miércoles, 23 de julio de 2014

El Gallego - Pilar de la Horadada.


Que soy contrario a las listas de los mejores del mundo es más que sabido. Como un mantra, pregunto si acaso se han probado todos los arroces, tartas de queso, paparajotes o calderos del mundo para hacer tan valientes afirmaciones. Pero al mismo tiempo que rechazo estas listas, que aúpan, muchas veces de manera merecida, y otras no tanta, a restaurantes modestos, según quien sea el artífice de la lista, también caigo en el juego de las comparaciones y mini-listas que nunca publico para ser consecuente con mi mantra. La última lista de la que he sido conocedor es la que clasifica el lugar donde sirven la mejor carne del planeta. Título que ostenta, según Gonzalo Suárez escribe en El Mundo, el restaurante El Capricho de Jiménez de Lamúz en León, donde dejan macerar la carne de buey entre 60 y 90 días metida en una cámara a 2ºC “recubierta de moho como un Cabrales”. Después de leer esto, es inevitable hacer un pequeño esfuerzo y buscar en esa memoria gastronómica que vamos elaborando día a día, cual ha sido el restaurante donde nos han servido la mejor carne que hemos probado. Como suele pasar, los más cercanos eclipsan a los anteriores en el tiempo. A la mente me viene el que nos sirvieron en Alborada, donde David Muñoz nos explicó grosso modo su proceso de maduración y limpieza, o más recientemente, el que nos hemos tomado en este restaurante de El Pilar de la Horadada. 
Las indicaciones para llegar no pudieron ser más precisas: siga la calle principal y enseguida lo verá a mano izquierda, en el pico-esquina. Efectivamente, en el pico-esquina estaba. No había pérdida. Ventanales enrejados de cristal trasparente que restan privacidad pero muestran la felicidad de los comensales, y grandes murales de gaiteiros y reses bravas. Todo un axioma. El interior es más de lo mismo. Una larga barra de estilo clásico que exhibe producto de calidad. Bodega a la vista con primacía de los vinos de Ramón Bilbao (Cruz de Alba, Mar de Frades) y expositores que muestran su oferta culinaria. Uno para las carnes donde destacan los chuletones de buey y otro para el marisco, donde también destacan los bueyes, entre pulpos, gambas y cigalas. El salón es amplio y diáfano. Manteles y servilletas de algodón. Las sillas, unas rojas, otras negras y otras blancas, pero todas de cuero, o similar y sobre todo, muy cómodas. Nada debe distraernos del placer que está por llegar. El comensal ha de estar cómodo.
Mientras esperábamos a los impuntuales, que siempre los hay, y nos decidíamos, nos costó lo nuestro, nos trajeron aperitivo de la casa, unos cuencos de sobrasada para untar. Empezamos en serio, como no podía ser de otro modo con unos platos de pulpo a feira. Servidos en platos de madera, con su cama de patatas, pimentón espolvoreado y chorrico de aceite de oliva. El pulpo se deshace en la boca. Esta fue la única concesión que le hicimos al mar, el resto fue producto terrestre. La tosta de solomillo con queso de torta de Casar es muy recomendable, aunque se ha de comer antes de que la tosta se reblandezca. El último de los entrantes fueron unos pimientos de piquillo rellenos de solomillo y setas. Servidos tres por ración en plato de barro, pero sin gratinar. Es un entrante que yo nunca hubiera pedido, pero he de reconocer que me gustó.
La apoteosis llegó con el cambio de tercio. Cambiamos la cerveza por el vino, Finca Resalso de 2012, a precio de descorche, para recibir al plato fuerte. Dos chuletones de ternera gallega y uno de buey. Si la ternera estaba rica, el buey, de lo mejor que he comido últimamente. Tierno, muy limpio, lejos de tener que pelearnos con él, se dejaba comer. Los trajeron en una amplia fuente metálica bien trinchados y acompañados de patatas fritas y pimientos. No quedaban de Padrón. No tardaron mucho en llegar los calores, a pesar de la temperatura baja del aire acondicionado. Mientras luchábamos contra los huesos, veíamos pasar a camareros con chuletones en plato individual, o esas mismas bandejas repletas de marisco. Pero esa es otra historia la vamos a dejar para otra ocasión. Los postres quizás sea lo más flojo. Además de los típicos postres gallegos como son las filloas o la tarta de Santiago, nos ofrecieron natillas, tarta de almendras, de chocolate, pan de Calatrava… ¿Pero quién puede con postre después de esos chuletones? Como teníamos que hacer esta entrada, hicimos un esfuerzo y pedimos la tarta de almendras. Cubierta de un ligero merengue, es ligera, suave y sobre todo compatible con los chuletones que nos habíamos comido. También pedimos la tarta de Santiago que estaba como la tarta de Santiago tiene que estar y cerramos con los cafés. Una cena en la que no nos quedamos con hambre y que cerramos con unos licores por cuenta de la casa. El servicio estuvo a la altura del restaurante y de la comida, o incluso mejor. A la hora de pagar, es cierto que todo, menos los postres, fue a compartir, el precio nos pareció bastante bueno, aproximadamente 25 euros por cabeza. En pocos años El Gallego ha cogido tanta fama que no es fácil encontrar mesa los fines de semana.


Restaurante El Gallego. 
C/ Transformador 1. El Pilar de la Horadada. 
Tlf. 965351442.

miércoles, 9 de julio de 2014

El Pulpito - La Manga del Mar Menor.


Nada nuevo bajo el sol es una frase que uso muy a menudo, quizás demasiado y en esta ocasión puede que sí con razón, pues, y no se me entienda mal, prácticamente todo lo que tomamos en el Pulpito de La Manga, lo podemos encontrar en la mayoría de bares y restaurantes de la costa española. Esto no es nada malo. ¿Acaso no hay en literatura obras que copian un estilo o la temática y son verdaderas joyas literarias? Una cosa bien distinta ya es la presentación, la calidad y el tratamiento del producto. Mejor es repetir bien que innovar bodrios. Además en esta época del año, inauguramos el verano, un aliciente a tener en cuenta, es la terraza. Que la haya o no, el entorno o la disposición de las mesas son detalles que pueden mejorar muy notablemente una buena velada.
Cuando llegamos al Pulpito, el restaurante del Club Náutico del Puerto Deportivo Tomás Maeste, antes Lebeche y antes de Lebeche, Noray, lo encontramos muy cambiado. Prácticamente le han cedido todo protagonismo a la terraza y a la barra que mira al exterior. Prueba de esto es que cuando reservamos ni preguntaron si queríamos terraza o salón. Directamente nos mandamos a la terraza, cosa que seguramente hubiéramos pedido. Otros años, a la hora de la comida, la terraza ha sido un total fracaso al no acompañar la temperatura. Es muy incómodo comer a más de 30ºC. Los nuevos gestores, conocedores bien de la explotación de Terrazas, en Murcia tienen desde hace años un local en la Plaza de Santa Catalina, han puesto un toldo en condiciones con vaporizadores para rebajar las temperaturas y crear un ambiente agradable. El verano es muy corto y no deben perder las comidas. Además, presumen de arroces y por aquí somos poco de cenarlos.
Valorando por encima la carta me remito a mis primeras palabras. Nada nuevo bajo el sol. Ensaladilla rusa, marineras, tigres, caballitos y una importante oferta de arroces, mariscos, bivalvos y pescados copan la oferta. Sin olvidar la carne, por supuesto. Quizás la tempura de verduras con foie y alguno de los postres rompe ligeramente esta línea. Empezamos pidiendo pulpo. Sería casi sacrílego ir a un restaurante que se llame Pulpito, que esta sea su especialidad, que nos guste mucho el pulpo y no pedirlo. El tamaño que tiene su pulpo es pequeño, de ahí el nombre de pulpito, como nos explicó uno de los camareros, pero delicioso de sabor. Hacía tiempo que no tomaba uno así. Había que pedirlo. Hay que pedirlo. Al mismo tiempo trajeron los buñuelos de bacalao, que más que buñuelos, no es una masa frita, yo diría que son más bien soldaditos de Pavía al ser un taco de bacalao rebozado. -¡Juraría que esta misma frase hace no mucho también la escribí! Casi sin respiro trajeron las coquinas cocidas, por lo que tuvimos que pedir que esperara un poco el resto de platos. A este ritmo terminamos de cenar en menos de media hora. Finalizamos la cena con los calamares rebozados, la verdura en tempura y los boquerones. Es difícil fallar con estos platos cuando el producto es fresco y bueno. La verdura venía acompañada con una salsa de foie que le da un toque distinto. El vino que pedimos, o mejor dicho, que nos recomendaron para acompañar fue De Alberto, un verdejo de Rueda que mejoró mucho en cuanto lo dejamos unos minutos en la cubitera. 
No tenía muchas ganas de postre, e iba a declinar la oferta hasta que oí las palabras mágicas de boca del camarero, Tarta de Asiático. En un principio mi subconsciente me traicionó y me hizo pensar en la Tarta de Paparajotes de @juanlaxcooking, pero luego recordé que también había creado esta de asiático y como todo el mundo sabe, las ocasiones las pintan calvas. Es cierto que no es un asiático, pero es una tarta donde están muy presentes, aunque de manera muy sutil, los sabores típicos de este cartagenero café y muy suave de licor que la hace apta para todos los públicos. También hubo quien pidió la tarta de la abuela, pero creo que los del asiático acertamos. No hay color. Cerramos la velada con los cafés y una breve sobremesa pues el día de sol, playa y barco nos habían dejado semi-cao. A la hora de pagar me pareció incluso un poco barato, cosa que choca con los comentarios que los usuarios hacen en tripadvisor. De hecho, allí recomiendan comprobar que los precios de la cuenta coincidan con los marcados en la carta. Cosa que procedí a hacer al escribir esta crónica y tenían razón, aunque esta vez a nuestro favor pues se olvidaron de cobrarnos el pulpo, cosa que en cierta medida compensaron al cobrarnos 6 euros en un café con nata. Si, seis euros que entiendo que fue otro error.


Restaurante El Pulpito.
Puerto Tomás Maestre (Club Naútico). 30380 La Manga del Mar Menor.
Tlf. 968142801.


jueves, 3 de julio de 2014

Restaurante El Chato - Los Alcázares (Murcia).


Cuando llegó la crisis, cada uno a su medida, nos tuvimos que amoldar a nuevas situaciones y presupuestos. Esto, claro está, afectó tanto a particulares como a negocios, que no les quedó otra que ajustar precios o cambiar menús ofertando productos con más salida. Hemos estado viviendo estos últimos años un verdadero imperio, en ocasiones tiránico, de las croquetas y otros fritos. A veces tradicionales, a veces con un toque más vanguardista, pero al fin y al cabo croquetas, liquidas, de caldero, de cocido, de atún, de morcilla, hasta de chocolate. Por no hablar de los buñuelos y otros rebozados. Los restaurantes se han tenido que estrujar los sesos para seguir ofreciendo una carta se ajuste a las tres bes, en un momento en el que la b de barato ya no tiene el mismo valor que en época de vacas gordas. La carrillera y el bacalao han desplazado al solomillo que ahora es más de ibérico y menos de ternera, o a la merluza. Ahora el Angus o el Kobe han quedado para definir hamburguesas y no esos chuletones que con tanto gusto nos comíamos, nos aventuramos en uno de esos restaurantes a los que en un momento dado le pusimos la pegatina de caros y por los que, cuando pasábamos por la puerta, ni nos parábamos a ojear la carta y mirábamos para otro lado al saberlo prohibitivo para nuestra economía.
Pues El Chato era así, o al menos, por los motivos que fueran, yo le había puesto esa etiqueta. Se come bien pero no es apto para alguien que gusta de salir cada semana. -Prejuicios que tiene uno-. Y así pasó el tiempo hasta que tuve la oportunidad de caer por allí a menú cerrado y bien cerrado. Mientras terminaba de llegar el resto, con la primera cerveza, en la pequeña barra de la entrada, entre botellas de Vega Sicilia bebidas en épocas mejores, nos ofrecieron unas patatas fritas caseras. Aquí no solamente cuidan el aperitivo. Saben lo que es el Campari, y además tienen. Que las buenas costumbres no se han de perder.
Enseguida pasamos al comedor de tonos madera y beige, decoración con continuas referencias a la
viña y de barrocos manteles. Al hacerlo atravesamos un acuario donde los bogavantes esperan ser cocinados. –A un par les eché el ojo, pero los tendremos que dejar para otra ocasión.- El menú comienza con una ensalada. - ¿Alguien dijo que las ensaladas tenían que ser hipocalóricas?- Que maravilla de ensalada. Sobre una base de pasta brik, lechuga, picatostes, pipas, pasas, tomates cherry, piñones y anchoas, aliñada con una salsa de yogurt. Y de todos estos ingredientes, mucho. Seguimos con un trimarino de chanquetes,  almejas y gambas. Para cerrar los entrantes con queso rebozado con mermelada en el que coincidimos todos en lo bueno que estaba. Platos no muy complejos pero que dan un buen resultado.
De principal pudimos elegir entre carne o arroz. Codillo, secreto  o un “arroz pelao”. Aunque la cosa estaba difícil, no lo dude. -Llevaba mucho tiempo sin comer arroz-. Cuando trajeron las carnes, mi inquebrantable voluntad se resquebrajó. Menos mal que enseguida trajeron el arroz y cual Ave Fénix, me rehíce satisfecho de la decisión adoptada. En lo de los arroces, como en casi todo, para gustos, los colores. El que nos hicieron en El Chato, es el que mejor color tenía para mis gustos. Predominaba el arroz sobre los tropezones, almejas y calamar sobre todo. En cuanto a la cocción, también acertaron. Hay quien pueda decir que quizás estuviera un poco entero el grano, en estos casos mejor pecar por defecto que por exceso. Para mi gusto, maravilloso. Es de esos arroces que no necesitan ni alioli ni limón, que los trajeron, porque se defienden por si solos. Aquí más de uno hicimos un bis, aunque menor de lo que hubiésemos querido, porque hay que dejar sitio para el postre. Los vinos que nos ofrecieron fueron de la tierra, de Jumilla, Torre Castillo, tanto sauvignon blanc en blanco, como monastrell roble en tinto. Ambos de 2013.

Los postres, como no podía ser de otra manera, fueron al centro. Error muy típico pero subsanable ya que eran perfectamente divisibles antes de meter la cuchara. -Salvamos la cuestión higiénica-. No sabría, si tuviera que elegir, con cual me quedaría. Quizás la milhojas con crema pastelera y manzana asada, quizás el sorbete, la tarta de queso o incluso la de la abuela. Los cuatro postres me gustaron, aunque con lo goloso que soy, no es extraño. Ah, también había fruta. Todo esto más el café y el chupito de despedida me demostró una vez más que no se debe hacer caso a todo lo que se oye, ya que pagar unos 20 euros por cabeza, con un buen servicio y sin límite de bebida es un precio muy ventajoso para el cliente. También puede ser que haya sido uno de los locales que se han tenido que ajustar a una nueva realidad. En cualquiera de los caso, bienvenidos sean estos precios “low cost”


Restaurante El Chato.
Av. de la Libertad 72 b. 30710 Los Alcázares.
Tlf. 968170161.