sábado, 15 de agosto de 2015

Restaurante Comala - Madrid.




“Hacía tantos años que no alzaba la cara, que me olvidé del cielo”. (Pedro Páramo)

Comala es taquería, es cocina fusión, es mezcal y frijoles, es Pedro Páramo, es México, es la propuesta canalla, y mira que no me gusta ese calificativo para definir un restaurante, de Abraham García de Viridiana, y sobre todo nuestro último cartucho después del fracaso que cosechamos en El Perro y la Galleta. La otra alternativa era Chuka Ramen Bar y sus Bao Buns, pero lo dejamos para la próxima. Últimamente viajamos poco y cada salida vale su peso en Kobe.
En un espacio muy reducido con mesas interiores, cocina a la vista o terraza cubierta, junto al Hotel Ritz de Madrid y frente al edificio de La bolsa, podemos disfrutar de tacos, frijoles,  guacamole o de una michelada (a quien le guste). Platos típicos de la cocina mejicana con un acertado alto grado de fusión e innovación.
Llegamos con la lección aprendida: “os debéis poner en sus manos” y eso fue lo que hicimos. El
aperitivo, cortesía de la casa, con el que comenzamos fue una ligera crema de calabaza con jengibre. Una combinación que seguro que copiaremos en casa. Nos aconsejaron que no pidiéramos guacamole, pues ya lo íbamos a probar en los platos. El maître, Roberto creo recordar, nos guió en todo momento llegando incluso a frenarnos en la comanda. La primera de las tortillas de trigo, de elaboración casera, fue la de arenque del Báltico marinado y guacamole con mango al estilo de Veracruz. ¿Arenque con guacamole? Me recuerda a las anchoas con miel de Los Chispos, una mezcla tan peculiar como acertada. Las de ropa vieja al gusto andaluz están espectaculares. Es difícil no repetir y nosotros lo hicimos. Las últimas, y no por ello menos buenas, fueron las tortillas de trigo y coco rellenas de pollo al curry rojo, ligeramente picantes. Las tortillas están crujientes y las traen bien cargadas. Están buenas hasta sin relleno.
Cambiamos de tercio y nos pedimos un imprescindible, según el camarero, y como nosotros nos habíamos puesto en sus manos… Los huevos en sartén sobre mousse de hongos con foie de pato y setas silvestres salteadas con jamón ibérico. Unos huevos con tanto apellido no pueden estar malos. No sé si estar en el paraíso es algo parecido, el camarero lo aseguraba, pero quedaría cerca. Terminamos con carne. Un lomo da vaca a la parrilla con mole poblano y tamalito de maíz tierno con pasas. Todo esto apenas es una muestra de la fusión de platos e ingredientes mex con elevado toque vanguardista, que se hace en Comala. Platos imposibles para los legos en los fogones pero de resultado sublime.
Los postres no son ajenos a esta mezcla de cocinas. Además de las trufas obsequio de la casa, probamos la cuajada de coco y chocolate amargo y la maravillosa mousse quemada de maracuyá con bayas silvestres. Una creme brûlée con intenso sabor a maracuyá.  Para repetir, aunque esta vez no lo hicimos. No probamos, aunque no fue por falta de ganas, el helado de Cajeta con Mezcal ni el sorbete de fresones con tequila reposado.
-¡Café y la cuenta, por favor!- Presentada en el interior de un sombrero metálico, tocamos aproximadamente a 35 euros por cabeza. Salimos de Comala ya entrada la madrugada de una agradable noche de verano caminando por Paseo del Prado con un buenísimo sabor de boca por haber disfrutado del que fue reconocido con una mención de honor en los premios gastronómicos de 2014 por la revista Metropoli.


Restaurante Comala.
Pl. de la Lealtad, 3. Madrid.
Tlf: 915047827
http://www.restaurantecomala.es/index.html


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