sábado, 2 de abril de 2016

La Maita - Molina de Segura


 
Subiendo por la calle del castillo de Molina de Segura llegamos a ”La Maita” uno de esos restaurantes que teníamos anotado en la lista de pendientes y, por diversas circunstancias, no habíamos tenido ocasión de visitar. Una rampa nos conduce a la restaurada alcazaba medieval, allí encontramos una torre cuadrangular, quizás la antigua torre del homenaje, que ha sido reconstruida combinando vanguardia y tradición, hierro envejecido y hormigón, para convertirla en un interesante punto turístico de la localidad. Cuentan las crónicas que por estos lares anduvo el llamado Rey Lobo, amo y señor de la taifa de Murcia, y el mismísimo infante don Juan Manuel, aquel que escribiera, en el siglo XIV el conde Lucanor. En el interior de estas instalaciones el equipo del cocinero Tomás Écija, alma mater del Albero de Ceutí, hace exactamente lo mismo: una cocina donde se fusionan tradición con vanguardia, uniendo en sus platos oriente con occidente. Sí el tiempo acompaña lo ideal es comer en la terraza contemplando toda la Vega Media o en su defecto Molina “la nuit”.

Tenía un viejo profesor de física y química en el instituto que empezaba cada año sus lecciones con la misma frase: “Todo lo que vamos a ver este año es una gran mentira”, o algo parecido. Él, obviamente se refería a su asignatura, pero perfectamente podría estar hablando de uno de los platos que más llaman la atención de la carta. El foie que quería ser tomate, es un trampantojo gastronómico en el que se nos presenta un tomate acompañado de jamón de pato y mermelada. Los trampantojos, técnica muy usual en el mundo del arte, no son otra cosa que una trampa al ojo, una ilusión óptica cuyo fin es engañar y sorprender al espectador, en este caso al comensal, ofreciendo un plato con la forma de otro totalmente diferente. Así empezamos nuestra cena, comiéndonos un tomate con sabor a foie acompañado de mermelada. Y no es este el único guiño que hacen a la “play food”, la falsa morcilla de chipirón en su tinta con arroz sigue ese concepto de cocina divertida. 

Roca de bacalao negro.

Pero vayamos poco a poco y desde el principio. La carta es bastante atractiva. Su oferta la empezaría por la A de albóndigas de venado con reducción de vino tinto y cacao amargo y no terminaría hasta llegar a la empanada de Zamburiñas y gambas. Creo que no hay un solo plato que no me apeteciera probar. Tras el tomate, probamos el croquetón medieval de ropa vieja y pimientos de Padrón que, no sé por qué razón, nos sirvieron sin pimientos. Bueno, pero sin Padrón esta vez. Continuamos con las rocas de bacalao negro crujiente, un bacalao rebozado con tinta de calamar cuya presentación era ligeramente más modesta de la que había visto en internet. Eso pasa por venir ya leído de casa. 

Seguimos la cena viajando hasta el oriente lejano con el surtido de diez piezas de sushi (niguiri de pez mantequilla, futomaki de pez mantequilla con trufa, futomaki de salmón picante o uramaki de langostino, aguacate y queso) Seguimos con el meloso de pez mantequilla con trufas, cebolleta e ikura que estaba rico, pero era un sabor muy parecido al futomaki que nos acabábamos de tomar. Sin ninguna duda, lo mejor de la noche fue la tempura de viera embadurnadas en salsa picante sobre ensalada de wakame. Muy recomendable. Imprescindible diría, aunque mi debilidad por el wakame me hace poco objetivo. Hasta el momento, a pesar del servicio era un poco más lento de lo deseado, lo comido cumplía con las expectativas creadas. Un sushi de gran nivel. Terminamos los salados con una mini hamburguesa de atún rojo con mayonesa de wasabi y brotes. 

Esto solamente es la crónica de lo que tomamos, a falta de los postres, pero “La Maita oferta mucho más. Platos como el sándwich crujiente de atún rojo, las migas de otoño con yema de corral, la ensalada de asado con cristal de aceite de flores o el canelón de chato murciano con bechamel trufado y parmesano gratinado… nos los dejamos para nuestra próxima visita. Una cocina de muy alto nivel, con productos de calidad a un precio muy interesante. De postre pedimos el semifrío de turrón, chocolate blanco y crocanti de almendras, y la tarta de “La abuela Maita”, aunque mis papilas gustativas seguían deleitándose con el recuerdo de las vieiras. Al final la cosa se torció ligeramente. Pedimos un café, un té y una botella de agua que tuvimos que esperar, esperar y esperar. Un servicio que deslució ligeramente la cena. Así que del licor de sobremesa ni hablamos. Unos treinta euros por cabeza y un restaurante menos en la lista de los “debe”. Un buen recuerdo gastronómico del que es, quizás, uno de los mejores restaurantes de la zona y un regular servicio que pronto olvidaremos. Sobre todo un deseo de volver y probar muchas da las cosas que nos dejamos para las próximas ocasiones.




La Maita. Tapas, Sushi & Copas.
C/ Castillo 18. Molina de Segura.
Telefono: 968973607. 
http://lamaita.com/

 

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