sábado, 22 de febrero de 2014

Restobar Milhojas - Murcia.




Corte de Parmesano.
Desde que empecé con esto del blog ya me he creado ciertas rutinas u obligaciones. Una de ellas es la ir a todo restaurante  que se abre. Bueno, a todos no, tenemos preferencia por aquellos que cumplen ciertos requisitos generalmente relacionados con la preparación de tapas más o menos elaboradas y platos creativos. Y en esta línea, al menos por lo que había oído, está el Resto-bar Milhojas. Un pequeño establecimiento situado en la tranquila zona de La Flota hasta donde nos llevaron las buenas referencias de reputados blogueros.
Si seguimos la máxima que dice la primera impresión es la que queda, Milhojas está en un local que merece la pena. La entrada me gusta mucho. En apenas 20 metros cuadrados combinan una zona de barra y bar con una coqueta zona de lectura para los que gusten tomar el té tranquilamente y todo decorado con buen gusto, cuidando los detalles. Especialmente me gusta la cámara de fuelle antigua que hay sobre unos libros y las frases alusivas al buen rollito.
Una pizarra separa la zona de lectura de la zona de exposiciones, la zona bar de la zona comedor, el detalle
de la decoración nihilista. Puede que sea para resaltar los cuadros que exponen, pero las paredes de color blanco nuclear, el mobiliario y la presencia de carteles con esas frases positivistas, crean el ambiente perfecto de sala de espera de una consulta. ¿Nos habremos confundido y estaremos en el psicólogo? Siempre había oído que los camareros son algo psicólogos, pero nunca pensé que fuera así.
Pero bueno, fuimos a comer y no a hablar de estilos decorativos así que vamos a centrarnos en lo comido, que fue mucho y donde también hubo sus más y sus menos. Echando un primer vistazo a la carta vemos que la carta ha sido elaborada por David López, formador del CCTM y experto cocinero. A pesar de no ser una carta excesivamente extensa, hay muchas tapas que piden a gritos ser probadas por lo sorprendente.
La elección que hicimos de las tapas fue una pena, pues lo mejor fue al principio y la cosa fue de más a menos. Empezamos probando los Boca-bits de alga nori con una salsa emulsionada de soja. Una tapa tan sencilla de realizar como sorprendente. Un imprescindible, uno de esos platos por los que merece la pena volver a un restaurante. Seguimos con un corte de parmesano crujiente y helado con una salsa dulce de tomate. Estaba a la altura, muy bueno. A modo del tradicional corte de helado, mejora mucho conforme va ganando temperatura y el helado se va ablandando aumentando el suave sabor a queso.  
Saltamos a los fritos con unos buñuelos con cremoso romescu y unas croquetas de leche de cabra y verduras asadas. Las croquetas me gustaron más que los buñuelos y estando muy buenas puede que no tuvieran el poder de sorprender tanto como los anteriores. Y es que estamos viviendo una época dorada de la croqueta. Hoy día, es difícil encontrar cartas donde no haya croquetas, aunque no todas tan trabajadas como estas.
Seguimos con una especie de lasaña, la milhojas de verdura y emulsión de ñora frita. Con un intenso sabor a remolacha solamente diré que no me gustó lo más mínimo. Es más, no nos gustó a ninguno de los que la probamos. Cerramos los salados con unos huevos camperos con sopas de pan, pimentón y cítricos. Lo que viene siendo los huevos pasados por agua de toda la vida, con sus picatostes, con un ligero toque de pimentón y ralladura de cítricos. A mí, que no le echo limón a las patatas fritas, ni al consomé, ni al arroz, no me convenció el toque de cítricos.  Otra buenas opciones que ofrece Milhojas son el atún sobre cremoso de tinta de calamar, el entrecot de Angus, un estofado de setas de temporada o la cada vez más popular oferta de quesos de autor de La Lechera de Burdeos.

Como la oferta de postres es muy reducida, nos envalentonamos y nos lanzamos a probar los tres, chocolate especiado con aceite y reducción de pasión, chocolate blanco sablé de tomillo y lima, y el cremoso de arroz con leche y melocotón con crispis de yogurt. Unos postres nada convencionales para un proyecto que intenta no serlo y que consiguieron levantar el extraño sabor de boca que había dejado la milhojas de verduras.
A la hora de pedir la cuenta, había que sumar una botella de vino blanco bastante normal, un par de refrescos y los cafés.  El precio por persona no llega a 20 euros, un precio bastante interesante que hace de milhojas, a pesar de estar un poco alejado del bullicioso centro un local para tener en cuenta a la hora de probar cosas diferentes.

Restobar Milhojas.
C/ Paseo Marinero Luis de Torres, 3. Murcia 30007
Teléfono 968969699.





jueves, 20 de febrero de 2014

Barra de Barras - Josean Merino - El Churra (Murcia)



Turrón de foie.
Que Murcia es una ciudad de barras, es una verdad incuestionable. Que las nuevas tendencias gastronómicas van encaminadas a la cocina de producto, nadie lo pone en duda. Y que para evolucionar y enriquecernos gustativamente tenemos que viajar y probar cosas diferentes a lo que estamos acostumbrados es una obviedad. Por lo que es casi vital conocer creaciones de otros cocineros, productos de otras zonas que nos saquen del sota, caballo y rey al que estamos acostumbrados.
Pues bien, desde Gastrologos han combinado todos estos elementos para combatir la endogamia culinaria, y han vuelto a organizar las jornadas Barra de Barras. Para esta segunda edición y con la intención de superar la precedente han invitado al cocinero vasco Josean Merino de Marmitaco y Perretxico de Vitoria y a los gallegos Iago Pazos y Marcos Cerqueiro, socios en Abastos 2.0, de Santiago de Compostela, donde han reinventado el concepto de la taberna tradicional gallega. Cerrará las jornadas un homenaje coral a Don Mariano Nicolás, fundador del restaurante El Churra.

Pato y huerta.
Esta primera semana rompe el hielo Josean Merino, cocinero autodidacta y propietario del espacio vitoriano MarmitaCo, designado mejor barra de pintxos de España en 2011 por lomejordelagastronomía.com por su creatividad y buen hacer, y su taberna PerretxiCo. He venido a Murcia fielmente escoltado por su jefe de cocina Jorge Ezquerra. Su propuesta para Barra de Barras consiste en menú de siete tapas bastante elaboradas maridadas con vinos de Casa Castillo, más un postre.
La primera de las tapas es la “Zambloodyña”. Un “aperitivo” en el que elabora un bloody mary  con gamba roja, verdura y zamburiñas o quizás sea que marinan unas zamburiñas con bloody mary. En cualquiera de los casos, es una tapa que enseguida queda eclipsada por una maravillosa terrina de turrón de foie donde cada ingrediente toma su justo protagonismo creando una dulce armonía con sabor a almendras,  a yogur, a foie y a hierbabuena… Hay quien lo pueda considerar demasiado dulce para tapa salada. El menú continua “in crescendo” con el llamado Pato y Huerta. Una tapa de las que se tarda mucho en olvidar. Un blini, el pato y un ligero toque de mayonesa se mezclan con la huerta en forma de manzana verde, guisantes tiernos y un aire de cítricos. Francamente delicioso.

Zambloodyña.

Al mismo nivel y llegando al clímax de un menú muy trabajado y presentado como un trampantojo el cappuccino de queso Idiazábal servido en taza de café y elaborado con unos ramilletes de coliflor, panceta de bellota y crunchy de cebolla con el que llegamos al ecuador de un menú que deja muy buenas sensaciones tanto por las mezclas de sabores y texturas como por la variedad de los ingredientes utilizados. Sin tiempo casi para comentar las impresiones nos llega un intenso aroma a sarmientos quemados. Es la purrusalda ahumada. Aquí la puesta en escena cambia. En una copa de cristal impregnada del humo de los sarmientos vierten la crema de puerros. El resultado es de un intenso aroma y sabor a ahumado, que mezclado con el bacalao desmigado, los hilos de chile o las almendras fritas que traen a modo de tropezones da un plato diferente pero agradable.


Como decía antes, este menú no parece fruto de la casualidad sino que sigue un guion establecido. Y como todo libreto clásico que se precie, antes del apogeo, ha de haber un momento de relajación que nos lleve a la apoteosis final. Y ese trabajo sucio, ese papel de anticlímax le corresponde al arroz meloso de perretxico. Un arroz mantecado con bechamel de sabores tan suaves que pasa totalmente desapercibido. Es uno de esos platos que se sacrifican para conseguir un mayor impacto final, pues su verdadero papel es el de gregario de la última de las tapas saladas, la panceta con cigala y aire de limón. Una de esas tapas que combinan tierra y mar, que a priori no suena apetecible pero que hace que me tenga que comer mis palabras junto a las tapas. Sobre una crema de calabaza una panceta tan tierna como sabrosa y sobre esta la cigala. ¡Me gusta!

Los salados, con altibajos, triunfan pero son altibajos necesarios para conseguir una línea argumental que termine en final feliz. Y si hablamos de felicidad, tenemos que hablar del postre. De antemano tengo que decir que no me gustó demasiado el contraste de sabores. Decían los entendidos que un poquito de sal hubiera resaltado el chocolate de la tapa. Una crema de aguacate sobre un bizcocho borracho  y cubierto de chocolate y frutos secos. Un sabor que creo que no supe apreciar en toda su intensidad. Una lástima.

En conclusión, creo que esta primera propuesta de barra de barras puede ser una gran ocasión para salir de lo convencional y probar propuestas diferentes que están triunfando en algunos de los templos donde el pincho, la tapa y la barra son casi una religión.

El precio de los menús, de 35 euros y se componen de siete tapas saladas y una dulce, y son maridados en esta primera ocasión con vinos de Casa Castillo (DO Jumilla). Otra opción bastante interesante es la del menú de barra, en el que por 15 euros ofertan tres de las tapas, el postre y una copa de vino.


El restaurante ‘El Churra’ se encuentra en la Obispo Sancho Dávila, 13. Y para reservar, pueden llamar al 968 271 522
MENÚ EN MESA:

Zambloodyña
Turrón de foie
Pato y huerta
Capuchino de Idiazábal
Porrusalda ahumada
Arroz meloso de PerretxiCo
Panceta ibérica con cigala y aire de limón
Chocolate

Vino: Casa Castillo (DO Jumilla).

Restaurant  El Churra.
C/ Obispo Sancho Dávila, 13. 30007  Murcia.
Teléfono 968271522.


sábado, 1 de febrero de 2014

Restaurant La Mary - Murcia.


Láminas de berenjena.
En el mundo de la gastronomía, como en la vida, hay todo tipo de actitudes ante las que afrontar el día a día. Hay restaurantes que apuestan por practicar una cocina tradicional de platos de cuchara, arroces y producto de mercado. Están los que apuestan por una cocina de vanguardia comprando los equipos más sofisticados que se encuentran en el mercado, hornos roner, cocción al vacío o incluso liofilización y contratando cocineros y sumilleres que hayan pasado por los fogones y salas de algún restaurante estrellado. También están los que no se complican mucho y ofrecen productos de calidad que no necesita mucho tratamiento y hay otra opción que busca un resultado óptimo ofreciendo lo que busca la mayoría sin ningún tipo de complicación. Locales montados con una fuerte inversión económica que buscan resultados a corto plazo consiguiendo poner, en poco tiempo, su local entre los restaurantes de moda de la ciudad con una formula bastante simple que consiste en alquilar un local muy céntrico, decorarlo con gusto y ofrecer una carta con pinceladas de cocina internacional apta para todos los públicos a precios muy ajustados. Aquí nos podemos comer lo mismo unos huevos fritos, que un tataki de atún y porque aún no han metido el sushi.
¿Es esto una crítica? Yo creo que no. Es simplemente el desarrollo de una teoría o la constatación de un hecho. Pongamos el ejemplo de este restaurante, La Mary. El grupo Andilana abrió ya hace unos meses esta franquicia de cocina mediterránea en pleno centro de Murcia con una decoración muy cuidada donde predominan los tonos blancos con toques tradicionales intercalados con los marineros creando un ambiente muy agradable para compartir una comida con amigos, compañeros, familia o incluso si buscamos algo de romanticismo. A mí me gusta mucho la decoración, tanto la exterior con esas lámparas que iluminan la calle González Adalid, como la interior donde destacan la puerta acristalada de acceso, las heterogéneas lámparas, y las botellas de cristal soplado. ¡Me encanta! Los inconvenientes que puede tener son que, las mesas están muy cerca unas de otras y que los comensales de las mesas de las ventanas están de escaparate a la calle. Aunque en este caso basta con decir que no se quieren esas mesas y listo. Lo de la cercanía de las mesas es más complicado.
Risotto.
La última vez que fuimos, pedimos varios entrantes al centro. Empezamos con unos nachos acompañados de humus con sésamo y de guacamole. Quizás las cantidades se quedan un poco escasas. Seguimos con unas láminas de berenjena fritas con miel de caña que estaban un poco pasadas y llevaban poca miel. No dudaron en traer más, aunque más parecía miel de abeja que de caña. Lo mejor de la noche fueron los corazones de alcachofas con virutas de foie y caramelo y el vino. Pedimos El Pícaro, el vino joven de la colección Matsu de la D.O. Toro, un viejo conocido con el que nunca se falla. Aquí los vinos los tienen a un buen precio. Se puede comer con buenos vinos sin disparar la cuenta final. Los últimos entrantes fueron unos calamares a la andaluza con mayonesa de tinta que junto a las berenjenas fue lo más flojo y un risotto con parmesano y trufa. La idea de los calamares es muy buena, pero no la acompañan ni la calidad ni el sabor de la mayonesa de tinta. Terminamos pidiendo unos filetes de presa con salsa de vino dulce y pasas acompañada por unos cubos de polenta frita, y trigueros. ¿Qué que es la polenta? Originaria de la cocina italiana, se trata de una especie de gacha de harina de cereal, normalmente maíz que se sirve con multitud de platos.
Presa de Ibérico con salsa de vino dulce.
Los postres que probamos fueron dos, una copa de mascarpone con nata, fresas y té verde en texturas y la espuma de yogur griego con chutney de mango. ¿Qué que es el chutney? En la cocina india, es una especie de puré que se usa como acompañamiento a buñuelos u otros platos. En este caso se trata de un puré de mango que da sabor al yogur.

Salvo por las cantidades servidas en cada ración que nos parecieron escasas, todo estaba bueno. Aunque la calidad del producto no es de primera, entiendo porque este restaurante siempre está lleno, de hecho, una semana antes intentamos reservar y nos fue imposible. Decoración exquisita, trato eficaz y cordial, puede que un poco cercano de más en alguna ocasión, comida aceptable y buen café a un precio muy competitivo es una fórmula que no suele fallar. Tocamos a menos de 20 euros por persona, aunque es cierto que no todos tomamos postre y el plato principal fue compartido. A pesar del indudable triunfo, tienen cosas que pulir. No es de recibo que en un restaurante de este nivel y cuando aún se encuentran los clientes cenando o en la sobremesa, los camareros saquen junto a ellos, por la puerta principal del local, la basura de la cocina. Las formas hay que guardarlas hasta el final.

Restaurant  La Mary.
C/ Gonzalez Adalid, 13. 30001  Murcia.
Teléfono 968213646.