lunes, 19 de enero de 2015

Tout Chef Gastrobar - Las Torres de Cotillas.


Profiteroles de salmorejo de sardina.
Que la gastronomía está de moda es algo que ya a nadie sorprende. Como si de El Rey Midas se tratara, todo lo relacionado con ella, sobre todo a nivel televisivo, está tocado por la varita mágica del éxito. Los bares y tascas tradicionales han sido sustituidos. Ahora cenamos en gastrobares, taperías, y los bistrós se han multiplicado. Gracias a estos programas televisivos nos hemos familiarizado con la gastronomía molecular y no nos son desconocidos términos como el alginato, esferificación o liofilización. Vemos como los concursantes, y cocineros estrella, y estrellados de estos programas hacen recetas donde los sabores ceden protagonismo frente a la presentación, o las texturas. Hoy triunfa una cocina espectáculo que no suele dejar indiferente a ningún espectador. Pero, ¿realmente estamos preparados para consumir este tipo de comida o solamente la valoramos por televisión? No han sido pocos los restaurantes que han abierto en nuestra región siguiendo esta filosofía de cocina y su éxito ha sido más bien efímero. También ha habido  muchos locales y cocineros que han introducido novedades en sus cartas, pero el mercado, que, por desgracia, suele ser “justo”, ha rechazado, con contadas excepciones, esta oferta por la falta de demanda. Por eso, cada vez que abre, o nos enteramos que existe un local que ofrece esta filosofía de cocina que fusiona tradición con vanguardia, lo ponemos en nuestra lista de “por visitar”, y en ocasiones, hasta lo hacemos.
Esta vez, nos hemos desplazado a la localidad de Las Torres de Cotillas, a probar el Gastrobar Tout Chef, una antigua casa remodelada, donde el cocinero David Quesada y su equipo, proponen una carta que cumple los parámetros que veníamos buscando. Cuando llegamos, lo que vemos me gusta. El local, es amplio, blanco, muy blanco con el suelo de azulejos con motivos geométricos, imitando a antiguo y las paredes de ladrillo pintado, decoradas con fotografías de los grandes maestros de la cocina moderna (Aduriz, Roca, Adriá, Acudio, Blumenthal…). ¡Ah, y Chicote! Dos ambientes bien diferenciados, la zona de barra más informal y moderna, y el comedor, que recuerda a una escuela, con pizarra, estanterías repletas de libros, mesas color teca sin manteles pintadas con frases pensadas por famosos chefs y  una carta que recuerda a los antiguos cuadernillos de caligrafía y cuentas. Además, hay un plus, un patio interior hecho terraza, a la que pueden sacar mucho partido en las noches de primavera y verano.
Lasaña de espinacas y calabacín.
La oferta gastronómica es bastante atractiva, desde nuestro punto de vista, con entrantes como las croquetas hechas con leche de cabra,  sushi variado,  el canelón de pavo con turrón y salsa de Mirinda o los ceviches. ¡Que bien suena eso del pavo con turrón! Nosotros empezamos con unos deliciosos profiteroles de salmorejo de sardina con gel de aceituna negra y aceite de albahaca. Mucho nombre para tan poco profiterol, aunque al fin y al cabo es el aperitivo. Buen comienzo, aunque a mí me daban dos. La ensalada que tomamos, fue un mézclum de lechugas con peta-zeta, frutos secos y un aliño de frutos del bosque. Y abusando de los vegetales, en la sección huerta, probamos una original falsa lasaña de espinacas y calabacín con pasas y frutos secos, cubierta con queso y acompañada de vinagre de Módena. También comimos un pedacito de mar en forma de bacalao en tempura de Coca-Cola, porque ellos lo dicen, mi paladar no da para tanto, con un intenso cremoso de percebe. Intenso en sabor, color y sobre todo olor a mar.  Dejamos en el tintero, para la próxima ocasión el sándwich de cochinillo al horno con patatas al tostón, el rabo de toro y milhojas de arroz o la alcachofa confitada rellena de cabrito y crema de queso al vino de Jumilla. Saliéndonos de los parámetros establecidos, también pedimos unos huevos rotos con ibérico. Para estos entrantes nos ofrecieron, de fuera de la carta, un vino blanco ecológico hecho por alumnos de la Escuela de Agrónomos de la Universidad Politécnica de Cartagena, elaborado a partir de la uva meseguera, una variedad autóctona de Cartagena que está en proceso de recuperación.
Tempura de bacalao con cremoso de percebe.
El plato principal fue un arroz, pero no uno cualquiera. El menú del día ofertaba o bien una paella rosa de langostinos, que sonaba original, o la de carrillera al oporto, que tampoco es muy común. Como ya habíamos tomado huerta y probado el mar, nos decidimos por probar el de carrillera para saborear el campo. Y a decir verdad, salimos todos contentos. Bueno, contentos pero dejándonos sin haber probado muchos otros como el tataki de atún rojo macerado en soja y Miel con Yogur de wasabi, el carpaccio de Pato, espuma de tomate, brotes y parmesano, la ternera con frutas y albariño o el bacalao con una ola de mar que ya probamos en el restaurante De Gusto y Punto cuando aún contaban con la presencia de Juan Luis Buitrago en la cocina. Y es que, no son pocas las semejanzas que Tout Chef tiene con el restaurante de la calle Vinadel.

Red Velvet.
En los postres también coinciden con algunos de los que ya probamos en De Gusto, como el cóctel San Francisco llevado al plato. Pero sin duda, el postre estrella es la Pantera Rosa con cremoso de horchata. Nosotros probamos, de fuera de la carta, el  bizcocho de terciopelo rojo (red velvet) con una espuma de arroz con leche, que, aunque estaba rico, seguramente deberíamos haber probado la Pantera Rosa. Cerramos con los cafés y con la tarde invernal que se avecinaba, el cuerpo pedía un estupendo asiático. El precio, con cafés, bebidas y algún que otro plato que pedimos de fuera del menú, rondó los 25 euros por cabeza. Un precio muy interesante, no solamente por la calidad y originalidad de lo comido. También disfrutamos de un trato correcto y amable por parte del servicio, con cambios continuos de cubertería y vajilla para evitar la mezcla de sabores y disfrutar plenamente de cada plato servido. Una oferta gastronómica a tener en cuenta, porque no solo del centro vive el hombre. 

Tout Chef Gastrobar.
C/ Salceda, 24. - Las Torres de Cotillas.
Teléfono 968626990 - 663665227. 


martes, 6 de enero de 2015

Los Arroces de los Nueve Pisos. - Murcia.


Para hacer la primera entrada del año nos hemos ido, no muy lejos, a tomar un arroz.  ¿Qué tendrá el arroz que tanto nos gusta? Nuestro plato más universal y social. El que arranca las conversaciones más profundas y por el que estamos dispuestos a linchar, metafóricamente, a quien sea capaz de ensuciar su buen nombre. Hay muchísimos sitios donde podemos tomar un buen arroz, de hecho, tardamos bastante en decidirnos a cual ir. Pero no hay tantos por el centro de Murcia, donde no tengamos que coger el coche y que presuman de hacer el de conejo y caracoles con sarmientos. Los Arroces de los Nueve Pisos quizás sea el más conocido y céntrico de todos.  Por su situación y por la oferta de 25 euros menú cerrado con entrantes, bebidas incluidas (agua, cerveza, refrescos), arroz, café y postre, parecía una buena opción. Este idea no es nueva, hace más de veinte años Segismundo Amorós puso en práctica esta idea, un menú económico y cerrado, inamovible, aunque también nos dan la opción de ir a la carta. Una idea, como suele pasar con las ideas brillantes, que se ha extendido como la pólvora y ha hecho proliferar restaurantes  con este sistema.
Como íbamos a menú cerrado, solamente tuvimos que sentarnos, pedir las bebidas, que estaban todas incluidas mientras degustábamos los cuatro trozos de queso, fuet y almendras fritas que había de aperitivo y esperar a que nos fueran sirviendo la comida. Antes del arroz trajeron  al mismo tiempo todos los entrantes. ¿Tendrán prisa en liquidar a los clientes y que no disfruten de la comida con la pausa que requiere? Lástima que el tiempo de cocción del arroz marque el ritmo de estos entrantes. Los aperitivos que sirven a ritmo frenético, de presentación poco elaborada, son exactamente los mismos que desde hace más de una década viene sirviendo en los locales de los arroces de Segis, y consta de una ensaladilla rusa, pimientos rojos con ajo, ensalada murciana sin casi olivas, habas con jamón y para finalizar una sartén de huevos fritos con patatas a lo pobre para que nosotros rompiéramos. Para acompañar un maravilloso pan tostado con aceite que mejoraba estos entrantes.

El plato principal es arroz, obviamente, aunque nos dan a elegir entre varios; de conejo y caracoles, pelado, negro de sepia, de verduras o de pollo campero. Optamos por probar un par al ser una mesa amplia. Empezamos con el de gambas peladas, calamar y emperador. Un arroz que está a gran altura, de gran sabor a calamar y marisco, pero con poco socarraet, a mi pesar. La paella tiene una muy fina capa de arroz que ha sido sometida a las virulentas embestidas del fuego provocado por los vástagos de la vid, que tiñen las grandes sartenes dejando un grano suelto y estirado. El de conejo fue más normalillo, de color muy apagado, en ningún momento encontré los matices a monte, romero o tomillo que tanto las serranas como los sarmientos deberían aportar. Y fue en este preciso momento, al empezar con los arroces, cuando la comida se torció de manera incómoda llegando a ser desagradable. Quizás fuese el lleno absoluto del restaurante y los sarmientos ardiendo, calentando paella tras paella, o quizás la insuficiente efectividad de los extractores, lo que provocó que en pocos minutos el comedor se fuese llenando de humo, llegando a ser bastante molesto para los ojos. Intentamos que abrieran la puerta, pero con cierta razón, los clientes de la mesa que había junto a esta, no querían pasar frío, aunque al final tuvieron que ceder ante la incomodidad y el escozor. Está claro que no querían que nos quedáramos mucho rato.
Para cerrar la comida, un flan. Sin ningún tipo de adorno como nata, siropes y demás parafernalia, solamente flan y caramelo, lo que es de agradecer. Y como cierre un café, no asiático, y la cuenta que con la humareda y el escozor de ojos lo que más apetecía era el aire libre de la calle, ni chupitos ni nada. Con la cuenta vino la sorpresa, al cobrarnos aparte una botella de vino que trajeron cuando pedimos un vino con casera. Sorpresa porque, si especifican que toda la bebida está incluida, el vino de la casa debería estar dentro de toda la bebida. Y si no es así, creo que nos deberían informar de este tramposo matiz y dejarnos pedir el vino que nos plazca. El precio era de 25 euros por menú, lo cual no es nada disparatado y las raciones de arroz no son cortas, aunque al final pagamos un poco más por el vino. El precio de los niños es la mitad, cosa que me pareció disparatada pues al decir que de los entrantes solamente le gustaban la ensaladilla y los huevos, decidieron no traer los otros tres. O traes una alternativa o sirves esas aunque sepas que no se las van a comer.
En conclusión, creo que los Arroces de los Nueve Pisos sería una buena opción para comer arroz, sobre todo el pelado si mejoraran el trato al cliente, el servicio a las mesas y esos extractores de humo. No es agradable, al menos para mí, salir con toda la ropa impregnada de olor a chamuscado. El perfume a sarmiento lo aprecio en el arroz, no en mi ropa. Al menos me puedo quedar con la buena compañía de la que disfruté.



Restaurante Los Arroces de los Nueves Pisos.
C/ Acisclo Díaz, 12. - Murcia
Teléfono 968296126.