lunes, 9 de noviembre de 2015

El 8 Club Gastronómico - Murcia.



Leyendo el blog En Tierra de Nadie de Pedro Antonio Cruz me informo, siempre según una opinión subjetiva, de que este restaurante, en poco más de siete meses se ha aupado a la triada olímpica del sushi  de Murcia. Llegando incluso a profetizar sobre la consecución, más pronto que tarde, de un preciado macarrón de la imprescindible guía de neumáticos. Como las opiniones son personales y yo valoro mucho la suya, reservamos mesa y nos preparamos para disfrutar de una sublime cena oriental en un entorno diferente.
Llegamos al Club como quien llega a la casa de unos amigos a cenar. Un ambiente de fiesta, muy poco zen, donde el anfitrión-camarero nos recibe, acompaña a nuestra mesa y nos pone en la mano un cuarto de Heineken, casi sin darnos cuenta. El Club está en la planta octava del edificio Hispania (antiguo edificio Vitalicio). Es una antigua vivienda reformada, en la que han tirado tabiques creando un espacio diáfano. El comedor orbita alrededor de un majestuoso piano de cola. Sillas vintage, mesas rústicas, manteles y servilletas de celulosa, suelo de tarima, techos demasiado bajos y unas interesantes vistas a la Gran Vía. Antes de tomar asiento, imprescindible salir a la terraza unos minutos para disfrutar desde las alturas del pulso de la ciudad.
En el Club, la única carta que hay es la de vinos y no muy extensa. No fue fácil de interpretar, pues, mi presbicia se agudiza con la penumbra en el que cenamos. Empezamos con un verdejo de Rueda, Finca Caraballas. Carta de menú no hay. El cocinero polaco Jan Babczyszyn, con una dilatada trayectoria por restaurantes internacionales, prepara cada día un menú diferente, aunque acepta sugerencias del cliente a la hora de reservar. Empezamos con un ceviche de lubina. Al menos así lo anuncia el camarero. La presentación es más bien detataki o tiradito, y por el color del pescado indica que ha habido algún tipo de cocción. Le sigue el tataki de atún, ligeramente picante, lo encuentro mejor aún que el de lubina. Seguimos con el tartar de atún con mango, huevas de mújol y brotes de cebolla, muchos brotes de cebolla, como en la lubina. A pesar de la manía que le estoy cogiendo al tartar, pues lo encuentro en todas partes, aquí si veo normal que lo sirvan. Me empieza a llamar la atención el tamaño de las raciones. Las  veo reducidas.
Y llega el sushi. La piedra de toque. Subjetivamente veremos si está a la altura. Empezamos con unos makis de pato laqueado cubiertos de mango y cebollino. Buenos de sabor, pero la textura no me convence. He comprado de la marca Ibuki parecidos alguna vez. A años luz de Ensho y de otros que no son Ensho. Ese fue todo el sushi que probé en El 8. Luego nos confesaron que la organizadora había pedido reducir a lo imprescindible el pescado crudo. ¡Por este motivo sirvió el tartar claro!
Para adaptar el paladar a otro tipo de sabores el camarero dejó en una parte de la mesa, un plato de gambas y puerros con una salsa deliciosa. Pasados uno  minutos, cuando vimos que no traía el que correspondía al otro hemisferio, preguntamos. Nos dijo que solamente había un plato. Ya solo quedaba un tercio de la ración. No tocamos ni a gamba por cabeza y encima no había hecho la foto para el blog. Si están sirviendo dos platos por servicio, pues éramos ocho comensales. ¿Por qué de este solo dejaron uno? Y lo más grave. Si hacen salsas deliciosas. ¿Por qué no tienen pan para disfrutarlas?
Muy rico estuvo el salmón tempurizado, pero espectacular el solomillo. Muy tierno y muy poco hecho, aunque de nuevo, muy escaso. Cuando ya esperábamos el postre nos sirvieron, a destiempo, un wok de fideos chinos con pimientos, zanahoria y cebolla. ¿No deberían hacerlo traído antes de la carne? Qué final de cena tan atípico. Y digo bien final de cena, porque como decía Porky: “That´s all folks”. Olvidense de postres, o llévenlos ustedes mismos, que es lo que hicimos nosotros. Una tarta de la cercana pastelería Carlos.
Café, digestivo, la cuenta y una agradable y dilatada sobremesa cerraron una calurosa velada de noviembre. El precio disparatado. Creo que para cobrar 55 euros por cabeza o bien han de salir los clientes con la sensación de no necesitar comer en varios días, o bien con la impresión de haber recibido un servicio de gran nivel. El detalle feo de la noche fue cuando el camarero nos informó que no tenía cambio para darnos. Su ingeniosa solución pasaba porque buscáramos tres euros para pagar justo o dejáramos 7 de bote.  Lo dicho, no es propio.


Lo comido, en líneas generales, estuvo bueno, pero ese precio lo convierte en una opción bastante cara. Más aún cuando lo primero que hice al llegar a casa fue acercarme a la cocina y abrir la nevera para picotear.

Club Gastronómico El 8
Pl. Fuensanta 2, 8 B. Murcia
Teléfono.  968231769  630907768


viernes, 16 de octubre de 2015

Alpan Pan Bar -La Alberca (Murcia)



Hay quien piensa que por tener un blog gastronómico debo saber de algo de cocina. Hay quien incluso se fía de mí y me pide consejo sobre a qué restaurante podría ir. Nada hay más lejos de la realidad. Lo único que sí tengo claro es a cual no volvería a ir. Hay muchos y buenos para perder el tiempo y gastar nuestro dinero en donde no nos tratan como nos merecemos. Al fin y al cabo, nosotros somos los clientes. Si es verdad que tengo unas preferencias muy claras y es que si es posible deben cumplir con las tres bes (bueno, bonito, y…), y que la cocina que practiquen sea elaborada y poco convencional, aunque no obligatoriamente debe ser así. También me gusta el buen jamón y el marisco como a casi todo hijo de vecino. Con esto, ante la pregunta trampa de: “¿Dónde me recomiendas que vaya a cenar?” Mi respuesta es fácil. ¿Con tus gustos o con los míos?

Dip de nachos en salsa de espinacas y alcachofa.

El último descubrimiento que satisfizo mis gustos y que cumplió con aquello de las bes, ha sido el bar Alpan Pan en La Alberca. En lo que es la decoración, la verdad es que no se han esmerado demasiado. Una puerta de mesón sesentero, palets colgados de las blancas paredes y refranero gastronómico invitando al yantar. Aunque a lo que fuimos fue a comer y no a ARCO.
Alpan pan es un bar de tapas que practica una cocina creativa a unos precios más que razonables. ¿Cómo definiríamos su oferta? ¿Cocina fusión? ¿Internacional? ¿Tótum revolútum? En cualquier caso, es de esos bares donde son necesarias varias visitas para poder probar todos esos platos que suenan apetecibles, aunque para los profanos en temas gastronómicos sus nombres nos suenen a chino. Aquí podemos degustar los Mezzes turcos, sincronizadas mexicanas  o las tan castizas bravas y casi siempre servidas en platos de pizarra que tanto gustan en nuestros bares.

Migas del pastor.

En nuestra primera visita, confieso que ya hemos hecho varias, empezamos probando las croquetas, tanto las de chorizo y queso manchego como las de pollo, puerros y mozzarella. Y como dice su refranero “Al vientre todo lo que entre”. En la segunda pedimos las empanadillas, la criolla con chimichurri y la thai de pollo al curry. Seguimos dipeando unos nachos en salsa de espinacas y alcachofa. Realmente no era lo que esperábamos, pero para ser honesto no creía que fuera a tener un sabor tan marcado a espinacas. Lo que más gratamente nos sorprendió, fueron las migas de pastor que no utilizan ni harina ni pan para elaborarlas, sino que la base es el cuscús. Deliciosas. También nos gustó mucho la potente carrillera crujiente sobre tierra mediterránea (pan tostado).

Ensalada crujiente.

De las ensaladas, hemos probado la ensalada crujiente con queso de cabra, manzana, mézclum de lechugas y una vinagreta de frutos rojos. Nos gustó a todos. Una vez llegados a los principales, empezamos con un crep de rabo de toro que por desgracia tuvimos que devolver. El guiso tenía un tremendo sabor a quemado. Imperdonable sacar así un plato, aunque quien cocina y amasa… Lo sustituimos por el wok de secreto de angus con setas shitake sobre un pan de ajo,  que estaba delicioso. Finalizamos los principales con un Risoni de setas con queso y foie. ¿Un Risoni? Una especie de risotto donde el arroz es sustituido por orzo. ¿Orzo? Una pasta con forma de arroz. Mismo sabor diferente textura. Además ofertan, aunque no probamos, una gran variedad de hamburguesas de buey (irlandesa, New York, Mexico o la Italia).

Risoni de setas.

Lo que si hemos probado han sido casi todos sus postres, tarta de oreo, de queso, tiramisú, empanadilla de chocolate y hasta un trampantojo que con el nombre de croqueta de jamón tiene un marcado sabor a caramelo Kojak. Original pero prescindible este último. De todos, me quedo con el tiramisú y la de queso que las sirven en vaso.

A pesar de la tremenda lentitud con la que sirvieron, el servicio fue muy amable y el precio bastante económico. Menos de 20 euros por cabeza. Muy positiva la visita Alpan Pan y como he dicho antes, merecedora de una nueva visita que ya hemos realizado.

Wok de secreto de angus.
ALPAN PAN BAR
Carretera del Valle, nº 3 La Alberca (Murcia)
Tlf. 636824109.



sábado, 26 de septiembre de 2015

Restaurante Malvasía - Playa Honda (Cartagena)



Cuatro años después de la última visita el Restaurante Malvasía volvemos para probar que es lo que se cuece por estos fogones. Todo sigue igual que en nuestra última visita allá por el año 2011. Como dije en aquella ocasión un restaurante decorado con buen gusto, donde la madera y el mundo del vino tienen un lugar destacado. No obstante malvasía es tanto un vino, como una uva que se usa para realizarlo. A primera vista nada ha cambiado. La misma barra en la recepción y el mismo trato. Quizás sea mucho presuponer que en un restaurante que aspira a ser referencia en la zona, tengan un mínimo de “savoir faire” en cuestiones de sala. Según Javier de Andrés, responsable de sala en La Sucursal (Valencia), el contacto inicial y la atención que se recibe en la recepción es la clave para que el cliente pase de salir a cenar a vivir una experiencia. Si se consigue sortear el “pain of paying (dolor por pagar)” el cliente gastará más dinero. Un restaurante debe tener una buena cocina, pero esta puede quedar totalmente desdibujada por un pésimo servicio. Pues bien, aquí deben desconocer las cualidades de un buen maître, ya que una vez más, desde la barra de la entrada nos señalan con dedo acusador cual debe ser la mesa en la que nos debemos sentar. Esta es ya la tercera vez que nos pasa. No debe ser casualidad.

Alcachofas confitadas con crema de foie.
Mientras nos decidimos, nos sirven el aperitivo de la casa. Un paté de sobrasada con atún, miel y pepinillos. No suena nada bien, pero estaba bastante bueno. Cuando definitivamente nos decidimos a pedir vino la segunda. Ojiplático me quedé cuando al pedir el salmorejo con berberechos nos aconsejaron que no lo pidiéramos, pues es un plato que sienta mal por las noches. Le iba a responder con una disertación sobre mis buenas digestiones, pero me limite a mirarlo con cara de asombro mientras cambiábamos de entrante, deduciendo que tendría el salmorejo en malas condiciones. Más fácil y sencillo hubiera sido decir simplemente que se les había terminado, como nos hicieron con el pan de semillas. Hay que tener mano izquierda.

Canelón de confit de pato.

Como viene siendo habitual, pedimos muchas cosas al centro para intentar que al salir tengamos la sensación que nos hemos dejado pocos platos sin probar. En líneas generales acertamos. Las sardinas marinadas con huevas de mújol servidas sobre una cama de tomate. Simplemente están deliciosas. Seguimos con unos calamares con garbanzos. Pensábamos que iba a ser tipo guiso, pero cuando lo probamos, no nos convencieron en absoluto. Los garbanzos estaban demasiado duros, aunque el calamar y sobre todo la salsa fueron los culpables de que termináramos con el único pan de semillas que nos quedaba. A partir de entonces blanco. 

Sardinas marinadas.
El único entrante que repetimos de nuestra última visita fueron las croquetas de mejillones en escabeche que pedimos en lugar del salmorejo. Una croqueta con un marcado sabor a mejillón que no supera el sabor del propio mejillón. Otra opción hubiera sido el tartar de atún, pero últimamente lo pedimos mucho. Terminamos los entrantes con el canelón de confit de pato bañado en un fondo de carne y con unas alcachofas confitadas a la parrilla con crema de foie, parmesano y jamón, que a pesar de no estar en temporada nos parecieron muy recomendables. 

Calamares con garbanzos.

A pesar de que es más que sabido la buena calidad del producto con el que trabaja Malvasía nosotros quisimos seguir poniendo a prueba el trabajo que hacen en cocina y nos decantamos por la merluza de pintxo rellena de erizo de mar. Deberían de mejorar la presentación. Nos la trajeron servida en un plato plano de pizarra, con lo que el caldo de la merluza se desbordaba fuera del plato. Por otra parte, nos encantó. Igual que la pintada rellena de foie acompañada de verduras. Dos platos bastante interesantes que respetan el producto pero que exigen una mayor participación del cocinero en su elaboración.

Pintada rellena.

En el postre ya perdimos fuerza. Llevábamos demasiados platos en las alforjas, y una botella de Cruz de Alba, muy bien recomendada por el maître, que no todo fue malo. Quitando esos dos detalles, el trato fue más que correcto. Decidimos compartir el lingote de chocolate que cerró una cena con muchas luces y alguna sombra. Un postre muy recomendable para los amantes del chocolate. Otras opciones eran la leche frita, los helados artesanales o los raviolis de chocolate caliente. Una gran velada, pese a ciertos detalles que deberían corregir. En líneas generales sirvió para demostrar que Malvasía sigue teniendo un gran potencial para ser un restaurante a tener en cuenta.

Merluza de pintxo rellena de reizo de mar.
Av. de Julieta Orbaiceta, 6. Playa Honda, Cartagena.
Teléfono: 968 14 50 73


www.restaurantemalvasia.com

Lingote de chocolate.

martes, 15 de septiembre de 2015

Enso Sushi - Los Belones (Cartagena)




Hace no mucho la cocina japonesa era una perfecta desconocida para casi todos nosotros. Las palabras nigiri, yakitori o tataki nos sonaban a chino. Incluso había quien pensaba que sashimi era el nombre de un volcán que cada cierto teimpo sale en televisión por entrar en erupción. Gracias a restaurantes como el Fujiyama en la plaza de San Juan, que no tuvo mucho éxito, su cocina se fue haciendo un hueco  hasta llegar hoy a ocupar una parte importante de la carta de muchísimo restaurantes no asiáticos. Sin duda, Enso, que tomó el relevo del Fujiyama, ha sido la punta de lanza en la introducción del sushi, esta vez con gran éxito, por estos lares. ¿Qué amante de la cocina japonesa en Murcia, no conoce el Enso Sushi? Podemos contar por cientos los adictos a la cocina nipona que tienen a este local como la cúspide de cuantos por aquí hay.

Para llegar al origen, nos desplazaos a Los Belones, entre el Mar Menor y La Manga Club, donde abrió el primero de los restaurantes Enso. Una zona estratégica, que le surte de una materia prima autóctona de gran calidad; denton, lecha (pez limón) mújol, lubina... más otros ajeos, y de una clientela foránea de alto poder adquisitivo: noruegos, suecos, británicos... En el restaurante, la decoración es elegante, armónica, de tonos oscuros, íntimo. Platos cuadrados, jarrita para la salsa de soja sobre las mesas y palillos enfundados, esperando ser estrenados. Podemos comer en la barra o en el salón, separado por unas grandes cortinas negras. Las expectativas que llevamos son muy altas. Aún no he dado con nadie que diga que no le ha gustado Enso.
Timbal de pez limón.
Mientras tomamos una cerveza Kirin Ichiban, y decidimos si ir a la carta, o pedir el menú degustación, nos sirven un refrescante coctel de cítricos con sake  y una pequeña  tapa de espaguetis con algas wakame cortesía de la casa. Al final decidimos ir a la carta. Comenzamos probando el Tataki. Pedimos uno de atún y otro de bonito para contentar a todos los paladares. ¿Cuál nos ha gustado más? No hay unanimidad al respecto. Un producto de primera calidad y buen sabor. Seguimos con la tempura moriawase de verduras y langostinos. La palabra moriawase significa literalmente variado. Casi imperdonable ir a un japonés y no probar sus suaves rebozados tan diferentes a los nuestros, aunque de origen común parece ser, suavizados con salsa Shoyu (de soja), Mirin (de vino dulce de arroz), o Dashi (caldo de bonito).

Uramaki unagui
Maravillosas me parecieron las Vieiras Enso a la plancha. Claro que también dije esto de las de Kokoro. Al final va a ser que me encantan las vieiras. No podéis dejar de pedirlas, muy recomendables. En cambio, el timbal de pez limón con aguacate y huevas, no me convenció tanto por sus sabores muy escalonados y poco homogeneizado. Aunque esto es meramente una opinión.

Nigiri de Wagyu.
Tras el timbal empezamos con el  sushi. El cocinero chileno Patricio Alarcón fusiona la cocina mediterránea con la tradición japonesa dando un resultado de altísimo nivel. ¿Sushi latino? Primero unos Futomakis tempurizados con cangrejo y salmón. Crujiente por fuera y cremoso por dentro. No podíamos dejar de pedir los California Roll y luego los best seller: Uramaki unagui con anguila, queso, pepino y salmón con una reducción de PX; nigiri de pez limón y trufa blanca, nigiri enso de ventresca con foie y el nigiri de carne de Wagyu. Este último no me pareció más fuerte que los anteriores que me encantaron. Un sushi de un altísimo nivel de producto, presentación y sabor, que hace justicia a la fama que se han ganado. Deliciosa la explosión de sabores de la trufa con la lecha o el atún con foie. Si estuviéramos de pie notaríamos como nos elevamos unos centímetros. Nos dejan ganas de repetir.

Futomaki tempurizado.
De postre pedimos varios para compartir. La oferta no es muy elevada, pero nos fue suficiente para quitarnos las ganas de azúcar. Probamos la tarta de yogurt, la textura de coco con un intenso sabor, y el crepe del cielo relleno de dulce de leche. Un postre muy austral. Sinceramente, si hiciera una competición no se con cuál de los tres me quedaría.


Textura de Coco.
Tengo que reconocer que salí ligeramente decepcionado, pues a pesar del buen servicio ofrecido por los camareros, un ambiente agradable y la satisfacción por todos los platos  degustados, las expectativas habían sido tan sumamente altas, que ya nos podían haber puesto ambrosía, que hubiese salido igual. Esto es lo que pasa por elogiar tanto un producto. La excelencia nos parece poca cosa. El precio tampoco fue nada barato. Los japoneses no lo son, y este lo es un poco menos, ya que pagamos más de 50 euros por cabeza. Tendrá que pasar más tiempo hasta que volvamos a ir. Pero indudablemente volveremos a probar esos nigiris fusión, las vieiras a la plancha o los Futomakis.

Tarta de Yogurt.
Enso Sushi

Calle Marcos Sanz 2, Los Belones, CartagenaTlfno: 968 13 78 10www.ensosushi.com



martes, 18 de agosto de 2015

Restaurante La Tropical - Los Alcázares.



La pasada semana actuó en el festival de teatro, música y danza de San Javier el Ballet clásico de San Petersburgo con su representación de Giselle, y para la ocasión, acomodamos a la familia, amantes de la danza, en las gradas del auditorio del parque Almansa, y para nosotros, amantes del buen yantar, reservamos una mesa en un palco instalado en el Restaurante La Tropical de Los Alcázares. Fue con nocturnidad y alevosía, pero sin premeditación, pues lo decidimos a última hora y reservamos de camino. Aunque era domingo noche, mesa para dos no fue difícil encontrar.
La tropical es un restaurante de pueblo de los de toda la vida, al que sus más de 75 años de existencia, abrió sus puertas en el 36 del siglo pasado, le han dotado de la solera suficiente para convertirse en uno de los locales más emblemáticos de la zona, con un servicio y una cocina muy por encima de la media. Al entrar por la puerta de la calle Santa Teresa, nos encontramos de frente con una larga barra, que exhibe en sus expositores una amplia selección de productos frescos que ofrecen (quesos, marisco, tapas, pinchos), y da paso a un no muy grande comedor, forrado en maderas de cuyas paredes cuelgan fotografías antiguas de la localidad.  Me llama la atención las esculturas circenses que decoran la sala. Con la terraza casi doblan su capacidad de mesas.
La carta, elaborada por el asesor gastronómico David López (@dlcocinero), de quien ya hemos
hablado, y probado sus creaciones en el ya cerrado Milhojas Restobar (riquísimos los boca-bits de alga nori o los cortes de parmesamo) o en Palco 41, actual Palco del Parlamento, y llevada a cabo por el equipo de La Tropical cuyo jefe de cocina es Sergio De Gea,  hace guiños a la cocina de vanguardia, sin perder de vista la tradición. A las nuevas tendencias importadas, tartar, tataki, ceviche… se le suma una cocina de calidad y producto. Sería difícil entender en el entorno del Mar Menor un restaurante que no tenga en su carta un caldero como Dios manda.
Si ellos mezclan producto con modernidad. Nosotros no vamos a ser menos, así que para comenzar probamos su refrescante tartar de salmón con mahonesa de encurtidos. Demasiados platos que queremos probar y solamente tenemos dos horas de función para probarlos. Los envoltini crujiente de gamba y salsa teriyaki, el carpaccio de lengua de ternera o foie de rape con migas marinas tendrán que esperar. La decepción vino de la mano del pulpo a la llama con puré de sobrasada y berenjena quemada. Es cierto que la receta está muy bien pensada, tierno por dentro y crujiente por fuera, pero el fuerte sabor a quemado a mí no me gusta nada. Otra cosa muy distinta fueron las alcachofas con foie y crujiente de jamón a pesar de no estar en temporada. Terminamos los entrantes con un huevo campero 62° 50’, setas estofadas, foie casero y glace de ternera. En La Tropical, es normal encontrar platos acompañados de emulsiones, helado de cilantro, gel de vino o caramelo de cerveza. Terminamos con unos panecillos de presa en adobo y mayonesa de Ras el Hanut (mezcla de especias de origen magrebí), y con otro de solomillo y foie. Todo regado con un tinto, Viridiana, un roble de Ribera de Duero.
Como casi siempre lo mejor vino con el postre. Creo que sin darme cuenta me estoy convirtiendo en un fan casi incondicional de los postres de David López, no tanto de su pulpo. Nos decantamos por la torrija de Baileys con helado de chocolate y pipas de calabaza garrapiñada. Todo un acierto. Hubiéramos repetido si no fuera porque tuvimos que pedir la cuenta, aproximadamente 37 euros por cabeza, y salir contentos con el servicio recibido, pero con cierta urgencia para llegar a tiempo para la ovación final del maravilloso ballet clásico de San Petersburgo.
  

Restaurante La Tropical.
C/ Santa Teresa 66, Los Alcázares.
Teléfono 968575005



sábado, 15 de agosto de 2015

Restaurante Comala - Madrid.




“Hacía tantos años que no alzaba la cara, que me olvidé del cielo”. (Pedro Páramo)

Comala es taquería, es cocina fusión, es mezcal y frijoles, es Pedro Páramo, es México, es la propuesta canalla, y mira que no me gusta ese calificativo para definir un restaurante, de Abraham García de Viridiana, y sobre todo nuestro último cartucho después del fracaso que cosechamos en El Perro y la Galleta. La otra alternativa era Chuka Ramen Bar y sus Bao Buns, pero lo dejamos para la próxima. Últimamente viajamos poco y cada salida vale su peso en Kobe.
En un espacio muy reducido con mesas interiores, cocina a la vista o terraza cubierta, junto al Hotel Ritz de Madrid y frente al edificio de La bolsa, podemos disfrutar de tacos, frijoles,  guacamole o de una michelada (a quien le guste). Platos típicos de la cocina mejicana con un acertado alto grado de fusión e innovación.
Llegamos con la lección aprendida: “os debéis poner en sus manos” y eso fue lo que hicimos. El
aperitivo, cortesía de la casa, con el que comenzamos fue una ligera crema de calabaza con jengibre. Una combinación que seguro que copiaremos en casa. Nos aconsejaron que no pidiéramos guacamole, pues ya lo íbamos a probar en los platos. El maître, Roberto creo recordar, nos guió en todo momento llegando incluso a frenarnos en la comanda. La primera de las tortillas de trigo, de elaboración casera, fue la de arenque del Báltico marinado y guacamole con mango al estilo de Veracruz. ¿Arenque con guacamole? Me recuerda a las anchoas con miel de Los Chispos, una mezcla tan peculiar como acertada. Las de ropa vieja al gusto andaluz están espectaculares. Es difícil no repetir y nosotros lo hicimos. Las últimas, y no por ello menos buenas, fueron las tortillas de trigo y coco rellenas de pollo al curry rojo, ligeramente picantes. Las tortillas están crujientes y las traen bien cargadas. Están buenas hasta sin relleno.
Cambiamos de tercio y nos pedimos un imprescindible, según el camarero, y como nosotros nos habíamos puesto en sus manos… Los huevos en sartén sobre mousse de hongos con foie de pato y setas silvestres salteadas con jamón ibérico. Unos huevos con tanto apellido no pueden estar malos. No sé si estar en el paraíso es algo parecido, el camarero lo aseguraba, pero quedaría cerca. Terminamos con carne. Un lomo da vaca a la parrilla con mole poblano y tamalito de maíz tierno con pasas. Todo esto apenas es una muestra de la fusión de platos e ingredientes mex con elevado toque vanguardista, que se hace en Comala. Platos imposibles para los legos en los fogones pero de resultado sublime.
Los postres no son ajenos a esta mezcla de cocinas. Además de las trufas obsequio de la casa, probamos la cuajada de coco y chocolate amargo y la maravillosa mousse quemada de maracuyá con bayas silvestres. Una creme brûlée con intenso sabor a maracuyá.  Para repetir, aunque esta vez no lo hicimos. No probamos, aunque no fue por falta de ganas, el helado de Cajeta con Mezcal ni el sorbete de fresones con tequila reposado.
-¡Café y la cuenta, por favor!- Presentada en el interior de un sombrero metálico, tocamos aproximadamente a 35 euros por cabeza. Salimos de Comala ya entrada la madrugada de una agradable noche de verano caminando por Paseo del Prado con un buenísimo sabor de boca por haber disfrutado del que fue reconocido con una mención de honor en los premios gastronómicos de 2014 por la revista Metropoli.


Restaurante Comala.
Pl. de la Lealtad, 3. Madrid.
Tlf: 915047827
http://www.restaurantecomala.es/index.html


jueves, 6 de agosto de 2015

El perro y la galleta - Madrid.


 Ensaladilla con carpaccio de gambón y bacalao
Siempre he defendido que, aunque lo más importante de un restaurante es su cocina, hay otros muchos factores como el servicio, la decoración o el ambiente, que pueden convertir un buen restaurante en un magnifico restaurante o reducir una buena cocina a una mala experiencia. En El Perro y la Galleta, el nuevo restaurante abierto en el barrio de Salamanca de Madrid, son conscientes de esto y han echado el resto en la decoración, cuidando el más mínimo detalle, mesas de madera, amplias cristaleras a Claudio Coello, muebles antiguos, vajillas de importación, barra de mármol, una amplia colección de radios de época y profusas referencias a cánidos, en las tres salas de ambiente victoriano. Destacando las cabezas de perros colgadas en la pared nada más entrar, elaboradas a mano por la empresa Softheads y el retrato de un perro con uniforme militar.
Llegamos pasadas las diez y media. Cuando reservé me dijeron que había turnos, o bien reservaba a las 8:45 o bien a las 10:45. Se ve que los del primer turno no sabían o no querían saber lo de los turnos, porque no se levantaron hasta las 11:30. Cuarenta minutos de plantón que el cómplice maître permitió con su pasividad. Muchas excusas, pero deberíamos haber hecho caso a quien propuso pagar la cerveza que nos habíamos tomado mientras esperábamos y llamar a algún sitio para que nos trajeran la cena a casa. Hubiera aceptado hasta ir a un restaurante de cocina rápida.
Una vez sentados, vimos la carta, en la que, aunque hay pocos platos novedosos, introducen algunos ingredientes que los pueden hacer originales. La noche, aunque había empezado torcida, prometía. Como solemos hacer, pedimos mucho, para compartir al centro, y así poder probar más cosas. No nos gustó nada que el camarero nos sugiriera pedir todo en ese momento porque cerraban la cocina. Indignante, después de darnos un plantón de tres cuartos de hora, vienen con prisas. Cierto que la cocina tiene que cerrar, pero que nos dieran mesa con cuarenta y cinco minutos de demora no fue culpa nuestra. El servicio, fue muy amable, aunque también algo anárquico. No estamos muy  acostumbrados a que entre los entrantes nos traigan los teóricos principales.
Nuestro inicio fue pinchar en hueso. El irlandés, (huevos pochados con trufa) sonaba muy bien, pero lamentablemente no les quedaba. Si probamos las flautas de pollo rebozadas en galleta y dips de tzatziki y fritata. Demasiados pasados de fritura, cerca de quemados. Poco que ver con la foto de su web. El tiradito de pez mantequilla y aji amarillo, plato típico peruano de influencia japonesa parecido al carpaccio, nos gustó bastante. Fue lo mejor de la noche. Seguimos con las croquetas, de chipirón, pato y bacalao y con un risotto de boletus y parmesano, presentado en una mini cocotte. Quizás demasiado al dente. Después, a destiempo, la ensaladilla rusa con carpaccio de gambón y bacalao, original, pero ya ni nos acordábamos que la habíamos pedido. Muy buena, por cierto. El último de los platos que compartimos fueron las berenjenas rebozadas y chamuscadas, rebozadas también en galleta. Las devolvimos por estar quemadas y nos trajeron otras que no nos cobraron a la hora de pagar.
En la carta también ofrecen, entre otras cosas, coca de jamón de pato e higos, tataky de atún rojo escabechado, un timbal de chipirones con arroz negro, o un arroz caldoso con cigalitas. De postre pedimos la tarta de zanahoria con cobertura de queso y helado de galleta.

El perro y la galleta, muestra una oferta gastronómica de platos internacionales, que sigue las tendencias que marca la moda. Unos platos que podemos encontrar en innumerables restaurantes con la novedad de la galleta como ingrediente temático en muchas de las recetas, en un entorno decorado con muy buen gusto, pero con una cocina que tuvo una mala tarde. Espero. El precio, rondó los 25 euros por cabeza, teniendo en cuenta que nos invitaron a las cervezas que tomamos mientras esperábamos nuestra mesa y que no nos cobraron las berenjenas rebozadas. Dos detalles, que en cierto modo, compensan el largo plantón sufrido. Un atenuante es el poco tiempo que lleva funcionando. El ritmo del día a día le debe ayudar a mejorar y ofrecer una cocina y trato a los clientes acorde con la decoración.  


Restaurante El Perro y la Galleta.
C/ Claudio Coello 1. Madrid.
Tlf: 915311161 - 606822421
www.elperroylagalleta.com