sábado, 26 de septiembre de 2015

Restaurante Malvasía - Playa Honda (Cartagena)



Cuatro años después de la última visita el Restaurante Malvasía volvemos para probar que es lo que se cuece por estos fogones. Todo sigue igual que en nuestra última visita allá por el año 2011. Como dije en aquella ocasión un restaurante decorado con buen gusto, donde la madera y el mundo del vino tienen un lugar destacado. No obstante malvasía es tanto un vino, como una uva que se usa para realizarlo. A primera vista nada ha cambiado. La misma barra en la recepción y el mismo trato. Quizás sea mucho presuponer que en un restaurante que aspira a ser referencia en la zona, tengan un mínimo de “savoir faire” en cuestiones de sala. Según Javier de Andrés, responsable de sala en La Sucursal (Valencia), el contacto inicial y la atención que se recibe en la recepción es la clave para que el cliente pase de salir a cenar a vivir una experiencia. Si se consigue sortear el “pain of paying (dolor por pagar)” el cliente gastará más dinero. Un restaurante debe tener una buena cocina, pero esta puede quedar totalmente desdibujada por un pésimo servicio. Pues bien, aquí deben desconocer las cualidades de un buen maître, ya que una vez más, desde la barra de la entrada nos señalan con dedo acusador cual debe ser la mesa en la que nos debemos sentar. Esta es ya la tercera vez que nos pasa. No debe ser casualidad.

Alcachofas confitadas con crema de foie.
Mientras nos decidimos, nos sirven el aperitivo de la casa. Un paté de sobrasada con atún, miel y pepinillos. No suena nada bien, pero estaba bastante bueno. Cuando definitivamente nos decidimos a pedir vino la segunda. Ojiplático me quedé cuando al pedir el salmorejo con berberechos nos aconsejaron que no lo pidiéramos, pues es un plato que sienta mal por las noches. Le iba a responder con una disertación sobre mis buenas digestiones, pero me limite a mirarlo con cara de asombro mientras cambiábamos de entrante, deduciendo que tendría el salmorejo en malas condiciones. Más fácil y sencillo hubiera sido decir simplemente que se les había terminado, como nos hicieron con el pan de semillas. Hay que tener mano izquierda.

Canelón de confit de pato.

Como viene siendo habitual, pedimos muchas cosas al centro para intentar que al salir tengamos la sensación que nos hemos dejado pocos platos sin probar. En líneas generales acertamos. Las sardinas marinadas con huevas de mújol servidas sobre una cama de tomate. Simplemente están deliciosas. Seguimos con unos calamares con garbanzos. Pensábamos que iba a ser tipo guiso, pero cuando lo probamos, no nos convencieron en absoluto. Los garbanzos estaban demasiado duros, aunque el calamar y sobre todo la salsa fueron los culpables de que termináramos con el único pan de semillas que nos quedaba. A partir de entonces blanco. 

Sardinas marinadas.
El único entrante que repetimos de nuestra última visita fueron las croquetas de mejillones en escabeche que pedimos en lugar del salmorejo. Una croqueta con un marcado sabor a mejillón que no supera el sabor del propio mejillón. Otra opción hubiera sido el tartar de atún, pero últimamente lo pedimos mucho. Terminamos los entrantes con el canelón de confit de pato bañado en un fondo de carne y con unas alcachofas confitadas a la parrilla con crema de foie, parmesano y jamón, que a pesar de no estar en temporada nos parecieron muy recomendables. 

Calamares con garbanzos.

A pesar de que es más que sabido la buena calidad del producto con el que trabaja Malvasía nosotros quisimos seguir poniendo a prueba el trabajo que hacen en cocina y nos decantamos por la merluza de pintxo rellena de erizo de mar. Deberían de mejorar la presentación. Nos la trajeron servida en un plato plano de pizarra, con lo que el caldo de la merluza se desbordaba fuera del plato. Por otra parte, nos encantó. Igual que la pintada rellena de foie acompañada de verduras. Dos platos bastante interesantes que respetan el producto pero que exigen una mayor participación del cocinero en su elaboración.

Pintada rellena.

En el postre ya perdimos fuerza. Llevábamos demasiados platos en las alforjas, y una botella de Cruz de Alba, muy bien recomendada por el maître, que no todo fue malo. Quitando esos dos detalles, el trato fue más que correcto. Decidimos compartir el lingote de chocolate que cerró una cena con muchas luces y alguna sombra. Un postre muy recomendable para los amantes del chocolate. Otras opciones eran la leche frita, los helados artesanales o los raviolis de chocolate caliente. Una gran velada, pese a ciertos detalles que deberían corregir. En líneas generales sirvió para demostrar que Malvasía sigue teniendo un gran potencial para ser un restaurante a tener en cuenta.

Merluza de pintxo rellena de reizo de mar.
Av. de Julieta Orbaiceta, 6. Playa Honda, Cartagena.
Teléfono: 968 14 50 73


www.restaurantemalvasia.com

Lingote de chocolate.

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