertas en Murcia, hasta una tapería, El Mito, que en el poco más del año que estuvo abierta, pasó totalmente desapercibido, sin olvidarnos del restaurante italiano Bianco del que pocos nos acordamos ya. Lo mejor fue cuando El Quincho, por motivos de fuerza mayor se trasladó temporalmente a este lugar.
Ante el negro pasado del local, no les queda más que encomendarse al talento y la suerte de quienes están detrás del proyecto y si es preciso, limpiar chacras y buscar alguna ayuda divina, lo que justificaría el nombre de Santa Mesa, aunque en la decoración, que apenas ha variado, un mero lavado de cara financiado por una marca de cerveza, haya referencia a santidad alguna.
Llegamos a la Santa Mesa sin ningún tipo de referencia ni recomendación. Realmente no sabemos que nos vamos a encontrar. Aunque con un simple vistazo por la barra es suficiente para ver que aquí trabajan una cocina tradicional, de producto con algún que otro guiño a tapas más modernas que no vanguardistas. Mientras elegimos bebida nos sirven unos matrimonios con pimientos de piquillo. Me gusta la mesa en la que nos han sentado, con cierta privacidad y me gusta el trato que a priori nos ofrece el camarero que ya viene con tablas y el colmillo sin retorcer. Atento y siempre por agradar.
En la elección somos bastante conservadores, en parte por nuestro conformismo y en parte porque no tenían la mitad de las cosas que intentamos pedir. Empezamos con unas croquetas caseras de jamón. No deja de llamarme la atención que las sirvan sobre las modernas bandejas de pizarra decoradas con kétchup. Seguimos con unos huevos rotos con patatas a lo pobre, lascas de jamón y pimentón, que necesitaban un poco de sal. Y terminamos con unas habitas, no muy tiernas, con jamón, a las que, a pesar de llevar sal Maldon, hubo que añadir más. – La verdad es que no nos calentamos lo más mínimo la sesera a la hora de pedir los entrantes. Jamón, jamón y jamón. Jamón regado con vino de Jumilla. Los Cucos de la Alberquilla, de Viña Elena. Para el principal pedimos carrillera a la “Santa”, que tampoco tenían, y  nos contentaron con unos secretos  de ibérico. Más cerdo.
Cerramos con los postres, cafés y una larga y agradable sobremesa. Al igual que el resto de la carta, demasiado conservador. Una  tarta de queso que no es diferente a las miles que ofrecen otros tantos locales murcianos y la tarta de la abuela en la que coincidíamos con el camarero que esa tarta de la abuela necesitaba mucha más crema pastelera.
En resumen, la Santa Mesa, quizás sea como esta entrada. Una más que no va a ir más allá de lo que el tiempo lo deje en la retina, una entrada del blog que, no pasará sin pena ni gloria a la historia, Un restaurante más en la ya larga lista de restaurantes que han pasado por ese bajo que no aporta nada nuevo a lo que ya hay. Si a esto añadimos que está un poco retirado del “centro” gastronómico de la ciudad, le auguro un corto futuro. Aunque ojalá me equivoque. ¿Por qué deberíamos ir a la Santa Mesa? En argot deportivo, creo que deberían crear un plato franquicia para ofrecer a los clientes y que estos decidan volver, en menos de un año, solamente por el placer de disfrutar de ese o esos platos tan distintos y que tanto nos gustan. Mientras no hagan algo así, no entiendo que nos puede llevar a volver a visitar La Santa Mesa. Todos los platos que tomamos se pueden pedir en miles de sitios e incluso mejores.
A la hora de liquidar la cuenta, salimos a unos veinte euros por cabeza, donde la mayoría eran bebidas. Precio nada caro, aunque feo fue el detalle de intentar cobrarnos los matrimonios que en un principio eran obsequio de la casa.


Restaurante La Santa Mesa.
Pl. Condestable - Murcia
Teléfono 868079689.


domingo, 2 de noviembre de 2014

Terra Sushi - Murcia.


Si en Murcia queremos ir a comer cocina japonesa, todo el mundo tiene muy claro cuál es el sitio al que nos debemos dirigir. El único problema que tiene, es que no es apto para todos los bolsillos. Aún no he dado con quien gustándole la cocina japonesa, me haya dicho que no ha disfrutado de ella en este local donde fusionan la cocina mediterránea con la japonesa a un nivel muy alto. Pero como el problema es el bolsillo, siempre surgen alternativas teóricamente más económicas donde sin llegar a ser la misma presentación, ni elaboración, ofrecen  una buena calidad de productos a precios más asequibles para así poder quitarnos ese mono de sushi que podamos tener. Una de las mejores alternativas es el restaurante Terra Sushi.
Situado en la calle Navegante Juan Fernández de la Flota, Terra Sushi nos ofrece una amplia carta donde el sushi, los nigiris, los makis, temakis o los uramakis toman el mando aunque no en exclusividad. Terra Sushi no es nada grande, puede que la carta sea más grande que el ínfimo local de barra, en la que no llegué a ver como preparaban el sushi y con capacidad para apenas seis mesas en las que los cubiertos son sustituidos por palillos y jarritas con salsa de soja. Al llegar la hora de la elección, esta no es fácil, pues en la carta,  un tríptico publicitario donde vemos las fotos de los platos, tienen al menos cuarenta tipos distintos, a los que hay que sumar la sopa miso, las goyzas, varios tartar y tatakis sin dejarnos los rollitos, arroces y pastas típicas de restaurantes asiáticos. Puede que sea, sin ellos saberlo, uno de los mejores restaurantes japoneses de la ciudad, pero al no tener cuidado en ciertos detalles no dejan de ser un asiático más. Si mejoraran algunos pequeños detalles, mejorarían mucho la calidad del servicio prestado y ganarían muchos enteros.
A pesar de ser el último día de octubre hace un calor casi estival, por lo que rompemos el ayuno con una fresca cerveza de la tierra. No de la tierra del sol naciente, sino una de nuestras estrellas. Luego pasaremos al vino blanco que parece que pega más con el pescado. Digo bien el vino, pues no nos dan más que una opción de blanco y su alternativa en tinto que no llegamos a saber cuál de los Ribera es. Tomamos un verdejo de Rueda, Alborada. El primer plato que nos sirven, aunque quizás deberíamos haber pedido unos Edamame, lo hacemos con unos Yakisoba “tallarines fritos” con verdura (brotes de soja, pimientos, cebollino), pollo y gambas, que procedemos a comer, como si supiésemos, con los tradicionales palillos. ¿Sabíais que en la corte China Imperial se usaban palillos de plata al creer que esta reaccionaba ante algunos venenos? Veo que el resto de los comensales, con sus tenedores se dan más maña que yo peleándome con el bambú, pero todos sabemos que “qui va piano, va lontano” y ya que estoy metido en el papel, no me voy a rendir por cuatro tallarines.
Finalizando los tallarines nos sirven la primera remesa de sushi. En este primer servicio nos traen el nigiri de pez mantequilla con trufa, el de anguila ahumada y el ikura de huevas de salmón. Muy buena presentación, pero a aquello le faltaba color. A todos nos gustan a pesar de no ponernos de acuerdo en cuál es el mejor. Aquí no sirven el wasabi por defecto. Sin prisa pero sin pausa nos sirvieron las goyzas (especie de empanadas cocidas) rellenas de carne. Pedimos una por cabeza y creo que fueron pocas, pero había mucho por probar. Después de un pequeño paréntesis, volvemos al sushi con un city roll de salmón y un rico roll teriyaki de pollo crujiente. Terminamos con el sushi y seguimos con un tartar de salmón macerado y aguacate para terminar la comida con un tierno tataki de maguro (atún). Bueno, no terminamos aquí, pero deberíamos haberlo hecho. Pedimos, como extras, unas brochetas de pollo y otras de atún que bajaron la calidad de lo hasta entonces servido. Totalmente prescindibles. Brochetas más propias de un restaurante chino y del postre casi mejor no hablar. Solamente nos ofrecieron dos alternativas, helado de té y bombones de té verde, cosa que me extrañó pues junto a la barra hay un arcón de helados de la menorquina, pero bueno, ellos sabrán. Yo probé los bombones de té que no me parecieron nada apetecibles. La próxima vez que vaya tendré que acabar la comida con el tataki.
La opción de Terra Sushi es bastante interesante y se podría convertir en una verdadera alternativa para los amantes de la comida japonesa, si, como decía antes, cuidaran un poquito más ciertos detalles como pueden ser la variedad de las bebidas o la presentación a la hora de servir algunos platos. Por otro lado no está demasiado lejos del centro, los precios están dentro de lo razonable y tienen servicio a domicilio. Una muy buena opción de comer comida japonesa, aunque sea la b.


Restaurante Terra Sushi.
C/ Navegante Juan Fdez. 8. La Flota Murcia 30007

Teléfono 968967493 - 968967494.


sábado, 11 de octubre de 2014

Restaurante Gandhi. - Murcia.



Samosa´s
Mohandas Karamchand Gandhi ha sido uno de los grandes teóricos que modificaron con su actuación, la configuración política e ideológica del mundo en el S. XX. Conocido como Mahatma, alma grande, sobrenombre que le otorgó Rabindranat Tagore al considerar que tenía unas facultades espirituales superiores, se convirtió en el padre espiritual de la India independiente y del movimiento de la no violencia y de la resistencia civil. Y hasta aquí la referencia histórico-biográfica, porque Gandhi también es el nombre del restaurante Indio que no hace mucho ha abierto al público en la plaza de Cristo del Rescate, una de las más exóticas y cosmopolitas del panorama gastronómico murciano. Con solo cruzar la plaza podemos hacer un viaje gastronómico intercontinental. Este no es el primer local que regentan. Están instalados en la urbanización Rocío del Mar de Torrevieja desde 1993.
 Es cierto que visitar un restaurante indio, ya no es tan exótico como hace un tiempo. Cada vez hay más restaurantes de este tipo o de cocina internacional en los que elaboran platos hindúes y nuestros paladares se han ido acostumbrando a sus recetas. Pero visitar un hindú autentico y que esté tan cerca, siempre da un plus. Un restaurante de cocina tradicional radicalmente diferente a la nuestra, donde los aromas y sabores impregnados de especias, en ocasiones extremadamente picantes, nos ofrecen una experiencia maravillosa. Términos como curry, cúrcuma, naan o tandoori cada vez nos son menos extraños. Señal de que la comida india poco a poco ha entrado en nuestra dieta.
Rogan Josh de cordero.
Tomamos asiento en el pequeño salón presidido por la imagen de Mohandas caminante, en unos asientos de madera labrada con el nombre del restaurante. Siguiendo nuestra costumbre, nos dejamos asesorar por la casa, que ellos saben más de esto. La única condición que ponemos es que no haya nada de eso que los mejicanos dicen que repica. Porque pica cuando entra y pica cuando sale. Para los amantes del picante pedimos una salsa especial aparte. Empezamos la cena con las Samosa´s, unas empanadillas fritas rellenas de carne y verdura. Las trajeron acompañadas de cinco salsas para poder combinar. Las cuatro que suelen traer, más una extra picante que pedimos. La que más nos gustó fue una de mango ligeramente dulzona. Seguimos con el Tandoori Mixed. El tandoor es un horno cilíndrico en el que se cocinan los alimentos, como los naan. Es típico del norte de la India y Pakistán. Aunque eso de seguir es un decir, como en el restaurante apenas había tres mesas ocupadas, trajeron los pedidos con una cadencia de tiempo menor de lo deseado. El tandoori Mixed está compuesto por un variado de pollo tandoori ligeramente picante, aunque no tanto como lo suelen cocinar en el sudeste asiático. También había una pieza de pollo tikka, otra de cordero tikka y otro de kebab. Acompañado por el arroz especial Gandhi y unos naan, un pan plano del que ya hablamos en la entrada que hicimos del restaurante Indio Paras de Los Belones. Un Peshwari Naan, de coco, almendras y pasas, -hay que pedirlo- y un naan de queso. Terminamos con el pollo Tikka Masala y con cordero al Rogan Josh, una salsa de tomate, yogur y especias. Ambos platos son de sabores suaves aptos para todos los paladares. Una cena muy europeizada para unos estómagos cobardes como los nuestros.

De postre estaban escasos. Solamente, yogures aparte, nos pudieron ofrecer unos Gulab Jamuns, una bola de masa frita, bañadas en un almíbar y aromatizada con cardamomo y un poco de coco. Escaso pero rico. Café, pero solamente café ya que las infusiones no están a la altura de lo que debieran. A la hora de pagar tocamos a unos 20 euros por cabeza. Un precio que sin ser una ganga, está dentro de lo lógico y normal. En esta primera visita, nos hemos dejado muchos platos sin probar, por lo que no nos queda otra que volver a Gandhi, un día que estemos más valientes, para probar esos sabores tan especiados y picantes característicos de la cocina hindú.  



Restaurante Gandhi.
Pl. Cristo del Rescate 6. Murcia 30003
Teléfono 968212145.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Lima Limón Bistró - Murcia.



Leche de Tigre.
Con ganas de más, así debo definir la última visita que hicimos a Lima Limón.  Situado en el local donde en su día estuvieron “Los Pinchos de Andrea” de Juan Luis García, sumiller de Casa Marcial, y más recientemente  el gastrobar “Milhojas”, abre sus puertas un proyecto en el que Álvaro Morales (Meloso Gourmet) y Renán Moscoso nos proponen un ilusionante viaje gastronómico siguiendo la evolución histórica del limón. Así, nos ofrecen recetas típicas del Sudeste asiático de donde es originario,  como son las gyosas, o el baba ganoush de Oriente Medio, pasando por Europa, donde los andalusíes lo cultivaban, finalizando el trayecto en América Latina, donde lo llevaron los conquistadores hispanos y de donde nos traen los ceviches,  los nachos con guacamole y jalapeños o la propia lima. Todo un viaje gastronómico por la cocina internacional de la mano del cítrico imprescindible en las mesas murcianas.



La original decoración se caracteriza por un máximo aprovechamiento de sus reducidas dimensiones, pero sin agobios y un ambiente étnico-cítrico con micro-huerto incluido. Los manteles de papel representan el mapa del recorrido del limón por los continentes (con el limonero, por el mundo entero). En cuanto a la carta, sinceramente, creo que es una faena para los amantes de la comida exótica. Muchas cosas apetecibles y un solo estómago. Si no vais muchos, es recomendable pedir medias raciones para poder probar más cosas o el completo menú degustación que ofrecen por 20 euros. Nosotros no lo hicimos y nos tuvimos que dejar muchas cosas para probar en nuestra próxima visita. La carta de vinos, elaborada por el sumiller Antonio Chacón, no le va a la zaga. Muchas y variadas referencias procedentes de diversas regiones vinícolas nos invitan a hacer otro viaje, esta vez enológico. Y lo que es mejor, a un precio extraordinariamente competitivo. No tienen un solo vino que nos dispare la cuenta.

Pudimos probar el salmorejo cordobés con virutas de huevo y salmón con un intenso sabor a aceite de oliva, el ceviche mixto de pescado y marisco con pulpo, calamar y mejillones y un imprescindible, el tartar de salmón con algas wakame y ponzu de lima. Maravilloso. También nos dieron a probar la energética leche de tigre. El brebaje marino sobrante de los ceviches, que antaño se regalaba y del que dicen que quien lo toma, según la tradición, se convierte en todo un “tigre”. Para visitas posteriores quedan en el tintero, sushi aparte, el risotto a la murciana, la escalibada, el tataki de atún, el wantón taurino o la carrillera al monastrell.

Todo lo que tomamos lo acompañado de vinos del nuevo mundo y de postre, como no podía ser de otro modo, paparajotes, aunque la tarta de la abuela no desmerece. Cerramos la velada con café, limoncello y un original verdejo de Rueda semidulce de Javier Sanz Viticultor, por cortesía de la casa. A esto hay que añadir una cuenta que apenas sobrepasa los 20 euros por cabeza y la necesidad imperiosa de volver más pronto que tarde. Un trato exquisito en un ambiente acogedor son la guinda de un proyecto al que deseamos un largo viaje en el tiempo. 

Ceviche mixto.

Lima Limón Bistró.
C/ Paseo Marinero Luis de Torres, 3. Murcia 30007
Teléfono 968967306.


sábado, 27 de septiembre de 2014

Gofres.




Amanece un sábado lluvioso y se cancelan todos los planes. Bueno, se cancelan o se cambian. Si encima el personal se levanta con hambre, con ganas y con tiempo para hacer un desayuno diferente. ¿Por qué no hacerlo? Esta mañana preparamos unos ricos y rápidos gofres que cada uno puede adornar a su gusto.

Varias son las recetas que he probado, y de todas, esta última quizás sea la que más me ha convencido.

Los Ingredientes.





130 gr. de mantequilla

170 gr. de azúcar moreno

2 huevos

170 gr. de harina,

Una cucharadita de levadura

Unas gotas de brandy,

Una cucharadita aroma de vainilla

La Faena.

Fundimos la mantequilla en el microondas y mezclamos con el azúcar. A la mezcla añadimos el huevo batido. Solamente nos queda añadir la harina tamizada junto a la levadura, las gotas de brandy o ron en su defecto y la vainilla.

Cuando tenemos caliente la gofrera, echamos tres cucharadas de la masa, cerramos y dejamos cocer unos 4 minutos, hasta que empiece a dorarse. Al retirar el gofre nos saldrá blando, pero en unos segundo se endurece.

Lo podremos acompañar simplemente con azúcar, con chocolate fundido y leche, con nata, con miel, con mermelada o con un lo que nos apetezca.

Y una vez desayunado, vamos a investigar dónde nos podemos comer unas buenas migas, que el día acompaña.

sábado, 20 de septiembre de 2014

La Candeleta - Raspay (Yecla).



Higaditos encebollados.
Si hay algo que destaca de la gastronomía de la comarca del altiplano de Murcia es por  sus gazpachos y sus arroces, pero como las altas temperaturas que están haciendo en este mes de septiembre, en este año y en todos, no acompañan para disfrutar de un buen gazpacho la alternativa clara es el arroz. En esta ocasión nos hemos desplazado a la pedanía yeclana de Raspay, la más valenciana de las localidades murcianas y viendo los arroces que hacen, no por desmerecer los nuestros que son magníficos, es algo de agradecer. Situada en el valle del Vinalopó, a pocos kilómetros del límite regional y debido a la cercanía de la localidad alicantina de Pinoso, la influencia de esta es notable.
El Pinós es un arroz de sierra, un arroz de conejo y caracoles (conill i caragols) hecho a fuego de sarmientos que le dan un intenso aroma a madera. El secreto de estos arroces está tanto en la calidad del producto como en la disposición del arroz en una finísima capa. La primera vez que lo probamos fue a muy poca distancia, en uno de los más afamados de la comarca, Restaurante Elías, en esta ocasión nos hemos ido a La Candeleta, donde los arroces y los gazpachos manchegos son su principal seña de identidad.   
Chipirones.
Llegamos con la idea de tomar el arroz, y mientras aplacamos el hambre con los aperitivos de la casa, un mortero de tomate rallado, embutidos de la zona y humus acompañado de pan, tostado en las brasas, nos ofrecen la posibilidad de degustar un menú cerrado con bebidas incluidas. El menú consiste en tres entrantes a elegir, arroz, postre y bebidas. Entre los entrantes, a las anchoas del Cantábrico o los chipirones, se les suman algunos platos típicos de la zona, como es el queso frito con dulce de tomate o elaboraciones de los productos que más conocen, los caracoles y el conejo. Nosotros pedimos los chipirones, unos ricos aunque ligeramente salados lomitos de conejo con ajetes y los higaditos de conejo encebollados que casi no nos da tiempo a probar ya que los más pequeños dan buena cuenta de ellos con voracidad.
Lomitos de conejo.
 Un intenso aroma a madera ahumada anuncia la llegada del arroz que depositan directamente sobre la mesa. Es costumbre, aunque no obligación, el comer el arroz directamente de la paella. Como no me gustan las listas, ni mi memoria de pez me permite hacerla de manera objetiva, no diré si es el mejor, el segundo o el enésimo arroz en cuanto a la calidad de los arroces que he probado. Si puedo afirmar, y esto si es objetividad, que apenas quedaron granos de arroz. Nos tomamos un muy buen arroz que acompañamos con un vino de la zona. La hormiga roja de Jumilla.
Los postres de la casa, tiramisú, tarta de queso y pan de Calatrava, son correctos, aunque de dimensiones bastante reducidas. Terminamos con los cafés y pagando una cuenta de 25 euros por persona. Un precio muy correcto y más si comparamos con los estratosféricos precios que cobran por los arroces en otros restaurantes con más renombre de la zona. La opción de la Candeleta de Raspay es muy buena si queremos hacer una mini excursión gastronómica. 



Restaurante La Candeleta.
Av. Diputación 1. Raspay (Yecla)
Tlf. 965608286 - 658975081  - http://www.lacandeleta.com/


miércoles, 3 de septiembre de 2014

Casa Alfonso - Dehesa de Campoamor (Alicante).



Ceviche de langostinos.
Para la última salida del verano no podemos elegir cualquier sitio, y más en este verano que restaurantes como El Vinagrero en La Unión, o Eszencia en Cartagena han puesto el listón muy alto. Para poner la guinda y despedirnos de la playa por todo lo alto, elegimos Casa Alfonso en la urbanización de Campoamor. Un restaurante con estrella Michelin que tenemos a tiro de piedra y que, a pesar de las buenas referencias que teníamos, aún no habíamos visitado. Llegamos al chalet donde está situado Casa Alfonso, y tras atravesar las distintas dependencias donde reposa una buena colección de obras de arte contemporáneo, llegamos a la terraza en la que nos ubicaron en una calurosa noche donde quizás, si hubiésemos tenido opción, hubiéramos preferido el frío del aire acondicionado.
Ensalada de pepino con yogur griego.
Enseguida nos sirvieron una copa de cava de bienvenida junto a un calendario de mesa donde venían manuscrito los tres menús que ofrecen (50/65/85 euros o 70/90/115 con maridaje de vinos), y aunque el camarero nos recomendó el corto (allegro), nuestro aristotélico virtuosismo nos llevó a pedir el menú moderado que consta de cinco aperitivos, cuatro entrantes, un pescado, una carne y un postre. Las bebidas aparte, como suele ser normal en este tipo de restaurantes. Esto de que el menú venga en este formato puede que haya quien lo vea como arte, pero la mayoría lo vemos un poco cutrecillo, aunque sea ese el estilo de la casa. Me llama la atención que en ningún momento nos preguntó el camarero por alergias, filias o fobias. Es más, cuando anunció que tras la carne y antes del postre habría un plato de queso de obsequio, le comentamos que a alguno de los comensales no les gusta este rico alimento. Cosa que le dio exactamente igual porque les trajo su plato de queso correspondiente. Pero no vamos a adelantar acontecimientos y empecemos por los aperitivos.
Huevo con hueval de salmón.
El primero de los aperitivos fue un refrescante ceviche de langostinos coronado por un grano de maíz. Le sigue un suave bikini ovogénico de mantequilla de sardinas con huevas de salmón y de mújol, que recordaba, no en el sabor, al bikini de trufa que probamos en Entrecolycol. El maridaje empieza con un verdejo de Rueda del que, el camarero, no nos da mucha información. Me da a mí que tienen el enemigo en casa. No es la primera vez que hemos comentado como un mal servicio en la sala tira por tierra el trabajo del resto, y aquí parece que un solo camarero es capaz de desmerecer el trabajo del resto. Nos vamos a gastar lo que nos queda del presupuesto del verano y parte del de otoño, así que seremos tan exigentes como lo será la cuenta. Seguimos con un viejo conocido de Entrecolycol, la brocheta de pulpo sobre una crema de patatas. Como dije en su día, una buena reinterpretación de la cocina tradicional típica se Alfonso Egea con un producto de calidad. Los dos últimos aperitivos, en mi opinión, fueron los más flojos. El guacamole con gambas, y un buñuelo de bacalao con tinta de calamar. Eso sí, aquí el buñuelo es buñuelo y no un trozo de bacalao rebozado como nos vienen dando últimamente. Al finalizar los entrantes, nos acordamos mucho del Sr. E. Un alérgico reconocido que no hubiera podido más que darse a la bebida si le hubieran servido este menú. Una especial mención se ganó el maravilloso pan que sirvieron, sublime con aceite.
Calamares con salsa All i Pebre.

Empiezan los entrantes con unas gambas rojas sobre una salsa de pollo campero. Un tierra y mar que tanto gusta a los cocineros y que los más ortodoxos no acaban de ver. En cualquier caso, a mí me gusto bastante la combinación. Seguimos con una ensalada de yogur griego con manzana, brotes de cebolla y pepino, que a pesar de no ser el pepino santo de mi devoción, me pareció tan original como deliciosa. Los entrantes restantes mejoraron notablemente el menú. El huevo cocido a baja ¿presión? Juraría que eso es lo que nos dijo. En fin. Acompañado por unas huevas de salmón y pan tostado. Todo esto maridado con un albariño cualquiera. Otra vez falta de información. Ya con el tinto, Pujanza Hado de 2011, un rioja que pedí que nos enseñara, sirvieron el último de los entrantes, un sabrosísimo calamar en salsa de all i pebre. Buena cocina y producto al servicio del comensal, correcta presentación en una vajilla seleccionada con muy buen gusto y mejor cubertería pero no acaban de rematar la faena con una explicación del trabajo realizado. Claro que si es este camarero-maitre quien tiene que darla, mejor quedarse callado. Sentencias como ¿Es que tenemos web?; estamos abiertos hasta el día 15, después, no sé si volveremos a abrir más; o hasta aquí el vino que les correspondía; dan muy mala imagen en un restaurante de esta categoría.

Rape empanado en pan de cebolla.
Los principales, un artístico rape empanado en pan de cebolla y un tierno solomillo con setas al vino tinto, sin acompañamientos, sin distracciones. Ambos deliciosos. Cerramos los salados con el prometido plato de quesos mediterráneos. Un plato para cada comensal con un queso de Mahón y otro de Castellón que no pudimos disfrutar como quisimos al anunciar ese malvado camarero que habíamos terminado con nuestro cupo de vino. ¿Acaso estamos en Venezuela? ¡Oír para creer! Y si, a quienes no les gustaba el queso, también les trajeron su ración. ¡Que desperdicio! Como postre una sopa de frutos del bosque con helado de vainilla que ponía el cierre a un menú bastante completo, rico aunque poco sorprendente. Alargamos la velada con uno de los cafés más caros de mi vida, un maravilloso vino dulce de la tierra, Casta Diva, y una de la más grande, y barata copa de gin-tonic que jamás he probado.

Sopa de frutos del bosque.
¿Ha merecido la pena? Evidentemente sí, aunque como todo en esta vida, esta afirmación es matizable. Un restaurante reconocido en las más prestigiosas guías gastronómicas, no debe darte como carta un manuscrito desgastado y sucio. Un restaurante el que pagas en torno a 100 euros por comensal no debe dejar la responsabilidad de la sala a una persona tan poco preparada para ocupar ese cargo. Su pobre hacer deslució el trabajo discreto de sus compañeras de sala y no supo ser la voz de la cocina en la sala. Un restaurante así, debe saber venderse, en internet,  ante los clientes explicando bien su proyecto, la idiosincrasia de la cocina o justificando porque pagamos 25 euros en un maridaje limitado y con vinos de los que apenas reciben información. A pesar de todo, en Casa  Alfonso pasamos una velada inolvidable y sospecho que irrepetible ya que según nos informó el camarero cerrarán la temporada para no volver. ¿Será cierto? 


Restaurante Casa Alfonso.
C/ Garcilaso de la Vega, 1C. Dehesa de Campoamor (Alicante).
Tlf. 965322717  - http://casaalfonso.wordpress.com/casa-alfonso/