jueves, 6 de agosto de 2015

El perro y la galleta - Madrid.


 Ensaladilla con carpaccio de gambón y bacalao
Siempre he defendido que, aunque lo más importante de un restaurante es su cocina, hay otros muchos factores como el servicio, la decoración o el ambiente, que pueden convertir un buen restaurante en un magnifico restaurante o reducir una buena cocina a una mala experiencia. En El Perro y la Galleta, el nuevo restaurante abierto en el barrio de Salamanca de Madrid, son conscientes de esto y han echado el resto en la decoración, cuidando el más mínimo detalle, mesas de madera, amplias cristaleras a Claudio Coello, muebles antiguos, vajillas de importación, barra de mármol, una amplia colección de radios de época y profusas referencias a cánidos, en las tres salas de ambiente victoriano. Destacando las cabezas de perros colgadas en la pared nada más entrar, elaboradas a mano por la empresa Softheads y el retrato de un perro con uniforme militar.
Llegamos pasadas las diez y media. Cuando reservé me dijeron que había turnos, o bien reservaba a las 8:45 o bien a las 10:45. Se ve que los del primer turno no sabían o no querían saber lo de los turnos, porque no se levantaron hasta las 11:30. Cuarenta minutos de plantón que el cómplice maître permitió con su pasividad. Muchas excusas, pero deberíamos haber hecho caso a quien propuso pagar la cerveza que nos habíamos tomado mientras esperábamos y llamar a algún sitio para que nos trajeran la cena a casa. Hubiera aceptado hasta ir a un restaurante de cocina rápida.
Una vez sentados, vimos la carta, en la que, aunque hay pocos platos novedosos, introducen algunos ingredientes que los pueden hacer originales. La noche, aunque había empezado torcida, prometía. Como solemos hacer, pedimos mucho, para compartir al centro, y así poder probar más cosas. No nos gustó nada que el camarero nos sugiriera pedir todo en ese momento porque cerraban la cocina. Indignante, después de darnos un plantón de tres cuartos de hora, vienen con prisas. Cierto que la cocina tiene que cerrar, pero que nos dieran mesa con cuarenta y cinco minutos de demora no fue culpa nuestra. El servicio, fue muy amable, aunque también algo anárquico. No estamos muy  acostumbrados a que entre los entrantes nos traigan los teóricos principales.
Nuestro inicio fue pinchar en hueso. El irlandés, (huevos pochados con trufa) sonaba muy bien, pero lamentablemente no les quedaba. Si probamos las flautas de pollo rebozadas en galleta y dips de tzatziki y fritata. Demasiados pasados de fritura, cerca de quemados. Poco que ver con la foto de su web. El tiradito de pez mantequilla y aji amarillo, plato típico peruano de influencia japonesa parecido al carpaccio, nos gustó bastante. Fue lo mejor de la noche. Seguimos con las croquetas, de chipirón, pato y bacalao y con un risotto de boletus y parmesano, presentado en una mini cocotte. Quizás demasiado al dente. Después, a destiempo, la ensaladilla rusa con carpaccio de gambón y bacalao, original, pero ya ni nos acordábamos que la habíamos pedido. Muy buena, por cierto. El último de los platos que compartimos fueron las berenjenas rebozadas y chamuscadas, rebozadas también en galleta. Las devolvimos por estar quemadas y nos trajeron otras que no nos cobraron a la hora de pagar.
En la carta también ofrecen, entre otras cosas, coca de jamón de pato e higos, tataky de atún rojo escabechado, un timbal de chipirones con arroz negro, o un arroz caldoso con cigalitas. De postre pedimos la tarta de zanahoria con cobertura de queso y helado de galleta.

El perro y la galleta, muestra una oferta gastronómica de platos internacionales, que sigue las tendencias que marca la moda. Unos platos que podemos encontrar en innumerables restaurantes con la novedad de la galleta como ingrediente temático en muchas de las recetas, en un entorno decorado con muy buen gusto, pero con una cocina que tuvo una mala tarde. Espero. El precio, rondó los 25 euros por cabeza, teniendo en cuenta que nos invitaron a las cervezas que tomamos mientras esperábamos nuestra mesa y que no nos cobraron las berenjenas rebozadas. Dos detalles, que en cierto modo, compensan el largo plantón sufrido. Un atenuante es el poco tiempo que lleva funcionando. El ritmo del día a día le debe ayudar a mejorar y ofrecer una cocina y trato a los clientes acorde con la decoración.  


Restaurante El Perro y la Galleta.
C/ Claudio Coello 1. Madrid.
Tlf: 915311161 - 606822421
www.elperroylagalleta.com 


No hay comentarios: