lunes, 12 de mayo de 2014

Restaurante TriCiclo - Madrid.



Ensalada de vainas y cecina.
Desde que empecé con el blog, he conseguido transformar la envidia que me da Madrid en una aventura gastronómica. A cierta edad, uno ya debe ir teniendo precaución con los pecados que se cometen. Y más si son capitales. Siempre se me llena la boca criticando lo incomodo que es el día a día de esta ciudad, los atascos, los desplazamientos, la masificación. Pero en lo que se refiere a la oferta gastronómica, es un abismo el que nos separa de ellos, tanto en oferta como en nivel. En Madrid hay margen para los valientes, para quienes se lían la manta a la cabeza y deciden dar ese paso tan importante que no todos nos atrevemos. Margen y clientela. Ahora bien, por desgracia, no tenemos la suerte de viajar muy a menudo a Madrid, por lo que en nuestros desplazamientos, una mala elección del restaurante al que vayamos a ir, es una bala perdida,y por lo tanto, un mal sabor de boca. Para minimizar los riesgos, antes de hacer el viaje, investigamos, preguntamos y le damos muchas vueltas antes de decidir. Confieso que incluso en alguna ocasión, hemos mirado en TripAdvisor.
Ceviche de Corvina.
Para esta ocasión hemos puesto nuestro objetivo en el Restaurante TriCiclo, en pleno barrio de las letras de Madrid, un moderno restaurante, o casa de comidas contemporánea, donde la simple decoración de aire retro queda totalmente supeditada a la cocina que allí se practica. Una cocina que sabe combinar a la perfección la creatividad gastronómica con el producto de mercado. Las tres ruedas del Triciclo se llaman Javier Goya, Javier Mayor y David Alfonso, emprendedores que abrieron este restaurante hace menos de un año y ya ha alcanzado cierto éxito. Los cocineros son tres, en su carta de primavera ofertan tres tipos de cocina, la de mercado, la sofisticada y la internacional, y podemos degustarlo en tres espacios diferenciados, la barra, la sala o en una vieja mesa de carpintero que hay en un reservado junto a la cocina. En esta última estancia, quizás un poco ruidosa, o los ruidosos éramos nosotros, es donde nos ubicaron. La mesa de carpintero, es muy llamativa, como las jarras vintage que lo mismo sirven para servir agua que las utilizan para enfriar vino o las recicladas cajas de madera que hacen de estantería.
Bacalao con caracoles.
A la hora de pedir podemos elegir entre los tres tipos de cocina y ración completa, media o incluso un tercio con lo que podemos probar más platos de la carta. Como no tenemos una idea clara, nos ponemos totalmente en las manos de Javier Goya. Nuestras condiciones son pocas, no nos queremos quedar con hambre, nada de marisco (cuestión de alergia) y evitar la casquería. A esta última me opuse sin éxito. Mientras esperamos nos sirvieron de aperitivo unas patatas con mojo picón al estilo canario que acompañamos con Villa Wolf, un gewurztraminer. La espera no fue muy larga hasta que empezaron con el  primero de los platos, una refrescante ensalada de vainas, cecina y foie gras aliñada con frutos secos. Al mismo tiempo trajeron un adictivo salmorejo de pimientos asados con semimojama de bonito. Me gustó bastante –Vicios adquiridos que tiene uno. Como no hay dos sin tres, y aquí la cosa va de triunviratos, junto a estos dos platos, trajeron el que para mi gusto fue el más flojo de todos, unos espárragos con bacalao a los que daba un sabor original la hierbabuena y manzana.
De fuera de la carta, aquí tiene importancia las sugerencias del día a día, nos trajeron un salteado de
Carrillera al curry rojo.
boletus y un ceviche de corvina con cilantro y leche de tigre donde primaba el intenso sabor a cítrico. Le siguió un bacalao asado con caracoles a la madrileña. Sí, he dicho bien. Bacalao con caracoles. Y lo mejor del plato, la salsa de los caracoles. La cena iba mejorando por momentos, había sido una buena idea ponernos en sus manos (veníamos aleccionados), y aún quedaba mucho y bueno por probar. Tras el bacalao, nos trajeron una carrillera al curry rojo con maíz inflado que maridamos con un vino de Alicante, Tragolargo de 2012. Muy bien trabajada y si era buena la salsa de los caracoles, mejor incluso la de la carrillera. Verdaderamente es una lástima que la cena estuviera llegando a su fin. Quien fuera romano. Cerramos los salados con un tataki de atún bañado en un gazpacho de fresas y helado de albahaca, un delicioso bis con el que nos homenajeamos. Puede que este plato, conceptualmente hablando, sea muy parecido al salmorejo de pimientos. Aun así, mereció mucho la pena y resultó un cierre de tercio simplemente fabuloso. Muy recomendable.
Arroz con leche a la asturiana.
Al llegar a los postres, y como esto parece que iba de trilogías, probamos el correspondiente triunvirato dulce. El llamado zanahorias,  especias y yogur para empezar- ¿Tarta de zanahorias desestructurada? Luego el brioche tostado con helado de almendra, muy parecido a las tradicionales torrijas. Y para finalizar, el arroz con leche a la asturiana que nos cautivó. Servido en una sartén y cubierto por una capa de azúcar quemada, queda a medio camino entre una creme bruleé y el tradicional arroz con leche. Modestamente, me pareció que está a muy alto nivel. De los mejores postres que he tomado últimamente. Cerramos tristemente la cena con unos cafés y pedimos la cuenta por simple curiosidad ya que teníamos pensado quedarnos un rato disfrutando de la sobremesa. Pagamos alrededor de 35 euros por cabeza. Un precio en mi opinión nada caro debido al alto nivel de la mayoría de los platos del servicio. Salimos de Triciclo con la sensación de haber usado muestra bala de manera acertada haciendo diana y con la duda de si la próxima vez que volvamos repetiremos, que no lo descarto, o buscamos diferentes opciones. Lástima que Madrid no pille más cerca.
TriCiclo

C/ Santa María, 28, 28014 Madrid

Teléfono: 910 24 47 98 
www.eltriciclo.es



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