miércoles, 6 de agosto de 2014

El Vinagrero -La Unión.



Con la visita que realizamos a El Vinagrero de La Unión, pusimos una pieza más del puzle gastronómico que poco a poco vamos elaborando. Un restaurante más que centenario, él único de toda la región, al que llegamos como los altos dignatarios, escoltados hasta el número 8 de la calle Bailén por un amable motociclista al que preguntamos en el camino, con parking en la misma puerta y el salón totalmente reservado para nosotros. “Lástima que el violinista no pudo llegar” –Parece que los viernes de agosto en los que no hay flamenco, la vida nocturna de La Unión no es muy activa.
Al llegar, la primera impresión no fue la esperada. Hacer tantos kilómetros y haber convencido a nuestros acompañantes para venir a una taberna como otras tantas que podemos encontrar sin tener que coger el coche, presagiaba una pequeña derrota. Nada más lejos de la realidad. Junto al Vinagrero de barra y tapeo, está El Vinagrero restaurante de mantel de algodón y cuidadas maneras. Un restaurante, en el que la cocina queda abierta a la sala por una cristalera, donde las minas y sus cantes son tan protagonistas como la cocina de producto que elabora Mamen. Especialmente llamativos son los biombos  con forma de boca de guitarra. - Este Vinagrero sí que es el que esperábamos encontrar y del que tanto habíamos oído hablar.
Esta fue una de las veces que menos costó decidir lo que íbamos a tomar. Antes de la carne pedimos unos entrantes de mar y huerta que acompañamos con “Mi mamá me mima”, un albariño de las Rías Baixas y con un pan caliente recién terminado de cocer. Comenzamos con un timbal de verduras escaldadas con anchoas y jamón. Creo que me despisté en el reparto y no llegué a catar el jamón con el que seguramente hubiera ganado más el plato. Las láminas de pan que acompañan a esta ensalada son un complemento perfecto. Tanto que hubo quien pidió más. Tras la ensalada, unos boquerones rellenos, uno de jamón y otro de pimiento, acompañados de una salsa tártara. Un plato que pienso fusilar en casa. Las brochetas de rape, vieiras y gamba servidas con una pipeta de salsa de gambas y la sorpresa de la noche, pues nos habían dicho que no tenían, y nos trajeron, por cuenta de la casa, unos hígados de rape fritos con ajetes tiernos que son muy recomendables. El guiño a la tierra vino con un pastel de zarangollo con morcilla, acompañado de verdura en tempura y una salsa de pimientos. Mismos ingredientes que el zarangollo, pero concepto totalmente distinto. Cerramos los entrantes con los calamares con habitas baby.
Para la carne pedimos un tinto de Calatayud, Alquez de Alianza de Garapiteros y este fue el punto de inflexión de la velada. Tras dar buena cuenta de este vino con un resultado muy satisfactorio, que ya habíamos sido advertidos que solamente quedaba una botella, pedimos otra de la misma uva. El maître se disculpó y ofreció como alternativa Tres Patas, un méntrida de 2007 que tuvimos que dejar un buen rato en el decantador hasta que se abrió. Mientras, y como empeño personal de la casa, nos trajeron un vino de Toro, Almirez  de 2012 que bien nos acompañó hasta que el méntrida estuvo a punto. El vino y la conversación eclipsaron totalmente a la presa de ibérico que venía acompañada de unas patatas laminadas. Los últimos tragos de la botella los hicimos con un queso de servilleta valenciano (formatge de tovalló) con nueces caramelizadas
La elección del postre fue también muy rápida. Una deliciosa espuma de galletas con fondo de
crema de chocolate para todos que cerraba, junto a los cafés, un par de copas y la conversación la que para mí ha sido, hasta ahora la sorpresa grata del verano. Al salir, más de cuatro horas después de haber llegado, tuvimos la oportunidad de hacer una pequeño tournée por la cocina, de ver la bodega de la casa, o la gran cantidad de fotografías de ilustres flamencos que han pasado por el local y que no habíamos visto al entrar. El precio de la cena estuvo en torno a los 35 euros por cabeza, aunque hay que tener en cuenta que tanto las botellas de Tres Patas y de Almirez como los hígados de rape corrieron por cuenta de la casa.
Con la visita a El Vinagrero, ponemos un sello más en nuestro particular pasaporte gastronómico regional. Ya podemos presumir que nos queda uno menos de esos restaurantes, aunque aún son muchos, a los que debemos una visita obligada. ¿Recomendable? Desde mi punto de vista mucho, aunque en esto de las recomendaciones todos sabemos que va por gustos.


Restaurante El Vinagrero.
C/ Bailen 8. La Unión.
Tlf. 968541084 - 680508677. http://www.elvinagrero.com




No hay comentarios: