sábado, 27 de septiembre de 2014

Gofres.




Amanece un sábado lluvioso y se cancelan todos los planes. Bueno, se cancelan o se cambian. Si encima el personal se levanta con hambre, con ganas y con tiempo para hacer un desayuno diferente. ¿Por qué no hacerlo? Esta mañana preparamos unos ricos y rápidos gofres que cada uno puede adornar a su gusto.

Varias son las recetas que he probado, y de todas, esta última quizás sea la que más me ha convencido.

Los Ingredientes.





130 gr. de mantequilla

170 gr. de azúcar moreno

2 huevos

170 gr. de harina,

Una cucharadita de levadura

Unas gotas de brandy,

Una cucharadita aroma de vainilla

La Faena.

Fundimos la mantequilla en el microondas y mezclamos con el azúcar. A la mezcla añadimos el huevo batido. Solamente nos queda añadir la harina tamizada junto a la levadura, las gotas de brandy o ron en su defecto y la vainilla.

Cuando tenemos caliente la gofrera, echamos tres cucharadas de la masa, cerramos y dejamos cocer unos 4 minutos, hasta que empiece a dorarse. Al retirar el gofre nos saldrá blando, pero en unos segundo se endurece.

Lo podremos acompañar simplemente con azúcar, con chocolate fundido y leche, con nata, con miel, con mermelada o con un lo que nos apetezca.

Y una vez desayunado, vamos a investigar dónde nos podemos comer unas buenas migas, que el día acompaña.

sábado, 20 de septiembre de 2014

La Candeleta - Raspay (Yecla).



Higaditos encebollados.
Si hay algo que destaca de la gastronomía de la comarca del altiplano de Murcia es por  sus gazpachos y sus arroces, pero como las altas temperaturas que están haciendo en este mes de septiembre, en este año y en todos, no acompañan para disfrutar de un buen gazpacho la alternativa clara es el arroz. En esta ocasión nos hemos desplazado a la pedanía yeclana de Raspay, la más valenciana de las localidades murcianas y viendo los arroces que hacen, no por desmerecer los nuestros que son magníficos, es algo de agradecer. Situada en el valle del Vinalopó, a pocos kilómetros del límite regional y debido a la cercanía de la localidad alicantina de Pinoso, la influencia de esta es notable.
El Pinós es un arroz de sierra, un arroz de conejo y caracoles (conill i caragols) hecho a fuego de sarmientos que le dan un intenso aroma a madera. El secreto de estos arroces está tanto en la calidad del producto como en la disposición del arroz en una finísima capa. La primera vez que lo probamos fue a muy poca distancia, en uno de los más afamados de la comarca, Restaurante Elías, en esta ocasión nos hemos ido a La Candeleta, donde los arroces y los gazpachos manchegos son su principal seña de identidad.   
Chipirones.
Llegamos con la idea de tomar el arroz, y mientras aplacamos el hambre con los aperitivos de la casa, un mortero de tomate rallado, embutidos de la zona y humus acompañado de pan, tostado en las brasas, nos ofrecen la posibilidad de degustar un menú cerrado con bebidas incluidas. El menú consiste en tres entrantes a elegir, arroz, postre y bebidas. Entre los entrantes, a las anchoas del Cantábrico o los chipirones, se les suman algunos platos típicos de la zona, como es el queso frito con dulce de tomate o elaboraciones de los productos que más conocen, los caracoles y el conejo. Nosotros pedimos los chipirones, unos ricos aunque ligeramente salados lomitos de conejo con ajetes y los higaditos de conejo encebollados que casi no nos da tiempo a probar ya que los más pequeños dan buena cuenta de ellos con voracidad.
Lomitos de conejo.
 Un intenso aroma a madera ahumada anuncia la llegada del arroz que depositan directamente sobre la mesa. Es costumbre, aunque no obligación, el comer el arroz directamente de la paella. Como no me gustan las listas, ni mi memoria de pez me permite hacerla de manera objetiva, no diré si es el mejor, el segundo o el enésimo arroz en cuanto a la calidad de los arroces que he probado. Si puedo afirmar, y esto si es objetividad, que apenas quedaron granos de arroz. Nos tomamos un muy buen arroz que acompañamos con un vino de la zona. La hormiga roja de Jumilla.
Los postres de la casa, tiramisú, tarta de queso y pan de Calatrava, son correctos, aunque de dimensiones bastante reducidas. Terminamos con los cafés y pagando una cuenta de 25 euros por persona. Un precio muy correcto y más si comparamos con los estratosféricos precios que cobran por los arroces en otros restaurantes con más renombre de la zona. La opción de la Candeleta de Raspay es muy buena si queremos hacer una mini excursión gastronómica. 



Restaurante La Candeleta.
Av. Diputación 1. Raspay (Yecla)
Tlf. 965608286 - 658975081  - http://www.lacandeleta.com/


miércoles, 3 de septiembre de 2014

Casa Alfonso - Dehesa de Campoamor (Alicante).



Ceviche de langostinos.
Para la última salida del verano no podemos elegir cualquier sitio, y más en este verano que restaurantes como El Vinagrero en La Unión, o Eszencia en Cartagena han puesto el listón muy alto. Para poner la guinda y despedirnos de la playa por todo lo alto, elegimos Casa Alfonso en la urbanización de Campoamor. Un restaurante con estrella Michelin que tenemos a tiro de piedra y que, a pesar de las buenas referencias que teníamos, aún no habíamos visitado. Llegamos al chalet donde está situado Casa Alfonso, y tras atravesar las distintas dependencias donde reposa una buena colección de obras de arte contemporáneo, llegamos a la terraza en la que nos ubicaron en una calurosa noche donde quizás, si hubiésemos tenido opción, hubiéramos preferido el frío del aire acondicionado.
Ensalada de pepino con yogur griego.
Enseguida nos sirvieron una copa de cava de bienvenida junto a un calendario de mesa donde venían manuscrito los tres menús que ofrecen (50/65/85 euros o 70/90/115 con maridaje de vinos), y aunque el camarero nos recomendó el corto (allegro), nuestro aristotélico virtuosismo nos llevó a pedir el menú moderado que consta de cinco aperitivos, cuatro entrantes, un pescado, una carne y un postre. Las bebidas aparte, como suele ser normal en este tipo de restaurantes. Esto de que el menú venga en este formato puede que haya quien lo vea como arte, pero la mayoría lo vemos un poco cutrecillo, aunque sea ese el estilo de la casa. Me llama la atención que en ningún momento nos preguntó el camarero por alergias, filias o fobias. Es más, cuando anunció que tras la carne y antes del postre habría un plato de queso de obsequio, le comentamos que a alguno de los comensales no les gusta este rico alimento. Cosa que le dio exactamente igual porque les trajo su plato de queso correspondiente. Pero no vamos a adelantar acontecimientos y empecemos por los aperitivos.
Huevo con hueval de salmón.
El primero de los aperitivos fue un refrescante ceviche de langostinos coronado por un grano de maíz. Le sigue un suave bikini ovogénico de mantequilla de sardinas con huevas de salmón y de mújol, que recordaba, no en el sabor, al bikini de trufa que probamos en Entrecolycol. El maridaje empieza con un verdejo de Rueda del que, el camarero, no nos da mucha información. Me da a mí que tienen el enemigo en casa. No es la primera vez que hemos comentado como un mal servicio en la sala tira por tierra el trabajo del resto, y aquí parece que un solo camarero es capaz de desmerecer el trabajo del resto. Nos vamos a gastar lo que nos queda del presupuesto del verano y parte del de otoño, así que seremos tan exigentes como lo será la cuenta. Seguimos con un viejo conocido de Entrecolycol, la brocheta de pulpo sobre una crema de patatas. Como dije en su día, una buena reinterpretación de la cocina tradicional típica se Alfonso Egea con un producto de calidad. Los dos últimos aperitivos, en mi opinión, fueron los más flojos. El guacamole con gambas, y un buñuelo de bacalao con tinta de calamar. Eso sí, aquí el buñuelo es buñuelo y no un trozo de bacalao rebozado como nos vienen dando últimamente. Al finalizar los entrantes, nos acordamos mucho del Sr. E. Un alérgico reconocido que no hubiera podido más que darse a la bebida si le hubieran servido este menú. Una especial mención se ganó el maravilloso pan que sirvieron, sublime con aceite.
Calamares con salsa All i Pebre.

Empiezan los entrantes con unas gambas rojas sobre una salsa de pollo campero. Un tierra y mar que tanto gusta a los cocineros y que los más ortodoxos no acaban de ver. En cualquier caso, a mí me gusto bastante la combinación. Seguimos con una ensalada de yogur griego con manzana, brotes de cebolla y pepino, que a pesar de no ser el pepino santo de mi devoción, me pareció tan original como deliciosa. Los entrantes restantes mejoraron notablemente el menú. El huevo cocido a baja ¿presión? Juraría que eso es lo que nos dijo. En fin. Acompañado por unas huevas de salmón y pan tostado. Todo esto maridado con un albariño cualquiera. Otra vez falta de información. Ya con el tinto, Pujanza Hado de 2011, un rioja que pedí que nos enseñara, sirvieron el último de los entrantes, un sabrosísimo calamar en salsa de all i pebre. Buena cocina y producto al servicio del comensal, correcta presentación en una vajilla seleccionada con muy buen gusto y mejor cubertería pero no acaban de rematar la faena con una explicación del trabajo realizado. Claro que si es este camarero-maitre quien tiene que darla, mejor quedarse callado. Sentencias como ¿Es que tenemos web?; estamos abiertos hasta el día 15, después, no sé si volveremos a abrir más; o hasta aquí el vino que les correspondía; dan muy mala imagen en un restaurante de esta categoría.

Rape empanado en pan de cebolla.
Los principales, un artístico rape empanado en pan de cebolla y un tierno solomillo con setas al vino tinto, sin acompañamientos, sin distracciones. Ambos deliciosos. Cerramos los salados con el prometido plato de quesos mediterráneos. Un plato para cada comensal con un queso de Mahón y otro de Castellón que no pudimos disfrutar como quisimos al anunciar ese malvado camarero que habíamos terminado con nuestro cupo de vino. ¿Acaso estamos en Venezuela? ¡Oír para creer! Y si, a quienes no les gustaba el queso, también les trajeron su ración. ¡Que desperdicio! Como postre una sopa de frutos del bosque con helado de vainilla que ponía el cierre a un menú bastante completo, rico aunque poco sorprendente. Alargamos la velada con uno de los cafés más caros de mi vida, un maravilloso vino dulce de la tierra, Casta Diva, y una de la más grande, y barata copa de gin-tonic que jamás he probado.

Sopa de frutos del bosque.
¿Ha merecido la pena? Evidentemente sí, aunque como todo en esta vida, esta afirmación es matizable. Un restaurante reconocido en las más prestigiosas guías gastronómicas, no debe darte como carta un manuscrito desgastado y sucio. Un restaurante el que pagas en torno a 100 euros por comensal no debe dejar la responsabilidad de la sala a una persona tan poco preparada para ocupar ese cargo. Su pobre hacer deslució el trabajo discreto de sus compañeras de sala y no supo ser la voz de la cocina en la sala. Un restaurante así, debe saber venderse, en internet,  ante los clientes explicando bien su proyecto, la idiosincrasia de la cocina o justificando porque pagamos 25 euros en un maridaje limitado y con vinos de los que apenas reciben información. A pesar de todo, en Casa  Alfonso pasamos una velada inolvidable y sospecho que irrepetible ya que según nos informó el camarero cerrarán la temporada para no volver. ¿Será cierto? 


Restaurante Casa Alfonso.
C/ Garcilaso de la Vega, 1C. Dehesa de Campoamor (Alicante).
Tlf. 965322717  - http://casaalfonso.wordpress.com/casa-alfonso/