jueves, 23 de enero de 2014

Restaurante Guerra y Paz - Murcia (2ª Visita)





Tataki de Atún..
Hablaba Lord Salisbury allá por 1898 de la existencia de unas naciones que definía como moribundas. Comunidades en las que la desorganización y la decadencia avanza con vertiginosa rapidez, cada día son más débiles, más pobres. Aparentemente se aproximan a su destino aunque todavía se agarren con extraña tenacidad a la vida. Pues bien, con gran dolor de mi corazón he podido presenciar la existencia de un restaurante al que, perfectamente, este político británico, se podía estar refiriendo con más de un siglo de retraso.  Un restaurante que fue falange de la gastronomía murciana, que por no haber querido, por no haber podido o no haber sabido se ha quedado anclado en el siglo XIX practicando una cocina que fue vanguardia pero que hoy solamente atrae a los nostálgicos poco observadores de la calidad del producto.
También decía Robert Gascoyne-Cecil que existían otros grandes países cuyo enorme poder aumenta de año en año, aumentando el poder de su organización. Y aunque todavía es pronto para comparar a Guerra y Paz con este último grupo, y más en estos tiempos que corren, el encuentro que tuvimos con Javier Tornel, su jefe de cocina, nos hizo creer que con su filosofía de trabajo y la claridad de ideas que tiene, le costará, pero puede llegar a convertirse en uno de los restaurantes referencia de Murcia como lo fue antaño el restaurante que ocupaba su local.
Castañetas.
De la mano de Gastrólogos y del propio restaurante Guerra y Paz volvimos para poder degustar alguna de aquellas tapas que nos dejamos en el tintero o repetir otras que ya probamos en nuestra primera visita. De la decoración poco voy a decir que no dijera en mi anterior entrada, ambiente moderno y de buen gusto en la planta superior, dominado por tonos blanquinegro. Romántico, intimo e histórico en su sótano amurallado.  Esta vez el servicio estuvo, o eso dicen porque casi ni se notó su presencia, a cargo del jefe de sala Manuel Flores.
Cocina vanguardista de cocciones a baja temperatura o al vacío, sin olvidar la calidad de la materia prima, Guerra y Paz, nos presenta un menú que comienza con la milhojas con manzana y queso de cabra, una creación de Alex  Montiel que popularizó Martín Berasategui. El toque del chef está en añadir carne de membrillo y fruta de la pasión. Una armoniosa combinación, graso, acido, dulce rematada con unas tostas ligeramente anisadas. Seguimos con unos gnochi caseros a los que añaden una salsa de foie y pistachos. ¿Demasiado foie?- Yo creo que nunca es suficiente, aunque siempre se puede optar por el salmorejo de ciruelas o la crema de lentejas, morcilla y manitas crujientes. Los platos estaban siendo maridados con Viña Betola, un vino blanco jumillano. Continuamos con un Tataki de atún presentado sobre unos originales platos que asemejaban unas piedras en el fondo marino. El atún viene sazonado con un polvo de aceitunas y un yogur de aceite de oliva. Una vez más, vuelve a primar la materia prima.
La buena conversación gastronómica, y un entorno casi milenario junto a los ricos platos servidos hacen que vayan trascurriendo la velada casi sin enterarnos.  ¡La paz está venciendo! ¿Vendrán tiempos de guerra?
Revuelto de setas, manzana, ajos tiernos y habitas.
Para no extenderme demasiado abreviaré, y citaré solamente que tras el Tataki de atún sirvieron unas raciones deliciosas de pulpo con patatas empanadas y ya maridado con un Rioja joven, Barón de Pardo, lo que para mí fue el sensacional descubrimiento de la velada, las castañetas de ibérico. En este plato, la ración si me pareció un poco escasa. Aquí, no soy partidario del refranero cuando dice que lo bueno si breve…más bien caballo grande, ande… Continuamos con los ya conocidos Ravioli de toro y setas, que me parecieron mejores que la primera vez y una pelota ligeramente aromatizada con cominos y servida en una mini-cazuelita que francamente hacía tiempo que no comía algo igual. El broche final de los envites enemigos, fue un delicioso montadito de trufa.
Sirvieron de postre las natillas de galleta y turrón. El sabor de esa crema me gusta bastante. El turrón me gusta bastante. Muy recomendable para quienes disfrutamos de este postre. Cuando estábamos terminando los postres, se sentó con nosotros Javier Tornel, que aprovechó para explicarnos su ilusionante proyecto, y a quien pudimos hacer cuantas dudas tuvimos. En precio de esta cena rondaba los 21 euros, un precio bastante razonable para la calidad y cantidad de comida servida. He de hacer especial hincapié en la carta de vinos, pues oferta una amplia selección a precios nada desorbitados. Quizás algo más bajos, si cabe, que la media.
Montadito de buey.

Puede que como dijo al finalizar el propio cocinero sobre la sugestión creada gracias a una serie de factores favorables que hacen que se valore positivamente un servicio, como la cadencia de los platos, la atención recibida, la música… o simplemente pasen desapercibidos otros que en distintas circunstancias podríamos tachar de negativos, como raciones quizás escasas, pero lo cierto es que el restaurante que puede llegar a controlar estos factores, tiene ya más de la mitad del trabajo hecho. Y esa noche en Guerra y Paz consiguieron que estuviéramos totalmente sugestionados. Cosa que es de agradecer y valorar. Otro factor a tener en cuenta es el acierto a la hora de elegir lo que vamos a consumir. Es relativamente normal salir descontentos de un local simplemente porque nos hemos equivocado a la hora de pedir. Para reducir este riesgo suele ser recomendable dejarse asesorar por el servicio.
En conclusión y cerrando la entrada, aunque esta es una opinión totalmente subjetiva, como todas, recomiendo visitar GyP para poder disfrutar de todas esas tapas atractivas que tienen. A mí aún me quedan varias por probar. 


Restaurante Guerra y Paz.
C/ San Lorenzo, 7. 30001 Murcia.
Teléfono 968902004.



1 comentario:

Anónimo dijo...

No nos ha gustado nada de nada...ni el trato (camarero vasco impertinente que se ríe por cosas que no vienen a cuento), ni la comida. Por ejemplo, Las bravas son como 7 u 8 patatas fritas congeladas con 2 salsas al lado, por eso cobran 5,5 euros.
Y por otro lado, La Carrillda está espantosa.
no vuelvo jamás.