domingo, 23 de noviembre de 2014

La Santa Mesa - Murcia.



Cuando por un mismo local han pasado innumerables negocios de hostelería, la primera duda que me surge es que cual será el motivo para que ningún restaurante acabe triunfando allí. ¿Desorbitado alquiler mensual? ¿Mala gestión? ¿Cocina infumable? ¿Desavenencias entre los socios? ¿Quizá sea mal de ojo, velas negras o poltergueist de por medio? Fuera lo que fuese, en el bajo donde está ubicado este nuevo negocio, ya hemos conocido y probado al menos cuatro ofertas gastronómicas diferentes. Desde el primer restaurante de cocina cubana que abrió sus puertas en Murcia, hasta una tapería, El Mito, que en el poco más del año que estuvo abierta, pasó totalmente desapercibido, sin olvidarnos del restaurante italiano Bianco del que pocos nos acordamos ya. Lo mejor fue cuando El Quincho, por motivos de fuerza mayor se trasladó temporalmente a este lugar.
Ante el negro pasado del local, no les queda más que encomendarse al talento y la suerte de quienes están detrás del proyecto y si es preciso, limpiar chacras y buscar alguna ayuda divina, lo que justificaría el nombre de Santa Mesa, aunque en la decoración, que apenas ha variado, un mero lavado de cara financiado por una marca de cerveza, haya referencia a santidad alguna.
Llegamos a la Santa Mesa sin ningún tipo de referencia ni recomendación. Realmente no sabemos que nos vamos a encontrar. Aunque con un simple vistazo por la barra es suficiente para ver que aquí trabajan una cocina tradicional, de producto con algún que otro guiño a tapas más modernas que no vanguardistas. Mientras elegimos bebida nos sirven unos matrimonios con pimientos de piquillo. Me gusta la mesa en la que nos han sentado, con cierta privacidad y me gusta el trato que a priori nos ofrece el camarero que ya viene con tablas y el colmillo sin retorcer. Atento y siempre por agradar.
En la elección somos bastante conservadores, en parte por nuestro conformismo y en parte porque no tenían la mitad de las cosas que intentamos pedir. Empezamos con unas croquetas caseras de jamón. No deja de llamarme la atención que las sirvan sobre las modernas bandejas de pizarra decoradas con kétchup. Seguimos con unos huevos rotos con patatas a lo pobre, lascas de jamón y pimentón, que necesitaban un poco de sal. Y terminamos con unas habitas, no muy tiernas, con jamón, a las que, a pesar de llevar sal Maldon, hubo que añadir más. – La verdad es que no nos calentamos lo más mínimo la sesera a la hora de pedir los entrantes. Jamón, jamón y jamón. Jamón regado con vino de Jumilla. Los Cucos de la Alberquilla, de Viña Elena. Para el principal pedimos carrillera a la “Santa”, que tampoco tenían, y  nos contentaron con unos secretos  de ibérico. Más cerdo.
Cerramos con los postres, cafés y una larga y agradable sobremesa. Al igual que el resto de la carta, demasiado conservador. Una  tarta de queso que no es diferente a las miles que ofrecen otros tantos locales murcianos y la tarta de la abuela en la que coincidíamos con el camarero que esa tarta de la abuela necesitaba mucha más crema pastelera.
En resumen, la Santa Mesa, quizás sea como esta entrada. Una más que no va a ir más allá de lo que el tiempo lo deje en la retina, una entrada del blog que, no pasará sin pena ni gloria a la historia, Un restaurante más en la ya larga lista de restaurantes que han pasado por ese bajo que no aporta nada nuevo a lo que ya hay. Si a esto añadimos que está un poco retirado del “centro” gastronómico de la ciudad, le auguro un corto futuro. Aunque ojalá me equivoque. ¿Por qué deberíamos ir a la Santa Mesa? En argot deportivo, creo que deberían crear un plato franquicia para ofrecer a los clientes y que estos decidan volver, en menos de un año, solamente por el placer de disfrutar de ese o esos platos tan distintos y que tanto nos gustan. Mientras no hagan algo así, no entiendo que nos puede llevar a volver a visitar La Santa Mesa. Todos los platos que tomamos se pueden pedir en miles de sitios e incluso mejores.
A la hora de liquidar la cuenta, salimos a unos veinte euros por cabeza, donde la mayoría eran bebidas. Precio nada caro, aunque feo fue el detalle de intentar cobrarnos los matrimonios que en un principio eran obsequio de la casa.


Restaurante La Santa Mesa.
Pl. Condestable - Murcia
Teléfono 868079689.


domingo, 2 de noviembre de 2014

Terra Sushi - Murcia.


Si en Murcia queremos ir a comer cocina japonesa, todo el mundo tiene muy claro cuál es el sitio al que nos debemos dirigir. El único problema que tiene, es que no es apto para todos los bolsillos. Aún no he dado con quien gustándole la cocina japonesa, me haya dicho que no ha disfrutado de ella en este local donde fusionan la cocina mediterránea con la japonesa a un nivel muy alto. Pero como el problema es el bolsillo, siempre surgen alternativas teóricamente más económicas donde sin llegar a ser la misma presentación, ni elaboración, ofrecen  una buena calidad de productos a precios más asequibles para así poder quitarnos ese mono de sushi que podamos tener. Una de las mejores alternativas es el restaurante Terra Sushi.
Situado en la calle Navegante Juan Fernández de la Flota, Terra Sushi nos ofrece una amplia carta donde el sushi, los nigiris, los makis, temakis o los uramakis toman el mando aunque no en exclusividad. Terra Sushi no es nada grande, puede que la carta sea más grande que el ínfimo local de barra, en la que no llegué a ver como preparaban el sushi y con capacidad para apenas seis mesas en las que los cubiertos son sustituidos por palillos y jarritas con salsa de soja. Al llegar la hora de la elección, esta no es fácil, pues en la carta,  un tríptico publicitario donde vemos las fotos de los platos, tienen al menos cuarenta tipos distintos, a los que hay que sumar la sopa miso, las goyzas, varios tartar y tatakis sin dejarnos los rollitos, arroces y pastas típicas de restaurantes asiáticos. Puede que sea, sin ellos saberlo, uno de los mejores restaurantes japoneses de la ciudad, pero al no tener cuidado en ciertos detalles no dejan de ser un asiático más. Si mejoraran algunos pequeños detalles, mejorarían mucho la calidad del servicio prestado y ganarían muchos enteros.
A pesar de ser el último día de octubre hace un calor casi estival, por lo que rompemos el ayuno con una fresca cerveza de la tierra. No de la tierra del sol naciente, sino una de nuestras estrellas. Luego pasaremos al vino blanco que parece que pega más con el pescado. Digo bien el vino, pues no nos dan más que una opción de blanco y su alternativa en tinto que no llegamos a saber cuál de los Ribera es. Tomamos un verdejo de Rueda, Alborada. El primer plato que nos sirven, aunque quizás deberíamos haber pedido unos Edamame, lo hacemos con unos Yakisoba “tallarines fritos” con verdura (brotes de soja, pimientos, cebollino), pollo y gambas, que procedemos a comer, como si supiésemos, con los tradicionales palillos. ¿Sabíais que en la corte China Imperial se usaban palillos de plata al creer que esta reaccionaba ante algunos venenos? Veo que el resto de los comensales, con sus tenedores se dan más maña que yo peleándome con el bambú, pero todos sabemos que “qui va piano, va lontano” y ya que estoy metido en el papel, no me voy a rendir por cuatro tallarines.
Finalizando los tallarines nos sirven la primera remesa de sushi. En este primer servicio nos traen el nigiri de pez mantequilla con trufa, el de anguila ahumada y el ikura de huevas de salmón. Muy buena presentación, pero a aquello le faltaba color. A todos nos gustan a pesar de no ponernos de acuerdo en cuál es el mejor. Aquí no sirven el wasabi por defecto. Sin prisa pero sin pausa nos sirvieron las goyzas (especie de empanadas cocidas) rellenas de carne. Pedimos una por cabeza y creo que fueron pocas, pero había mucho por probar. Después de un pequeño paréntesis, volvemos al sushi con un city roll de salmón y un rico roll teriyaki de pollo crujiente. Terminamos con el sushi y seguimos con un tartar de salmón macerado y aguacate para terminar la comida con un tierno tataki de maguro (atún). Bueno, no terminamos aquí, pero deberíamos haberlo hecho. Pedimos, como extras, unas brochetas de pollo y otras de atún que bajaron la calidad de lo hasta entonces servido. Totalmente prescindibles. Brochetas más propias de un restaurante chino y del postre casi mejor no hablar. Solamente nos ofrecieron dos alternativas, helado de té y bombones de té verde, cosa que me extrañó pues junto a la barra hay un arcón de helados de la menorquina, pero bueno, ellos sabrán. Yo probé los bombones de té que no me parecieron nada apetecibles. La próxima vez que vaya tendré que acabar la comida con el tataki.
La opción de Terra Sushi es bastante interesante y se podría convertir en una verdadera alternativa para los amantes de la comida japonesa, si, como decía antes, cuidaran un poquito más ciertos detalles como pueden ser la variedad de las bebidas o la presentación a la hora de servir algunos platos. Por otro lado no está demasiado lejos del centro, los precios están dentro de lo razonable y tienen servicio a domicilio. Una muy buena opción de comer comida japonesa, aunque sea la b.


Restaurante Terra Sushi.
C/ Navegante Juan Fdez. 8. La Flota Murcia 30007

Teléfono 968967493 - 968967494.